Veíamos cómo la autoestima se desarrolla desde la crianza de los niños y cómo les afecta cuando no se desarrolla. Sin embargo, su nivel de influencia no se manifiesta solamente en la niñez.
Ya en la adolescencia pueden detectarse algunos efectos debido a su carencia: dificultad para tener relaciones sociales sanas, vulnerabilidad ante las presiones del grupo, tendencia a las adicciones de todo tipo y autoimagen corporal negativa (se siente feo sin importar que le digan lo contrario).
Lo que los padres le dicen al niño, este lo interioriza y en la vida adulta se constituye en esa voz interior que lo aprueba o descalifica. Frases como: "tú puedes", "ya lo aprenderás", "sigue intentando", "de los errores se aprende", le permitirán mejorar su autoestima en la adultez.
Hay que destacar que cuando los adultos poseen buena autoestima contribuyen mejor a la sociedad, ya que tienden a manifestar cualidades que fomentan mejores relaciones humanas, como: empatía, cooperación, tolerancia, resiliencia, creatividad, autenticidad y liderazgo empático.
Al no perderse en complicaciones derivadas de conflictos internos, se favorece la efectividad y productividad, evitando crisis innecesarias con superiores, pares, subalternos o clientes. Les permite centrarse de manera efectiva en sus proyectos.
Las deficiencias en la autoestima producen temores, inseguridades e intolerancias, pudiendo manifestarse como agresividad, necesidad excesiva de validación, dependencia emocional y dificultades para trabajar en equipo.
También podemos ver un narcisismo compensatorio, que es una aparente superioridad que intenta ocultar un profundo vacío.
Veremos algunos datos que pueden señalar si se tiene deficiencia en la autoestima y luego daremos pautas o estrategias para superarlas.
Miedo al fracaso. El miedo a fracasar es normal, pero en algunos casos puede hacer que se fracase sin intentarlo. Puedes tener éxito en alguna faceta de tu vida y tener pánico a desenvolverte a otro nivel.
Hipersensibilidad a la crítica. Aunque siempre decimos que sabemos que no somos perfectos, algunas personas se descontrolan cuando las critican.
Dificultad para poner límites. Podrías no atreverte a expresar qué puedes aceptar y qué, no. Tienes derecho a exigir un trato amable y considerado.
Relaciones de pareja disfuncionales. Cuando no estás consciente de tu valor, a otros les resulta más difícil valorarte. Cuando te amas, enseñas a tu pareja cómo amarte.
Síndrome del impostor. Podrías tener títulos, reconocimientos y haber acumulado muchos éxitos, y, sin embargo, en lo profundo de tu corazón, seguir dudando de tu valor.
Tener deficiencias en tu autoestima no te condena a un destino negativo de por vida. Siempre puedes trabajar en tu personalidad o conciencia. Te mencionaré algunas pautas o estrategias que te pueden ser útiles.
Si tus padres te criticaban en exceso, diciéndote que los demás eran mejores que tú y evitaban darte responsabilidades porque no confiaban en ti, aunque como adulto tengas la capacidad de reconocer que estaban equivocados, es preciso trabajar con tus emociones para evitar que te siga afectando.
Nuestra autoestima se deteriora cuando nuestra conducta no se corresponde con nuestra conciencia. Podríamos creer que logramos engañar a los demás e incluso a nosotros mismos, pero inevitablemente afecta nuestra autovaloración.
Las personas con buena autoestima no se muestran egoístas o prepotentes, porque no tienen dificultad para reconocer el valor de otros, ni necesitan humillar a nadie.
Creemos tener una forma de valorar a otros y otra forma de valorarnos nosotros mismos; eso es falso, en realidad tenemos una sola escala de valores. Quisiéramos poder ver nuestros errores con mayor tolerancia, pero si somos muy duros con los demás seremos duros también con nosotros mismos.
Por otro lado, ser tolerante con los demás puede contribuir a que seamos más tolerantes con nuestros errores.
La capacidad que tienes de amar viene de tu interior, primero impregna tu consciencia y luego se expande de forma centrífuga, desde los más cercanos (prójimos o próximos) hacia los más lejanos o diferentes. Aceptar que podemos y debemos amarnos a nosotros mismos es el primer paso para abrirnos de forma positiva a los demás.
Quien tiene profundas dificultades para valorarse a sí mismo suele tener también dificultades para recibir y expresar amor de manera sana, requisito necesario para forjar lazos estrechos con sus seres queridos.
Tu pareja no puede llenar el vacío que pudieras tener, pero podría apoyarte en el proceso de sanar tus heridas y crear al nuevo ser humano que puedes llegar a ser. La vida sana de pareja es un poderoso refuerzo para la autoestima de ambos.
La buena noticia es que la autoestima no queda atada en la infancia. Relaciones sanas, terapias, autoconocimiento y experiencias reparadoras pueden reconstruir una imagen interna más compasiva y segura.
De niño no necesitábamos una máquina educadora, protectora y proveedora; necesitábamos padres verdaderamente humanos y con la capacidad de conectar con nuestras emociones, porque al final, la autoestima no nace de sentirse perfecto, sino de haberse sentido amado, escuchado y valioso.
Referencias:
Branden, N. (2011). Los seis pilares de la autoestima (ed. revisada). Paidós.
Mruk, C. J. (2013). Self-esteem and positive psychology: Research, theory, and practice (4th ed.). Springer Publishing Company.
Orth, U., & Robins, R. W. (2014). The development of self-esteem. Current Directions in Psychological Science, 23(5), 381–387.
Compartir esta nota