Hacer las cosas bien no nos debilita como país.
Hacer las cosas bien nos engrandece.
Hacer las cosas bien es actuar con humanidad incluso en los momentos de tensión.
Es recordar que detrás de una mujer embarazada hay una vida vulnerable, dolor, miedo y esperanza.
Es entender que una mujer que va a dar a luz no puede convertirse en enemiga pública.

Hacer las cosas bien es respetar la Constitución, las leyes, los derechos humanos y los acuerdos internacionales que la República Dominicana ha asumido soberanamente.
Es también respetar principios profundamente humanos y cristianos que forman parte de la identidad colectiva dominicana.
Hacer las cosas bien es proteger a las mujeres embarazadas y a aquellas que acaban de dar a luz.
Es garantizar atención médica sin humillaciones, sin miedo y sin espectáculos.
Hacer las cosas bien es no degradar la dignidad humana.
Una sociedad se mide también por la manera en que trata a las madres y a los recién nacidos.
Hacer las cosas bien es inclinar la balanza hacia quien más necesita protección, porque la verdadera fortaleza de un Estado no se demuestra contra los más vulnerables, sino en su capacidad de protegerlos sin renunciar al orden ni a la ley.
Hacer las cosas bien es no nutrirse de la crueldad que hoy endurece a tantos países, sino de la humanidad.
Es no copiar el miedo, la humillación y la indiferencia, sino recordar que la compasión, la dignidad y el respeto también pueden ser políticas públicas.
Como lo ha dicho el papa León XIV, los migrantes no pueden ser tratados peor que las mascotas de la casa.
En este Día de las Madres, la República Dominicana debería poder celebrar con la frente en alto a todas las mujeres que han dado vida en esta tierra, sin importar su origen, recordando que dar la vida es uno de los actos más profundamente humanos que puede haber y que proteger a las madres y a los recién nacidos forma parte de los reflejos más básicos de nuestra humanidad común.
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