El encuentro de este jueves 7 de mayo entre Donald Trump y Luiz Inácio Lula da Silva se desarrolló a puertas cerradas en el Despacho Oval de la Casa Blanca, un lugar que el mandatario brasileño conoce a la perfección, ya que es la sexta vez que es recibido por un presidente de EE. UU. en ejercicio.
El líder brasileño pareció querer evitar interferencias en una reunión que inicialmente debía durar media hora, según la agenda oficial, y que acabó alargándose por tres horas. Por ello, solicitó excluir a la prensa.
Luego, durante la conferencia con los medios en la embajada brasileña en Washington, Lula contó que habló con Trump de las codiciadas tierras raras y del comercio bilateral.
Tierras raras, un eje de la conversación
Brasil posee la segunda mayor reserva del mundo de estos elementos químicos de importancia crucial para la industria tecnológica y militar. El pasado 20 de abril, EE. UU. intentó comprar la única mina que existe en el estado brasileño de Goiás, llamada Terras Verdes, un movimiento estratégico para intentar reducir la dependencia de China.

Sin embargo, la negociación, estimada en 2.800 millones de dólares, enfrenta desafíos legales y políticos en Brasil, que podrían conducir a su anulación, dado que el subsuelo y los minerales críticos pertenecen a la nación y no al estado de Goiás.
Lo que se trató y lo que no
Lula asegura que acordó con Trump la creación de un grupo para debatir el fin del llamado “tarifaço”, es decir, de la subida arancelaria, en el plazo de un mes.
Al mismo tiempo, reconoció que quedan varios detalles por concertar. Temas espinosos quedaron fuera de la conversación: por un lado, el crimen organizado y el narcotráfico, en un momento en el que Trump amenaza con declarar las principales facciones de narcos como organizaciones terroristas.
Brasil teme que, si esto llega a ocurrir, podría dar pie a intervenciones de EE. UU. bajo el mismo esquema de Venezuela, donde el Gobierno de Trump emprendió el 3 de enero una operación militar y capturó al entonces presidente, Nicolás Maduro, y a su esposa.
Los mandatarios tampoco discutieron sobre el PIX, el sistema brasileño de pago instantáneo que está comiendo el terreno de gigantes como Visa y MasterCard, y que en los últimos meses ha sido el blanco de los ataques de Washington.
En 2025, este sistema fue utilizado por casi 170 millones de brasileños y más de 20 millones de empresas, y procesó 35,4 billones de reales (unos 7.000 millones de dólares), una cantidad que equivale a casi el triple del PIB brasileño.
Una reunión en vísperas electorales en Brasil
Al ser preguntado sobre la posibilidad de que Washington intente interferir en las elecciones brasileñas, Lula negó que haya debatido este asunto y afirmó que “no acepta la injerencia de nadie fuera del país”.

El mandatario brasileño también declaró que tiene motivos para pensar que a Trump “le gusta Brasil”.
“Creo que nuestra relación con Trump es sincera […] Quiero que sepa que los brasileños estamos interesados en alcanzar los mejores acuerdos posibles con Estados Unidos”, afirmó Lula.
Lula, además, dijo que le sugirió a Trump una profunda reforma en el Consejo de Seguridad de la ONU, un asunto que viene defendiendo desde la época de la presidencia brasileña del G20 y de los BRICS.
Con respecto a la guerra en Irán, Lula afirmó que le entregó a Trump “por segunda vez” el acuerdo nuclear de 2010 con Irán. En aquel entonces, el tratado fue mediado por Brasil y Turquía.
Finalmente, Lula descartó que Trump de momento tenga intención de invadir Cuba, al mismo tiempo que destacó que el Gobierno cubano busca el diálogo y desea encontrar una solución para poner fin al embargo estadounidense.
Esta reunión bilateral era deseada con ahínco por Lula y su equipo, que quería ostentar la foto con Trump para contrarrestar la narrativa de su principal adversario político, el senador Flávio Bolsonaro, quien a menos de seis meses de las elecciones presidenciales de octubre se presenta como el único precandidato en grado de mantener buenas relaciones con el líder de Estados Unidos.
El encuentro puede rendirle un importante rédito político en Brasil, en un momento en que Flávio Bolsonaro hijo del expresidente condenado Jair Bolsomaro, avanza de forma imparable en los sondeos.

Además, Lula acababa de sufrir dos importantes derrotas políticas: recientemente el Congreso rechazó su nombramiento de un juez a la Corte Suprema y decidió reducir la pena a Bolsonaro, ignorando el veto presidencial.
La “reunión de trabajo”, un formato más informal que el de una cumbre bilateral, estaba prevista para el pasado mes de marzo, pero se retrasó por la guerra en Oriente Medio.
El encuentro, en el que participaron el ministro de Hacienda, Dario Durigan; el de Justicia, Wellington César Lima; y el de Relaciones Exteriores, Mauro Vieira, fue precedido de una llamada telefónica de 40 minutos.
¿I love you?
La prensa brasileña destacó que al despedirse, Trump habría dicho “I love you” (’Te quiero') al presidente brasileño, según fuentes que presenciaron la conversación, un detalle que ha sido muy comentado a lo largo del día.
La visita de Lula a Washington se produce después del rifirrafe entre ambos Gobiernos sobre el exjefe de la Inteligencia de Brasil durante el mandato de Jair Bolsonaro, Alexandre Ramagem, condenado por el golpe de Estado y quien huyó a Florida antes de ser encarcelado.
El 13 de abril, Ramagem fue detenido por el Servicio estadounidense de Inmigración, el temido ICE. El episodio fue celebrado por el Gobierno de Lula.
Sin embargo, dos días después Ramagem fue liberado y el Gobierno de EE UU expulsó al policía brasileño que estaba trabajando para concretizar su extradición a Brasil.
Como respuesta, Brasilia amenazó con aplicar la reciprocidad y retirar las credenciales de un agente de EE UU en Brasil. También realizó una protesta formal ante la Embajada estadounidense en el país suramericano. Finalmente, el equipo de Lula volvió atrás y le devolvió las credenciales.

Para varios analistas políticos, el encuentro con Trump ha sido una victoria diplomática para Lula, que en los últimos meses ha defendido la soberanía nacional frente a los aranceles y las amenazas de Trump, mientras que Flávio Bolsonaro pedía un papel más activo a EE UU durante las elecciones.
Ahora hay que esperar hasta la convención del Partido de los Trabajadores (PT) de julio para descubrir si Lula efectivamente será candidato. Varios medios conservadores llevan semanas sugiriendo que el actual presidente podría renunciar por miedo a una derrota.
Por la edad (cumplirá 81 años durante las elecciones), le suelen comparar con Joe Biden, y eso a pesar de que Lula publica con frecuencia vídeos de sus entrenamientos, para demostrar que está en plena forma.
“Él cree que la convención tiene que decidir, pero por supuesto el presidente Lula es candidato”, zanja Edinho Silva, el presidente nacional de PT.
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