Nicolás Maduro baila frente a una multitud. Se nota aparentemente distendido. La canción de fondo dice —en inglés— ‘no a la guerra, paz, paz’. El presidente alienta a los participantes a seguirles los pasos. Sería una imagen común, parte del peculiar estilo que Maduro ha construido en 12 años de mandato. Sin embargo, esta vez hay algo especial: Venezuela se encuentra en estado de tensión por las amenazas del presidente estadounidense y con el anuncio del cierre del espacio aéreo en su supuesta ofensiva contra el narcotráfico.
Luego de esa escena de festejo y patente tranquilidad, el jueves, por primera vez y después de muchas especulaciones, Maduro confirmó —como si fuera anécdota— que mantuvo una llamada telefónica con Trump. “Fue en un tono de respeto, inclusive cordial. Si esa llamada significa que se están dando pasos a un diálogo respetuoso de país a país, bienvenido el diálogo y la diplomacia”, sentenció.
Anteriormente, el presidente estadounidense amenazó con que sus operaciones militares en torno a Venezuela van "mucho más allá" de una campaña de presión para lograr la salida de Maduro del poder.
Este nuevo episodio se suma a la extensa lista de eventos que han marcado los mandatos de Maduro —quien, de completar su nuevo periodo, superaría en duración al expresidente Hugo Chávez— y que revelan la a menudo controvertida personalidad del mandatario. A continuación, presentamos los datos más relevantes de su biografía y de su trayectoria al frente de Venezuela.
Un nacimiento enigmático
Durante años, el nacimiento de Maduro fue tema de acaloradas disputas e incluso teorías conspirativas en ambos lados de la frontera colombo-venezolana. Muchas veces sus detractores señalaron que había nacido en Cúcuta, en el vecino país. Algo que más allá de la anécdota habría tenido consecuencias reales para su elección como presidente, pues la Constitución de Venezuela señala que solo puede dirigir al país si una persona tiene la nacionalidad por nacimiento.
Maduro mismo bromea con esa controversia. “Yo nací en Kenia, como Obama”, dijo en alguna ocasión. Hasta hace pocos años su propio hijo, que lleva su mismo nombre, publicó la constancia de nacimiento de su padre en su cuenta de Instagram y afirmó: “Me topé con este recuerdo en casa de mi familia y quise compartirlo con ustedes. La constancia de nacimiento de nuestro presidente comandante en jefe Nicolás Maduro. Nacido en la capital de Venezuela, Caracas. Aunque quieran mentir sobre nosotros. ¡La verdad siempre triunfará!".
Más allá de las disputas, oficialmente Maduro nació el 23 de noviembre de 1962 en una clínica privada de Caracas, la capital. Su padre, economista, estuvo vinculado a la izquierda: fue fundador del Movimiento Electoral del Pueblo y militante de la Liga Socialista. Su madre, que sí nació en Colombia, fue ama de casa y hay registros de que se casó con el padre de Maduro en Bogotá. El presidente venezolano creció junto a tres hermanas mayores.
Casi tal como su nacimiento, hay un profundo desconocimiento sobre los primeros años de su vida. Muchos contrastan este vacío con la vida emblemática de Hugo Chávez. Se tuvo algún supuesto registro, que tal como muestra ‘El País’ luego fue desmentido, de que hizo parte de una banda de rock; también se sabe de su gusto por el béisbol y que no tuvo estudios universitarios. Pero quizás la etapa más conocida es que en los ochenta viajó a Cuba donde estudió en una escuela del partido comunista.
Militancia y primeros vínculos con Chávez
Cuando volvió de La Habana, Maduro se vinculó con el MBR-200, que era el ala civil del movimiento insurreccional de Chávez. Entre las muchas actividades en las que participó, se involucró en las acciones por la liberación del comandante, que se encontraba en prisión luego de haber liderado el golpe de Estado de 1992, que falló en derrocar a Carlos Andrés Pérez.
También comenzó a trabajar como conductor de autobuses de la empresa de transporte de Metro de Caracas. Posteriormente, dirigió el sindicato de los trabajadores de metro, SITRAMECA.
En paralelo, se abrió un espacio entre las filas chavistas y también colaboró activamente en la creación del Movimiento Quinta República, mediante el cual Chávez se postuló a la Presidencia en 1998.
En sus biografías aseguran que por esas fechas también conoció a su esposa, Cilia Flores, también vinculada a la causa de liberar a los presos políticos tras el fallido golpe de Estado. Cilia, sin embargo, no es madre del único hijo de Maduro, al que tuvo en un matrimonio previo. La abogada tenía tres hijos más que el actual presidente de Venezuela acogió como propios.
Su ascenso político
Chávez llegó al poder en 1998 y comenzó a formar su mítica carrera política. A su lado, Maduro fue constante y leal. Así, comenzó fue in crescendo en la esfera política venezolana.
Un año después de la victoria chavista, Maduro ya hacía parte del equipo encargado de redactar la nueva Carta Magna del país. También fue diputado en la Asamblea Nacional y luego pasó a presidirla.
Pero fue mucho más allá. En 2006, Maduro fue nombrado como canciller de Venezuela. Durante su gestión en la diplomacia venezolana, promovió la inserción de Venezuela en bloques regionales como UNASUR. También intentó reforzar relaciones con países como Irán, China, Libia y otros aliados de Caracas.
Entre una de sus funciones más recordadas, Maduro desempeñó un papel de mediador entre el Gobierno colombiano y la extinta guerrilla de las FARC.
Su gestión también estuvo caracterizada por un tono confortativo frente a Estados Unidos. De hecho, tal como recuerda ‘The Guardian’, “en una cumbre regional en 2007, calificó de ‘hipócrita’ a la entonces secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice”. También comparó a la cárcel de Guantánamo con “atrocidades no cometidas desde la época de Hitler”.
De canciller dio un salto a la Vicepresidencia. Lo hizo de la mano con la reelección de Chávez en 2012. Mientras él se preparaba para asumir su nuevo cargo, la salud del expresidente comenzó a deteriorarse debido a un cáncer sumamente agresivo.
La expectativa, cuando se iba conociendo la gravedad de la enfermedad, era a quién Chávez le entregaría la batuta presidencial. Lo hizo en su última alocución pública antes de su fallecimiento.
“Mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que en ese escenario que obligaría a convocar a elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente”, sentenció sobre la posibilidad de que algo le impidiera comenzar el nuevo periodo presidencial.
Así, luego de la muerte de Chávez en marzo de 2013, el “delfín político” del comandante asumió la Presidencia interina y unos meses después ganó las elecciones. Sin embargo, el margen fue estrecho —de menos de dos puntos porcentuales— con el segundo más votado, el opositor Henrique Capriles, a quien Chávez había derrotado en los comicios previos.
La oposición denunció irregularidades en el proceso, se negó a reconocer los resultados oficiales y exigió una auditoría completa de las urnas. Paralelamente, se registraron protestas en las calles y llamados a movilización ciudadana.
Tras la ola de denuncias y presiones posteriores a los comicios, el Consejo Nacional Electoral anunció una auditoría del proceso. El organismo sostuvo que la revisión confirmaba la victoria de Maduro, pero la oposición denunció que no se trató de un recuento voto a voto, sino de una mera verificación de actas, y mantuvo sus señalamientos.
Una llegada al poder entre dudas y cuestionamientos
La llegada de Maduro al poder estuvo acompañada de cuestionamientos sobre su capacidad de liderazgo y sobre la solidez de su figura frente a la imagen dominante de su antecesor.
Las dudas se alimentaban de episodios previos a su elección, como aquella vez en la que aseguró que el espíritu de Chávez se le había aparecido en forma de “pajarito”. Maduro era visto como un dirigente con escaso carisma propio, que estaba únicamente sostenido por la “bendición” de su mentor político.
Aún así, Maduro asumió el poder con una Venezuela con una deteriorada economía e inmersa en protestas estudiantiles, que mostraron hartazgo frente a la situación del país.
Muchos coinciden en que ha construido un Gobierno más militarizado que el de Chávez y que su Presidencia ha tomado un rumbo más autoritario, con acusaciones de violaciones a los derechos humanos que llegaron a la Corte Penal Internacional, con el que ha mantenido el poder.
La Venezuela de Maduro
Los mandatos de Maduro han estado marcados por momentos de tensión y agitación social en el terreno local. Mientras que en el plano internacional se ha visto cada vez más aislado.
Durante sus periodos presidenciales, Venezuela también se ha enfrentado a la peor crisis económica de su historia contemporánea. El país ha presentado hiperinflación, un derrumbe de su poderío petrolero e incluso ha atravesado periodos de escasez de alimentos y medicinas.
En 2016, el presidente venezolano declaró un cuestionado estado de “emergencia económica”, que le otorgó poderes extraordinarios para aprobar leyes sin necesidad de pasar por la Asamblea Nacional.
En la esfera política, el país ha vivido momentos críticos como cuando en 2015 la oposición ganó la Asamblea Nacional. Un momento en el que Maduro anunció la ilegalización de partidos políticos y candidatos opositores.
Un año después, convocó a una Asamblea Nacional Constituyente, que reemplazó de facto a la Asamblea Nacional opositora, en unas elecciones también denunciadas como fraudulentas.
En 2018, se produjo otro momento crítico en su mandato: Maduro anunció su candidatura a la reelección. El proceso electoral, del que salió vencedor, fue, de nuevo, ampliamente cuestionado por falta de transparencia y calificado por la oposición como fraudulento. La participación ciudadana se desplomó al 46%, muy por debajo del nivel registrado en su primera elección presidencial.
En agosto de este año, durante un discurso unos drones vuelan hacia él. Aparentemente, estaban cargados con explosivos y el presidente sobrevive a un supuesto intento de asesinato, que luego responsabiliza a la oposición e incluso al expresidente de Colombia, Juan Manuel Santos.
Poco después, ‘The New York Times’ reveló informes de que se habrían mantenido unas reuniones secretas entre los funcionarios estadounidenses y los oficiales militares venezolanos en las que supuestamente se planeaba un golpe de Estado contra Maduro. También señalaban que posteriormente Washington decidió no participar.
Tras estos episodios, Juan Guaidó, líder de la oposición y entonces presidente de la Asamblea Nacional, se autoproclamó como presidente interino de Venezuela. Múltiples países de la región y potencias occidentales lo reconocieron. Sin embargo, y pese a la crisis de legitimidad, Maduro mantuvo el apoyo de las Fuerzas Armadas y de aliados internacionales como Rusia, China e Irán.
La crispación revivió en el proceso electoral más reciente. Las autoridades inhabilitaron a María Corina Machado, la candidata opositora con mayor apoyo. En su lugar, la oposición agrupada en la Plataforma Unitaria Democrática presentó a Edmundo González Urrutia.
El CNE declaró ganador a Maduro con el 51,2%, pero la oposición denunció fraude y aseguró que tenía las actas demostraban que González Urrutia había ganado. La tensión se trasladó a las calles, con semanas de protestas multitudinarias.
Denuncias de corrupción y violaciones de DD. HH.
Maduro acumula una lista de denuncias de corrupción y violaciones a los derechos humanos. Según la ONG Transparencia, citado por 'RTVE', desde 1999 el Gobierno chavista ha registrado más de 400 casos de “gran corrupción”.
Además, el Gobierno de Maduro ha sido acusado de implementar estrategias autoritarias para mantenerse en el poder. El presidente ha sido señalado de romper el orden constitucional, concentrar el poder político y económico en el Ejecutivo y debilitar los contrapesos democráticos.
La represión política se ha reflejado en detenciones masivas de opositores y represión a las protestas. Human Right Watch publicó en abril un informe catalogado como ‘Castigados por buscar un cambio’ en el que señala: “aunque el número exacto sigue siendo incierto, más de 2.000 personas relacionadas con las protestas poselectorales y la oposición política han sido detenidas desde las elecciones del 28 de julio”.
En ese contraste se resume el legado de Maduro: un líder al que muchos subestimaron al inicio, que baila y bromea frente a las cámaras mientras gobierna un país sumido en crisis, pero que ha demostrado ser lo bastante implacable como para mantenerse en el poder a pesar de las sanciones, las denuncias y las múltiples veces en que el mundo dio por hecho su final.
Con medios locales
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