“Con profundo dolor, nosotros sus hijos Marco Vinicio, Angélica María y Eurídice Salomé Oyaga Bazanta, anunciamos el fallecimiento de nuestra madre Sonia Bazanta Vides, más conocida como Totó la Momposina”, expresó la familia en el mensaje que confirmó la muerte de la mujer ícono del folclore colombiano.
La artista, que desde hace décadas era considerada símbolo de la música tradicional colombiana, pasó sus últimos días rodeada de sus seres más cercanos. Su despedida oficial se realizará en Colombia, donde familiares, amigos, músicos y admiradores preparan un homenaje nacional para celebrar su legado artístico y cultural.
Según confirmó su entorno, el cuerpo de Totó será trasladado a Bogotá el próximo 27 de mayo. La familia espera realizar un homenaje en el Capitolio Nacional junto a Los Tambores de Totó, agrupación que la acompañó durante buena parte de su carrera.
El anuncio despertó una ola de mensajes de condolencia dentro y fuera de Colombia. El Ministerio de las Culturas destacó el papel de la cantante como guardiana y difusora de las tradiciones musicales del Caribe.
“Hoy despedimos a la eterna Totó”, expresó la cartera cultural en un comunicado. “La maestra que recorrió el mundo entero a ritmo de cumbias, porros, mapalés y bullerengues nacidos en el corazón de nuestra tierra”.
La mujer que convirtió el folclor colombiano en patrimonio universal
Nacida como Sonia Bazanta Vides el 15 de agosto de 1948 en Talaigua, Bolívar —territorio históricamente ligado a Mompox—, Totó construyó durante más de seis décadas una carrera artística dedicada a preservar las raíces afroindígenas y campesinas de la región Caribe colombiana.
Cantadora, bailarina y compositora, se convirtió en una de las voces más reconocidas de América Latina gracias a su interpretación de géneros como la cumbia, el bullerengue, el mapalé, el porro y la gaita.
Su obra no solo llevó esos sonidos tradicionales a escenarios internacionales, sino que ayudó a posicionar la música folclórica colombiana dentro del circuito cultural global.
Discos como ‘La Candela Viva, Pacantó’ y ‘La Bodega’ se transformaron en referencias fundamentales de la música tradicional latinoamericana. Canciones como 'El pescador' y 'Yo me llamo cumbia' terminaron convertidas en himnos populares.
Una infancia atravesada por la violencia
La historia de Totó también estuvo marcada por el conflicto político colombiano.
Durante el periodo de La Violencia, su familia —identificada con el Partido Liberal— sufrió persecuciones que la obligaron a abandonar su tierra natal. Primero se trasladaron a Barrancabermeja y luego a Villavicencio antes de establecerse definitivamente en Bogotá.
La cantante recordó en varias ocasiones aquellos años como una etapa de miedo y desplazamiento forzado. Siendo apenas una niña, convivió con escenas de violencia que marcaron profundamente su vida y su sensibilidad artística.
Ya instalados en la capital colombiana, sus padres trabajaron para reconstruir la vida familiar. Su padre, Daniel Bazanta, ejerció como zapatero en el barrio Restrepo, mientras que su madre, Livia Vides, se empeñó en preservar las tradiciones culturales del Caribe dentro del hogar.
Fue precisamente allí donde comenzó a consolidarse el universo musical que más tarde definiría la carrera de Totó.
El salto a la televisión y el reconocimiento nacional
La familia Bazanta Vides transformó su casa en Bogotá en un punto de encuentro para artistas, estudiantes y músicos provenientes de la Costa Caribe.
Según recordó la antropóloga Gloria Triana, amiga cercana de la cantante, en aquel hogar se reunían intelectuales y figuras fundamentales de la música colombiana como Lucho Bermúdez, Pacho Galán, José Benito Barros y Aníbal Velásquez.
La tradición musical atravesaba generaciones enteras de su familia. Su abuelo dirigía bandas en Magangué; su padre era percusionista; y su madre, cantora y bailarina. Totó solía decir que la música corría por sus venas desde hacía al menos cinco generaciones.
Durante la adolescencia, Totó y sus familiares conformaron una agrupación que comenzó a ganar notoriedad gracias al programa televisivo 'Acuarelas costeñas', emitido en vivo todos los sábados.
Allí interpretaban bailes cantaos, cumbias y bullerengues que acercaron la tradición musical caribeña al público nacional.
Con el tiempo, Totó desarrolló un estilo propio basado en la fuerza de la percusión, la oralidad popular y la mezcla de raíces africanas e indígenas, elementos que terminaron convirtiéndose en su sello artístico.
París, la Sorbona y la internacionalización de su carrera
Uno de los momentos decisivos de su vida llegó tras participar en 1982 en la ceremonia del Premio Nobel de Literatura de Gabriel García Márquez en Estocolmo.
El escritor colombiano había expresado su deseo de recibir el Nobel rodeado de música caribeña, y Totó integró la delegación folclórica organizada para el evento. La presentación tuvo un enorme impacto internacional.
Después de aquella actuación, la artista permaneció una temporada en París y estudió en la Universidad de la Sorbona, donde se formó en historia de la música, coreografía, ritmo y organización de espectáculos.
Ese periodo consolidó definitivamente su proyección internacional. Desde entonces, Totó recorrió escenarios de Europa, África, Asia, Estados Unidos y América Latina, llevando consigo los sonidos tradicionales de Colombia.
A lo largo de su trayectoria recibió múltiples reconocimientos nacionales e internacionales.
Fue nominada al Grammy Latino en 2002, recibió el premio WOMEX en 2006 y obtuvo el Premio Nuestra Tierra como mejor artista folclórica y personaje cultural de la década.
En 2011, el Ministerio de Cultura de Colombia le otorgó el Premio Vida y Obra. Dos años después, la Academia Latina de la Grabación le concedió el Grammy Latino a la Excelencia Musical por su aporte a la preservación de la música tradicional.
Para críticos y músicos, Totó no solo interpretó canciones: construyó un puente cultural entre las tradiciones orales del Caribe y los grandes escenarios internacionales.
La despedida de “la eterna Totó”
El último gran escenario que pisó fue el Festival Cordillera de 2022. Allí compartió tarima con artistas como Adriana Lucía y Nidia Góngora en una presentación entendida como homenaje a su legado.
Poco después decidió retirarse de la vida pública debido a complicaciones de salud, entre ellas una afasia que afectó progresivamente su capacidad de comunicación.
Aun así, su figura permaneció viva en la memoria colectiva de Colombia y América Latina.
La familia cerró el comunicado de despedida con palabras que reflejan el vínculo emocional que la artista mantuvo con su pueblo y con su música.
“Su nombre permanecerá para siempre en la memoria de quienes la admiraron, la acompañaron y la quisieron”, expresaron sus hijos.
Y añadieron una frase tomada de sus cantos tradicionales:
“Acompáñala, acompáñala, brilla en la noche acompáñala… allá está la luna hermosa y el lucero la acompaña”.
Con EFE y medios locales
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