La otrora pareja presidencial venezolana -escoltada por agentes Marshall y de la DEA- tomó asiento con movimientos lentos y pesados y se acomodó los audífonos dispuestos para la interpretación simultánea.
Ambos tenían puesta la tradicional vestimenta naranja que portan los detenidos en Estados Unidos, pero intentando esconderla con una camiseta azul marino encima. Las canas de Maduro, de 63 años, se hicieron más evidentes bajo las luces blancas de la sala, mientras el rostro de Flores dejaba ver hematomas y vendajes.
El juez Alvin Hellerstein, de 92 años y una amplia trayectoria en juicios de alto perfil (como el de plagio en contra de la cantante colombiana Shakira y el de narcotráfico en contra del exjefe de inteligencia de Hugo Chávez, Hugo ‘El Pollo’ Carvajal), comenzó presentando el caso “Estados Unidos contra Nicolás Maduro” y reiterando que iba a garantizar un juicio justo y que se cumpliera el debido proceso.
Maduro, en aparente sumisión, se levantó con gesto protocolar cada vez que escuchaba su nombre.
Hellerstein leyó los cuatro cargos que se le imputan, mientras el depuesto presidente venezolano y sus abogados tomaban atenta nota. Cuando el juez procedió con un paso estándar del procedimiento -corroborar la identidad- Maduro dio inicio al que, al parecer, pretendía que fuera un largo discurso:
“Soy Nicolás Maduro Moros, presidente constitucional de la República de Venezuela, secuestrado en una intervención militar de Estados Unidos el sábado y me acojo a los acuerdos de Ginebra. Soy un prisionero de guerra”, afirmó en español.
El juez Hellerstein, sereno, le interrumpió y le dijo que solo quería saber si era Nicolás Maduro, a lo que el también excanciller de Hugo Chávez respondió “sí, magistrado”, en una muestra aparente de respeto a la justicia que tiene ahora en las manos su destino.
¿Se cumplieron los protocolos legales?
El procedimiento continuó con la lectura de derechos: lo que diga podrá y será usado en su contra; tiene derecho a un abogado que se le pagará si no puede pagarlo y puede solicitar libertad bajo fianza.
Maduro dijo que recién en ese momento conocía sus derechos, a pesar de que las fuerzas estadounidenses están obligadas a recitarlos cuando llevan a cabo detenciones. Adicionalmente, denunció que hasta la cita no había visto el pliego de cargos, pero renunció al derecho a que el juez le leyera el documento de 25 páginas, un paso que hubiera alargado considerablemente la comparecencia.
Posteriormente, se le preguntó por su postura ante los cargos, a lo que respondió: “inocente, no soy culpable, soy un hombre decente, presidente constitucional de mi país”.
Su abogado, Barry Pollack, célebre porque logró la liberación del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, reiteró en inglés que no reconocía los delitos y que exige que se prueben, abriendo oficialmente la puerta al juicio.
Llegado el turno, a Cilia Flores también se le pidió confirmar su identidad: en inglés dijo “I am the first lady of Venezuela”. Posteriormente, en español y con la voz entrecortada, también se declaró no culpable.
Hellerstein continuó con las preguntas protocolarias para el equipo de abogados del Departamento de Justicia, entre las que destacaba la fecha de la aprehensión. La respuesta fue que quedaron bajo custodia a las 11:30 de la mañana del 3 de enero de 2026, en una flagrante omisión del ingreso de aeronaves y tropas estadounidenses a territorio venezolano.
En este sentido, la defensa agregó que como “presidente de una nación soberana, (Maduro) contaba con inmunidad presidencial”, dando luces del que podría ser uno de sus argumentos en el juicio.
No habrá juicio rápido
El proceso judicial continuará el 17 de marzo a las 11:00 de la mañana, una fecha pactada por la Fiscalía y los abogados defensores, que renunciaron a un juicio rápido y consideraron que es tiempo suficiente para prepararse.
Maduro también renunció a solicitar libertad bajo fianza y pidió que se le permita consultar abogados venezolanos, acceso médico para él y su esposa -quien denunció tener una fractura en las costillas tras el operativo de captura- y poder conservar sus notas. Hellerstein prometió que haría que los agentes Marshall cumplieran estas peticiones.
La cita terminó a las 12:32 del mediodía y Maduro y su esposa regresaron en helicóptero a la prisión federal de Brooklyn en la que permanecerán recluidos, mientras en frente del edificio dos manifestaciones opuestas confluían.
Por un lado, venezolanos agradecían a Donald Trump por el “fin” del régimen chavista, y por el otro, un grupo de estadounidenses denunciaban la acumulación de poder en la Casa Blanca, que no notificó al Congreso de la intervención en el extranjero como lo exige la Constitución, según Trump “por evitar filtraciones”.
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