El exitoso megaconcierto de los 50 años de carrera del maestro Ramon Orlando dejó una huella profunda en la sensibilidad musical de nuestra población. Solo Siete Dias con el Pueblo, el histórico festival de corte político celebrado en el 1974 podría comparársele en sus repercusiones. La asistencia masiva que colmó el Estadio Olímpico y la solidaridad de los afamados artistas con la brillantez musical del maestro sirvieron para demostrar que nuestra clase musical sigue apegada al merengue como el gran género que representa nuestra cultura.
Sin embargo, la ocasión sirvió también para demostrar que existe un vacío existencial en el rango de aprecio de nuestros protagonistas musicales. Esto así porque, con la excepción de un par de los 70 artistas y conjuntos convocados, en el referido concierto se dio la espalda a la inmensa popularidad de la bachata. Parecería que las actuales relaciones de poder en la sociedad dominicana imponen lealtad incólume al merengue y que no importa que los turistas extranjeros, al explorar la alegría y sensualidad de los géneros y ritmos nacionales, prefieran la bachata.
En su magistral Historia de la cultura dominicana: momentos formativos (2012) el eminente literato e historiador Marcio Veloz Maggiolo hace un recuento de los diferentes géneros musicales que prevalecieron en la época de la colonia y más allá hasta el pasado reciente. Ahí mostró cómo las prácticas musicales dominicanas se fueron formando mediante la mezcla de elementos africanos, europeos y criollos. El resultado ha sido un amplio patrimonio musical que incluye los palos y atabales, los congos, el gagá, salve, zarandunga, carabiné, mangulina, pri-pri, chenchén y zapateo. Pero ninguno de esos ritmos ha sobrevivido para convertirse en lo hoy predominante
A pesar de nuestro país poseer una extraordinaria diversidad de expresiones musicales y danzarías, solamente unas pocas han logrado convertirse en productos culturales de alcance masivo e internacional. El cuadro adjunto, obtenido por la IA, se refiere a lo que ha prevalecido y prevalece aquí hoy día: el merengue, bolero, la bachata el son y el urbano dembow. Pero entre estos sólo el merengue y la bachata ostentan una paternidad dominicana. Ambos tienen en común su procedencia popular, pero se bifurcan en cuanto a su adopción por los diferentes segmentos de la población.
Después que Trujillo lo impuso en los años cuarenta, el merengue se ha entronizado como la música más popular y acogida por todos los estratos de la población. Pero este no ha logrado la aceptación e imantación que ha logrado la bachata entre los turistas extranjeros que nos visitan. En las clases de merengue y bachata que ofrecen en las tardes nuestros resorts, la bachata prevalece en el gusto de los extranjeros. Eso ha resultado en que se celebren decenas de festivales y eventos de bachata en todas las latitudes del mundo. Es la bachata lo que debe reconocerse como Marca Pais por ser el género que ha conquistado el mundo. El enlace siguiente, https://bachataloves.me/, demuestra el alcance de la internacionalización del ritmo.
Lamentablemente, el hermano merengue no ha logrado ese nivel de penetración en el gusto mundial de la música tropical. (En Google aparece una sola entrada sobre un festival de merengue celebrado localmente,) Es por eso que la bachata merece atención en una nación cuya industria turística representa un 16% del PIB. Es por eso por lo que el Estado debe apoyar un festival de bachata que pueda convertirse en un evento anual como el Festival de la Canción de Viñas del Mar. Conquistar simpatías mundiales a través de la promoción de nuestra música debe ser un deber de todos.
Y, en particular, procede exhortar a nuestros Anthony Santos y Romeo Santos para que produzcan un evento centrado en la bachata que rivalice amigablemente con el de Ramon Orlando.
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