La cultura como fundamento del desarrollo y las fortalezas jurídicas, institucionales y patrimoniales de la República Dominicana
La cultura constituye uno de los pilares fundamentales del desarrollo sostenible, la cohesión social, la identidad nacional y el fortalecimiento democrático de las naciones. En el caso de la República Dominicana, el país dispone de un conjunto de fortalezas jurídicas, institucionales, patrimoniales, académicas e internacionales, así como de un extraordinario talento artístico y cultural, que ofrecen condiciones particularmente favorables para la consolidación de una auténtica política cultural de Estado.
En ese contexto, resulta esencial colocar en el centro de las políticas públicas el fortalecimiento, la protección, la difusión y la promoción del patrimonio cultural material e inmaterial, de la identidad nacional y de la diversidad cultural, como pilares fundamentales de la memoria histórica, la cohesión social y el desarrollo sostenible. De igual manera, corresponde impulsar el desarrollo de las industrias culturales y creativas como un sector estratégico de la economía, capaz de generar empleo, riqueza, innovación y proyección internacional, en armonía con la preservación y valorización del patrimonio cultural y el fortalecimiento de la identidad nacional.
Esta visión encuentra fundamento en la evolución conceptual de la economía de la cultura. La UNESCO promovió inicialmente el concepto de industrias culturales para referirse a las actividades dedicadas a la creación, producción y distribución de bienes y servicios con contenido cultural, artístico o patrimonial, reconociendo la cultura como un bien público, un derecho fundamental y un componente esencial de la identidad y la diversidad cultural. Posteriormente, el concepto de industrias creativas amplió este enfoque al comprender aquellas actividades cuyo origen reside en la creatividad, las habilidades y el talento, con capacidad para generar riqueza y empleo mediante la creación y explotación de la propiedad intelectual. Sobre estas bases, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) popularizó en 2013 el concepto de economía naranja, entendida como el conjunto de actividades que transforman las ideas en bienes y servicios culturales y creativos cuyo valor está determinado por su contenido de propiedad intelectual. En la actualidad, la evolución del pensamiento internacional conduce hacia una concepción más amplia de la economía creativa, en la que la cultura es entendida como un eje transversal del desarrollo sostenible, la educación, la innovación, la cohesión social y el fortalecimiento de la identidad nacional. Desde esa perspectiva, las industrias culturales y creativas constituyen un componente estratégico de una política cultural de Estado, pero no la agotan.
Una de las principales fortalezas de la República Dominicana es el sólido marco jurídico e institucional construido durante las últimas décadas en materia cultural. Desde la creación de la Secretaría de Estado de Cultura mediante la Ley No. 41-00, en el año 2000, y su transformación en Ministerio de Cultura en 2010, el país ha consolidado un importante conjunto de instrumentos legales que incluye, entre otros, la Ley No. 65-00 sobre Derecho de Autor; la Ley No. 502-08 del Libro y Bibliotecas; la Ley No. 481-08 General de Archivos; la Ley No. 108-10 para el Fomento de la Actividad Cinematográfica; la Ley No. 340-19 de Mecenazgo Cultural, así como las disposiciones legales destinadas a la protección del patrimonio cultural.
Otra fortaleza significativa es el reconocimiento internacional otorgado por la UNESCO al patrimonio cultural dominicano. La República Dominicana cuenta con la Ciudad Colonial de Santo Domingo, inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial desde 1990. Asimismo, forman parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el Espacio Cultural de la Cofradía del Espíritu Santo de los Congos de Villa Mella (2008), la Tradición del Teatro Danzante Cocolo (2008), el Merengue Dominicano (2016), la Bachata Dominicana (2019) y los conocimientos y prácticas tradicionales para la elaboración y el consumo del casabe (2024). Estos reconocimientos constituyen un extraordinario capital cultural para fortalecer la protección, la salvaguardia, la investigación, la difusión y la promoción del patrimonio cultural material e inmaterial del país.
A ello se suma la suscripción y ratificación por parte de la República Dominicana de las principales convenciones de la UNESCO, entre ellas la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural (1972), la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (2003) y la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (2005). Estos instrumentos fortalecen el compromiso del Estado con la preservación del patrimonio cultural, la promoción de la diversidad cultural y la cooperación internacional, proporcionando un marco de referencia para el diseño y la ejecución de políticas públicas acordes con los estándares internacionales.
En la segunda parte se analizarán otras fortalezas estratégicas de la República Dominicana, entre ellas la cooperación internacional, la participación en la Organización de Estados de África, el Caribe y el Pacífico (OEACP), el papel de organismos especializados como ICOMOS e ICOM, el capital académico e intelectual dominicano y la necesidad de una visión integral que articule patrimonio cultural, educación, investigación, turismo cultural e industrias culturales y creativas como ejes de una auténtica política cultural de Estado.
Cooperación internacional, capital académico y una visión integral de la política cultural
Las fortalezas jurídicas, institucionales y patrimoniales de la República Dominicana se complementan con un importante conjunto de capacidades internacionales, académicas y científicas que amplían las posibilidades para consolidar una auténtica política cultural de Estado. Estas capacidades favorecen la cooperación internacional, fortalecen la investigación, impulsan la formación de capital humano especializado y contribuyen al diseño de políticas públicas con visión estratégica y de largo plazo.
Asimismo, la participación de la República Dominicana en la Organización de Estados de África, el Caribe y el Pacífico (OEACP) amplía las oportunidades de cooperación internacional en materia de cultura, patrimonio, educación, investigación, industrias culturales y creativas, fortalecimiento institucional e intercambio de experiencias entre los países de África, el Caribe y el Pacífico. Este espacio de cooperación favorece el desarrollo de proyectos conjuntos, el acceso a programas de asistencia técnica, la movilización de recursos y el fortalecimiento de las capacidades nacionales para impulsar el desarrollo cultural y proyectar internacionalmente el patrimonio y la creatividad dominicanos.
Otra fortaleza relevante es la participación de la República Dominicana en los principales organismos internacionales especializados en patrimonio y museología. La representación dominicana en el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) y en el Consejo Internacional de Museos (ICOM), junto con la labor de profesionales, investigadores y especialistas comprometidos con la protección del patrimonio cultural material e inmaterial y el fortalecimiento de los museos, constituye un importante capital humano e institucional. Esta red de cooperación favorece el intercambio de conocimientos, la adopción de estándares internacionales y la formulación de políticas públicas orientadas a la conservación, investigación, gestión, difusión y puesta en valor del patrimonio cultural de la nación.
Otra fortaleza de la República Dominicana es la calidad de su capital intelectual, académico y científico en el ámbito de la cultura. El país cuenta con instituciones de reconocido prestigio, como la Academia Dominicana de la Historia, la Academia Dominicana de la Lengua y la Academia de Ciencias de la República Dominicana, así como con universidades de amplia trayectoria, entre ellas la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) y otras instituciones de educación superior que contribuyen a la formación de profesionales, la investigación científica y la producción de conocimiento. A ello se suma el valioso aporte de intelectuales, historiadores, lingüistas, antropólogos, arqueólogos, gestores culturales, artistas y especialistas en patrimonio, cuyo conocimiento constituye un recurso estratégico para el diseño, la evaluación y el perfeccionamiento de las políticas públicas culturales.
Estas fortalezas permiten concebir una política cultural de Estado desde una perspectiva integral. En consonancia con la evolución del pensamiento internacional, la cultura no debe entenderse únicamente como un sector económico vinculado a las industrias culturales y creativas, sino como un componente esencial de la educación, la investigación, la innovación, el turismo cultural, la preservación del patrimonio cultural material e inmaterial, la identidad nacional, la diversidad cultural y el desarrollo humano sostenible. En esa perspectiva, las industrias culturales y creativas deben desarrollarse en estrecha articulación con la protección del patrimonio, la formación de capital humano, la investigación y la innovación, contribuyendo simultáneamente al crecimiento económico, la generación de empleo y el fortalecimiento de la identidad cultural del país.
Desde esta visión, la creatividad adquiere pleno sentido cuando se pone al servicio del interés público, de la preservación de la memoria histórica y de la construcción de ciudadanía. El desarrollo económico derivado de la cultura debe sustentarse en el respeto por la diversidad cultural, la libertad de creación, el acceso democrático a los bienes y servicios culturales y el fortalecimiento de las capacidades institucionales. Solo así la economía creativa podrá consolidarse como un instrumento para el desarrollo sostenible y no como un fin en sí mismo.
En consecuencia, resulta indispensable fortalecer de manera equilibrada todas las expresiones del quehacer cultural, garantizando el desarrollo armónico de la música, el folklore, la danza clásica y contemporánea, el teatro, la literatura, las artes visuales, el cine, la artesanía, los museos, las bibliotecas, los archivos, la gestión del patrimonio cultural material e inmaterial y las demás manifestaciones artísticas y culturales. Solo una visión integradora permitirá consolidar un sistema cultural capaz de preservar la memoria histórica, estimular la creatividad, fortalecer la identidad nacional, ampliar el acceso de la ciudadanía a la cultura y convertir el patrimonio cultural y las industrias culturales y creativas en factores estratégicos del desarrollo sostenible de la República Dominicana.
En la tercera y última parte se abordarán los principales desafíos que enfrenta el sector cultural dominicano, la importancia de un diagnóstico nacional participativo y la necesidad de consolidar una auténtica política cultural de Estado sustentada en la investigación, la planificación estratégica, la continuidad institucional y la cooperación entre el Estado, la academia, los sectores culturales y la sociedad.
Los desafíos de la política cultural de Estado y la importancia de un diagnóstico nacional
Las fortalezas jurídicas, institucionales, patrimoniales, académicas e internacionales descritas en las entregas anteriores constituyen una base sólida para consolidar una auténtica política cultural de Estado. Sin embargo, esas capacidades no deben ocultar los desafíos que aún enfrenta el sector cultural dominicano. Persisten importantes retos relacionados con el fortalecimiento de la educación y la formación artística, el impulso a la investigación, la consolidación de la institucionalidad cultural, el financiamiento, la descentralización de la gestión cultural, la protección efectiva del patrimonio cultural material e inmaterial, el fortalecimiento de los museos, las bibliotecas y los archivos, el desarrollo equilibrado de las industrias culturales y creativas y la plena aplicación del marco jurídico vigente.
La elaboración de un diagnóstico integral constituye un instrumento indispensable para comprender la realidad del sector cultural, evaluar el impacto de las políticas implementadas, identificar las capacidades institucionales existentes y establecer objetivos, metas, indicadores y mecanismos de seguimiento que garanticen la continuidad, la eficacia y la sostenibilidad de las políticas públicas culturales. Del mismo modo, permitirá orientar las inversiones públicas y privadas hacia aquellas áreas con mayor potencial para fortalecer el patrimonio cultural, la identidad nacional, la creación artística, la investigación, la innovación y el desarrollo de las industrias culturales y creativas.
En esa dirección, reviste especial importancia el proceso de diagnóstico nacional del sector cultural que impulsa el equipo de la Secretaría de Cultura de la Fuerza del Pueblo, encabezado por su secretario, el doctor Alejandro Arvelo Polanco, con la participación de la vicesecretaria general, Ninoska Velázquez, y un amplio equipo de especialistas, gestores culturales, artistas e investigadores. El propósito de esta iniciativa es realizar un análisis integral de las fortalezas, debilidades, oportunidades y desafíos del sector cultural dominicano mediante una metodología participativa, plural y sustentada en criterios técnicos. Sus resultados contribuirán a la formulación de políticas públicas basadas en evidencia, al establecimiento de prioridades estratégicas y al diseño de una política cultural de Estado con visión de largo plazo, continuidad institucional y amplio consenso nacional.
Este proceso de diagnóstico aspira, además, a convertirse en un amplio espacio de diálogo nacional que convoque a instituciones públicas y privadas, universidades, academias, organizaciones culturales, artistas, gestores, investigadores, especialistas y organismos internacionales, con el propósito de construir una visión compartida sobre el presente y el futuro de la cultura dominicana. Solo mediante una participación amplia, plural y técnicamente fundamentada será posible formular políticas culturales con legitimidad social, continuidad institucional y vocación de permanencia.
La evolución conceptual de las industrias culturales, las industrias creativas y la economía creativa demuestra que la cultura ha dejado de concebirse únicamente como un ámbito de producción artística o como un sector económico. Hoy constituye un factor estratégico del desarrollo humano, de la cohesión social, de la innovación, de la educación, de la sostenibilidad y de la proyección internacional de las naciones. En consecuencia, las industrias culturales y creativas deben entenderse como uno de los componentes de una política cultural integral, articuladas con la protección del patrimonio cultural material e inmaterial, el fortalecimiento de la identidad nacional, la promoción de la diversidad cultural, la investigación científica, la formación de capital humano y la cooperación internacional.
La República Dominicana dispone de las condiciones jurídicas, institucionales, patrimoniales, académicas e internacionales necesarias para alcanzar ese propósito. El desafío consiste en articular esas fortalezas dentro de una visión estratégica de largo plazo que trascienda los períodos gubernamentales y asegure la continuidad de las políticas públicas culturales. Ello exige fortalecer la cooperación entre el Estado, las instituciones académicas, los sectores culturales, el sector privado y la sociedad, consolidando la cultura como uno de los pilares fundamentales del desarrollo humano, la cohesión social, la democracia y el proyecto de nación.
Esta visión coincide con la evolución del pensamiento de los principales organismos internacionales, particularmente la UNESCO y el sistema de las Naciones Unidas, que conciben la cultura no solo como un factor de crecimiento económico, sino también como un derecho humano fundamental, un componente esencial de la diversidad cultural y uno de los pilares del desarrollo sostenible.
Convertir la cultura en una verdadera política de Estado representa una inversión estratégica en la memoria histórica, el patrimonio cultural, la identidad nacional, la educación, la creatividad, la investigación, la innovación y el desarrollo sostenible. En un mundo cada vez más definido por el conocimiento, la creatividad y el valor de los activos intangibles, la cultura deja de ser un sector complementario para convertirse en uno de los principales activos estratégicos de la nación. En ese contexto, las industrias culturales y creativas constituyen uno de los motores fundamentales del crecimiento económico, la generación de empleo de calidad, el emprendimiento, la innovación, la internacionalización de los bienes y servicios culturales y el fortalecimiento de la economía del conocimiento. Al mismo tiempo, su desarrollo debe contribuir al fortalecimiento del patrimonio cultural, la identidad nacional, la cohesión social, la diversidad cultural y el ejercicio efectivo de los derechos culturales, consolidando un modelo de desarrollo humano sostenible. Sobre esa convicción podrá edificarse una auténtica política cultural de Estado, con visión de largo plazo, capaz de proyectar a la República Dominicana como una nación que hace de la cultura el fundamento de su desarrollo integral, de su prosperidad económica y de su proyección internacional.
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