La República Dominicana no produce suficiente pescado para alimentar a su propia población. Con un consumo per cápita estimado entre 8 y 9 libras al año y una producción acuícola que apenas promedió 1.687 toneladas anuales entre 2020 y 2024, el país depende de las importaciones para cubrir una demanda que el sector local no logra satisfacer.

Solo en tilapia —el principal producto de la acuicultura nacional—, el país importó cerca de 3,8 millones de libras entre 2022 y 2024. Ese es el problema de fondo que el II Congreso Internacional de Acuicultura (CONADOA 2026) intentó abordar entre el 23 y el 25 de abril en Santiago de los Caballeros.

Un sector que debate mientras la brecha productiva se ensancha

El congreso, organizado por la Asociación Dominicana de Acuacultores (ADOA) y celebrado en el Centro Cultural Eduardo León Jimenes (Centro León), reunió a más de 130 participantes y 22 expositores de nueve países: Colombia, Chile, Venezuela, Estados Unidos, Ecuador, España, Guatemala, México y República Dominicana.

Tres días de jornadas técnicas, científicas y comerciales que pusieron en evidencia el contraste entre el potencial del país y su realidad productiva.

La pregunta que sobrevoló el evento no fue técnica sino política: ¿por qué un país caribeño con condiciones naturales favorables para la acuicultura sigue sin poder abastecer su propio mercado?

Según datos del Consejo Dominicano de Pesca y Acuicultura (CODOPESCA), la producción acuícola total entre 2020 y 2024 apenas alcanzó las 6.749 toneladas en cinco años.

La tilapia concentra más del 90 % del valor económico de esa actividad, lo que revela una diversificación casi inexistente.

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Las modernas tecnologías de producción de tilapias impulsadas por el FEDA, como la correcta utilización de estanques de geomembrana, han permitido que el pescado pierda el temido “sabor a tierra”.

Carlos Mena, presidente de ADOA, señaló que el congreso "reafirma su papel como espacio para el desarrollo de la acuicultura, impulsando la innovación, la sostenibilidad y la articulación entre los actores del sector". Pero más allá de las declaraciones, el sector aguarda respuestas concretas del Estado en materia de financiamiento y regulación.

Voces internacionales con lecciones para el país

El modelo colombiano y la experiencia ecuatoriana

Entre los expositores internacionales destacó el Dr. Carlos Alberto Robles Cocuyam, director ejecutivo de la Federación Colombiana de Acuicultores (FEDEACUA), quien presentó el proceso de desarrollo sostenible que ha convertido a Colombia en una referencia regional del sector.

Su participación fue especialmente relevante dado que, en eventos previos, productores dominicanos ya habían manifestado la intención de replicar avances similares a los de ese país.

Yahira Piedrahita, representante de la Cámara Nacional de Acuacultura de Ecuador, expuso el modelo productivo de la industria del camarón ecuatoriana, una de las más competitivas del mundo y que contrasta con los incipientes intentos dominicanos por desarrollar ese renglón.

John A. Hargreaves, experto estadounidense, abordó a su vez la relación entre acuicultura, desarrollo y medio ambiente, mientras que Federico Cardona, del Grupo Iberostar España, presentó experiencias en sostenibilidad aplicada al sector turístico, un vínculo especialmente relevante para la economía dominicana.

Otros expositores abordaron sistemas intensivos de producción (IPRS), acuicultura ornamental, comercio internacional y tecnología aplicada al cultivo de camarón, con participantes de Guatemala, Venezuela, México y la organización Global Seafood Alliance.

El respaldo institucional, entre el apoyo y la deuda pendiente

En la clausura del evento, ADOA agradeció el acompañamiento del Banco Agrícola de la República Dominicana, CODOPESCA, Pets Agroindustrial y el Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (IDIAF). Sin embargo, la presencia institucional no ha sido suficiente para revertir el déficit productivo del sector.

En agosto de 2025, productores acuícolas ya advertían públicamente que estaban "en quiebra" y exigían un marco regulatorio sólido y apoyo financiero estatal.

Antonio Céspedes Abreu, presidente del Fondo de Desarrollo Acuícola Dominicano (Fondeadom), había planteado en ese momento la necesidad urgente de legislación específica para posicionar la acuicultura dominicana en el mercado centroamericano.

Contexto: el país busca alianzas, pero la producción no avanza al mismo ritmo

El interés dominicano por desarrollar su capacidad acuícola no se limita a los congresos. En abril de 2026, una delegación gubernamental visitó la piscifactoría de la empresa española Aquaculture en el Puerto de Alicante, con miras a replicar ese modelo en el país para abastecer la demanda hotelera y de cruceros, según reportó Informacion.es.

Paralelamente, la Universidad del Magdalena y la FAO lideran un proyecto para mejorar la cadena productiva del pez dorado en comunidades dominicanas, en el marco del programa Fish 4 ACP.

Las señales de interés existen. Lo que falta, según los propios actores del sector, es que se traduzcan en políticas públicas sostenidas, financiamiento accesible y un marco legal que dé certeza a los productores.

CONADOA 2026 cerró con compromisos de intercambio técnico y la promesa de continuar articulando al sector. Pero el verdadero indicador de su impacto no estará en las ponencias del Centro León, sino en si la producción acuícola dominicana logra, en los próximos años, reducir su dependencia de las importaciones y convertirse en un pilar real de la seguridad alimentaria del país.

Fuentes

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