La Asamblea General de la ONU votará este miércoles 20 de mayo un texto que busca convertir en obligaciones reales el fallo histórico de la Corte Internacional de Justicia sobre las obligaciones climáticas de los Estados.

Washington forzó la eliminación de su parte más ambiciosa: un registro global de daños por el cambio climático.

Es la pequeña nación insular de Vanuatu, en el Pacífico Sur, la que llevará una resolución que pretende traducir en compromisos concretos el dictamen histórico que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió en julio de 2025 sobre la responsabilidad legal de los Estados frente al cambio climático.

El texto llega a la votación debilitado: la presión directa de la administración Trump obligó a Vanuatu a eliminar uno de sus ejes centrales antes de que el proceso siquiera comenzara.

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La pequeña nación insular de Vanuatu, en el Pacífico Sur.

El origen de todo esto no está en los pasillos de la ONU. Está en un salón de clases de la Universidad del Pacífico Sur en Port Vila, la capital de Vanuatu, hace siete años.

Entonces, un grupo de 27 estudiantes de derecho ambiental se hizo una pregunta que cambiaría la historia de la diplomacia climática: ¿qué pasaría si el tribunal más alto de la comunidad internacional aclarara la responsabilidad de los Estados frente al clima bajo el derecho internacional?

La pregunta encontró eco en el gobierno de Vanuatu y desde allí tomó vuelo. En diciembre de 2024, representantes de países grandes y pequeños presentaron sus posiciones ante los 15 jueces de la CIJ en el Palacio de la Paz en La Haya. Entre ellos estaban algunos de aquellos mismos estudiantes.

Cynthia Houniuhi, nacida en las Islas Salomón y hoy profesora universitaria en Port Vila, fue una de ellas. El año previo a su visita a La Haya, recorrió las Islas Salomón para recoger declaraciones de testigos en aldeas locales, con permiso de los jefes para hablar por ellos ante la corte. La noche anterior a su testimonio, apenas durmió. Una vez en el podio, sus piernas temblaban. Pero los nervios pronto desaparecieron.

Durante seis minutos, Houniuhi habló de culturas cuya existencia no puede separarse de la tierra que ahora es tragada por las cálidas y saladas aguas marinas. Luego pidió a la corte que hiciera lo que las negociaciones internacionales sobre el clima no habían logrado: exigirles cuentas a los mayores emisores de gases de efecto invernadero.

El fallo que sacudió la diplomacia climática

En julio de 2025, la CIJ respondió con una claridad que no se veía desde el Acuerdo de París: los Estados tienen la obligación legal de prevenir daños significativos al sistema climático bajo el derecho internacional, y el incumplimiento de esa obligación acarrea consecuencias jurídicas.

La declaración fue unánime. Además, el tribunal estableció que el objetivo de 1,5 grados del Acuerdo de París no es un compromiso voluntario, sino un requisito, y que la extracción de combustibles fósiles puede constituir una violación del derecho internacional.

"Estábamos en total shock por la fuerza de la declaración", recuerda Vishal Prasad, director de Pacific Island Students Fighting Climate Change, el movimiento estudiantil que impulsó todo el proceso. "Tanto es así que tuvimos que reescribir apresuradamente partes del material de prensa que habíamos preparado".

Trump forzó el recorte antes de la votación

Ahora Vanuatu vuelve a la Asamblea General con una resolución para que esa opinión de la CIJ tenga aplicación práctica. Pero el camino no fue sencillo.

Ralph Regenvanu, ministro de Cambio Climático de Vanuatu, recibió en marzo pasado al académico sueco de origen chileno Víctor Galaz Rodríguez en Port Vila, en medio de lluvias torrenciales y con una erupción volcánica activa en el norte del archipiélago.

La conversación fue monitoreada por un miembro del personal del ministerio. Según Galaz Rodríguez, quien publicó la crónica en la revista científica sueca Forskning & Framsteg, "estos son tiempos diplomáticamente difíciles" para la república insular.

Se vota en la ONU resolución climática recortada por la presión de Trump

El primer borrador de la resolución, según relató el propio ministro, hizo que la administración Trump "llegara al techo". Desde canales oficiales, Vanuatu recibió un mensaje sin ambigüedades: era mejor que retirara su propuesta, porque podría representar una amenaza para la industria estadounidense.

La parte más ambiciosa del documento tuvo que ser eliminada: el registro oficial de daños relacionados con el clima en todo el mundo.

"Fue una decisión difícil para nosotros", admitió Regenvanu. "Eso era lo que realmente queríamos".

La UE también dio un paso atrás

A esa presión se sumó otro revés: la Unión Europea, históricamente aliada de las naciones insulares vulnerables en los foros climáticos, redujo su respaldo.

Según el ministro, Bruselas está priorizando los problemas de seguridad derivados de la guerra en Ucrania y la retirada de Washington del orden internacional.

Aun así, Vanuatu no retiró su proyecto. "El tema del clima es nuestro tema de seguridad nacional. Es una cuestión de supervivencia para nosotros. Nuestra voz es lo único que tenemos, y nos estamos cansando de tener que decir lo mismo una y otra vez. Pero no tenemos otra opción", afirmó Regenvanu.

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Ralph Regenvanu, ministro de Cambio Climático de Vanuatu. Fotografía: Víctor Galaz

Cuando Galaz Rodriguez le preguntó cómo dormía por las noches —con la presión de Washington, la erupción volcánica y la posible evacuación de una isla a su cargo—, el ministro sonrió por primera vez en la conversación: "Gracias, anoche dormí bien. Y si no, siempre hay kava" (planta originaria del Pacífico Sur cuya raíz se utiliza como antiestrés al relajar los músculos y conciliar el sueño; un calmante natural que reduce la ansiedad sin causar somnolencia al día siguiente).

Las voces que llegaron hasta La Haya

Corte Internacional de Justicia (CIJ). Sesión conmemorativa del 80.º aniversario de la CIJ en La Haya, el 17 de abril de 2026. (Foto de Lina Selg / ANP / AFP) / Países Bajos FUERA

El peso humano detrás de la resolución tiene nombre y apellido. Flora Vano, trabajadora de la organización Action Aid Vanuatu, también testificó ante la CIJ.

Desde su oficina en Port Vila —cuya entrada sigue bloqueada por escombros del terremoto de 2024— describe una realidad que los grandes foros climáticos rara vez mencionan.

"El trabajo no remunerado de las mujeres ya es masivo, y cuando un ciclón devasta la isla o una sequía golpea, su carga aumenta aún más", dijo.

"Cada día alguien se pregunta: '¿Cómo puedo sobrevivir otro día? ¿Mis hijos tendrán comida?' Si nosotras las mujeres no nos aseguramos de que haya comida en la mesa, nos golpean", subrayó.

Vanuatu registra uno de los índices más altos del mundo en casos de violencia contra mujeres y niñas. Para Vano, la esperanza de que el fallo de la CIJ mejore la vida cotidiana de las mujeres en el archipiélago es concreta y urgente.

Se vota en la ONU resolución climática recortada por la presión de Trump

Una nación pequeña con una presión enorme

Vanuatu es uno de los países más vulnerables del planeta frente al cambio climático. En 2023, un año antes del terremoto, dos ciclones tropicales golpearon el archipiélago con apenas 48 horas de diferencia y devastaron el 64 % del PIB del país.

A eso se suman la erosión costera, la salinización de acuíferos y el riesgo permanente de ver sus islas sumergidas.

Esta realidad cotidiana es la que empuja a su gobierno a convertirse en protagonista de la diplomacia climática global, muy por encima de lo que su tamaño o su peso económico sugerirían.

El lema de las islas del Pacífico —"¡1,5 para mantenerse vivo!"— sigue resonando en los pasillos de los negociadores climáticos. Pero la matemática del sistema climático es despiadada: el mundo, en un futuro muy cercano, excederá ese límite.

Ante esa realidad, Vishal Prasad responde sin dudar: "Estados Unidos no es el mundo entero. Si tu casa está ardiendo, haces todo lo posible para apagar el fuego. No podemos esperar, no podemos parar, tenemos que seguir adelante".

Qué implica para el Caribe y América Latina

PUNTA CANA (REPÚBLICA DOMINICANA), 14/07/2025.- Personas caminan junto a sargazo aglomerado en la arena, el 9 de julio de 2025 en Punta Cana (República Dominicana). República Dominicana libra una lucha sin cuartel contra el sargazo ante el aumento, una vez más, de su presencia en buena parte de la turística Punta Cana y otras partes del país. EFE/Orlando Barría

Para la región —igualmente expuesta a huracanes de mayor intensidad, sequías y aumento del nivel del mar—, el resultado de esta votación tiene una relevancia directa.

Una resolución aprobada por la Asamblea General reforzaría el argumento jurídico de los países en desarrollo para exigir compensaciones y compromisos más ambiciosos a los grandes contaminadores históricos en futuras negociaciones climáticas.

La votación de este miércoles 20 de mayo no resolverá la crisis climática, pero podría marcar un antes y un después en cómo el derecho internacional aborda la responsabilidad de los Estados frente al calentamiento global, y en cuánto peso real tienen las naciones más vulnerables cuando se sientan a la mesa de negociaciones y de las decisiones.

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Aldo Rodríguez Villouta

Radicado en República Dominicana desde 2017, donde trabaja en Acento (www.acento.com.do) y dirige la oficina dominicana de GlobeArt de Chile, su país natal. Previamente, corresponsal de Inter Press Service (IPS), Agencia EFE, Latin American New Service (Lans, EEUU), Associated Press (AP) y BBC en Ecuador, Brasil, Italia y Venezuela. Paralelamente, corresponsal en Venezuela y Ecuador de Monitor de Radio Red de México y colaborador de la Agencia France Press (AFP) y en varios medios de prensa nacionales de esos y otros países, entre ellos Ecuadoradio y Diario Meridiano, de Ecuador, y Gazeta Mercantil, versión Mercosul en Río de Janeiro.

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