Cada verano, toneladas de sargazo llegan a las costas del país, afectando playas, ecosistemas marinos, actividades pesqueras y el turismo, uno de los pilares de la economía nacional.

Durante el sábado 20 y el domingo 21 de junio, la playa de Uvero Alto, en La Altagracia, volvió a evidenciar el impacto del sargazo en las costas de República Dominicana. A través de esta fotogalería mostramos cómo la llegada masiva de la macroalga afectó el litoral durante el fin de semana, alterando el paisaje de una de las principales zonas turísticas del país.

Para el 2025, las estimaciones técnicas indican que cientos de miles de toneladas de sargazo arribaron a las costas dominicanas, concentrándose principalmente en el litoral este y noreste, pero con presencia creciente en otras regiones del país. Se estiman arribazones de entre un 10% a un 17 % por mes según las condiciones oceanográficas.

Las zonas más afectadas por el sargazo en República Dominicana son: Punta Cana, Bávaro, Uvero Alto, La Romana, Samaná, Cabrera, Río San Juan y Playa Diamante.

También: Boca Chica, Juan Dolio , Guayacanes, Santo Domingo, playa Los Gringos (ocasionalmente), Bahía de Ocoa (ocasionalmente) Barahona y Pedernales (ocasionalmente).

Las consecuencias de la presencia del sargazo son profundas: degradación de playas, afectación de arrecifes y pastos marinos, alteraciones en la pesca artesanal, riesgos sanitarios asociados a la descomposición del alga y presiones económicas directas sobre el turismo, uno de los principales pilares de la economía nacional.

Ante esta situación, el Gobierno dominicano ha intensificado las labores de recolección, contención y disposición final del sargazo mediante operativos especiales, además de establecer lineamientos para su manejo en los litorales del país.

Estas acciones buscan reducir los impactos ambientales, sociales y económicos provocados por la llegada masiva de la macroalga.

República Dominicana también alcanzó un importante logro al impulsar la primera resolución mundial sobre sargazo aprobada por la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

La iniciativa reconoce este fenómeno como una amenaza ambiental y socioeconómica para el Gran Caribe y abre las puertas a mayores investigaciones, cooperación internacional y búsqueda de soluciones conjuntas.

EN ESTA NOTA

Osmil Crooke

Editora Multimedia

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