Las negociaciones entre España y los rebeldes que encabezaban la Revolución de Saint Domingue fueron exitosas, logrando que alrededor 10 mil negros se incorporaran al ejército del bando español, en el marco de una amplia autonomía y conservando sus estructuras de mando y organización. A partir de entonces se llamarían Tropas Auxiliares Negras o Tropas Auxiliares del Rey Carlos IV, que pasaron a liderar Jean François Papillon y George Biassou, los cuales fueron bautizados por los españoles como Juan Francisco y Jorge Biassou. Otro líder, Jacinto —Hyacinthe—, que era tomado en cuenta por el rey Carlos IV como uno de los principales cabecillas de las Tropas Auxiliares Negras, murió trágicamente en agosto de 1793, tal como señaló el gobernador de Santo Domingo, general Joaquín García y Moreno en comunicación enviada al soberano.
Las contradicciones que generaban las profundas diferencias sociales existentes en la colonia de Saint Domingue desembocaron en conflictos violentos entre los blancos partidarios de la monarquía y los blancos partidarios de la independencia económica, social y política de la colonia con respecto a la metrópolis; entre los blancos y los mulatos, quienes pugnaban por ascender social, económica y políticamente en la colonia; entre los mulatos y los negros, donde los primeros hacían de todo por distanciarse económica y socialmente de los negros esclavos, pero los utilizaban para mostrar fuerza ante los blancos, mientras que aquellos debían estar pendientes de las acciones tanto de blancos como de mulatos, para defenderse de sus humillaciones y vejámenes; por último, las contradicciones entre los negros esclavos y los blancos, donde los primeros luchaban “a brazos partidos” por su libertad y los segundos hacían de todo para evitar que los negros lograran sus propósitos libertarios.
Mientras la colonia de Saint Domingue era un polvorín a punto de estallar por la multiplicidad de intereses envueltos, la metrópolis Francia se encontraba en la peor crisis económica, social y política que había vivido en siglos. Esa situación obligó a los sectores pertenecientes al denominado Tercer Estado o Estado Llano, integrado por los siervos de la gleba, los campesinos libres, los obreros, la burguesía, los artesanos y demás sectores populares, a levantarse el 14 de julio de 1789 y a tomar la fortaleza de la Bastilla en París, en la rebelión más grande que transformó la historia de la humanidad, conocida como la Revolución Francesa, ya que sobre ellos caían todas las cargas impositivas que eludían el Primer Estado, compuesto por la alta nobleza y el alto clero, y el Segundo Estado, constituido por el bajo clero y la baja nobleza.
La Revolución Francesa vino de la mano de las ideas ilustradas que postulaban el Barón de Montesquieu, Juan Jacobo Rousseau y Voltaire, entre otros, en torno a la necesidad de una república en que existiera una división y separación de los poderes del Estado en lugar de una monarquía hereditaria que lo controlaba y lo dominaba todo. Con esa república se buscaba garantizar la soberanía popular que ponía en mano del pueblo la toma de decisiones en lugar del soberano unipersonal que lo decidía todo, del sufragio universal que garantizaba la participación de la población en la elección de sus representantes en lugar de un rey que se autoproclamaba: “El Estado soy yo”. La república establecida a partir de entonces se basó en una nueva carta magna aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente en 1879, bajo la denominación de: “Declaración Universal de los Derechos del Hombre y el Ciudadano”[1], que se resume en tres pilares básicos: igualdad, libertad y confraternidad.

Las ideas centrales de esa Constitución eran: los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos; son derechos fundamentales: la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión; el principio de toda Soberanía reside esencialmente en la Nación; la libertad consiste en poder hacer todo lo que no perjudique a los demás; la Ley sólo tiene derecho a prohibir los actos perjudiciales para la Sociedad; nada que no esté prohibido por la Ley puede ser impedido, y nadie puede ser obligado a hacer algo que ésta no ordene; la Ley es la expresión de la voluntad general; todos los Ciudadanos tienen derecho a contribuir a su elaboración, personalmente o a través de sus Representantes.
De igual manera, consignaba que todos los Ciudadanos son iguales ante la Ley, todos ellos pueden presentarse y ser elegidos para cualquier dignidad, cargo o empleo públicos, según sus capacidades y sin otra distinción que la de sus virtudes y aptitudes; quienes soliciten, cursen, ejecuten o hagan ejecutar órdenes arbitrarias deben ser castigados; cualquier ciudadano que sea requerido o aprehendido en virtud de la Ley debe obedecer de inmediato, y es culpable si opone resistencia; la Ley sólo debe establecer penas estrictas y evidentemente necesarias; cualquier hombre se considera inocente hasta no ser declarado culpable; nadie debe ser incomodado por sus opiniones, inclusive religiosas, siempre y cuando su manifestación no perturbe el orden público establecido por la Ley; la libre comunicación de pensamientos y opiniones es uno de los derechos más valiosos del Hombre; por consiguiente, cualquier Ciudadano puede hablar, escribir e imprimir libremente, siempre y cuando responda del abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.
La disposiciones de la Asamblea Nacional de Francia impactaron en las colonias francesas de allende los mares, pero muy especialmente en Saint Domingue, con la designación de los comisionados Léger-Félicité Sonthonax, Étienne Polverel y Jean Antoine Ailhaud el 29 de abril de 1792. Esto tuvo un impacto directo en el desencadenamiento de la revolución haitiana, en la designación del general Toussaint L´Ouverture como gobernador militar de la colonia de Saint Domingue en 1798 y en la libertad de los negros esclavos.
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Revolución Haitiana y su impacto en Santo Domingo español.
La Asamblea Nacional Francesa, a través de los decretos del 8 y el 28 de marzo de 1790, estableció la igualdad de los derechos civiles entre todas las personas libres de la colonia, al tiempo que mantuvo la esclavitud de los negros. No obstante, dejó a la clase media mulata en una posición ambivalente, al permitir que la concesión de sus derechos se hiciera conforme a la interpretación que hicieran las autoridades coloniales de Saint Domingue.
Como la clase media blanca se opuso a la Asamblea Colonial de Saint-Marc y se anuló cualquier acción en favor de los mulatos, los libertos se aliaron a los realistas con el propósito de lograr que el gobernador general Peinier hiciera efectivos los referidos decretos. Pero la lucha abierta estalló cuando el gobernador disolvió a la fuerza esta Asamblea de los grandes plantadores y comerciantes el 14 de abril de 1970, lo que aprovecharon los sectores realistas para rehusarse a ponerlos en vigor, al tiempo que humillaron a los mulatos al prohibirles que utilizaran el símbolo del partido realista, consistente en una borla blanca en el sombrero.
La clase media mulata, subordinada y abandonada entre las masas de negros esclavos, la burguesía colonial y la clase media blanca, se levantó en armas dirigida por Vincent Ogé y Jean Baptiste Chavannes, quien le planteó al primero liberar y armar a los negros esclavos, a lo que Ogé se negó porque en su posición contradictoria de explotador de esclavos y discriminado por los blancos, era de opinión que el proceso de liberar a los negros debía ser paulatino y progresivo.
Esta rebelión de la clase media mulata, al estar totalmente aislada de las masas esclavas, las únicas que estaban interesadas en hacer posible una revolución profunda y radical, fue ahogada a sangre y fuego por las tropas coloniales. Ogé y Chavannes fueron ejecutados el 25 de febrero de 1791, tras la entrega realizada por el gobernador de la colonia española y presidente de la Real Audiencia de Santo Domingo, brigadier Joaquín García y Moreno, al gobernador de Saint Domingue, Philibert François Rouxel, Vizconde de Blanchelande. La entrega se hizo muy a pesar de que el abogado criollo don Vicente de Faura defendió con energía el derecho sagrado al asilo que amparaba a los refugiados, a lo que el gobernador García y Moreno hizo caso omiso, traspasando los rebeldes mulatos a los agentes de la colonia francesa.
El Gobernador Blanchelande entregó la instrucción de la causa al Consejo Superior del Cabo. El proceso se realizó con la presencia de Comisarios Especiales designados por la Asamblea Provincial del Norte y duró todo el mes de enero y gran parte de febrero de 1791. A pesar de que la Revolución Francesa había eliminado las torturas y la pena de muerte, los acusados fueron sometidos al más cruel tormento. El Consejo Superior condenó a Ogé y Chavannes a que sus miembros fueran destrozados a golpes de barras de hierro hasta que murieran, veintiuno de sus compañeros fueron condenados a morir ahorcados y trece más fueron arrastrados por las carretas. El 25 de febrero de 1791 fue ejecutada esta terrible sentencia en presencia del gobernador Vizconde de Blanchelande, la Asamblea Provincial del Norte y el Consejo Superior del Cabo.
Esa represión aterradora no produjo el resultado esperado, ya que los mulatos comprendieron claramente que los blancos de Saint Domingue no habían pensado nunca en reconocerles el goce de sus derechos políticos, poniéndose al frente de ellos Louis-Jacques Beauvais, Pierre Pinchinat, André Rigaud y Doyon. Un número importante de libertos se reunió el 7 de agosto de 1791 en la iglesia del burgo Saint-Louis de Mirebalais, para concertar su acción política, formando un comité de dirección de cuarenta miembros, denominado Consejo de Representantes de la Comuna. Pierre Pinchinat fue elegido presidente, procediendo a reclamar al gobernador la ejecución de los decretos favorables a los hombres de color. En su respuesta, el Vizconde de Blanchelande insultó al Consejo y le dio la orden de disolverse. Pero los libertos en lugar de atemorizarse, decidieron recurrir una vez más a la insurrección armada, designando en esta ocasión a Beauvais como comandante militar de los sublevados, quien había participado en la guerra de independencia de los Estados Unidos con otros centenares de negros y mulatos de las colonias francesas del Caribe -entre ellos André Rigaud, Henri Christophe, Jean Pierre Lambert y Pierre Cange-, teniendo como lugarteniente a Jean Pierre Albert, negro procedente de Martinica.
Influidos por la agitación que había tanto en Francia como en toda la colonia de Saint Domingue, en la noche del 14 de agosto de 1791 se reunieron en Bois-Caiman, en la llanura norte de la colonia de Saint Domingue, alrededor de doscientos delegados de los negros esclavos rebeldes, en representación de las diferentes plantaciones y talleres del departamento Norte, bajo el liderazgo del sacerdote vodú Dutty Boukman, quien hizo jurar con sangre a todos los presentes de que lucharían por la libertad de sus hermanos negros hasta la muerte.
En la noche del 16 de agosto un mayoral de la habitación Desgrieux intentó incendiar un almacén de bagazo en la plantación de Chalbaud, pero fue perseguido, apresado y obligado a revelar todo el complot que se fraguaba. Este indicó que todos los mayorales, cocheros, domésticos y negros de confianza de las plantaciones vecinas y distritos adyacentes estaban involucrados en la acción con el objetivo de incendiar todas las habitaciones y matar a los blancos, nombrando a todos aquellos que habían sido escogidos como jefes del movimiento.

La municipalidad del cabo se hizo cargo de la situación y ordenó de inmediato el arresto de los principales dirigentes, quienes al enterarse de la persecución de que eran objeto lograron escapar y procedieron a sublevarse a partir del 21 de agosto en las plantaciones de Noé, Treme, Turpin, Clément, Flavillet y Gallifet. De igual manera, al frente de los esclavos del distrito de Acu se encontraba Boukman, quien se dirigió a Limbé, donde sublevó a todos los negros esclavos de los talleres.
En cuatro días la rebelión adquirió proporciones formidables, al frente de la cual estaba Boukman y le secundaban Jean François Papillon, George Biassou y Jeannot Bullet, con sus respectivos lugartenientes, quienes asaltaron las diferentes plantaciones y las destruyeron a sangre y fuego, vengándose así de sus amos y sus familias, tras largos años de opresión, maltratos y cautiverios. La masa de esclavos se armó de todo aquello que cayó en sus manos, como armas de fuego, sables, espadas, machetes, cuchillos, picos y palos, asolando toda la llanura del norte.
La represión desatada por los blancos contra los negros superó en barbarie y criminalidad a los negros sublevados. Los pequeños blancos acusaban a los mulatos de ser los instigadores de la rebelión, razón por la cual los persiguieron y asesinaron en las calles del Cabo. La rebelión de los esclavos en gran medida se extendió a partir del temor que tenían a los atroces castigos que les infligían sus amos.
En el Oeste, las plantaciones y los talleres de Archie, Cul de Sac, Léogane y Jacmel se sublevaron y volcaron sobre los Matheux, el Trou-Caiman y las montañas del Grand Fond, donde los insurrectos peleaban en pequeños grupos bajo las órdenes de Hyacinthe, Halaou, Caiman, Lamour Dérance, Dieudonne, Lafortune, Pompeé, Romaine la Prophétese y Laplume. En tanto que, en el Sur, los sublevados arrasaron las plantaciones e inquietaron a Aux Cayes.
Los hombres de color se habían unido a los esclavos negros para enfrentar abiertamente a sus enemigos tradicionales, los blancos. El gobernador, Vizconde de Blanchelande, a quien los acontecimientos habían destruido los planes que torpemente concibió, se dirigió en demanda de auxilios a los gobiernos coloniales de Cuba, Jamaica y Santo Domingo. Ante la solicitud del gobernador francés al gobernador de la colonia de Santo Domingo, brigadier Joaquín García y Moreno, de que enviara tropas españolas para que le auxiliare, este se excusó por no poder complacerlo, alegando varias razones, entre ellas la escasez de hombres, la época de lluvias y muy especialmente lo estipulado en el artículo noveno del Tratado de Aranjuez de 1777, en el sentido de que en caso de agresión extranjera a una de las dos colonias, la otra estaba obligada a prestarle ayuda, no así en el caso de que hubiesen disputas o desavenencias internas o domésticas.

En la respuesta al gobernador francés, García y Moreno no sólo mencionó ese artículo del Tratado de Aranjuez, sino que además le manifestó que enviar sus tropas y actuar contra los negros sería tomar partido por uno de los dos bandos, exponiéndose a no merecer la aprobación de su rey. También los negros insurrectos pretendieron que García y Moreno le apoyara en su acción revolucionaria, hecho que ponderó con toda la atención que merecía el caso para no impacientar a estos supuestos “criminales”, evitar el tener que dar explicaciones al Gobierno francés y precaver efectos contrarios a la recíproca amistad de las dos naciones y a la debida neutralidad. Esta supuesta neutralidad del brigadier García y Moreno era interpretada según el bando de la persona que opinara. Más adelante, el gobernador García y Moreno sería autorizado por el rey Carlos IV de España para negociar con los negros rebeldes y colocarlos totalmente de su lado.
Las negociaciones entre España y los rebeldes fueron exitosas, logrando que alrededor 10 mil negros se incorporaran al ejército del bando español, pero en el marco de una amplia autonomía y conservando sus estructuras de mando y organización. A partir de entonces se llamarían Tropas Auxiliares Negras o Tropas Auxiliares del Rey Carlos IV, que pasaron a liderar Jean François Papillon y George Biassou, los cuales fueron bautizados por los españoles como Juan Francisco y Jorge Biassou. Otro líder, Jacinto —Hyacinthe—, que era tomado en cuenta por el rey Carlos IV como uno de los principales cabecillas de las Tropas Auxiliares Negras, murió trágicamente en agosto de 1793, tal como señaló el gobernador de Santo Domingo, general Joaquín García y Moreno en comunicación enviada al soberano.
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Guerra Hispanofrancesa entre 1793-1795, Tropas Auxiliares Negras y vinculación a España
La Revolución Francesa trajo consigo tales niveles de radicalidad que implicó el guillotinamiento del rey de Francia Luis XVI el 21 de enero de 1793 en la Plaza de la Revolución, actualmente conocida como Plaza de la Concordia, tras intentar escaparse de París y ser hecho prisionero por los máximos representantes de la Revolución. Este hecho tuvo una repercusión directa en las relaciones políticas y diplomáticas de la república francesa y la monarquía española, dado la pertenencia del malogrado rey francés Luis XVI y el rey español Carlos IV a la misma familia de la Casa de Borbón, a tal punto que esta acción desencadenó una guerra entre las naciones de España y Francia.
En virtud de la amenaza que significó la ocupación inglesa solicitada por los colonos blancos franceses de Saint Domingue y la colonia española, así como por la declaratoria de guerra de España a Francia como reacción a la ejecución del soberano Luis XVI, la República solo encontró apoyo en los mulatos Rigaud y Beauvais, en el ejército colonial y en algunos sectores de la clase media blanca, quienes habían asumido las ideas republicanas. Esto obligó al comisionado republicano francés Léger-Félicité Sonthonax a buscar el apoyo de 10 mil negros, a quienes les otorgó la libertad para enfrentar a los enemigos de la República. Sin embargo, esta decisión no contó con el apoyo de los mulatos, quienes se vieron afectados, ya que muchos de ellos eran grandes y medianos propietarios esclavistas. Esta situación llevó a Sonthonax a tomar la medida de decretar la abolición general de la esclavitud en el norte de la colonia de Saint Domingue el 29 de agosto de 1793, lo que hizo también el comisionado Étienne Polverel en la parte oeste y luego se generalizó a toda la colonia francesa. La Proclamación de Libertad de Étienne Polverel y Sonthonax fue llevada a París por tres emisarios: un blanco, un mulato y un negro; como muestra de la igualdad que se respiraba en la colonia. El 4 de febrero de 1794 la Convención aprobó la abolición de la esclavitud en todas las colonias francesas, lo que constituyó un triunfo de la revolución haitiana en su lucha por la libertad y la igualdad entre todos los habitantes de Saint Domingue.
El 29 de agosto de 1793, Toussaint Louverture, en su calidad de general de los ejércitos del rey español Carlos IV, hizo una proclama en la que pedía la unidad de todos los negros esclavos para arrancar entre todos el árbol de la esclavitud y hacer posible que reinara la libertad y la igualdad entre todos. La fama de Louverture recorrió toda la colonia de Saint Domingue, lo que despertó la envidia y desconfianza de sus jefes militares Jean-François y George Biassou, quienes formaban parte al igual que él de las tropas auxiliares negras del rey, situación que le llevó a planear un complot para asesinarle, del cual salió ileso y donde murió su hermano más pequeño, Jean-Pierre Louverture.
Al darse cuenta de esta contradicción, los franceses la aprovecharon a través del general en jefe de Saint Domingue, Étienne Laveaux, para convencer a Louverture de que debía unirse a la república francesa. Pero no fue sino hasta el 5 de mayo de 1794, cuando Louverture abandonó a sus aliados españoles, en quienes él había descubierto que no estaban en disposición de abolir la esclavitud. De inmediato el ejército a su mando, integrado por negros, mulatos y blancos, procedió a atacar a sus antiguos aliados, logrando arrebatarle alrededor de doce ciudades.

Louverture en apenas un año hizo capitular a las tropas españolas, colocándolas del lado oriental de la frontera entre ambas colonias, al tiempo de infringirles sendas derrotas a sus antiguos jefes Jean-François y George Biassou, quienes permanecieron fieles a España, en su calidad de tropas auxiliares del ejército realista español. En el mes de julio de 1795 la Convención ascendió a Louverture al rango de General de Brigada, en marzo de 1796 Laveaux lo elevó al rango de Teniente General de la colonia por haberle salvado la vida de quienes intentaron lincharle tras adoptar medidas duras contra unos mulatos rebelados y el Directorio le ascendió a General de División en agosto de 1796.
Haciendo uso de su gran capacidad de negociación y de sus envidiables habilidades políticas y militares, Louverture llegó a un acuerdo con el General en Jefe de las tropas inglesas en Saint Domingue, Thomas Maitland, en el mes de abril de 1798, quienes desocuparon la colonia a cambio de beneficios comerciales; logró neutralizar al gobernador Laveaux y al comisionado Sonthonax, al lograr que fueran elegidos diputados ante el Directorio para que regresaran a Francia; al último comisionado civil Julien Raymond lo apartó de las negociaciones con Inglaterra y logró que el último General en Jefe francés de la colonia, Gabriel-Marie-Théodore-Joseph, conde de Hédouville, regresara a Francia ante una revuelta de negros estimulada por Louverture, quienes se negaban a entregar sus armas como había dispuesto el general a su llegada en 1798. De igual manera, enfrentó y derrotó al líder mulato Rigaud en 1799, con el apoyo de los líderes negros Jean-Jacques Dessalines y Henri Christophe, quedándose así con el control absoluto de la colonia de Saint Domingue, lo que le permitió también, amparado en el Tratado de Basilea del 22 de julio de 1795, conquistar la parte oriental de la isla de Santo Domingo en enero de 1801. El 9 de mayo de 1801, Louverture proclama una constitución autonomista, la cual le concedía plenos poderes vitalicios en toda la isla.
Una vez derrotada España tanto en la Guerra Hispanofrancesa como en la colonia de Saint Domingue y tras la firma del Tratado de Basilea el 22 de agosto de 1795, a los negros auxiliares que apoyaban a España, liderados por Jean-François y George Biassou, no le quedó otra alternativa que la de emigrar a una de las colonias españolas que había en América o hacia la metrópolis. Es así como Jean-François y su gente más cercana opta por irse a Sevilla, España, mientras que George Biassou se dirige a San Agustín, Florida. Los demás seguidores de uno u otro fueron enviados a diferentes colonias españolas como Cuba, Puerto Rico, Trinidad y otras. Sin embargo, al comandante Paúl Alí no tuvo otra opción que la de quedarse en la parte oriental de la isla de Santo Domingo, donde enfrentaría con una firme determinación, pero con flexibilidad táctica, la cambiante situación política que le tocó vivir, logrando salir ileso en todas las ocasiones.
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Las Tropas Auxiliares Negras y la emergencia de Pablo Alí
El nombre del comandante Pablo Alí aparece por primera vez en el escenario político público entre los miles de esclavos que se sublevaron contra sus amos por la cruel explotación de que eran víctimas, la noche del 22 de agosto de 1791 en los ingenios y en las haciendas del Departamento Norte de Saint Domingue, cuando tenía aproximadamente 37 años. Este dato parece ser fiable, si partimos de la información oficial que suministra el entonces cónsul francés en Santo Domingo, Eustache Juchereau de Saint-Denys, en carta enviada al Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, historiador François Guizot, el 5 de febrero de 1844 -nueve días antes de que el militar negro liberto falleciera el 14 de febrero de ese año-, al referirse a él como “comandante en jefe del distrito, el general negro Pablo Ali, anciano casi nonagenario.”[2]
El 30 de mayo de 1793 estalló la guerra entre las colonias de Saint Domingue y Santo Domingo, pasando el comandante Pablo Alí a combatir como subalterno o lugarteniente del general George Biassou, del lado de España. Con esta alianza, los españoles pasaron a ocupar los territorios de la colonia francesa que desde 1791 estaban en manos de los negros rebeldes. Para julio de 1793 se notificaba la toma de Dondon en la que Juan Francisco y Toussaint Louverture tuvieron un papel relevante, y en agosto los españoles y las Tropas Auxiliadores Negras ocupaban una parte importante de la rica región del norte de Saint Domingue, entre los que destacaban los territorios de Vailliére, Trou, Fort-Dauphin, Grande-Riviére, Ouanaminthe, Mermelade, Ennery, Plaisance, Gonaïves y Lombé.

El número de soldados reportados que estaban bajo las órdenes del líder negro George Biassou era de 6 mil 100 hombres a mediados de 1793[3], mientras que el ejército de Juan Francisco Papillon ascendía a 6 mil 647 hombres, de los cuales 6,522 eran esclavos rebeldes que habían huido de la esclavitud de sus amos, 67 mulatos libres y 58 negros libres.[4] En el año 1794 la recapitulación de las fuerzas de Juan Francisco arrojaba la suma de 6,097 personas, repartidas en diversas compañías en numerosos sitios, como Fort Douphine con dos brigadas y 878 personas, Sant Susanne con 1,317 hombres, Grand Riviere con 2,004 elementos, y Limonade con 934 personas, entre otras fuerzas.[5]
En otro sentido, es importante destacar que las medallas con el real busto del rey Carlos IV que se había previsto entregar a los jefes rebeldes como elementos de ayuda en su adhesión a la causa española, fueron recibidas por el gobernador de Santo Domingo a mediados de febrero de 1794. El envío se componía de sendas medallas de oro para Juan Francisco, Biassou y Jacinto, y otras doce de plata para los segundos más sobresalientes. Como Toussaint Louverture y Pablo Alí. Ante la súbita muerte de Jacinto, la medalla de oro que le sería entregada a éste pasó a manos de Toussaint Louverture.[6] A pesar de la cantidad señalada, en la comunicación del envío que se hizo desde Aranjuez el 22 de enero de 1794, se apuntaba que las medallas eran 4 de oro y ocho de plata.[7]
En un principio, la suerte de la guerra favoreció a las armas españolas. Gracias a la valiosa colaboración de las Tropas Auxiliares Negras, entre los que muy pronto se distinguió Toussaint Louverture por su arrojo y capacidad militar, el gobernador García y Moreno pudo vanagloriarse de haber conquistado doce poblaciones francesas.
Para entonces García y Moreno afirmaba que las fuerzas efectivas españolas se componían de 3,976 hombres de tropa del ejército, 640 de milicia de infantería, 238 de dragones y 829 urbanos, dando un total de 5,683 hombres dispuestos a las armas[8], en tanto que las Tropas Auxiliares Negras eran de alrededor de 12 mil efectivos, si se suman los que habían reportado individualmente Juan Francisco y Jorge Biassou, resultando una cifra mucho mayor la de los aliados de color que la de la corona española.
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El General Toussaint Louverture se pasa al lado de Francia
El número de fuerzas de las Tropas Auxiliares Negras se resintió cuando el general Toussaint Louverture se pasó al bando contrario, sobre todo en la tropa del general Jorge Biassou junto a la cual combatía, lo que ocasionó que se redujeran a casi la mitad los auxiliares que les seguían. Esta situación puso en evidencia que una gran parte de los negros esclavos buscaban su libertad, sin importar qué nación se la prometiese. Es muy poco probable que los negros rebeldes lucharan por la restitución de la Monarquía en Francia, tal como decían Biassou y Juan Francisco en sus comunicaciones iniciales, sino más bien para evitar su regreso a la esclavitud o servidumbre contra la cual se alzaron. En cambio, aquellos líderes solo peleaban pensando en el futuro goce de sus privilegios personales y del reducido grupo de allegados que le acompañaban.
La salida de Toussaint de las tropas españolas en mayo de 1794, quien se pasó con miles de hombres al lado republicano francés, cambió la marcha de la contienda. Meses después, el caudillo negro, además de recuperar para Francia las poblaciones de Vailliére, Trou, Fort-Dauphin, Grande-Riviére, Ouanaminthe, Mermelade, Ennery, Plaisance, Gonaïves y Lombé, penetró en territorio español y se apoderó de las comunidades de San Rafael de Angostura, San Miguel de la Atalaya, Neiba y Bánica.

El día 7 de julio de 1794 tuvo lugar en Bayajá la penúltima participación de Juan Francisco en la contienda bélica, siendo la más criticada de las realizadas por las Tropas Auxiliares Negras. Esta acción se caracterizó por la matanza de cientos de franceses refugiados y la posesión del poblado; hecho que según el gobernador García y Moreno agravó la situación interna de las tropas de color.[9]
Por otro lado, dos días antes de recibirse en Santo Domingo el Tratado de Paz con Francia, en 1795, Juan Francisco notificaba que había tomado el pueblo de Dondón, algunos campos inmediatos y que se preparaba para atacar Mermelada. Esta fue al parecer la última contienda bélica que libraron las Tropas Auxiliares Negras en la isla.[10]
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El Tratado de Basilea de 1795 y la salida de Jean François y Biassou de Santo Domingo
El 18 de octubre de 1795 se recibió en Santo Domingo la infausta noticia de que España había cedido a Francia la parte oriental de la isla en virtud de lo estipulado en el Tratado de Basilea, con el cual concluyó la guerra. Entre otras disposiciones, el tratado expresaba que todas las familias y particulares que quisieran abandonar la colonia con sus pertenencias dispondrían del plazo de un año para hacerlo.
El gobierno francés había dispuesto que el traspaso de la colonia española se efectuase por etapas, comenzando por los pueblos y cantones que las Tropas Auxiliares Negras conservaban en su poder en la parte occidental. De acuerdo con el tratado, los jefes de los negros auxiliares debían salir de la isla. Con respecto al grueso de la tropa, la pretensión del general Laveaux, gobernador de Saint Domingue, era que permanecieren en la isla y así se lo hizo saber a García, pero este le respondió que no podía faltar a la promesa de favorecerle, pese a lo cual no tenía inconveniente en permitir que cada uno tomase el camino que más le conviniese.
La salida de Jean François y Biassou confrontó serias dificultades. Los dos insistían en abandonar la isla y amenazaban con impedir el traspaso de la colonia si no se embarcaban lo más pronto posible. En sus urgencias a García, le indicaban que preferían ser esclavos de los españoles que libres con los franceses. Tras varios fallidos intentos de llevarlos a Cuba, Jean François y su sequito fueron enviados a la ciudad española de Cádiz y Biassou y el suyo a la Florida. Otros negros auxiliares partieron para Campeche, Trinidad y Guatemala.
De su técnica militar en la guerra franco-hispana en Santo Domingo, el gobernador García apuntaba que la gente de Biassou y Juan Francisco “solo sirven para golpes de mano, sorpresa, saqueos y lo que es la guerra ofensiva devastando todo con incendio”[11]. Agregaba que el armamento de los rebeldes para sus batallas incluía palos para los que no contasen con sables o rifles, lo que, según él, daba una idea de “la brutalidad propia de esos malvados.”[12]
Todas estas opiniones reflejaban la actitud de menosprecio por parte de las autoridades españolas hacia sus aliados, postura que se recrudecería en los tiempos venideros tras la firma del Tratado de Basilea. El 14 de octubre se recibió en la isla la notificación de la paz con resultados funestos para España, ya que debía ceder a los franceses la parte hispana de la Isla[13]. En las disposiciones del gobierno francés se exigía que Juan Francisco, al igual que los “oficiales a su mando”, abandonasen la isla por su condición de militares[14]. Sobre este asunto existen las posturas equivocadas de que García los evacuó para evitar su masacre a manos de los franceses y la de que las Tropas Auxiliares fueron quienes solicitaron su salida de la isla.
Después de que García recibiese el 14 de octubre la noticia de paz, escribió al rey preguntando qué debía hacer con los Auxiliares cuando se evacuase la isla. El soberano le contestó que “tratase a los Negros como pertenecientes a la Francia”, o sea dejarlos en ese territorio, pero el 21 de octubre García avisaba, sin recibo previo de lo estipulado por el rey, que de acuerdo con mandatos anteriores había ofrecido la real protección a los aliados y escrito al Capitán general de Cuba, Luis de las Casas, para que dispusiese su establecimiento en la Isla de Pinos.[15]
Ante la medida tomada, al monarca le pareció bien ofrecer a los Auxiliares su protección y dejar al criterio de García el destino y número de individuos que creyese conveniente trasladar a La Habana, Puerto Rico o Isla de Trinidad. El soberano aún no enviaba esas órdenes a Ultramar cuando recibió una carta de Las Casas en la que le exponía los graves inconvenientes si esos negros se establecían en Cuba o en la Isla de Pinos, y que en caso de que llegasen a La Habana mandaría a Juan Francisco a España y a su tropa la dividiría y remitiría a diversas partes de América. El rey no aprobó la medida de su gobernador y también desaprobó la anterior resolución de García —a la cual ya le había dado el visto bueno—, por lo que entonces mandó se les dijese que todos los negros se quedasen en Santo Domingo “bajo la protección de la Potencia a quien sirvieran y que mientras tomaban partido para mantenerse gozarían una pensión moderada de Su Majestad.”[16]
Pero la cercanía entre las islas caribeñas ayudó a García en sus propósitos, y cuando aún se extendían las órdenes en la Corte para los gobernadores de La Habana y Santo Domingo, el rey recibió otra carta del primero en las que le participaba con fecha de 1 de enero de 1796 la llegada del caudillo Juan Francisco con sus jefes y tropa de negros a ese puerto.[17]
Los hechos ponen de manifiesto con meridiana claridad que la Corona nunca tuvo la intención de dar cobijo a los integrantes de las Tropas Auxiliares ni considerarlos súbditos suyos, a pesar de que en la Real Orden del 22 de febrero de 1793 dijese lo contrario. Asimismo, en las indicaciones del soberano de que a los aliados se les “tratase como franceses” dejaba explícito su rechazo a cobijarlos en territorios españoles, de acuerdo a lo estipulado en la Reservada del 27 de mayo de 1790 donde se ordenaba no permitir la entrada —en ese caso a Cuba—, de esclavos comprados o prófugos provenientes de las colonias francesas, ni de otra cualquiera persona de color que pudiese influir en los vasallos del rey. El nombre de “negros franceses”, que se convertiría en una designación algo más común con posterioridad, aunque se les había ya llamado “regimiento francés”, “negros franceses” o “regimiento auxiliar francés”, tuvo, al igual que éstas, un carácter de exclusión de las propias fuerzas militares españolas, cuya actitud debió estar basada en lo dispuesto al respecto en 1790.
Es importante destacar que cuando Francia pidió la salida de Juan Francisco y de los oficiales de su tropa, se hacía referencia a todas las Tropas Auxiliares que controlaban la parte del norte de la colonia francesa; a Biassou, localizado en el sur, al parecer no se le incluyó. Sin embargo, también fue de los emigrados -su tropa no le acompañó, sino únicamente algunos familiares- en correspondencia con la petición francesa.
Si bien en el exilio Biassou trató de emplearse en las armas o de formar un ejército, no parece que pretendiese quedar en el grupo que Juan Francisco deseaba mantener unido. Este último y sus segundones esperaban que se les diesen tierras para trabajar y a cambio el rey pudiese contar con un ejército en la reserva siempre dispuesto a tomar las armas y operar donde conviniera. Ante esa idea, el marqués de Casa Calvo se apresuró a decirle al líder negro que el soberano ya tenía su propio ejército y “que se servía de auxiliares cuando lo hallaba conveniente, pero que en tiempo de paz no los necesitaba, y que a ellos únicamente les tocaba obedecer y dejarse de proyectos.”[18]
García hacía ver la conveniencia de la evacuación de los negros, ya que su inacción y la posesión de armas por parte de las Tropas Auxiliares pudiesen traer consecuencias en el cumplimiento del Tratado, así como para los españoles que permaneciesen en la Isla, debido a que los franceses emigrados habían reprobado la negociación de paz y se valían de agentes ingleses para causar problemas.[19]
La evacuación de los Auxiliares causó enojos a García con Las Casas, al decidir mandarlos a La Habana sin conocer la oposición del rey, pero con base en las promesas de 1793. Una vez terminada la contienda, el resultado era que la Corona española no había podido cumplir su sueño de reconquista del territorio occidental de la isla, y el estado de la parte hispana de la misma era señalada por Toussaint en 1800, de manera deplorable: “Encontré la colonia desmembrada, arrumada, saqueada por los bandoleros de Jean François, por los españoles y por los ingleses, que se pelearon por sus despojos. Hoy está libre de enemigos, calmada, pacificada, y se han tomado medidas para reconstruirla por completo.”[20]
España tenía entonces un contingente numeroso de gente de color, al cual, haciendo a un lado los adjetivos deplorables utilizados entonces para llamar a los codiciados y buscados rebeldes en el pasado, no la podía catalogar más que como un aliado incómodo, con quien nunca pensó contar más allá que con su apoyo para la reconquista de los territorios que Francia mantenía en su poder en la isla de Santo Domingo.
[1] https://www.conseil-constitutionnel.fr/sites/default/files/as/root/bank_mm/espagnol/es_ddhc.pdf
[2] Price-Mars, Jean. La República Dominicana y la República de Haití, Tomo II. Santo Domingo: Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 2000, p. 493.
[3] AGS. S.G. leg.7157, exp.14. Carta de Gabriel Aime de Bellair, mariscal de campo del Ejército de Jorge Biassou a Joaquín García y Moreno gobernador de Santo Domingo, solicitando sueldos y provisiones a 9 de octubre de 1793.
[4] AGS. S.G. leg.7157, exp.19, No.136. Carta de Juan Francisco al gobernador García, a 6 de mayo de 1793.
[5]AGS. S.G. leg.7157, exp.58, No.298. Recapitulation de toutes les compagnies de l’armée du general Jean François, 1794.
[6] AGS. S.G. leg.7157, exp.20, No,247. El gobernador de Santo Domingo recibe las medallas de oro y plata para los negros auxiliares. Santo Domingo a 18 de febrero de 1794.
[7] AGS. S.G. leg.7159, exp.7, No.29. Remitiendo 4 medallas de oro y 8 de plata de las destinadas al mérito de los jefes negros auxiliares. Aranjuez a 22 de enero de 1794.
[8] AGS. S.G. leg.7160, exp.8, No.58. Informe reservado del gobernador de Santo Domingo, referente al estado de la guerra de la isla. Santo Domingo a 20 de marzo de 1795.
[9] AGS. S.G. leg.7159, exp.494. Informe del gobernador García a Campo de Alange. Santiago a 1 de agosto de 1794.
[10] Archivo Histórico Nacional -AHN- Estado, 3407. El gobernador de Santo Domingo participa de las últimas operaciones militares de los negros auxiliares. Santo Domingo a 21 de octubre de 1795.
[11] AGS. S.G. leg.7160, exp.80, No.58. Informe reservado del gobernador de Santo Domingo, referente al estado de la guerra de la isla. Santo Domingo a 20 de marzo de 1795.
[12] IHCM. Rollo 65, 5-4-11-1, f.165. Detalles sobre la matanza que ha sucedido en Bayajá el 7 de julio de 1794.
[13] AGS. S.G. leg.7165, exp.79, No.118. El gobernador de Santo Domingo en consecuencia de la Real Orden de 8 de septiembre dispuso en aquella capital la publicación de la paz. Santo Domingo a 15 de octubre de 1795.
[14] AHN. Estado, leg.3407. Esteban Laveaux general y gobernador de Santo Domingo a la Diputación de la República francesa. Fuerte Delfín a 22 de noviembre de 1795.
[15] AGI. Estado, 3, No.10. Carta de Godoy a Azanza. Abril 18 de 1796; AGI. Estado, 3, No.10 (27). Carta de Azanza a Godoy. Julio de 1796
[16] AGI. Estado, 3, No.10. Carta de Godoy a Azanza. Abril 18 de 1796; AGI. Estado, 3, No.10 (27). Carta de Azanza a Godoy. Julio de 1796.
[17] Ibidem.
[18] AGI. Estado, 5A, No.32 (1a). Carta del marqués de Casa Calvo al gobernador de Cuba. Bayajá a 31 de diciembre de 1795.
[19] AHN. Estado, 3407. El gobernador de Santo Domingo participa los fundamentos que obran en su ánimo para recomendar a los negros auxiliares en su embarque. Santo Domingo a 17 de diciembre de 1795.
[20] James Cyril Lionel Robert. Los Jacobinos Negros. Toussaint L’Ouverture y la Revolución de Haití. Madrid: Turner/Fondo de Cultura Económica, 2003, P. 177.
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