Una lectura desde la materialidad de la palabra

Extraigo de manera deliberada determinadas palabras seleccionadas visualmente dentro del texto «Luces de alfarero». Al ser separadas de la continuidad sintáctica que las contiene, estas palabras dejan de funcionar exclusivamente como unidades informativas y comienzan a revelar otra dimensión de la escritura.

La primera cadena es:

Luces de alfareros / Preludio / una oruga en la hoja / puente / fuertemente / cuadrante / perfectamente / puente / parcialmente / distante / sienten / punzantes / vigilantes / pendientes.

No forman una frase sintáctica ni constituyen, en sentido convencional, un discurso autónomo. Sin embargo, al ser extraídas de la continuidad narrativa, construyen una red rítmica, fonética y semántica subterránea.

Su disposición permite descubrir otra arquitectura dentro de la prosa: un movimiento oculto que no reproduce necesariamente el significado inmediato del relato, sino que revela su respiración interna.

La lectura de estas palabras permite pensar que «Luces de alfarero» contiene, debajo de su superficie narrativa, una suerte de poema secreto, formado por residuos verbales que adquieren una nueva función al ser separados de la sintaxis.

Una segunda selección profundiza esta operación:

sobrevivientes / delante / adelante / tratando / puente / fluctuando / puente / accidente / rescatando / puente / agentes / circulantes / parlantes / importante / probablemente / accidente / caminantes / diametralmente / puente / indirectamente / relativamente.

Esta segunda cadena permite reconocer una estructura que atraviesa silenciosamente el relato inicial del primer capítulo.

La operación de separar estas palabras no pretende afirmar que el autor haya construido conscientemente un poema oculto. Se trata, más bien, de una posibilidad de lectura: una estructura latente que aparece cuando la sintaxis es interrumpida y la palabra queda expuesta como materia.

Portada de Luces alfareros.

La palabra separada se convierte en materia sonora

Al desprender estas palabras de sus oraciones originales, dejan parcialmente de funcionar como unidades informativas y comienzan a comportarse como materia verbal.

La operación resulta particularmente significativa en «Luces de alfareros», porque el alfarero trabaja con una materia que puede ser separada, amasada, deformada y nuevamente configurada.

Algo semejante sucede con el lenguaje.

La pregunta deja de ser únicamente:

¿qué significa la oración?

y pasa a ser:

¿qué queda de ella cuando se rompe su continuidad?

En esa ruptura aparece una dimensión esencialmente metapoética. La palabra deja de ser solamente vehículo de significado y comienza a revelar su peso, su sonido, su repetición, su posición y su relación con otras palabras.

El lenguaje se vuelve materia.

Y cuando la palabra se convierte en materia, la lectura deja de ser únicamente una búsqueda de significados para convertirse también en una exploración de las formas invisibles mediante las cuales el texto produce sentido.

El movimiento: las palabras siguen avanzando cuando los cuerpos se detienen

Una de las características más llamativas del segundo grupo es la presencia de palabras relacionadas con el desplazamiento:

delante / adelante / tratando / fluctuando / circulantes / caminantes.

Es casi una coreografía verbal.

El accidente ha detenido parcialmente el tránsito, pero las palabras seleccionadas siguen moviéndose.

Aquí aparece una paradoja fundamental:

los cuerpos se detienen, pero el lenguaje circula.

El puente queda congestionado; sin embargo, las palabras atraviesan el puente.

La circulación física de los vehículos se transforma así en circulación verbal. El atasco de los automóviles produce, paradójicamente, una aceleración del rumor.

El acontecimiento detiene el movimiento exterior, pero libera un movimiento interior: el de las voces, las percepciones y las palabras.

La narración comienza entonces a comportarse como un espacio de tránsito verbal.

«Delante / adelante»: del espacio a la dirección

La proximidad entre:

delante / adelante

produce un pequeño desplazamiento lexical.

«Delante» señala fundamentalmente una posición; «adelante», una dirección.

De este modo, una palabra parece contener la inmovilidad relativa del espacio y la otra introduce el impulso del movimiento:

posición → dirección

espacio → movimiento

Este desplazamiento mínimo funciona como un eco interno. El lenguaje parece avanzar mediante una variación de la misma raíz sonora y semántica.

La palabra no necesita cambiar completamente para producir movimiento: basta una pequeña torsión.

«Puente»: el estribillo estructural

La palabra puente adquiere una importancia excepcional porque reaparece insistentemente en los dos grupos:

puente / puente / puente / puente.

Su repetición funciona como un estribillo.

No es solamente un sustantivo que designa el escenario. Es también una marca de compás.

El puente divide y conecta simultáneamente:

una orilla con otra;
un espacio con otro;
un movimiento con otro;
una percepción con otra;
una voz con otra;
una versión con otra.

Por eso «puente» puede considerarse uno de los grandes nodos rítmicos y simbólicos de la composición.

Hay una paradoja particularmente fecunda: mientras casi todo en el relato fluctúa, el puente permanece.

Las versiones cambian.

Los rumores cambian.

Los culpables cambian.

Las percepciones cambian.

El puente permanece.

Pero el puente puede ser entendido también como una figura de la mediación. Todo llega al lector a través de un puente:

realidad → percepción → palabra → rumor → versión.

Nadie accede al acontecimiento de manera absolutamente directa. Siempre existe una mediación.

De este modo, el puente representa simultáneamente conexión y distancia.

Es aquello que permite pasar, pero también aquello que recuerda que entre una orilla y otra existe una separación.

«Perfectamente / parcialmente»: de la totalidad a la fractura

En el texto aparece la expresión:

«el cuadrante perfectamente imperfecto».

La palabra perfectamente, aislada por la selección, conserva la promesa de un orden. Pero el propio texto contiene inmediatamente su negación:

perfectamente → imperfecto.

El semblante de totalidad se fisura desde dentro.

Después aparece:

parcialmente.

El desplazamiento resulta revelador:

perfectamente → parcialmente.

La totalidad comienza a convertirse en fragmento.

Esto reproduce exactamente la lógica epistemológica del preludio: nadie posee el acontecimiento completo.

Cada conductor conoce una parte.

Cada observador agrega una percepción.

Cada rumor incorpora una deformación.

Cada voz produce una versión.

Así, «parcialmente» no funciona únicamente como un adverbio circunstancial. Dentro de esta arquitectura subterránea, se convierte en una palabra clave de la poética del texto.

La realidad no desaparece: se fragmenta su acceso.

«Fluctuando»: la inestabilidad de la realidad

Entre las palabras seleccionadas, fluctuando ocupa un lugar central.

No significa simplemente avanzar ni retroceder.

Significa oscilar.

Y esa oscilación describe también el comportamiento de la información.

La noticia fluctúa:

niño → conductor → enano → culpable.

La realidad no permanece fija.

La percepción se desplaza.

El rumor modifica el acontecimiento mientras lo transmite.

«Fluctuando» funciona, entonces, como una especie de verbo secreto del preludio: todo está desplazándose de una versión a otra.

No existe una forma definitiva del acontecimiento porque cada mirada vuelve a modelarlo.

«Accidente»: núcleo de gravedad

Mientras puente funciona como eje espacial, accidente funciona como eje semántico.

Podríamos establecer:

PUENTE = lugar

ACCIDENTE = acontecimiento

La primera palabra fija el espacio.

La segunda concentra el suceso.

Alrededor de ambos centros gira la percepción de los personajes y la construcción del relato.

Pero hay una diferencia esencial: el puente permanece estable mientras el accidente se vuelve progresivamente incierto.

Por eso el texto no solo narra un accidente: narra también la imposibilidad de fijar definitivamente lo ocurrido.

El acontecimiento permanece como materia, pero su forma interpretativa se transforma.

«Rescatando / agentes / circulantes / parlantes»: una secuencia cinematográfica

Esta cadena:

rescatando → agentes → circulantes → parlantes

parece condensar una pequeña secuencia audiovisual.

Primero está la acción:

rescatando.

Luego aparece la autoridad:

agentes.

Después, el movimiento colectivo:

circulantes.

Finalmente, la comunicación:

parlantes.

Puede leerse como:

acción → control → circulación → lenguaje.

La sociedad no solamente presencia el acontecimiento; también lo administra, lo regula y lo comunica.

Y al comunicarlo comienza inevitablemente a transformarlo.

La palabra ya no llega después del acontecimiento: comienza a formar parte del acontecimiento.

«Importante / probablemente»: afirmación y duda

La cercanía de:

importante / probablemente

produce otro contraste significativo.

«Importante» afirma una valoración.

«Probablemente» introduce duda.

Tenemos, por tanto:

afirmación → incertidumbre.

Esta oposición reproduce el estado epistemológico de todo el preludio.

Se observa algo, pero nadie sabe exactamente qué ocurre.

Se escucha una versión, pero inmediatamente aparece otra.

Se afirma un hecho, pero el relato todavía no puede garantizarlo.

La realidad permanece en estado provisional.

«Circulantes / caminantes»: masa e individuo

Otro de los pares más interesantes es:

circulantes / caminantes.

Ambos términos contienen movimiento, pero desde perspectivas distintas.

«Circulantes» pertenece al flujo colectivo.

«Caminantes» remite al cuerpo individual.

El primero pertenece a la masa; el segundo, al individuo.

De ahí surge una alternancia:

masa → individuo → masa → individuo.

La multitud termina funcionando como un organismo que recibe, transforma y retransmite información.

«Sienten / punzantes»: el acontecimiento se vuelve corporal

La secuencia:

distante → sienten → punzantes

realiza una transformación significativa.

Primero existe una distancia.

Después aparece la percepción.

Finalmente, esa percepción se vuelve herida:

distancia → sensación → dolor.

«Punzantes» introduce una dimensión corporal dentro de una estructura inicialmente espacial.

El accidente deja de ser solamente algo que ocurre allí, en el puente: empieza a sentirse.

La palabra se convierte casi en una herida acústica dentro de la cadena.

«Vigilantes / pendientes»: observación y suspensión

El grupo:

vigilantes / pendientes

cierra la primera secuencia con dos palabras vinculadas a la atención.

El vigilante observa.

Quien está pendiente espera, atiende, permanece alerta.

Pero «pendiente» posee además una condición poética: algo pendiente es algo que no ha terminado de resolverse.

La palabra deja abierta la realidad.

Y esa suspensión encuentra una relación profunda con:

«Una oruga en la hoja».

La oruga permanece adherida a una superficie mientras algo en ella está a punto de transformarse.

No es todavía mariposa.

No ha dejado de ser oruga.

Se encuentra entre dos estados.

La imagen de la oruga introduce, así, una poética de la transformación que coincide con la propia dinámica del lenguaje.

Del escenario a la reflexión

La secuencia:

diametralmente / puente / indirectamente / relativamente

produce un cambio de ritmo y de registro.

Son palabras más largas, abstractas y conceptuales.

Ya no nombran principalmente objetos o sujetos; establecen relaciones, posiciones y perspectivas.

El texto parece abandonar progresivamente la escena visible para comenzar a pensarla.

El movimiento pasa de:

ver → sentir → relacionar → interpretar.

La narración comienza a transformarse en reflexión.

El lenguaje ya no se limita a contar lo sucedido: empieza a mostrar las condiciones bajo las cuales aquello puede ser conocido.

La palabra invisible: «entre»

Aunque «entre» no pertenece a la selección sombreada, conceptualmente organiza todo el conjunto.

Todo sucede entre algo y algo:

entre delante y adelante;
entre detenerse y circular;
entre rescatar y morir;
entre saber y suponer;
entre accidente y rumor;
entre realidad y representación.

Y naturalmente:

entre una orilla y otra está el puente.

«Entre» expresa precisamente el territorio de la incertidumbre: aquello que todavía no pertenece completamente a ninguno de los extremos.

Es, por tanto, una palabra invisible pero estructurante.

La arquitectura completa de las palabras seleccionadas

Si reunimos ambos grupos, aparecen tres grandes campos semántico-rítmicos.

ESPACIO

puente / cuadrante / delante / adelante / distante

MOVIMIENTO

tratando / fluctuando / circulantes / caminantes / rescatando

INCERTIDUMBRE E INTERPRETACIÓN

parcialmente / probablemente / indirectamente / relativamente

Y en el centro:

ACCIDENTE.

Esta organización permite observar una segunda estructura dentro del texto.

La prosa narrativa cuenta un accidente, pero las palabras extraídas cuentan otra cosa:

un espacio que se fragmenta,
un movimiento que se detiene,
una información que fluctúa
y una realidad que nunca termina de fijarse.

La selección, por tanto, no es simplemente una extracción de vocabulario. Produce una segunda lectura.

El ritmo como ruptura del semblante

Aquí aparece la relación más profunda con la metapoética de la ruptura del semblante.

El semblante es aquello que parece ofrecer una forma estable, una superficie reconocible, una apariencia de totalidad.

Pero las palabras seleccionadas revelan lo contrario.

Perfectamente se fractura en parcialmente.

Distante conduce a sienten.

Sienten conduce a punzantes.

Fluctuando introduce la inestabilidad.

Probablemente impide la certeza.

Relativamente impide la absolutización.

Indirectamente niega el acceso directo.

La superficie narrativa parece decir:

esto ocurrió.

La arquitectura profunda de las palabras responde:

esto es lo que parece haber ocurrido.

Ahí se produce la ruptura del semblante.

La realidad no desaparece; pierde la ilusión de ser transparente.

El acontecimiento permanece, pero su rostro cambia cada vez que pasa por una conciencia, una voz o una palabra.

El poema oculto

La selección de palabras permite incluso reconstruir una suerte de poema subterráneo:

Puente,
fuertemente cuadrante,
perfectamente,
parcialmente distante;
sienten punzantes,
vigilantes pendientes.

Sobrevivientes,
delante, adelante,
fluctuando en el puente;
accidente,
rescatando agentes,
circulantes, parlantes.

Importante, probablemente,
accidente, caminantes;
diametralmente el puente,
indirectamente,
relativamente.

No afirmaría que este poema haya sido construido deliberadamente por el autor sin una evidencia de su intención. Pero como resultado de la lectura, la secuencia posee suficiente coherencia sonora y semántica para ser estudiada como una estructura poética latente.

Lo importante no es demostrar la existencia de un poema conscientemente diseñado, sino observar que la prosa produce, al ser intervenida por la lectura, una organización poética que permanecía invisible dentro de la sintaxis.

La primera estrofa es predominantemente espacial y suspendida:

puente / cuadrante / distante / vigilantes / pendientes.

La segunda es cinética y operativa:

fluctuando / accidente / rescatando / circulantes / caminantes.

La tercera adquiere un carácter reflexivo:

diametralmente / indirectamente / relativamente.

Se produce así una progresión:

ESPACIO → ACCIÓN → PENSAMIENTO.

La escena se convierte en movimiento y el movimiento termina convirtiéndose en interpretación.

El acontecimiento como materia y el rumor como torno

Es aquí donde la imagen del alfarero adquiere una dimensión metapoética particularmente fértil.

El alfarero trabaja con una materia que permanece mientras su forma cambia.

En «Luces de alfarero» sucede algo semejante con el acontecimiento.

La materia permanece; el semblante fluctúa.

El accidente constituye la materia.

Las versiones constituyen las formas.

El rumor funciona como el movimiento que las transforma.

Y las palabras seleccionadas son las huellas de ese proceso.

La narración no solamente cuenta un acontecimiento: muestra cómo un acontecimiento adquiere diferentes formas al pasar de una percepción a otra.

Como el barro en las manos del alfarero, la realidad narrativa es modelada por las voces.

Dos rupturas

La ruptura del semblante ocurre, en realidad, en dos niveles.

Primero, se rompe el acontecimiento:

accidente → interrupción → desorden.

Después, se rompe su representación:

percepción → rumor → versión → transformación.

La primera ruptura pertenece al mundo narrado.

La segunda pertenece al lenguaje.

Por eso el verdadero objeto de «Luces de alfarero» podría no ser únicamente el accidente, sino la imposibilidad de estabilizar su semblante.

La realidad no desaparece porque sea falsa; se vuelve problemática porque ninguna representación consigue contenerla por completo.

Conclusión

Las palabras sombreadas no constituyen una frase en el sentido sintáctico tradicional. Constituyen algo más interesante: un tejido verbal que emerge cuando la sintaxis es interrumpida.

La prosa continua presenta el acontecimiento.

Las palabras extraídas revelan su mecanismo interno.

En la superficie:

hay un accidente en un puente.

En la profundidad:

hay una realidad que circula, se fragmenta, se deforma y nunca termina de adquirir una forma definitiva.

Por eso, en «Luces de alfarero», el ritmo no es solamente una cuestión de musicalidad. Es una forma de conocimiento.

El puente permanece; las versiones cambian.

La materia permanece; el semblante fluctúa.

Y precisamente ahí reside una de las claves más poderosas del texto: el acontecimiento permanece como materia, pero su semblante se transforma cada vez que pasa por una voz.

Las palabras sombreadas funcionan, entonces, como fragmentos del semblante verbal. Al retirarles el contexto, el rostro de la narración se fractura y deja aparecer otra música debajo.

Esa música no describe simplemente el accidente.

Describe la imposibilidad de poseerlo entero.

Y es justamente en esa imposibilidad donde la lectura encuentra su dimensión metapoética: la literatura no entrega una realidad completamente transparente, sino que revela las huellas de su propia fabricación.

El texto se comporta como el barro en el torno: gira, se deforma, adquiere una figura y vuelve a perderla.

El acontecimiento es uno.

Sus semblantes son múltiples.

Y entre ambos —entre la materia y su forma, entre lo ocurrido y lo narrado, entre la certeza y la versión— permanece el puente de la palabra.

Ike Méndez

Poeta, educador y ensayista

Ike Méndez es ensayista y metapoeta dominicano. Coautor de obras como *"San Juan de la Maguana, una Introducción a su Historia de Cara al Futuro"* (Primer premio en el Concurso Nacional de Historia 2000) y *"Símbolos de la Identidad Sanjuanera"* (Segundo premio en 2010). Ganó el Segundo premio en el Concurso de Literatura Deportiva “Juan Bosch” (2008) y colaboró en la serie *"Fragmentos de Patria"* de Banreservas. También coeditó las antologías *"Voces Desatas"* (poesía, 2012) y la primera antología de cuentistas sanjuaneros (2015). Ha publicado seis poemarios: *Al Despertar* (2017), *Flor de Utopía* (2018), *Ruptura del Semblante* (2020), *Baúl de Viaje* (2022), *Al Borde de la Luz* (2023) y *El Joyero de Ébano* (2024), que reflejan una evolución poética constante. E-mail: jemendez@claro.net.do

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