Nos convoca hoy un libro que no se limita a ofrecer un conjunto de poemas, sino que propone una experiencia de conocimiento: una forma de habitar el mundo desde la palabra. Paraísos del cuerpo, la mirada y los asombros, de Virgilio López Azuán, es una obra de madurez estética y densidad reflexiva, donde la poesía se afirma como método de indagación sobre lo humano.
Este poemario explora tres dimensiones esenciales de la experiencia:
— el cuerpo, como territorio físico y simbólico;
— la mirada, como puente entre el yo y el mundo;
— y el asombro, como energía originaria de la conciencia y de la poesía.
No se trata de temas abordados de manera fragmentaria, sino de un sistema poético coherente, sostenido por una propuesta estética clara que el propio libro encarna: el efluvismo.
El efluvismo como forma de conocimiento
La aproximación de López Azuán al efluvismo no es decorativa ni circunstancial; constituye el principio estructural del libro. El poeta no concibe la realidad como un conjunto de objetos aislados, sino como una red de flujos, conexiones y metamorfosis donde todo se interpenetra: el cuerpo con el paisaje, la memoria con la historia, la percepción con la emoción.
En este sentido, el poeta actúa como médium: alguien que capta y transmite el efluvio de la existencia. El poema no describe: registra un flujo. No clausura significados: los pone en circulación.
De ahí que el libro se manifieste como poesía prosada: un verso libre que bordea la prosa poética, con un lenguaje fluido, sensorial y reflexivo, donde el ritmo nace del encadenamiento, de la reiteración y de la respiración misma del pensamiento.
Estructura del libro

El poemario se organiza en cuatro secciones claramente delineadas, que funcionan como estaciones de un mismo recorrido ontológico.
Paraísos del cuerpo abre el libro con seis poemas extensos que celebran y diseccionan el cuerpo humano en toda su complejidad. El cuerpo aparece como microcosmos: contiene “siembras y cosechas”, “montañas y raíces”, “sal, azúcar y excremento”. Es lugar de placer y de herida, de sacralidad y de desecho. Aquí se afirma una idea central: la muerte se inventó en el cuerpo, y sin embargo, también en él se origina la revelación.
Paraíso profundo de la mirada, núcleo filosófico del libro, reúne veintinueve poemas breves donde la mirada deja de ser un sentido pasivo para convertirse en conciencia activa. La mirada viaja, carga memoria histórica, amor, dolor, guerra y belleza. Por ella transitan “los volcanes”, “los bombardeos”, “la historia del miedo”. Todo el mundo cabe en la mirada porque ella es el espacio donde el mundo se rehace.
Breve estación del paraíso introduce un tono íntimo y nostálgico. Seis poemas donde el reencuentro, la memoria compartida y la esperanza configuran una pausa reflexiva: una estación emocional desde la cual se intuyen otros paraísos posibles.
Finalmente, Paraísos de asombros y asombrados condensa la poética del libro en dieciocho aforismos líricos. El asombro aparece como estado puro, anterior al pensamiento: no tiene cuerpo, pero asombra la carne. Aquí se revela la fuente última del efluvismo.
Lenguaje, técnica y estilo
Uno de los mayores logros de López Azuán es su imaginería sensorial y metamórfica. Las imágenes enlazan lo corpóreo con lo cósmico:
“cigarras cantando en la piel”,
“la mirada viene del mar con los ojos llenos de sal”,
“el cuerpo es cristal, energía”.
La técnica central puede definirse como enumeración fluyente o anáfora metamórfica. No se trata de una repetición retórica tradicional, sino de un dispositivo estructural donde la reiteración genera movimiento. Cada “Tiene…”, cada “La mirada…”, funciona como un pulso vital, como un latido que acumula y transforma.
Las imágenes no se fijan: mutan. Una metáfora contiene la semilla de la siguiente. El cuerpo es manzana, luego pájaro, luego viento. La mirada es beso, muñeca, herida. El poema se comporta como un organismo vivo, en perpetua metamorfosis.
La sintaxis favorece la fluidez: frases encadenadas, pausas mínimas, respiraciones largas. Todo contribuye a una lectura inmersiva, donde el lector no observa desde fuera, sino que es arrastrado por la corriente verbal.
Significado y alcance
Este libro puede leerse como una ontología poética de la percepción. López Azuán investiga cómo el ser humano habita el mundo a través del cuerpo y de la mirada, y cómo el asombro funda toda comprensión.
— El cuerpo es totalidad: templo y basura, paisaje e historia.
— La mirada es conciencia y conexión: construye y deconstruye la realidad.
— El asombro es origen: el chispazo que pone en movimiento el flujo poético.
Todo ello se articula con rigor y coherencia, sin dispersión, con una voz poética reconocible y plenamente madura.
Conclusión
Paraísos del cuerpo, la mirada y los asombros es un libro mayor en la trayectoria de Virgilio López Azuán. No solo por su ambición temática, sino por la solidez de su propuesta estética. Es un tríptico lírico-filosófico que nos invita a sentir, ver y maravillarnos de nuevo.
Su publicación en la República Dominicana enriquece el panorama poético contemporáneo con una obra de hondo calado humano, capaz de dialogar con la filosofía, la historia y la sensibilidad cotidiana sin perder intensidad ni belleza.
Este libro nos recuerda que la poesía no es un adorno del lenguaje, sino una forma profunda de conocimiento: un registro del efluvio incesante de estar vivos y conscientes en el mundo.
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