En anteriores reflexiones académicas, hemos tenido la oportunidad de realizar un examen profundo del fenómeno de la cultura desde una perspectiva estrictamente epistemológica, analizando las estructuras del saber y la validación del conocimiento científico sobre lo tradicional. Sin embargo, la complejidad inherente a las manifestaciones vivas nos exige hoy trascender la mera descripción del objeto de estudio para adentrarnos en la profundidad de la comprensión del sentido de lo heredado.
Es por eso, que en esta reflexión nos proponemos desplazar el eje de la discusión hacia la dimensión hermenéutica, buscando desentrañar las capas de significado que subyacen en las prácticas que hoy categorizamos como Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) y de las que tanto hablamos en esta columna. Entendiendo que este análisis no solo pretende ser un ejercicio intelectual, sino una herramienta necesaria para quienes gestionamos la memoria colectiva desde una postura crítica y comprometida con la verdad del otro.
La hermenéutica como horizonte de comprensión
Para abordar este tránsito, es imperativo precisar que la hermenéutica no se limita a una técnica de interpretación de textos antiguos, sino que constituye una filosofía de la comprensión humana en su totalidad. El principal exponente de esta corriente en la contemporaneidad es Hans-Georg Gadamer, quien en su obra cumbre Verdad y Método sostiene que el lenguaje es el medio universal en el que se realiza la comprensión misma.
Por eso, Gadamer (1993) plantea que no nos acercamos al objeto de estudio desde una neutralidad absoluta, sino desde una "precomprensión" marcada por nuestra propia historicidad y cultura. En el ámbito del PCI, esto significa que el investigador no es un observador aséptico, sino un intérprete que entra en diálogo con una tradición que ya posee un sentido previo.
La aplicación de la hermenéutica gadameriana a las Ciencias Sociales permite entender que el patrimonio no es un objeto estático, sino un proceso dinámico de interpretación constante por parte de la comunidad. En nuestro proceso de formación doctoral en estos temas hemos aprendido que, el concepto de "fusión de horizontes" se vuelve fundamental para los expertos en PCI, ya que describe el encuentro entre el horizonte del pasado y el horizonte del presente.
Esta mirada nos aleja de las posturas esencialistas que buscan una pureza inalcanzable en las manifestaciones culturales, permitiéndonos aceptar la transformación como parte del flujo interpretativo de la vida. Bajo esta luz, el patrimonio deja de ser un depósito de reliquias para convertirse en un espacio de diálogo existencial donde el sentido se negocia y se actualiza permanentemente.
La hermeneútica y su vínculo con los estudios culturales
La hermenéutica encuentra en los estudios culturales un aliado estratégico para desmantelar las jerarquías impuestas por la modernidad sobre lo que se considera cultura de élite y cultura popular. Autores como Hall (1997) han subrayado la importancia de los procesos de codificación y decodificación, los cuales son esencialmente actos hermenéuticos realizados en contextos de poder específicos.
Al vincular estas disciplinas, comprendemos que el Patrimonio Cultural Inmaterial es un campo de batalla de significados donde las comunidades luchan por la legitimidad de sus propias interpretaciones. La mirada hermenéutica aporta a los estudios culturales la capacidad de ver el símbolo no solo como una representación política, sino como una morada de sentido vital. En este cruce interdisciplinario, la labor del especialista o experto en PCI se transforma en la de un mediador que debe ser capaz de leer las texturas de lo inmaterial con sensibilidad fenomenológica. Ya que, no basta con registrar la técnica de un tejido o la partitura de un canto ritual; es necesario interpretar la carga simbólica que dicho acto representa para la identidad.
Los estudios culturales nos recuerdan que toda interpretación está situada en una estructura social, y la hermenéutica nos provee el rigor para no reducir esa cultura a un dato estadístico. Así, el análisis del patrimonio se convierte en una praxis que reconoce la subjetividad del portador de tradición como la fuente primaria de validación, superando el viejo paradigma del experto como único juez de la autenticidad.
El patrimonio como texto vivo y experiencia investigativa
Desde mi trayectoria en la investigación académica y el trabajo de campo, he podido constatar que las comunidades no poseen patrimonio, sino que lo habitan mediante una interpretación constante. En mis investigaciones sobre las tradiciones orales y los rituales festivos, he observado que el sentido de una práctica cambia drásticamente cuando el contexto social se desplaza hacia la modernidad. Esto obliga a los portadores a una relectura hermenéutica de sus propios símbolos para garantizar la supervivencia de su identidad en un mundo globalizado. Estas experiencias me han permitido concluir que la gestión del PCI debe ser, ante todo, una gestión de los significados y no solo una administración de los recursos materiales.
Si analizamos el PCI bajo la premisa de que es un "texto social", entendemos que la acción humana puede ser leída con el mismo rigor que un documento escrito. Ricoeur (2001) argumenta que la acción se desprende de su agente para adquirir una autonomía que permite múltiples interpretaciones a lo largo del tiempo histórico. Esto explica por qué una danza ritual como las que conocemos puede significar resistencia para una generación y una estrategia de visibilización turística para la generación siguiente.
Esta perspectiva es vital para los estudios de PCI, ya que nos invita a documentar no solo la ejecución, sino las capas de exégesis que la comunidad ha depositado sobre ella, por eso la academia tiene la responsabilidad de no fijar un sentido único, sino de mapear la pluralidad de voces constituyentes. En definitiva, transitar desde la epistemología y la ontología a la hermenéutica en el estudio del Patrimonio Cultural Inmaterial no es un cambio cosmético, sino una necesidad ontológica para comprender la complejidad de nuestra labor profesional. Hemos visto cómo la hermenéutica de Gadamer y Ricoeur ofrece un marco sólido para entender que el patrimonio es una construcción intersubjetiva sostenida en el lenguaje.
Al integrar esta mirada con los estudios culturales, fortalecemos nuestra capacidad de analizar el PCI como un fenómeno vivo, dinámico y políticamente activo hoy. La comprensión no es el fin del proceso investigativo, sino el punto de partida para una gestión patrimonial que sea respetuosa con la dignidad de las comunidades y sus memorias históricas.
Cerramos esta reflexión insistiendo en que la labor del estudioso o especialista en PCI debe ser la de un intérprete que reconoce sus propios prejuicios al acercarse a la alteridad cultural. La hermenéutica nos enseña que el conocimiento no es una captura del objeto, sino una participación en el evento del sentido que nos precede y nos trasciende.
Es en esa fusión de horizontes donde el patrimonio encuentra su verdadera salvaguardia, no en el archivo frío de un museo, sino en la conciencia vibrante de quienes lo viven. Sigamos profundizando en estas vetas del pensamiento para que nuestra práctica sea siempre un puente de entendimiento entre la academia, el patrimonio y las comunidades. Hasta la próxima semana.
Referencias
Gadamer, H. G. (1993). Verdad y Método (5.ª ed.). Ediciones Sígueme.
Hall, S. (Ed.). (1997). Representation: Cultural Representations and Signifying Practices. Sage Publications.
Ricoeur, P. (2001). Del texto a la acción: Ensayos de hermenéutica II. Fondo de Cultura Económica.
UNESCO. (2003). Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. http://portal.unesco.org/es/ev.phpURL_ID=17716&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html.
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