En la obra “Las penas del porvenir”, de Tony Rodríguez Labour, la memoria colectiva es presentada como fundamento de un narrar basado en el vivir y la experiencia del autor, desde la dinámica cotidiana de aquellos barrios de Neiba que le sirven de referente para recrear su cotidianidad vivencial, desde su gente, la vecindad y los grupos del entorno social neibero, en estos cuentos.
Esta obra está integrada por quince (15) breves cuentos, los cuales están presentados en dos bloques. En el primer bloque está la dedicatoria, “a mis hermanos que son mis ocho iguales”. Los agradecimientos, a Ismael Díaz Melo y a Servio Peña.
Contiene un extenso prólogo de quince páginas, bajo la firma del escritor Arq. Ismael Díaz Melo (ver págs. 15-30, obra citada), quince (15) cuentos, y, en un primer bloque hay once (11) breves cuentos y en el segundo bloque, hay cuatro (4) breves cuentos, todos proyectados en vivencias y en la memoria sobre el transcurrir cotidiano del barrio y su gente.
“Las penas del porvenir”, de Tony Rodríguez Labour, puede leerse como una creativa reconstrucción estético-narrativa de la memoria de nuestro pueblo natal, Neiba, en la provincia Bahoruco, por el lejano Sur de la República Dominicana.
La corrección fue realizada por Ismael Díaz Melo y Servio Peña. La diagramación fue realizada por Ludwig S. Medina y la ilustración de la portada es de Romel E. Cuevas P. Fue impreso por “Tiempo de Nosotros Editores”.
En esta obra, la experiencia cotidiana, los recuerdos del barrio, las relaciones entre vecinos y las dificultades de los sectores populares adquieren valor narrativo y cultural, desde la perspectiva de un sujeto-creador que las ha escuchado desde la oralidad y que también las ha vivido, desde la experiencia vital.
Como ya han dicho otros lectores, la obra remite a Neiba y al sur dominicano, desde la representación de la infancia, la pobreza, la convivencia comunitaria y las biografías marcadas por la pobreza material y la exclusión social.
Pero también hay aquí un pueblo ficticio, como lo es Verano Largo, como una representación reconocible de Neiba, por sus tabardillos y sus pesados grados de temperatura.
La pobreza y la supervivencia son las limitaciones económicas y las estrategias que desarrollan las personas para sostener a sus familias, y esa realidad también queda plasmada en la dialogía y en la conducta asumida por sus personajes, en cada narración.
La oralidad popular y las expresiones coloquiales, los refranes, el humor y las maneras de hablar que identifican a una comunidad quedan registradas en estas narraciones.

La memoria de los ausentes y la vigencia de los muertos, sus familiares que ya no están y personas actuales, fluyen como parte de la conciencia colectiva, en estas narraciones.
En esta narrativa, el espacio comunitario puede actuar como una fuerza que condiciona la conducta de los personajes y conserva la memoria de sus experiencias, para fijarnos marcas simbólicas que les sirven de referentes a los sujetos-lectores.
Personajes como Rurrú y Sariota, vinculados al relato que da título a esta obra, son presentados como parte del historial de vida que aquí se nos relata. Rurrú encarna el sufrimiento infantil y la pérdida, mientras que Sariota representa una maternidad dolorosa y contradictoria.
El nombre de “Verano Largo” resulta fundamental para comprender la construcción del espacio narrativo de Tony Rodríguez Labour. La crítica ha señalado que este pueblo ficticio funciona como representación de Neiba y que la reiteración de personajes, lugares y anécdotas induce a una continuidad en estos relatos.
Desde el punto de vista literario, “Verano Largo” permite al autor transformar sus recuerdos y observaciones en una geografía simbólica-mental. En ella convergen: la memoria de las calles, las viviendas y los espacios compartidos por el autor de estos relatos y sus personajes.
Los recuerdos escolares y las relaciones entre generaciones.
Las costumbres familiares y las prácticas de solidaridad.
Los conflictos sociales y las desigualdades económicas son detalles que se proyectan en la discursividad narrativa de este autor, en esta obra.
El humor popular como mecanismo de resistencia ante las dificultades es un detalle distinto y distintivo en estas narraciones.
Así, el pueblo deja de ser únicamente el escenario de los acontecimientos y se convierte en un personaje colectivo: una comunidad que recuerda, juzga, sufre, celebra y transmite sus propias experiencias.
En este discurso narrativo, las técnicas narrativas, los personajes, la oralidad y el simbolismo forman parte del engranaje expresivo del sujeto-autor, en esta obra.
Las historias locales son asumidas y acogidas como acontecimientos, transformaciones urbanas y recuerdos generacionales que el narrador, desde sus relatos, convierte en parte de su propio vivir.
Hay aquí un enfoque socioantropológico que conlleva a mirar las relaciones familiares, las creencias, las costumbres y las convivencias comunitarias, las cuales están integradas en el convivir o en el participar de los personajes, en este narrar.
La pobreza, la marginalidad, la desigualdad y las relaciones de poder quedan entrelazadas como parte del participar de los personajes, dentro del ámbito contextual de su actuar.
Aquí, la memoria colectiva, desde los recuerdos, queda compartida y transmitida para que sirva de espejo refractario en la conciencia de las futuras generaciones.
Los nombres de Lalano, Rufino, Danilo, Rafaela, Elvis, Lilín, Rubén y Fefelo, entre otros, constituyen un referente obligatorio que el autor de esta obra utiliza para construir sus relatos, con gran pizca de humor e ironía, al contar sus historias.
Desde una perspectiva de memoria colectiva, estos personajes pueden investigarse como portadores de recuerdos, formas de convivencia y experiencias sociales que permiten reconstruir una determinada imagen de Neiba, desde estos cuentos.
La memoria generacional y sus historias pueden ayudar a comprender las transformaciones sociales, familiares y culturales del pueblo, lo que el autor aprovecha para darle vida y trastocar con ficción el vivir de sus personajes.
El autor de estos relatos asume la memoria literaria para convertir sus experiencias locales en cuentos, contribuyendo así a preservar una imagen de la comunidad, para que los lectores y lectoras tengan un vivo referente de nuestra comunidad neibera y el vivir de nuestra gente.
En ese sentido, los barrios “Puerto Plata”, “Quijá Quieta”, “Villa Paja”, “El Tejar” y “La Cuaba” constituyen espacios referenciales y territoriales que el sujeto-autor hace suyos para reinventar el convivir de su gente y llevarlos a su narrar, desde una discursividad integrada por el humor, la ironía y la sátira.
“Las penas del porvenir” (2026) es una obra que, desde su narrativa, nos plantea el convivir en las penas y las dichas del Sur fecundo, desde sus angustias y sus alegrías, para su registro estético, más allá de nuestro transcurrir histórico.
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