La génesis de esta reflexión se sitúa en un espacio de intercambio intelectual de alto rigor: el Congreso de Gestión Cultural Medellín 2025, celebrado en la emblemática Universidad de Antioquia. Mi participación en dicho evento, enmarcada en las actividades académicas de mi formación doctoral en Humanidades y Patrimonio Cultural, me permitió contrastar las realidades de la gestión del patrimonio dominicano con las corrientes críticas de la región.
El presente artículo es, por tanto, una extensión de aquel debate, donde la mediación cultural no se observa como una simple técnica didáctica, sino como una categoría analítica fundamental para entender las deudas de la democracia en nuestro continente.
Giro antropológico, contemplación y agencia social
Desde una perspectiva antropológica, el patrimonio ha dejado de ser un conjunto de objetos sacralizados por una élite letrada para ser comprendido como un campo de fuerzas y significaciones.
Autores como Néstor García Canclini (1990) han señalado que la patrimonialización es, en esencia, un proceso de selección que suele responder a hegemonías culturales. En este escenario, la mediación surge como el mecanismo que permite romper la verticalidad de la "cultura vitrina".
No se trata solo de explicar un bien cultural, sino de reconocer la agencia social de los sujetos que interactúan con él. La antropología contemporánea sugiere que la ciudadanía cultural no es una concesión del Estado, sino una construcción que emana del derecho a la memoria y la autorrepresentación.
Así, la mediación se posiciona en el centro de la disputa por el sentido, donde lo que está en juego no es el pasado, sino el derecho de las comunidades a decidir qué del pasado merece ser proyectado hacia el futuro.
La mirada de Mörsch y Chaui frente a la gestión del disenso
Para profundizar en la naturaleza de esta práctica, es imperativo acudir a la sistematización de Carmen Mörsch (2012), quien propone una estructura discursiva que va desde la afirmación institucional hasta la transformación radical.
En su análisis sobre la educación en galerías y museos, Mörsch identifica que la mediación puede ser meramente reproductiva cuando se limita a validar el canon o crítica y emancipatoria, cuando cuestiona las estructuras de poder que sostienen al objeto patrimonial. Esta última vertiente es la que dialoga directamente con la propuesta de la filósofa brasileña Marilena Chaui (2006), quien establece una distinción vital entre la "democratización de la cultura" (el acceso al consumo de lo ya establecido) y la "democracia cultural".
Para Chaui, la verdadera ciudadanía se manifiesta cuando la cultura se entiende como un derecho de invención y no solo de recepción. La mediación, bajo este prisma, debe ser el vehículo que desactive el "elitismo ilustrado" para dar paso a un espacio de derecho donde la creación de lo común sea la prioridad.
La institucionalidad global y el rol de los gobiernos en la gobernanza cultural
El papel de las organizaciones internacionales ha sido determinante en la formalización de estos conceptos, aunque no exento de críticas por su carácter a veces normativo. La UNESCO, a través de la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural (2001) y la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (2003), ha impulsado un marco donde la participación comunitaria es ya un requisito de legitimidad. Sin embargo, existe una brecha significativa entre las directrices de París y la implementación de políticas públicas locales.
Los gobiernos latinoamericanos enfrentan el reto de transitar de una gestión cultural centralista a una gobernanza descentralizada que reconozca los saberes locales sin folclorizarlos. La mediación cultural, en este contexto, actúa como un puente diplomático y técnico que intenta traducir los derechos culturales en realidades tangibles, evitando que las convenciones internacionales queden reducidas a retórica diplomática.
El Estado debe dejar de ser el "propietario" del patrimonio para convertirse en el facilitador de las condiciones que permitan a la ciudadanía ejercer su derecho a la interpretación.
La mediación como práctica de resistencia y diálogo desde la realidad caribeña
En el contexto de la República Dominicana, la aplicación de estos marcos teóricos revela una riqueza de experiencias que merecen ser analizadas desde su especificidad. Instituciones como el Centro León de Santiago han implementado modelos de mediación que integran la sostenibilidad y la identidad, mientras que el Centro Cultural Banreservas ha apostado por la recuperación de la memoria comunitaria.
No obstante, es en el ámbito de los espacios patrimoniales y las festividades tradicionales como las de Villa Mella o Baní donde la mediación adquiere un matiz más orgánico. En estos espacios, la mediación no es solo profesional; es una práctica colectiva que protege el patrimonio vivo frente a la erosión de la globalización. Proyectos vinculados a la herencia afrodescendiente y las expresiones religiosas populares demuestran que la mediación puede ser un acto de descolonización, permitiendo que voces históricamente silenciadas se apropien de su narrativa y exijan su lugar en el espacio público.
Reflexiones finales hacia una mediación emancipadora
La mediación cultural es, en última instancia, el termómetro de la salud democrática de una nación. Si el patrimonio sigue siendo gestionado bajo lógicas de exclusión, la ciudadanía cultural será apenas un concepto vacío en los anaqueles de la academia. La integración de las visiones de autores como Nivón Bolán (2017) o los informes mundiales de la UNESCO (2010) nos invitan a ver el patrimonio no como una herencia estática, sino como un territorio de negociación constante.
El mediador cultural no es un guía, sino un provocador de diálogos que debe navegar entre las expectativas del Estado y las necesidades de las comunidades, siempre con el objetivo de fortalecer el tejido social y el respeto por la diversidad. Solo a través de una mediación crítica podremos transformar nuestras instituciones en verdaderos laboratorios de ciudadanía, donde el pasado sirva para interpelar el presente y construir un porvenir más equitativo.
Frente a la creciente mercantilización de la cultura y la estandarización de las identidades, cabe preguntarse: ¿estamos dispuestos a ceder el control del relato patrimonial a las comunidades para que la cultura sea, finalmente, un ejercicio pleno de libertad?
Referencias
Canclini, N. G. (1990). Culturas híbridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Grijalbo.
Canclini, N. G. (2007). Lectores, espectadores e internautas. Gedisa.
Chaui, M. (1990). Cidadania cultural e democracia. Cortez.
Chaui, M. (2006). Cidadania e cultura: ensaios sobre educação e democracia. Cortez.
Mörsch, C. (2012). At a crossroads of four discourses: documenta 12 gallery education in between affirmation, reproduction, deconstruction, and transformation. En Documenta 12 Education II. Hatje Cantz.
Nivón Bolán, E. (2017). Políticas culturales en América Latina: de la democratización de la cultura a la democracia cultural. Siglo XXI Editores.
UNESCO. (2001). Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural. París.
UNESCO. (2003). Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. París.
UNESCO. (2010). Informe Mundial sobre la Diversidad Cultural. París.
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