A Fausto Rosario, en su apuesta por la novela del siglo XXI
Que la obra Luces de alfareros, de la extraordinaria escritora Ana Almonte, haya recurrido, en el tiempo actual o corriente, contemporáneo, y en un entorno geopolítico mundial pertinente al conflicto entre Oriente y Occidente, coexistente, además, con los apocalípticos desastres naturales, representa un punto de inflexión, y apuntalamiento, de un modelo narrativo multicéntrico y convergente que, en la trama de su temática universal, resulta preciso aquilatar, apreciar, justamente, dentro de la evolución histórica de la novela.

Alejada la acepción original de relato breve o novela corta y, posteriormente, narración extensa, diseñados ya los componentes del género en términos de espacio y tiempo, diálogos y personajes, entre otros, adviene la estructura episódica de la novela moderna con Miguel de Cervantes. Desde entonces, emerge, siglo XVIII, la novela crítica de valores o méritos morales y religiosos, de análisis crítico, y otras, a finales de siglo, repleta de sentimentalismo melancólico. En el siglo XIX aparecen, a partir del romanticismo, una profusión de novelas de carácter social, psicológica, historia ficcionada, etcetera. Pero la perfección, o culminación técnica, ignorada desde Cervantes, la construcción de personajes y mundos complejos, preséntase con el realismo y el naturalismo junto a autores como Balzac, Flaubert, Zola, Stendhal, Dickens, Pérez Galdos, Tolstoi, etc. En el siglo XX aparece la ruptura, o fragmentación técnica, del orden interno de la novela, relacionada con la sucesión, o secuencia, del tiempo que pasa en el escenario de la conciencia, el inconsciente; yuxtaposiciones, analepsis, narración en paralelos, acumulación, entrecruce múltiple de la lengua, la memoria y el conocimiento, etc. Aquí, los preclaros de Proust, Kafka, Joyce, Faulkner, Cortazar y Woolf.

Pese a que en autores como Kafka encontramos el tema de la fusión de la realidad y el sueño, en Mann el mito, en Balzac el hombre en la historia, en Flaubert la cotidianidad, en Cervantes la aventura, en Joyce el tiempo presente, en Tolstoi la irracionalidad del hombre, en Proust el tiempo pasado, en Denis Diderot el juego, en Richardson la interioridad del hombre, en Broch la novela como suma del entendimiento, y todo lo demás; en la escritora Ana Almonte, siglo XXI, según mi experiencia de análisis y reflexiones en mi obra Luces de alfareros, la novela del siglo XXI (Amazon, agosto 22, 2026), asistimos a la creación de una realidad profundamente innovadora, donde convergen temas, o todos los conceptos fundamentales explorados por la novelista, en una serie de movimientos en escala de menor a mayor grado, tal el susodicho realismo y el romanticismo, verbigracia, en el contexto de una estructura modular y policéntrica de los episodios, capítulos, de Luces de alfareros, asumidos no solo por una prosista mayor en su arte de narrar, sino también por la complejidad de todos los personajes, intentado relatar sus propias vidas, o tanteos y testimonios intrahistóricos, conforme al rompimiento cronológico, fragmentario, de aquellos: Attias Treviño, Dunda Dabrowski, y demás; de los hechos: desplazamientos, éxodo bíblico, dispersión, desarraigo, etc.; y de las circunstancias: choque identitario, cataclismos, colonialismo, hegemonías imperiales, ambición de poder, por ejemplo. Asimismo, la valía filosófica y metafísica de la obra.
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