La literatura dominicana sigue siendo atractiva, impulsada por textos apasionados y valientes, con temáticas locales y universales que nos desafían.

Partir de la descalificación para exaltar una determinada obra no es buen consejo, como estamos viendo por las reacciones críticas a las consideraciones de uno de los intelectuales dominicanos, José Enrique García, entrevistado en AcentoTV.

No es habitual que los medios se ocupen de la literatura, salvo en los suplementos culturales que antes abundaban, pero que hoy día no se sostienen financieramente porque la cultura parece no importar, o parece no vender, y luce que hay un público mayoritario no interesado por los temas de la literatura, o porque la lectura en el país es precaria.

Hay espacios para la cultura. Hay temáticas y abordajes que son del ámbito de la literatura que atraen, y resulta lamentable que se sienta el movimiento del sector cultural y literario cuando alguien se pronuncia con extravagancia y desafiando a los críticos y descalificando la literatura que otros han escrito para resultar la obra de Ana Almonte, Luces de alfareros.

Lectores hay, lo mismo que escritores, que atraen el interés público. Siempre es necesario el trabajo de los críticos y las valoraciones que estos realizan de los libros de poemas, de cuentos, las novelas o los ensayos que se dan a conocer, con gran sacrificio, salvo los textos que encuentran cobijo institucional en el sector público o el sector privado.

Lo ideal no es despotricar contra Ana Almonte y su novela, tratando de sepultarla en el olvido, quitando importancia a su creatividad, o decir que en las primeras páginas hay decenas de errores. Ana Almonte debe ser valorada por su obra, por su texto, por la creatividad, profundidad, destreza en el manejo de la lengua, y no por los razonamientos o criterios expresados por un intelectual, como ahora se quiere hacer por las expresiones de José Enrique García.

La novela de Ana Almonte es un valioso acontecimiento, es un logro de la literatura dominicana. Se trata de una autora que ha incursionado desde el periodismo en la literatura profunda, a través de la novela, que atrae mucho a algunos y que no atrae tanto a otros. Cada quien tiene una valoración sobre las obras que lee.

Hay gente que habla por lo que escucha decir a otros sobre obras literarias trascendentes. Un ejemplo es Cien años de soledad, de García Márquez. No todo el que habla de esa novela la ha leído. Muchos hablan por lo que han leído o escuchado sobre esa novela que narra la fundación y desarrollo de Macondo y cuenta la historia de la familia Buendía.

Algunos tuvieron expresiones de halagos y otros de denuestos por esa obra. Pero es una gran novela, aunque el autor no la incluyera entre sus mejores obras. Pese a esto, la Academia del Nobel le otorgó el premio a García Márquez fundamentalmente por esa novela.

Por tanto, ni siquiera la valoración que tienen los autores sobre su obra importa mucho. Son aproximaciones a lo que los lectores entienden y destacan. Cada quien tiene una experiencia diferente.

Valoramos y celebramos Luces de alfareros de Ana Almonte. No lo hacemos con el entusiasmo de José Enrique García, pero le reconocemos a él el derecho de opinar con la grandilocuencia con que lo ha hecho, y el derecho que tiene para desafiar a sus pares en la intelectualidad dominicana. Es su derecho, y que sea un derecho que él tiene no le otorga toda la verdad. Por tanto, es injusto atacar a Ana Almonte y denigrar su obra, sin haberla leído, por las expresiones de José Enrique García. El doctor García expresó un criterio, al que tiene derecho, sin que ello implique ahora, para algunos, enviar la obra de Ana Almonte al olvido. No conviene al buen criterio, ni a la literatura dominicana.

Recomendamos leer Luces de alfareros.