Este lunes finaliza el mes de agosto y, al parecer, termina también el ciclo de los últimos cambios gubernamentales con los que el presidente Luis Abinader ha decidido finalizar su segundo período de gobierno.
Entre los cambios realizados por el presidente en su gabinete, aparte de confirmar al gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu, el más relevante ha sido la sustitución del ministro de relaciones exteriores, Roberto Álvarez Gil, quien había desempeñado esas funciones entre el 2020 y el 2026.
Roberto Álvarez Gil había desempeñado sus funciones en medio de los más terribles conflictos internacionales, y en particular manejando desde la posición dominicana la crisis en Haití, incluyendo el asesinato del presidente Jovenel Moises, el fortalecimiento de las bandas criminales en esa nación, y la salida del presidente Donald Trump de su primer período, así como su elección por segunda ocasión en 2024.
El país también enfrentó la gravísima crisis de la invasión de Rusia en Ucrania, el incremento de los precios de los embarques, de la úrea y del petróleo, así como la guerra en Irán y todas sus consecuencias. Le tocó administrar políticamente el tema de la guerra arancelaria, iniciada por Donald Trump, las deportaciones masivas de migrantes, incluyendo dominicanos, y de nuevo la reactivación de la guerra contra Irán.
Lo que no pudo resistir la gestión de Roberto Álvarez fue la ofensiva política de Trump, como cabeza de la ultraderecha, y la reconquista incondicional de los gobiernos de América Latina y el Caribe, con la duda que pudo haberse gestado sobre la idoneidad y confianza de los Estados Unidos con el gobierno dominicano y los planes de Donald Trump en la región.
El gobierno dominicano cedió en todas las solicitudes de apoyo y colaboración, incluyendo en el apresamiento y traslado hacia los Estados Unidos de Nicolás Maduro, en las presiones contra Cuba, en la conformación del Escudo de las Américas y en numerosas recomendaciones de política interna que para Estados Unidos son esenciales en su deriva hacia una América Latina rendida ante las políticas de la ultraderecha.
Nayib Bukele, en El Salvador, Javier Milei en Argentina, Rodrigo Paz en Bolivia, José Antonio Kast en Chile, Daniel Noboa en Ecuador, Keiko Fujimori en Perú, Santiago Peña en Paraguay, Laura Fernández Delgado en Costa Rica, Abelardo de la Espriella en Colombia, y Nasry Asfura en Honduras, aparte de Delcy Rodríguez en Venezuela, son de los más fieles trumpistas como gobernantes en América Latina. La próxima elección es en Brasil, donde Flávio Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro, con el apoyo de Donald Trump le disputa la presidencia a Luis Ignacio Lula Da Silva.
El presidete Luis Abinader ha dado muchos pasos en dirección a satisfacer las exigencias del presidente Trump y de su equipo. ¿Era Roberto Álvarez un obstáculo para se creyera en su lealtad como presidente identificado con las políticas de Donald Trump? No se sabe, pero sí es cierto que Víctor -Ito-Bisonó ha hecho carrera política con las posiciones ultraconservadoras, y que hasta el momento el gobierno de los Estados Unidos se ha manifestado con alegría por esa designación.
Ha sido el cambio más relevante del presidente Luis Abinader. Como va el cuadro político en los Estados Unidos, incluso con miras a las elecciones de medio término en noviembre, Trump quiere reforzar y dar la apariencia de triunfos a los norteamericanos. Triunfo en Venezuela, ahora adicionando sus reservas de petróleo a las norteamericanas, reforzando el cerco contra Cuba, acosando al presidente y al gobierno de Brasil para que Flávio Bolsonaro gane las elecciones, acorralando a Europa tanto como sea posible para que asuma sin rechistar las políticas de defensa del gobierno americano, y la guerra contra Irán, y dando la impresión de que sigue ganando la guerra por la supremacía del mundo frente a la República Popular China.
Los movimientos y presiones en América Latina y el Caribe son menores, en la política global de Estados Unidos. Aún no se puede hablar de resultados. Para conocer la certeza de estas políticas, aparte de los enemigos y muertos y heridos que ha dejado en el camino, habría que esperar las elecciones de medio término, y el cumplimiento de muchas de las exigencias que Estados Unidos realiza a socios y países más grandes que la República Dominicana.
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