Los especialistas en literatura, a fuerza de reiteraciones, prácticamente obligan al lector a enfrentarse a ciertos libros —mayormente clásicos—, porque son los que marcan la pauta de la buena lectura y porque nadie debería permanecer ciego ante el conocimiento literario. Además, a menudo afirman que cada novela debe enganchar al lector desde la primera página. Sin embargo, algunas obras se asemejan a un trago amargo, que se soporta con la esperanza de que, al final, resulte curativo; así, la lectura avanza por caminos tortuosos, pero se llega.

En el caso de Madame Bovary, de Gustave Flaubert (edición 2025, traducción de Mauro Armiño, 408 págs. Dividida en tres partes), no ocurre lo mismo. El lector transita por sus escenarios y tramas disfrutando cada momento de su recorrido. Aunque no se trata de un inicio explosivo, la novela arranca con una expectativa sutil que atrapa y se consolida a medida que avanza.

Gustave Flaubert.

La obra fue escrita en 1856 y pasó por un proceso de censura que eliminó términos considerados tabú para la época. Flaubert enfrentó incluso un juicio por escándalo público, acusado de ultraje a la moral y a las buenas costumbres. Paradójicamente, ese proceso actuó como una bujía que encendió el interés general y proyectó la novela hacia la posteridad.

Madame Bovary suele leerse como una novela sobre el adulterio. No obstante, una lectura profunda revela que el verdadero conflicto de Emma es existencial: una insatisfacción radical con la realidad que habita. Sus expectativas sobre la vida desbordan por completo lo que puede ofrecerle su esposo, Charles Bovary. Sus relaciones no son meramente sentimentales ni sexuales; son intentos desesperados por colmar un vacío interior siempre en movimiento.

En este artículo se analizan los cuatro amores de Emma Bovary y los fantasmas que envuelven su vida, así como la estructura, el narrador y el estilo de la novela.

Los cuatro amores

Los cuatro amores de Madame Bovary

Primer amor: Su esposo Charles Bovary

Emma y Charles se conocen de manera casual. Charles, médico rural, es llamado para atender la fractura de la pierna del padre de Emma. El tratamiento se prolonga más de lo necesario, no por razones médicas, sino porque Charles se siente atraído por ella, aunque Emma no muestra indicios de reciprocidad. En aquella época, la decisión matrimonial recaía en los padres, y así se selló el destino de ambos. No hubo chispa ni arrebato amoroso; este dato es crucial para comprender el resto de la novela.

Charles es un hombre sin grandes pretensiones: bondadoso, simple, responsable y dedicado a su profesión. Vive satisfecho con la estabilidad que posee, sin necesidad de pasión ni sobresaltos. No logra penetrar en el abismo interior de su esposa, y ahí radica uno de los principales conflictos de la relación. Emma necesita emoción para darle sentido a la vida.

Tras el embarazo de Emma, Charles se siente plenamente realizado: «Ya no le hacía falta nada. Conocía la existencia humana en toda su extensión, y, apoyado en los codos, se sentaba a la mesa lleno de tranquilidad (pág. 120)».

El segundo amor: el vizconde

El primer contacto de Emma con la sociedad aristocrática ocurre durante la invitación a La Vaubyessard, en casa del marqués d’Andervilliers. Este episodio marca el inicio de un sueño que trasciende la vida provinciana. El baile con el vizconde la introduce en un mundo que anhela profundamente y del que se enamora no tanto por la persona, sino por lo que representa: estatus, lujo y otra vida posible. Aunque ella mantuvo las esperanzas, este amor nunca se consuma.

Los cuatro amores de Madame Bovary

El tercer amor: Rodolphe Boulanger

Rodolphe es un seductor experimentado. Desde el primer encuentro, percibe el vacío emocional de Emma y su frustración matrimonial. Con cinismo declara: «Oh, será mía», y pone en marcha su plan. Emma se deja seducir, aunque intenta resistirse; en el fondo lo deseaba.

El romance se prolonga durante años sin que Charles sospeche nada, como si todo continuara igual. Puede interpretarse como un vacío estructural o como una decisión consciente de Flaubert para evitar contaminar la narración con una confrontación pasional directa.

Con Rodolphe, Emma vive una pasión desbordada. Se escapa de casa, deja a su esposo dormido y busca aquello que él no puede darle. El vacío en el momento se llena, pero poco a poco se va agrietando. Cuando ella le propone huir juntos, aparentemente él acepta, pero termina abandonándola con una carta devastadora. Emma queda al borde de la muerte y permanece meses sumida en el letargo, hasta que el destino la reencuentra con Léon.

El cuarto amor: Léon Dupuis

Aunque cronológicamente Léon pudo haber sido el segundo amor, su historia se consuma después de Rodolphe. Se conocieron antes, en encuentros casuales, cuando Emma visitaba a su hija con la nodriza. En esa cercanía silenciosa surgió una atracción contenida: «estaba enamorada de Léon y buscaba la soledad para poder deleitarse más a gusto en su imagen (pág. 142)».

Léon es joven, decente y tímido. En un inicio no se atreve a avanzar. Tras el abandono de Rodolphe, el destino vuelve a unirlos en Ruan, cuando Charles, ingenuamente, la anima a asistir al teatro para sacarla de su melancolía. Emma está quebrada y necesita un nuevo estímulo vital. Charles, sin advertirlo, la deja en brazos de quien ella necesitaba.

Los cuatro amores de Madame Bovary

Emma y sus insatisfacciones

Emma se casa con Charles sin realmente conocerlo. Sin esperar mucho tiempo se da cuenta de que el matrimonio no era lo que ella creía y emerge el desencanto. Lo consideraba poco atractivo, sin talento ni cultura: ninguna emoción sentía. El desencanto era tan grande que consideraba que la «conversación de Charles era vulgar como una acera de calle, y las ideas más manidas de los demás desfilaban por ella con ropaje ordinario, sin despertar emoción ni hacer reír ni soñar (pág. 66)», inclusive se repetía «¡Dios mío, por qué me habré casado! (pág. 69)».

Él «la creía feliz; y ella le odiaba por aquella calma tan impaciente, por aquella parsimonia serena, por la felicidad misma que ella le daba (pág. 66)». Aun así, fingía afecto hacia él.

Emma nunca estaba feliz en el lugar donde estaba, estas palabras lo dicen todo: «Es cierto —respondió Emma—, pero siempre me divierte lo que se sale de lo habitual; me gusta cambiar de aire». Ella busca siempre algo nuevo: un vestido, un viaje, una vida distinta. Propone la huida como solución. Ni el amor ni la religión ni la maternidad logran colmarla. Cuando acude al sacerdote y este le sugiere remedios médicos, responde: «No son remedios terrenales los que necesito (pág. 146)».

Estructura, narrador, estilo, tiempo, giros, clímax

Los cuatro amores de Madame Bovary

La estructura de esta novela está dividida en varias partes: la presentación de la vida de Emma y Charles antes de casarse, el hastío conyugal, el despertar de una nueva vida (el baile), el encuentro con León, el tórrido romance con Rodolphe, la consumación del amor con León, la trampa de las deudas que la llevaron al desenlace, por último, los acontecimientos posteriores a su muerte.

Madame Bovary está escrita con una estructura narrativa lineal, narrada en tiempo pasado. Se desarrolla con los personajes principales, en el caso de Charles Bovary desde sus primeros años y de Emma, ya una adolescente, pero habla de su educación en conventos, donde aprendió a tocar piano y a formarse como ser humano.

Flaubert construye una novela sin antagonista visible. El enemigo es intangible: el vacío existencial, las ataduras matrimoniales y sociales, el miedo y la frustración.

Aunque en la primera y segunda página de la novela utiliza un narrador testigo en primera persona del plural y se va diluyendo, casi imperceptible, hasta darle paso a un narrador omnisciente, con un estilo indirecto libre que permite explorar la psicología de Emma: sus insatisfacciones y los deseos que arden en silencio.

El estilo de Flaubert es minucioso, lento y en ocasiones excesivamente descriptivo, como si fuera un pintor que plasma en el lienzo cada detalle, y es capaz de plasmar el último vapor de la respiración de un moribundo, o el celaje de un ave que pasa y rompe la luz del sol que se proyectaba en el cuadro. Cada descripción revela dominio absoluto del lenguaje y la cultura de la época.

Madame Bovary se sostiene en varios giros que se van produciendo a medida que avanza, siendo el primero cuando Emma baila con el vizconde en la fiesta, la carta de Rodolphe cuando la abandona, el reencuentro con León y la deuda.

Clímax

Cuando Emma recorre todo el pueblo en busca de dinero para evitar que a través de un embargo le quiten los muebles, comprometidos sin la anuencia de Charles. Ya no había amor ni ideal ni escape, solo deuda y vergüenza. Este es un clímax que trae como secuela el golpe final: el primer desenlace. Es una muestra cuando a un ser humano se le cierran todos los caminos.

Después de la muerte de Emma, Charles descubre un papel, pero aun así su ingenuidad permanece; más tarde, al abrir el baúl, descubre los cuerpos del delito: las cartas de amor. Sin embargo, aunque se hunde, no odia, pero sucumbe ante la muerte.

Conclusión

Charles es un personaje plano, ingenuo hasta el extremo. No sospecha, no confronta, no ve maldad. Le da oportunidad tanto a Rodolphe como a León para que corteje a su esposa; esa actitud posiblemente facilitó el cúmulo de problemas generados en su hogar.

Criticar una novela o a un escritor no es tan fácil, puede haber un vacío, pero el escritor teje su obra con los argumentos que soporten su narrativa: fortalece o debilita donde así lo entienda; por tanto, es posible que esas debilidades extremas de Charles sean parte del entramado estructural que construyó Gustave Flaubert en su extraordinaria novela.

Madame Bovary, más que una novela sobre el adulterio, es una obra que exige una lectura en profundidad. Flaubert construye una verdadera radiografía del vacío existencial del sujeto moderno, donde ebulle en su interior ese deseo de satisfacer a toda costa «los apetitos de la carne, las ansias de dinero y la melancolía de la pasión».

Los cuatro amores de Emma fueron muestra de la insatisfacción crónica incapaz de llenar un vacío que no tiene reposo; ve la liberación con la huida, con el cambio de ambiente; por tanto, no era amor ni sexo lo que buscaba, sino nuevas experiencias para colmar lo que su alma reclamaba.

El suicidio es el resultado de la acumulación de cargas, de compromisos que no pudo solucionar, y al ver los caminos cerrados, la desesperación la llevó a esa determinación. Este acontecimiento no solo pasa en el aspecto pasional, sino en todos los órdenes de la vida donde el ser humano se crea grandes expectativas que se descarrilan por un desfiladero, generando una disonancia constante entre el deseo y la realidad.

josedespinosa@gmail.com

 

José D. Espinosa Féliz

Ingeniro y escritor

José D. Espinosa Féliz es ingeniero civil, escritor, conferencista. magister ejecutivo en gestión de proyectos. Tiene especialidad en Alta Gerencia, diplomados en relaciones públicas, en maestría de ceremonias y en oratoria. Además, es Locutor profesional. Por más de veinte años ha sido articulista de temas técnicos, sociales y políticos. Libros publicados: Fundamentos básicos y guía en la construcción de carreteras, El éxito integral, una obra de autoayuda; A corazón abierto, libro de poemas; La extraña obsesión de Waldo Tenerife, (Novela); Héroes en tiempos de coronavirus (cuentos, Decisiones extremas (novela); “Espermatozoides con inteligencia artificial” (cuentos) y “Olor a ti” (poemas). josedespinosa@gmail.com

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