“A los tímidos y a los vacilantes todas las cosas les resultan imposibles, porque así les parecen”.
—Walter Scott
Lorenny Solano.

‘’El oso y la rosa’’ es una fábula infantil y juvenil de Lorenny Solano. Resulta fácil adentrarse en esta travesía, donde la naturaleza reviste de belleza cada página e invita al lector a continuar la lectura. El oso, protagonista del relato, encarna una personalidad emocionalmente cerrada, con rasgos de apego evitativo. Necesita control, orden y previsibilidad para sentirse seguro; aunque anhela la intimidad, la teme. Por ello racionaliza su soledad afirmando que “así es su naturaleza”.

Desde una perspectiva psicológica, el oso idealiza la autonomía para no exponerse. Confunde independencia con aislamiento y tolera la cercanía solo mientras no lo confronte. Su dureza no es fortaleza, sino un mecanismo de defensa. Critica a todos los animales del bosque, lo que, desde la psicología, puede leerse como proyección: atribuye a los demás aquello que no acepta en sí mismo. La ardilla “excesiva” refleja su dificultad con la espontaneidad; el ciervo “torpe”, su miedo a la vulnerabilidad; la araña “manipuladora”, su temor a quedar atrapado emocionalmente. Rechaza en los otros lo que reprime en su interior.

El oso decía
que así era su naturaleza:
ancha, solitaria, suficiente.
Confundía el silencio con fortaleza
y la distancia con independencia.

Le molestaba la risa de la ardilla,
la torpeza del ciervo,
la red paciente de la araña.
No sabía que eran espejos
de lo que temblaba dentro de su pecho.

Deseaba la rosa
como se desea lo imposible:
con hambre,
pero sin manos.

Cuando la espina rozó su piel
no preguntó,
no escuchó,
no se quedó.
Huyó llamándolo incompatibilidad
cuando era miedo.

Más tarde, en la vejez,
comprendió:
no perdió por amar demasiado,
perdió por no saber quedarse
cuando el amor pedía coraje.

Y entendió, demasiado tarde,
que su soledad no era destino,
era defensa.

Entendimiento tardío

La rosa, objeto de apego y esperanza afectiva, simboliza el objeto amoroso idealizado. Es sensible, afectuosa y portadora de heridas previas. Desde la psicología del apego, manifiesta rasgos de apego ansioso: desea el vínculo, cuida, se adapta, insiste. No es débil; es emocionalmente disponible, algo que el oso anhela, pero no sabe sostener. Las espinas representan los límites personales, las heridas no resueltas y las reacciones involuntarias que emergen en la intimidad. Cuando la rosa hiere al oso, no lo hace por agresión, sino porque toda relación activa defensas emocionales. Él interpreta la herida como incompatibilidad, cuando en realidad es material terapéutico: aquello que podría elaborarse.

La rosa no era frágil,
era abierta.
Y en un mundo de corazones blindados
eso parece debilidad.

Amó con raíces,
con perfume,
con insistencia.
No pidió perfección,
solo presencia.

Sus espinas no eran armas:
eran memoria,
límites,
la verdad que emerge
cuando alguien se acerca demasiado.

Ella se quedó
mientras pudo.
Pero el amor que se arrastra
se marchita.

Cuando cerró sus pétalos
no fue venganza,
fue dignidad.
Porque amar también es saber irse
cuando el otro no puede quedarse.

La rosa floreció después,
en otro suelo,
porque el amor no mendiga espacio:
crece donde es recibido.

Entendimiento tardío

El oso no dialoga, no escucha, no procesa. Se retira. Esta retirada es evitación emocional: ante el conflicto, corta el vínculo para no sentir dolor. Psicológicamente, prefiere perder la relación antes que enfrentar su propia fragilidad. En la vejez aparece el insight, la comprensión profunda de su patrón repetido. Descubre que no fue la rosa el problema, sino su incapacidad para tolerar la frustración, el desacuerdo y la diferencia. Este momento refleja cómo muchas personas solo toman conciencia de sus defensas cuando ya han perdido vínculos significativos.

El hada anciana simboliza la función terapéutica o el trabajo interior. No se puede cambiar el pasado, pero sí modificar los patrones internos. La semilla de la tolerancia y la persistencia es la regulación emocional, la capacidad de diálogo y la aceptación de la imperfección propia y ajena: el inicio de un yo más flexible.

La rosa marchita representa un duelo no elaborado. Su muerte simboliza la pérdida no resuelta. El oso intenta reparar cuando ya es tarde, lo que revela un patrón común: cambiar solo ante la pérdida definitiva. La culpa emerge, pero sin posibilidad de reparación externa, solo de aprendizaje interno. La fábula muestra que no fracasan las relaciones por las heridas, sino por la incapacidad de nombrarlas, sostenerlas y elaborarlas. El oso no pierde a la rosa por sus espinas, sino por su rigidez emocional, su miedo a la intimidad y su dificultad para amar sin controlar.

‘’El oso y la rosa’’ es una metáfora del conflicto entre el deseo de amar y el miedo a ser herido, y deja claro que la soledad no siempre es destino: muchas veces es defensa.

“Su pensamiento era ese: que no había nadie para él y se había convertido, por la costumbre, en un lobo de las estepas, aunque, de vez en cuando, la soledad le pesaba y sentía la necesidad de estar con alguien que fuera más que un amigo. Así fue que decidió estar siempre ocupado y, para distraer su soledad, se llenó de responsabilidades” (pág. 10).

“Tampoco quería cambiar; a él le gustaba ser como era y, aunque su manera de pensar y de actuar estuviese errada, no le interesaba cambiar en nada” (pág. 12).

El bosque encantado representa la vida como obra sagrada, donde todo tiene un lugar y una función. No es solo naturaleza: es el universo espiritual, el tejido invisible en el que cada ser está llamado a realizar su esencia. La armonía del bosque muestra que el conflicto no está en el mundo, sino en el corazón del oso, que aún no ha aprendido a habitar el amor.

El oso simboliza el alma humana que vive desde la fuerza, el control y el orgullo. Aunque es grande y poderoso, su interior está vacío. Espiritualmente, es un ser que confunde protección con encierro. Ha levantado murallas para no sufrir, pero esas mismas murallas lo separan de la gracia. Su soledad no es castigo, sino consecuencia de negar la apertura del corazón.

La rosa representa el amor verdadero, el principio espiritual que invita al alma a despertar. Es delicada, perfumada y luminosa porque el amor siempre se presenta como algo bello, pero también tiene espinas, ya que el amor espiritual purifica a través del dolor. Las espinas no buscan herir: buscan despertar la conciencia. Cuando el oso es herido, se enfurece; en términos espirituales, rechaza el proceso de transformación. Toda experiencia de amor profundo confronta al ego, lo despoja de certezas y exige humildad. El oso no quiere morir a su viejo yo y por eso huye; se niega al sacrificio interior.

Entendimiento tardío

El bosque estaba en armonía.
Nada fallaba allí
excepto el corazón del oso.

Creyó que amar era peligro,
que cambiar era perderse,
que el dolor era enemigo
y no umbral.

La rosa venía a purificarlo,
a herirlo para despertarlo,
a enseñarle que toda transformación
exige morir un poco.

Pero el oso no quiso morir
a su orgullo.
Y huyó de la gracia
llamándola herida.

Cuando la rosa murió
no fue castigo:
fue el tiempo no habitado,
el amor no encarnado.

La anciana dejó una semilla
en sus manos cansadas:
tolerancia,
diálogo,
humildad.

Porque el pasado no se repara,
pero el alma sí puede aprender.

Entendimiento tardío

Al alejarse de la rosa, se separa del principio amoroso que podría haberlo sanado. No pierde solo a la rosa: pierde la oportunidad de trascender su ego. La rosa intenta permanecer porque el amor espiritual siempre persevera, pero no se impone; cuando no es acogido, se retira.

La vejez del oso simboliza el despertar tardío del alma. Cuando el ruido de la vida se apaga, surge la verdad: no fue la rosa quien hirió, sino el miedo del oso. El arrepentimiento es auténtico, pero llega cuando el alma ya ha desperdiciado el tiempo de la gracia. La rosa muerta no es castigo, sino símbolo del amor no encarnado. Espiritualmente, aquello que no se cuida se pierde. El amor necesita presencia, escucha y renuncia al orgullo para mantenerse vivo.

El hada anciana representa la sabiduría espiritual: el tiempo no puede retroceder, pero el alma puede transformarse. La semilla de la tolerancia y la persistencia es el don espiritual que permanece cuando ya no hay retorno: aprender para no repetir el error.

Este libro nos dice que el amor es un camino de purificación del alma. Quien huye del dolor huye también de la transformación; quien se niega a cambiar se condena a la soledad interior. La verdadera felicidad espiritual no consiste en evitar las espinas, sino en aprender a tocarlas con humildad y conciencia. El oso no perdió a la rosa: se perdió a sí mismo por no atreverse a amar hasta el fondo.

“Cuando intenté luchar por estar junto a ti, lo hice convencida de que eras el ser más valioso y tierno del planeta y que nadie me importaba más que tú, pero me olvidé de que yo también soy muy valiosa y de que estuve dispuesta a abandonar todas las cosas que me rodeaban para irme contigo. Sin embargo, fuiste cobarde y preferiste rendirte ante las diferencias que nos dividían en vez de luchar como yo. Preferiste decir que no me querías a tu lado antes que intentar adaptarte” (pág. 20).

“El oso la miró y lloró. Ella se volteó, dándole la espalda, y cerró sus pétalos. Fue la sensación más triste que había experimentado el viejo oso. Arrepentido, permaneció solitario en el enorme bosque encantado” (pág. 21).

Esta fábula plantea una idea profundamente filosófica: no hay amor sin riesgo ni encuentro sin herida. La rosa no pide perfección, solo ser aceptada en su verdad. Su tragedia no es tener espinas, sino amar a alguien incapaz de tolerarlas. Amar no es evitar el dolor, sino aprender a no destruir al otro ni a uno mismo con él. La rosa florece con otro porque el amor verdadero exige reciprocidad en la adaptación, no sacrificio unilateral.

El mensaje filosófico central es claro: la felicidad no consiste en encontrar a alguien sin espinas, sino en aprender a convivir con ellas sin renunciar a uno mismo ni destruir al otro. El oso fracasa porque quiso un amor sin riesgo, sin heridas y sin cambio. La rosa triunfa porque comprende que amar también es saberse valiosa y no mendigar aceptación.

‘’ El oso y la rosa’’ es una parábola sobre el miedo humano a la transformación, la incapacidad de aceptar la diferencia, el amor como tarea ética —no como comodidad— y la soledad elegida como forma de cobardía existencial. En última instancia, la fábula afirma que la peor soledad no es estar solo, sino cerrarse a la posibilidad del amor por miedo a sufrir.

Y así, en el silencio del bosque encantado, el oso comprendió que el amor no se le había ido: había pasado a través de él sin encontrar morada. La rosa no murió por sus espinas, sino por falta de manos dispuestas a sostenerla con temblor y verdad. El tiempo, juez implacable y maestro tardío, dejó en el corazón del oso una semilla humilde: la certeza de que amar exige coraje, escucha y renuncia al orgullo. Tal vez ya no florezca para él la rosa perdida, pero en la hondura de su arrepentimiento germina una posibilidad distinta: no repetir la huida, no confundir defensa con destino. Porque el amor, cuando no se vive, se marchita; pero cuando se comprende, aun tarde, se transforma en conciencia. Y esa conciencia, aunque duela, es el primer brote de redención.

Evelyn Ramos Miranda

Poeta y narradora

Evelyn Ramos Miranda. Nació en Santo Domingo un 9 de febrero. Obtuvo una licenciatura en Educación Inicial y una maestría en Administración y Supervisión de Programas de Educación Inicial en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Catedrática de Educación en varias universidades. Ha sido funcionaria en diversas instituciones públicas como coordinadora de Educación en (MINERD, CONANI, IDSS y subdirectora de la Estancia Infantil de la UASD). Es Gestora Cultural. Labora como Coordinadora en la Casa de la Rectoría de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Sus poemas han sido publicados en revistas culturales y periódicos e incluidos en varias antologías, destacando Al filo del Agua, del Taller Literario César Vallejo de la UASD; Sororidad, Poesía y Narrativa (2020). Y Antología: Colección Poética Lacuhe (2022), Antología (poesía y narrativa) Detrás de las máscaras (2023). Tiene dos libros publicados: Al filo del vuelo (2023) y El País de los Dulces (2023). Ha participado en diversas Ferias Internacionales del Libro en Santo Domingo, New York, Colombia y Venezuela, como conferencista y poeta. También en diferentes tertulias y recitales del país y Puerto Rico. Es miembro del grupo poético Mujeres de Roca y Tinta. Egresada del Taller Literario César Vallejo de la UASD.

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