La historiografía dominicana contemporánea tiene raíces muy profundas en la investigación historiográfica liberal y nacionalista del destacado intelectual y patriota José Gabriel García, así como en la historiografía positivista del gran pensador y educador puertorriqueño Eugenio María de Hostos.

José Gabriel García hizo aportes inigualables al proceso de construcción de un relato nacionalista y liberal objetivo en la historia dominicana mediante la redacción de su obra monumental Compendio de Historia de Santo Domingo, en cuatro tomos, publicada entre 1867 y 1906.

No menos importante fue su contribución al país al compartir numerosas obras históricas con gran sentido pedagógico, entre las que destacan: Breve refutación del informe de los comisionados de Santo Domingo: Dedicada al pueblo de los Estados Unidos (1871), Rasgos biográficos de dominicanos célebres (1875) y Memorias para la historia de Quisqueya de la parte española vieja de Santo Domingo desde el descubrimiento de la isla a la constitución de la República (1875).

Asimismo, la compilación de los legajos: Partes oficiales de acciones de guerra durante la guerra dominico-haitiana (1888) y Guerra de Separación: Documentos para su historia (1890), son pliegos de un inestimable valor histórico suministrados por José Gabriel García, los que le han permitido a la historiografía dominicana posterior reconstruir de forma objetiva el proceso independentista de la República Dominicana y su defensa irrestricta frente a los gobernantes haitianos desconocedores de la soberanía nacional del valiente pueblo dominicano.

Los textos Coincidencias históricas: Escritas según tradiciones populares (1892), El Lector Dominicano: curso gradual de lecturas compuestas para uso por las escuelas nacionales (1894),  La colección de tratados internacionales firmados por la República Dominicana desde su creación al día presente (1897), Historia Moderna de la República Dominicana (1906) y su encendida polémica con el novelista Manuel de Jesús Galván en torno a la figura del General Pedro Santana, entre otros textos escritos y publicados por su brillante pluma en diversos periódicos y revistas, son un tributo sin precedentes al desarrollo de la historiografía progresista dominicana.

José Gabriel García, declarado Padre de la Historia Dominicana, por sus inmensos aportes al estudio de la historia de la República Dominicana.

Al ponderar los aportes de José Gabriel García a la recuperación de la memoria histórica del pueblo dominicano, Eugenio María de Hostos expresó:

“Estas desordenadas reflexiones, que por desordenadas convienen al ingenuo correr de la pluma en los escritos de periódicos, convienen también al examen que nos proponemos hacer de la Historia de Santo Domingo que el Señor José Gabriel García ha publicado y esperamos que completará. El Señor José Gabriel García no ha seguido el triste procedimiento que acabamos de censurar. Sus Memorias y su Compendio de la Historia de Santo Domingo obedecen a un criterio más elevado y desarrollan un concepto más racional de la historia. En las Memorias, como ciudadano, y en el Compendio, como guía de la juventud, ha abarcado un horizonte de mayor extensión. Esto es tanto más loable, cuanto que, fundador como puede considerársele de los estudios históricos en su patria, ha sentado un precedente que consultarán con frutos los que continúen su patriótica tarea y que harán de la historia de Quisqueya un todo menos inconexo y más completo que sería la historia patria, si él hubiera empezado por reducirlo a la narración de hechos dramáticos.”[1]

Esos aportes inmensos que ha realizado José Gabriel García al desarrollo de la historiografía dominicana han permitido que el pueblo dominicano le otorgue el título ampliamente merecido de Padre de la Historia Dominicana y que, en su honor, haya sido consagrado el día 13 de enero, fecha de su natalicio, como el Día Nacional del Historiador, mediante el decreto presidencial 562-20, de fecha 15 de octubre del 2020, emitido por el actual presidente de la República, licenciado Luis Rodolfo Abinader Corona.

1.- La corriente historiográfica positivista hostosiana

La corriente historiográfica positivista  ha tenido gran incidencia en la República Dominicana a través del filósofo y educador puertorriqueño Eugenio María de Hostos, desde las últimas décadas del siglo XIX hasta el presente. En esta corriente el liberalismo encontró una sólida sustentación teórica, ya que por su intermedio se promovió la laicidad de la enseñanza y el espíritu científico como guía filosófica fundamental, en desmedro de la perspectiva escolástica que había predominado hasta entonces.

Eugenio María de Hostos concibe como la verdadera historia aquella que relata todos los esfuerzos de un pueblo para asegurar su vida.

La concepción que tenía Eugenio María de Hostos se resume en el siguiente texto suyo:

“Cuando los pensadores se ponen a pensar en la incongruencia de los hechos narrados por la Historia meramente narrativa, conciben y realizan el propósito de revisarla, poniendo los hechos que ella cuenta en una relación más lógica, y aumentando con hechos que nos cuenta a veces la Historia narrativa, la cantidad de acciones realizadas por el hombre. Y ya entonces aparece un sujeto en la Historia, que es: el ser humano. Y como el ser humano vive conforme a las necesidades normales de su vida, ipso facto encuentra el crítico en los hechos de la Historia la base del juicio y el criterio que aplica a la ordenación y justificación de los hechos de la Historia narrativa. El criterio que entonces aplica la Historia es la misma naturaleza humana que, subordinada a relaciones constantes de causa y efecto, de medio y fin, de necesidades y satisfacciones, va guiando al crítico de la Historia, haciéndolo descubrir la falsedad de algunos hechos, la media realidad de otros, la inconsistencia lógica de éstos, las causas tradicionales y locales de aquéllos: y, entonces, cuando en virtud de ese criterio de los hechos humanos, referidos a la naturaleza humana del hecho, se va poco a poco escrutando las causas y concausas que concurren en la determinación de los hechos humanos, la misma crítica histórica que vino a derrumbar el edificio de la historia tradicional, se encuentra pasmada ante el hecho de que son verdades efectivas muchas de las más grandes falsedades que la decidieron a rehacer la Historia…En cierto modo, por tanto, una de las más difíciles tareas de la Historia crítica ha sido el restaurar como hechos efectivos de la vida de los pueblos, actos, cultos, modas, costumbres que, a primera vista, aparecen como imposibilidades materiales, y que, a segunda inspección, manifiestan la realidad de influencias del medio social.”[2]

En este texto, Hostos deja ver que el ser humano es el sujeto fundamental de la historia, que vive conforme a las necesidades normales de su vida, y en las cuales el crítico sustenta la base de su juicio y el criterio que aplica en la ordenación y justificación de los hechos de la historia narrativa. Hostos indica que el criterio que aplica la historia es aquel que subordina a relaciones constantes de causa a efecto, de medio a fin, de necesidades a satisfacción, que va guiando al crítico de la historia con el propósito de descubrir la falsedad de algunos hechos, la media verdad de otros y la inconsistencia lógica de estos, así como las causas tradicionales y locales de aquellos, con los cuales la crítica histórica va derrumbando el edificio de la historia tradicional, pero se espanta ante el hecho de que son verdades efectivas las más grandes falsedades que la llevaron a reelaborar la historia.

Ahora bien, Hostos plantea de forma bastante clara lo que es la verdadera historia:

“Solo hay verdadera historia cuando se relatan todos los esfuerzos de un pueblo, una nación o raza para asegurar su vida, desarrollar su entendimiento y complacer su sensibilidad, bien sean esfuerzos de brazo, de corazón o de cabeza, o lo que tanto vale, de trabajo muscular, moral o mental.”[3]

A la anterior Hostos agregó la siguiente idea:

“Teniendo la historia que referirse a todas las manifestaciones del ser humano, sólo es bueno y exacto aquel relato histórico que comprende todo lo sentido, pensado y realizado por la sociedad a que se refiere.”[4]

El método planteado por Hostos en las ciencias sociales fue el inductivo-deductivo, siendo su procedimiento el experiencial-deductivo, al inducir de las experiencias históricas de los pueblos, lo que Pedro Henríquez Ureña destaca de su obra Tratado de Sociología: “…la realidad de la vida colectiva del ser humano, la igualdad de la naturaleza del ser colectivo en todos los tiempos y lugares y su igual conducta en igualdad de circunstancias y en todo lo esencial a su naturaleza.”[5]

Aunque Pedro Henríquez Ureña era metafísico, siempre admiró y respetó la labor educativa e intelectual positivista de Eugenio María de Hostos.

Esta perspectiva revela que, para Hostos, la colectividad humana es el sujeto central de la historia, con capacidad para incidir en la marcha de los procesos, muy a pesar de la coacción universal de las leyes que rigen el orden social, estableciendo así conexiones indisolubles entre la política y el conocimiento de la historia.

Hostos elaboró criterios novedosos sobre la historia dominicana, que resultan de  sus convicciones anticolonialistas. Destacó el rol decisivo del pueblo en la consumación de la guerra restauradora de 1863 contra el imperio español, acción patriótica que consideró la verdadera independencia nacional. También reivindicó los efectos democráticos del influjo haitiano en la primera mitad del siglo XIX, sin despojarse de sus prejuicios hispanófilos, al denominarlos impropiamente con los motes de etíopes y salvajes.

La mayor parte de la intelectualidad dominicana, desde 1880 hasta las tres primeras décadas del siglo XX, estuvo marcada por el estilo hostosiano de buscar las causas determinantes de los fenómenos, como medio conducente a la formulación de propuestas. Sin embargo, la ausencia de una formación integral, como la adquirida por Hostos, los llevó a acentuar el carácter atemporal e inespacial de las leyes históricas, pero no vislumbraron su concreción en la realidad histórica de la República Dominicana.

Los seguidores de Hostos intentaron estudiar las características del pueblo dominicano, pero al considerarlo inferior a los pueblos industrializados de Europa y de los Estados Unidos, se plantearon como meta contribuir a la superación de su atraso mediante la sustitución por una minoría ilustrada que lo conduciría por la senda del progreso. En tal virtud, se formularon propuestas en las que se pretendía desconocer el rol protagónico del pueblo en la construcción de la nación.

Américo Lugo tenía la idea de que una minoría ilustrada era la única capaz de conducir al pueblo dominicano por la senda del progreso y el bienestar.
Américo Lugo tenía la idea de que una minoría ilustrada era la única capaz de conducir al pueblo dominicano por la senda del progreso y el bienestar.

Entre los intelectuales hostosianos más prominentes que desarrollaron esa visión de los procesos histórico-sociales destacan: José Ramón López, Américo Lugo, Federico García Godoy, Félix Evaristo Mejía, Emiliano Tejera, Rafael Justino Castillo, Bernardo Pichardo, Casimiro de Moya, Francisco José Peynado, Federico y Francisco Henríquez y Carvajal, Gustavo Adolfo Mejía-Ricart, entre otros.

El positivismo ha tenido una incidencia considerable en la producción historiográfica reciente, hasta el punto de que la gran mayoría de los libros de texto que hasta hace poco se utilizaban en la educación primaria, secundaria y universitaria, estaban influidos de una manera determinante por esta corriente de pensamiento.

Las líneas de investigación de estos historiadores han estado enfocadas en el estudio de hechos, procesos o personajes históricos relacionados con el periodo colonial, la rebelión de Enriquillo, la Independencia Nacional, las relaciones de la Iglesia Católica y el Estado, los gobiernos de Buenaventura Báez, Ulises Heureaux y Ulises Francisco Espaillat, la historia de las telecomunicaciones, del ron, del Ministerio de Relaciones Exteriores y de la Cámara de Diputados, entre otros.

Frank Moya Pons es uno de los historiadores de orientación positivista más destacados de la República Dominicana en la actualidad.

Entre los autores que han hecho causa común con el positivismo en el ámbito historiográfico, podemos destacar a Jacinto Gimbernard, Danilo de los Santos, Valentina Peguero, Frank Moya Pons, Fernando Pérez Memén, Mu-kien Adriana Sang Ben, José Che Checo y Adriano Miguel Tejada, entre otros.

2.- El irracionalismo historiográfico trujillista

Otra corriente que ha marcado a la historiografía dominicana contemporánea, lo es el irracionalismo historiográfico. Esta fue construida por las figuras más representativas de la intelectualidad trujillista para dar fundamento ideológico a la dictadura.

Esta corriente historiográfica contrapone el pasado desgraciado que vivió el pueblo dominicano durante más de cuatro siglos (plagado de tribulaciones, rivalidades, guerras civiles intestinas y otras situaciones), al supuesto presente luminoso, que significaba la plenitud de la realización nacional en la era del Padre de la Patria Nueva: Rafael Leónidas Trujillo.

De esta manera, el sátrapa pasaba a ser un instrumento de la voluntad divina, cuya misión era redimir al pueblo dominicano de todos sus avatares y problemas, a quien le estaban reservados designios trascendentales en la reafirmación del catolicismo y el combate al comunismo, que consideraba ateo y disociador del colectivo nacional. También a Trujillo le estaba reservada la consagración de los orígenes hispánicos del pueblo dominicano (supuestamente constituido por blancos y mestizos), como forma de enfrentar con éxito el peligro de la presencia haitiana, que representaba lo salvaje, lo negro, lo africano y constituía una amenaza constante para la permanencia de la nación dominicana.  Esto llevó a Trujillo a consumar la matanza de más de 18 mil haitianos inocentes e indefensos en  la frontera con Haití, con cuya acción pretendió borrar de un plumazo su descendencia haitiana directa.

Emilio Rodríguez Demorizi fue uno de los más prominentes representantes del irracionalismo historiográfico trujillista y luego pasó a la historiografía erudita.

Los intelectuales que le dieron fundamento filosófico al irracionalismo historiográfico trujillista fueron Manuel Arturo Peña Batlle, Joaquín Balaguer, Manuel Ubaldo Gómez, Emilio Rodríguez Demorizi, César Herrera, Marino Incháustegui, Ramón Marrero Aristy, Manuel A. Machado Báez, entre otros. Esta corriente sigue gravitando en la producción historiográfica de intelectuales de procedencia trujillista o neotrujillista, aunque su influencia en la actualidad es cada vez menor.

3.- La corriente historiográfica erudita

Es importante destacar que no todos los historiadores que vivieron en el marco temporal de la dictadura trujillista fueron apologistas o ideólogos del régimen. Entre estos cabe destacar los siguientes: Américo Lugo, los hermanos Leónidas y Alcides García Lluberes, Vetilio Alfau Durán, Rufino Martínez y el sacerdote español Manuel Arjona Cañete, mejor conocido como Fray Cipriano Utrera.

La mayor parte de estos estaba adscrita a la corriente historiográfica erudita o ilustrada, procediendo a especializarse en el estudio de la sociedad colonial, unos, y en el conocimiento de la República Dominicana del siglo XIX, otros. No obstante, es oportuno señalar que sus perspectivas de análisis en torno a los hechos históricos fueron totalmente contradictorias, puesto que algunos tenían una óptica conservadora, como Fray Cipriano Utrera, mientras que la mayoría tenía una visión progresista, como Américo Lugo, los hermanos García Lluberes, Vetilio Alfau Durán y Rufino Martínez, entre otros.

Una vez derribada la dictadura de Trujillo, algunos intelectuales de la talla de Emilio Rodríguez Demorizi se distanciaron del irracionalismo historiográfico trujillista, se adscribieron a la historiografía erudita e hicieron una gran labor de compilación y exégesis de documentos históricos de difícil acceso para una buena parte de la intelectualidad dominicana, a los cuales habían tenido acceso en virtud de su estrecha vinculación con los diferentes estamentos de poder.

El investigador social Bernardo Vega ha publicado más de 40 volúmenes de historia dominicana sobre las relaciones de Trujillo con Haití y los Estados Unidos.

En las últimas tres décadas, el economista Bernardo Vega ha retomado la corriente historiográfica ilustrada, quien además de su gran talento, por haber sido Gobernador del Banco Central y Embajador de la República Dominicana ante Washington, ha tenido la facilidad de acceder a los archivos secretos del Palacio Nacional de la República Dominicana y del Departamento de Estado de los Estados Unidos, para abordar todo lo relativo a la dictadura trujillista, su vínculo con los Estados Unidos y Haití, entre otras temáticas. Esto le ha permitido publicar, a través de la Fundación Cultural Dominicana, cerca de cuarenta volúmenes.

4.- La corriente historiográfica marxista

En el trayecto histórico comprendido entre las postrimerías de la dictadura de Trujillo y los años recientes, se ha venido configurando un novedoso universo investigativo en el que la teoría materialista de la historia tiene preeminencia respecto a las demás corrientes historiográficas que influyen en la historiografía dominicana contemporánea.

La producción historiográfica marxista se ha hecho predominante en la República Dominicana, tanto por la objetividad y novedad de sus enfoques como por la aprehensión veraz que hace de la totalidad social concreta en movimiento que es la realidad social dominicana.

Los aportes tangibles que ha hecho la historiografía marxista a la reconstrucción y reinterpretación del proceso histórico dominicano, a grandes rasgos, se pueden resumir del modo siguiente:

-Ha producido una gigantesca revolución en el enfoque de la problemática histórica nacional, al romper con la visión politicista-culturalista acuñada por la historiografía tradicional y al propiciar un análisis objetivo y totalizante del proceso histórico dominicano.

-Ha sido propulsora de profundos cuestionamientos desde los ámbitos de la sociedad civil y la sociedad política hacia los enfoques unilaterales, distorsionados y distorsionantes de la realidad histórica nacional, impuestos por la historiografía tradicional y las clases dominantes dominicanas durante siglos. Esto ha posibilitado la vertebración de espacios y propuestas político-culturales y sociales alternativos, así como el rescate de nuestra verdadera identidad histórico-cultural.

-Ha ganado cierto terreno en la producción de obras de historia dominicana, pero muy especialmente en los niveles secundario y universitario, así como en la elaboración de monografías sobre temáticas relacionadas con los nuevos sujetos sociales emergentes.

Las líneas de investigación priorizadas y desarrolladas por diferentes historiadores e investigadores sociales marxistas en las últimas décadas en la República Dominicana son las siguientes:

Juan Isidro Jimenes-Grullón acucioso investigador social marxista y un gran polemista de los temas históricos.

1.-Investigaciones globales sobre el proceso histórico dominicano desde la época colonial hasta la actualidad. Estas dan cuenta de una visión integral  en torno al desarrollo socioeconómico, jurídico-político, cultural e ideológico de la República Dominicana en diferentes épocas históricas, desplazando así las obras que distorsionaban las verdaderas coordenadas de nuestro desarrollo. Entre los textos escritos desde una perspectiva integral del materialismo histórico, resaltan: República Dominicana. Análisis de su Pasado y su Presente (1940), La República Dominicana: Una Ficción (1965), y Sociología Política Dominicana 1844-1966, tres tomos (1975-1980), de Juan Isidro Jimenes-Grullón; Las Ideas Políticas en Santo Domingo (1966), de Francisco Antonio Avelino; Introducción a la Historia Social de Santo Domingo (1968), de Hugo Tolentino Dipp, así como Fundamentos de Historia Social Dominicana (1970), de Francisco Alberto -Chito- Henríquez.

-Asimismo, Composición Social Dominicana (1970) y De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe, Frontera Imperial (1970), de Juan Bosch; Historia Social y Económica de la República Dominicana Tomos I y II (1976-1977), de Roberto Cassá; Enciclopedia Dominicana, 8 tomos (1976), Historias de las Ideas Políticas en la República Dominicana (1989), Historia del Pueblo Dominicano (1990), El Pensamiento Dominicano 1780-1940 (2001) e Historia Económica y Financiera de la República Dominicana 1844-1962 (2003), de Franklin Franco Pichardo; La Noción de Período en la Historia Dominicana (Tres tomos, 1981-1983), de Pedro Mir; Estado, Clases Sociales y Luchas Políticas en la República Dominicana (1844-1982) (1982), de Nelson Moreno Ceballos; Historia de República Dominicana (2001, con varias actualizaciones), escrita por Filiberto Cruz Sánchez; Historia Dominicana (2001), de Jaime de Jesús Domínguez; Historia General del Pueblo Dominicano (6 volúmenes) (2013-2019), edición de la Academia Dominicana de la Historia, con textos escritos por varios autores, bajo la coordinación general del historiador Roberto Cassá.

Juan Bosch ha sido uno de los escritores más prolífico que ha tenido la República Dominicana tanto en obras históricas como sociales y literarias.

2.-Estudio exhaustivo del período colonial de la República Dominicana, en el que han sido desmitificados aspectos tan importantes de nuestra historia como la denominada “leyenda blanca”, que presenta la esclavitud ejercida por los colonizadores españoles en Santo Domingo español como blanda, mientras que la esclavitud de Saint-Domingue es presentada como brutal. Igualmente, recupera el aporte de los negros africanos y los mulatos en la definición de nuestra cultura e identidad nacional-popular dominicana; el influjo positivo de la revolución haitiana en la parte oriental de la Isla de Santo Domingo, al abolir la esclavitud en dos ocasiones (1801 y 1822). De igual manera, los historiadores s analizan los factores que contribuyeron a que se originaran y entronizaran los prejuicios raciales en la isla de Santo Domingo en los primeros siglos de la empresa colonial española.

El Poeta Nacional Pedro Mir ha sabido articular con gran maestría el discurso historiográfico con la belleza del lenguaje literario.

Los textos más representativos en el enfoque de esos y otros aspectos son: Tres Leyendas de Colores (1968), El Gran Incendio (1969) y Las Dos Patrias de Santo Domingo (1974), de Pedro Mir; Los Negros, los Mulatos y la Nación Dominicana (1969), Santo Domingo: Cultura, Política e Ideología (1971), Haití: De Dessalines a Nuestros Días (1988) y Sobre el Racismo y Antihaitianismo (y otros ensayos) (1996), de Franklin Franco Pichardo; La Revolución Haitiana y Santo Domingo (1974), de Emilio Cordero Michel; Raza e Historia en Santo Domingo. Los orígenes del Prejuicio Racial en América (1974), de Hugo Tolentino Dipp; “El Racismo en la Ideología de la Clase Dominante Dominicana”, de Roberto Cassá, Ciencia, Vol. III, No.1, enero-marzo, 1976, pp. 59-85; Economía, Esclavitud y Población (Ensayo de Interpretación Histórica del Santo Domingo Español en el siglo XVIII) (1976), de Rubén Silié; La Ideología Hispánica (1977), de Ramonina Brea; La Presencia Negra en Santo Domingo (1997), Identidad Cultural y Religiosidad Popular (1999), de Carlos Andújar Persinal; Historia colonial dominicana: desde los aborígenes hasta la Restauración (2018), de Filiberto Cruz Sánchez, entre otros.

3.- Investigaciones pioneras sobre el proceso de desarrollo del capitalismo en la República Dominicana. Estas generaron debates trascendentes que han contribuido al esclarecimiento de los factores que permitieron que esa formación económico-social se hiciera predominante a partir del tercer lustro del siglo XIX en el país. En ese orden se analizan como factores determinantes la inversión de importantes capitales extranjeros (cubano, italiano y norteamericano) en la industria azucarera dominicana y el proceso de modernización vivido por el país en las comunicaciones vial, ferroviaria y telegráfica desde finales del siglo XIX, el surgimiento de la industria moderna, así como el desarrollo de un mercado interno y de una economía agroexportadora en diferentes rubros agrícolas, como el tabaco, el cacao y el café. 

El historiador Roberto Cassá fue pionero en el estudio del surgimiento de las relaciones capitalistas de producción en la República Dominicana.

Los textos más representativos sobre esa temática son: El Pentagonismo, Sustituto del Imperialismo (1968), Las Clases Sociales en la República Dominicana (1982) y La Pequeña Burguesía en la Historia Dominicana (1989), de Juan Bosch; Azúcar y Política en la República Dominicana (1973), de André Corten, Carlos María Vila, Mercedes Acosta e Isis Duarte; “Acerca del Surgimiento de Relaciones Capitalistas de Producción en República Dominicana” (1975), Capitalismo y Dictadura (1982), y Modo de Producción, Clases Sociales y Luchas Políticas (República Dominicana, Siglo XX) (1984), de Roberto Cassá; La Dominación Imperialista en la República Dominicana (1976) y Proletarización y Campesinado en el Capitalismo Agroexportador (1985), de Wilfredo Lozano; Relaciones de Producción Dominantes en la Sociedad Dominicana, 1875-1975 (1977), de Luis Gómez, quien al mismo tiempo fue fundador del Centro de Estudios de la Realidad Social Dominicana (CERESD) de la UASD y la revista teórica Realidad Contemporánea; Capitalismo y Superpoblación Relativa (1980), de Isis Duarte; El Proceso de Desarrollo del Capitalismo en la República Dominicana (Tomos I y 11) (1981), de Jacqueline Boin y José Serrulle Ramia; Ensayo sobre la Formación del Estado Capitalista en la República Dominicana y Haití (1983), de Ramonina Brea; Azúcar y Dependencia en la República Dominicana (1978) y la Formación del Sistema Agroexportador en el Caribe, República Dominicana y Cuba (1985) de Frank Báez Evertsz.

4.- Desmitificación del rol desempeñado por diversos personajes dominicanos en distintos momentos de nuestro discurrir histórico, con lo cual se ha intentado colocar a cada quien en su justo lugar. De igual manera, se ha procedido a elevar a otros personajes que habían sido dejados de lado u olvidados por la historiografía tradicional. Los historiadores que más han contribuido con esta temática son: Juan Isidro Jimenes Grullón con textos como Pedro Henríquez Ureña, Realidad y Mitos y otros ensayos (1968), El Mito de los Padres de la Patria (1971) y John Bartolow Martin: Un Procónsul del Imperio Yanqui (1977); Juan Daniel Balcácer con el texto Pedro Santana: Historia Política de un Déspota (1974) y varios textos sobre los Padres de la Patria: Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella; Alejandro Paulino Ramos con su obra Vida y obra de Ercilia Pepín (1987); Franklin Franco Pichardo con breves biografías sobre Francisco Alberto Caamaño y Rafael Tomás Fernández Domínguez.

Filiberto-Cruz-Sanchez-es-uno-de-los-historiadores-de-la-ultima-generacion-que-mas-textos-de-historia-dominicana-ha-publicado-en-los-ultimos-anos-706x728
Filiberto Cruz Sánchez es uno de los historiadores de la última generación que más textos de historia dominicana ha publicado en los últimos años.

Asimismo, Mella: biografía política (1996) de Filiberto Cruz Sánchez; Juan Pablo Duarte: 5 principios para un gran final (2004) de Narciso González; Roberto Cassá con una serie de biografías de divulgación sobre personajes como Juan Sánchez Ramírez, José Núñez de Cáceres, Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez, Ramón Matías Mella, Tomás Bobadilla, Pedro Santana, Antonio Duvergé, Buenaventura Báez, Gregario Luperón, Gaspar Polanco, Ulises Heureaux, Eugenio Dechamps, Minerva Mirabal, Manolo Tavárez Justo, Rafael Tomás Fernández Domínguez y Francisco Alberto Caamaño (1999-2010), Personajes Dominicanos (2014), Pensadores Criollos (2008), entre otros; Juan de la Cruz,  con los textos sobre el patricio Juan Pablo Duarte: La Utopía de Duarte (2012) y La Filosofía Política y Jurídica de Juan Pablo Duarte (2013) y José Vásquez Romero con la obra El modelo anticaudillista y desarrollista del presidente Ramón Cáceres (1906-1911), (2016), entre otros.

5.- Producción de textos sobre períodos específicos de la historia dominicana, sean de la época colonial, del siglo XIX, del siglo XX o del siglo XXI, como son: República Dominicana: Clases, Crisis y Comando (1966), de Franklin Franco Pichardo; Los Taínos de la Española (1974), Los Indios de las Antillas (1992), Los Doce Años: Contrarrevolución y Desarrollismo (1991) y Los Jóvenes Dominicanos. Situación y Tareas de Roberto Cassá; Reformismo Dependiente (1985) y Después de los Caudillos (2002), de Wilfredo Lozano; El Gran Incendio (1969), Las Raíces Dominicanas de la Doctrina de Monroe (1984) e Historia del Hambre. Sus Orígenes en la Historia Dominicana (1987), de Pedro Mir.

Franklin Franco Pichardo fue un historiador pionero en el estudio de la identidad dominicana desde una perspectiva multiétnica.

Igualmente, los textos Crisis de la Democracia de América Latina en la República Dominicana (1964), El Próximo Paso: Dictadura con Respaldo Popular (1970) y Las Dictaduras Dominicanas (1988), de Juan Bosch; Cambio Social en Santo Domingo (1968) y El Estado Débil. Haití y la República Dominicana (1989), de André Corten; Historia gráfica de la Guerra de Abril (1975) de Fidelio Despradel; Los "gavilleros" del este, una epopeya calumniada de Félix Servio Ducoudray (1976); Problemas de la Estructura Agraria Dominicana (1982) y Problemas Sociológicos de Fin de Siglo (1999), de Carlos Dore Cabral; Estado y Crisis Política (República Dominicana 1980) (1981), de Pedro Catrain y José Oviedo; Democracia y Proyecto Socialdemócrata en República Dominicana (1986), de José Oviedo y Rosario Espinal; Poder y Política en la Era de Trujillo (Filosofía y Política 1930-1961) (1995), de Miguel Pimentel.

La investigadora social Isis Duarte fue pionera en el estudio de los procesos de urbanización de la ciudad de Santo Domingo.

También destacan las obras Estado de Situación de la Democracia Dominicana (1978-1992) (1995), ¿Hacia Dónde va la Democracia? (2002), de Ramonina Brea e Isis Duarte; La guerra de los seis años: la guerra contra los planes anexionistas de Buenaventura Báez, 1868-1874 (2005), Historia moderna y contemporánea de República Dominicana: (desde los inicios del siglo XIX hasta el presente) (2009), Historia moderna dominicana: siglos XIX y XX (2016) e Historia contemporánea dominicana, desde la muerte de Trujillo hasta el presente (2016), de Filiberto Cruz Sánchez; La intervención de 1916: vencidos y vencedores. Un análisis sobre el gobierno militar estadounidense en Santo Domingo (2003) de José Vásquez Romero; La guerra de los 6 años (2008) de Rafael Chaljub Mejía; Independencia Nacional, Campaña y Participación Popular (2015) y Guerra de la Restauración: Triunfo del Pueblo Dominicano en Armas (2018) de Juan de la Cruz; Crisis de la dominación oligárquico-burguesa, 1961-1966 de Álvaro Caamaño y Ramón E. Paniagua Herrera (2017); La geografía y su impacto sobre la guerra restauradora en el frente este de Miguel Ángel Díaz Herrera y Álvaro Caamaño Santana (2019), entre otros.

El sociólogo César Pérez fue pionero, junto a Leopoldo Artiles, en el estudio de los movimientos sociales en la República Dominicana.

6.- Reflexiones sobre las ideas socialistas, el movimiento revolucionario dominicano, el movimiento obrero, los movimientos mesiánicos y los movimientos sociales que surgieron en la República Dominicana durante el siglo XX. Los textos más destacados son: La América Latina y la Revolución Socialista (1970), El Camilismo y la Revolución Dominicana (s.f.), Nuestra Falsa Izquierda (1977) y Debate sobre la Izquierda (1980), de Juan Isidro Jimenes Grullón; Introducción al pensamiento político de Adalberto Chapuseaux (Las ideas pre-socialistas en la República Dominicana, 1920-1930) (1987) de Alexis Viloria y Ángel Moreta; Movimiento Obrero y Lucha Socialista en la República Dominicana (Desde los Orígenes hasta 1960) (1990), Los Orígenes del Movimiento 14 de Junio (1999) y “Significación Histórica de la Guerra de Abril” (2000), de Roberto Cassá; “La Clase Obrera Dominicana y su Movimiento en los Orígenes”, de Roberto Cassá y Ciprián Soler, Isla Abierta, 29 de junio, 6 y 13 de julio, 1985; Las Ideas Marxistas en la República Dominicana (1985), de Alejandro Paulino; Palma Sola, Opresión y Esperanza (Su Geografía Mítica y Social) (1991), de Lusitania Martínez; La Izquierda y el Futuro del País (1978) y Orígenes del Socialismo Latinoamericano y Dominicano (2009) de Franklin Franco Pichardo; Los Movimientos Sociales. Identidad y Dilemas (1986), de César Pérez y Leopoldo Artiles; Masas y Revuelta (1985) y El territorio de las masas: espacios y movimientos sociales en República Dominicana, abril 1984-abril 1986 (1987) de Vanna Ianni, entre otros.

La filósofa y socióloga de origen italiano Vanna Ianni realizó importantes investigaciones sobre las protestas populares de abril de 1984 y abril de 1986 en la República Dominicana.

7.- Reflexiones sobre el rol de las mujeres en la historia dominicana, donde se destacan investigaciones de Carmen Durán Jourdain, tales como: Historia e ideología: mujeres  dominicanas 1880-1950, publicada en el 2010 y El Ministerio de la Mujer como parte del proceso de institucionalización del Estado (2018); así como de Reina Rosario Fernández: Aportes de Abigaíl Mejía a la historiografía dominicana: una feminista volando alto con las alas de Clío (2019), Desde Bonao: las luchas exitosas de Aniana Vargas 1994-2002, Dos Tomos, (autora del estudio y de la compilación), (2018), “Participación de la mujer en la Revolución de Abril de 1965”, publicado en el libro: Las Revoluciones del siglo XX en la historia de América Latina y el Caribe (compiladores) Ángela Altagracia Fernández y Jorge Enrique Elías-Caro (2014) y “Rompiendo el silencio: vigencia histórica de la lucha de las Mirabal”, en el libro: Mujeres en el Mundo: Historia, revoluciones, dictaduras, trabajo, religión y poesía, (compiladoras): Yamilet Delgado Smith y María Cristina González (2007).

La historiadora Reina Rosario Fernández se ha destacado por visibilizar el rol de las mujeres en la historia dominicana.

Conclusión 

Estas ideas constituyen tan sólo una caracterización preliminar de las principales tendencias de desarrollo de las corrientes historiográficas contemporáneas que inciden o han incidido en la República Dominicana entre los siglos XIX, XX y XXI. Asimismo, se resumen las líneas básicas de investigación asumidas por diferentes cientistas sociales e historiadores marxistas que aportaron a la reconstrucción, reinterpretación y desmitificación del proceso histórico dominicano, algunos de los cuales han adoptado otras perspectivas de investigación social e histórica en la actualidad.

Bibliografía

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Paulino Ramos, Alejandro. Las ideas marxistas en la República Dominicana. Santo Domingo: Editora de la UASD, 1985.

[1] Rodríguez Demorizi, Emilio. Hostos en Santo Domingo, Volumen I. Santo Domingo: Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 2004, p. 71.

[2] Hostos, Eugenio María de. Tratado de Sociología. Madrid: Imprenta de Bailly-Bailliere e Hijos, 1904, pp. 25-27.

[3] Rodríguez Demorizi, Emilio. Hostos en Santo Domingo, Volumen I. Santo Domingo: Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 2004, p. 69.

[4] Ibidem.

[5] Henríquez Ureña, Pedro. Utopía de América. Prólogo de Rafael Gutiérrez Girardot. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho, 1978, p. 268.

Juan De la Cruz

Historiador y profesor universitario

Juan de la Cruz. Doctor en Historia Contemporánea y Máster Universitario en Filosofía en el Mundo Global, Universidad del País Vasco, España. Doctorado en Ciencias de la Educación, Universidad de Ciencias Pedagógicas “Enrique José Varona” de Cuba y Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Maestría en Educación Superior, Universidad Iberoamericana (UNIBE). Licenciado en Historia, Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Docente de la Escuela de Historia y Antropología de la UASD. Comunicador Social. Premio Anual de Historia 2017 “José Gabriel García”, Ministerio de Cultura de la República Dominicana. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Autor de más de una docena obras de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía. delacruzjuan508@gmail.com

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