Acostumbrarse a ver, cuando no mirar, es olvidar y recordar a cada instante; morirse en un instante y renacer en el otro.
Comer y devorarse en el centro de la mesa, en donde almuerzan los moribundos.
Tener en el corazón una campana, tocando a muerto al mediodía, servirse una galaxia en el plato y una explosión de silencio y beberse un vacío del tamaño del infinito.
Es matar al héroe, para que nazca el Dios. Acostumbrarse a ver, cuando no mirar, es quedarse ciego.
“La poesía como misterio clarísimo, o si usted quiere como claridad mistérica”, escribe Lezama Lima, en su texto La imagen encarnada.
“La belleza es un misterio, es lo más misterioso de aquí abajo, pero es un hecho”, afirma Simone Weil en su libro sobre lo bello, textos recopilados por Albert Camus y traducidos por Pau Matheus Ribera.
“Lo más negativo que podría decirse de un poeta es que no tenga misterio”, nos comenta Lezama, en conversaciones con Cintio Vitier.
Es decir que al decir diga lo indecible… “La poesía es un caracol no diurno en un rectángulo de agua”…Síntesis mistérica, aprehensión de lo mítico y lo mistérico, fusión de los grandes maestros del misterio: Góngora, San Juan de la Cruz, Juan Ramón Jiménez y María Zambrano… “El espíritu contra el ingenio”, comentaría mordaz Juan Ramón, al referirse a las vanguardias en boga.
Poética de lo indecible, sin orden ni conexión, orden en perpetuo desorden, hacerse y deshacerse. Laberinto de símbolos e imagen, enlazando piezas inconexas. La poética explícita sin postulados ni teorías formuladas como tales, orden implícito, sumergido, claro y profundo, con la claridad profunda de los charcos de agua en el misterio de los ríos del Cibao.
Poética de lo imaginario, de lo indecidible, intuido por Gastón Bachelard y sistematizado por Gilbert Durand. Universales, míticos, arquetipos vivos, constelación de símbolos, palpitar de lo imaginario: saber qué dijo y qué quiso decir, para poder averiguar por qué dijo y para qué…“… No se puede conocer con intentos de penetrar con un farol en las profundidades, es más fácil dejarse invadir por ella, aclarar sombras, vano intento, es mejor quedarse ciego en ellas.”
“Pensar es nadar”, le gustaba repetir a María Zambrano en sus clases, frase a su vez tomada de las clases que recibía de su maestro Ortega y Gasset, en la España republicana.
El método del naufragio. La infinita posibilidad evita una antítesis entre lo predicho y su cumplimiento.
Poética de lo indecible. Entendiendo por poética, no la organización sistemática y analítica de los recursos expresivos de un determinado autor, sino la idea que de la poesía él se hace y declara o se traduce en su obra.
Pero la concepción que un poeta tiene de su poesía resulta inseparable de la mirada que tiene sobre la realidad, sobre su idea del mundo.
“De la contradicción de las contradicciones, la contradicción de la poesía, obtener con un poco de humo la respuesta resistente de la piedra” …Lezama Lima.
Sistema poético. Quiebra de la causalidad, razonamiento con alas, lenguaje senti-pensante, razón poética, lógica poética, poética de lo indecible.
El sistema poético no pretende tener ni aplicación, ni inmediatez. No aclara, ni oscurece. Es respirar, afirma Lezama.
“Las criaturas hablan con sonidos; la palabra de Dios es silencio”, escribe Simone Weil en su libro sobre lo bello.
Los pitagóricos captaban esa armonía en el silencio sin fondo que envuelve eternamente a las estrellas. La poesía es aquí abajo el silencio de Dios.
Nuestros pensamientos hacen ruido constantemente, pero hay en la conciencia un punto que es silencio, y en ese punto nacen y mueren las palabras, la música, y el misterio, lo indecible, el verbo se hace carne de tal manera que así es y acontece y se creará la poesía.
Compartir esta nota