Hay proyectos que nacen de la urgencia.

Y hay otros —más profundos— que nacen como una persistencia.

Una imagen.

Una intuición.

Una necesidad que tarda en revelarse, pero que, cuando lo hace, ya no admite aplazamientos.

La Gruta pertenece a esa segunda categoría.

Del anhelo al territorio

—¿En qué momento dejó de ser un sueño?

No hubo ruptura.

Hubo proceso.

Desde la fundación de Anacaona Teatro en 2007, ya existía la conciencia de que el teatro, para sostenerse, necesita un lugar. No solo un escenario: un territorio.

“Desde la fundación de Anacaona Teatro en 2007, impulsada por sus creadores, Lucina Jiménez y Husmell Díaz, ya existía la conciencia de que, en algún momento, ese sueño debía materializarse.

Lucina Jiménez, formada en la Escuela Nacional de Arte Dramático, decidió junto a Husmell Díaz, cubano y formado como actor en el Instituto Superior de Arte de la Habana, no solo consolidar su vínculo personal, sino también construir un camino artístico común. Fue en Cuba donde ambos se encontraron creativamente y dieron vida a Anacaona Teatro, que luego echaría raíces en la República Dominicana”.

“Al inicio era un anhelo”, dice Lucina.

“Pero la práctica misma nos fue mostrando algo esencial: sin espacio, el proceso se vuelve frágil”.

La Gruta no es entonces una conquista simbólica.

Es una respuesta.

Un lugar donde el tiempo creativo puede existir sin interrupciones.

Donde el error tiene cabida.

Donde el teatro deja de ser evento y se convierte en permanencia.

La Gruta: el teatro como territorio esencial (I)

Crear desde la carencia

—¿Qué los empujó a construirlo?

La respuesta no esquiva el contexto.

Hay una fragilidad estructural en el teatro dominicano.

Faltan políticas sostenidas.

Falta una ley que proteja el oficio.

Falta una visión que entienda el teatro como ecosistema.

“la falta de una visión articulada sobre la importancia de construir un movimiento teatral orgánico, vivo y en permanente renovación. Sin esa mirada, se debilita la posibilidad de formar nuevas generaciones que asuman el teatro como un camino viable, como un relevo necesario para la permanencia del arte escénico”.

Y en ese ecosistema hay muchos invisibles.

“No es solo el actor”, subraya.

“Hay toda una red que sostiene el hecho teatral”.

La Gruta emerge entonces como un gesto.

Un acto de resistencia.

Un espacio donde el teatro no solo se produce, sino que se cuida, se investiga, se proyecta.

La Gruta: el teatro como territorio esencial (I)

Una poética del sentido

—¿Cuál es la esencia de Anacaona Teatro?

No se trata de representar.

Se trata de interrogar.

“El amor. Puede parecer una palabra amplia, pero en nuestro trabajo es central. Muchas de nuestras obras están atravesadas por el amor en sus distintas manifestaciones, porque entendemos que es lo que da sentido a lo que hacemos. Es lo que genera pertenencia, arraigo y también compromiso.”

Anacaona Teatro trabaja desde la investigación y la creación colectiva, apostando por un actor que piensa, que decide, que construye sentido.

Hay en su lenguaje una tensión constante: entre lo poético y lo político, entre lo íntimo y lo social.

Y una elección clara: quedarse con lo esencial.

El cuerpo.

La palabra.

El símbolo.

Nada sobra.

Todo significa.

La conciencia como forma de mirar

—¿Qué implica hoy hacer teatro con conciencia social?

Lucinda introduce una idea central: no endurecer la mirada.

“No podemos permitirnos la anestesia”.

Sostener: la verdadera obra

—¿Qué ha sido más difícil?

Sostener.

Crear fue impulso.

Sostener es disciplina.

“Sostener un espacio como este no es solo mantenerlo abierto; es mantenerlo vivo. Es cuidar su esencia, su calidad artística, su coherencia, sin ceder a dinámicas que puedan desvirtuar el propósito original”.

La Gruta: el teatro como territorio esencial (I)

El costo invisible

—¿Qué han tenido que sacrificar?

El tiempo.

La vida cotidiana se reorganiza.

Las celebraciones cambian de forma.

Pero no hay victimización.

Hay elección.

“Hemos decidido vivir así”.

Y en esa decisión hay una certeza:

lo que se construye supera lo individual.

“En lo personal, una de las principales renuncias ha sido el tiempo. Tiempo de calidad para la vida fuera del teatro, para lo cotidiano, para lo familiar, incluso para el descanso. Este tipo de proyecto es profundamente absorbente: no se queda en el espacio físico, sino que atraviesa toda tu vida.

Por ejemplo, algo tan simple como celebrar un cumpleaños se transforma. En mi caso, casi siempre coincide con el Festival de Teatro Paralelo…”

Entre el apoyo y la necesidad

—¿Cómo ven el respaldo institucional?

“Desde el Ministerio de Cultura de la República Dominicana hemos recibido apoyos puntuales que valoramos, especialmente a través de convocatorias, colaboraciones específicas y ciertos espacios de visibilización para el trabajo que realizamos”.

Pero es insuficiente.

Falta continuidad.

Falta estructura.

Falta pensar el teatro como proceso y no como evento.

Más que una queja, hay una invitación: construir juntos.

“Que el espacio pueda ser reconocido, con el tiempo, como una referencia de resistencia, de amor por el oficio, de creación honesta y de resultados con impacto social y transformador”.

[Esta conversación continúa. En la segunda parte, Lucina Jiménez nos lleva hacia el origen íntimo de su vínculo con el teatro, las obras que han marcado su trayectoria y el sentido profundo de sostener la escena como forma de vida, en el contexto del próximo montaje de Anacaona Teatro.]

Danilo Ginebra

Publicista y director de teatro

Danilo Ginebra. Director de teatro, publicista y gestor cultural, reconocido por su innovación y compromiso con los valores patrióticos y sociales. Su dedicación al arte, la publicidad y la política refleja su incansable esfuerzo por el bienestar colectivo. Se distingue por su trato afable y su solidaridad.

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