“Viejo signo de patria,/cuando pasaste sembrador de crimen el árbol cayó muerto;/la parcela gritó reseca y simple…” (Octavio Guzmán Carretero) 

Octavio Guzmán Carretero (Moca, 1915–1948), poeta mocano de singular estatura, ocupa un lugar significativo —aunque todavía insuficientemente reconocido— dentro del panorama de la poesía dominicana. Su obra se levanta como un territorio donde confluyen la sensibilidad lírica y la conciencia histórica, articulando un discurso que no solo canta, sino que también interpreta, problematiza y reconfigura el devenir nacional. En él se advierte una vocación profunda por entender el país desde sus raíces más complejas, desde sus heridas históricas y sus tensiones sociales, pero también desde la dignidad de su gente. Así, su poesía no es un simple ejercicio de contemplación estética, sino una forma de pensamiento, una manera de mirar críticamente la historia y de situar la palabra como instrumento de revelación.  

Octavio Guzmán Carretero.

En este sentido, Guzmán Carretero trasciende el marco de lo local para insertarse en una tradición mayor de poetas que han sabido convertir la experiencia histórica en materia poética viva, donde el lenguaje no solo nombra, sino que reconstruye sentidos y propone nuevas formas de comprensión del pasado y del presente. En un contexto donde muchas voces han quedado relegadas por los vaivenes del canon y por las dinámicas de visibilidad cultural, la figura de Guzmán Carretero emerge como una presencia necesaria para comprender la compleja relación entre literatura, historia y memoria en la República Dominicana. Su escritura no se limita a la contemplación estética ni al ejercicio ornamental del lenguaje: es, ante todo, una forma de intervención simbólica en la memoria colectiva, una manera de nombrar lo que la historia oficial a menudo silencia, distorsiona o simplifica, y de devolverle a la palabra su capacidad de revelar lo oculto. 

En esa dirección, su poesía actúa como un archivo sensible de la nación, donde los acontecimientos no se registran como datos muertos, sino como experiencias humanas cargadas de dolor, resistencia y significado. Leerlo implica, entonces, acceder a una dimensión de la historia que no siempre se encuentra en los documentos oficiales, sino en la memoria viva que la poesía conserva, transforma y transmite. 

Su única obra poética editada: "Solazo", constituye una pieza fundamental dentro de la tradición poética dominicana que dialoga con los procesos históricos del país desde una perspectiva profundamente humana y simbólica. En este poemario, Guzmán Carretero reconstruye con una intensidad expresiva notable las revueltas guerrilleras de corte caudillista que sacudieron la Región Norte tras el ajusticiamiento de Ulises Heureaux, ocurrido en Moca el 26 de julio de 1899. A partir de ese acontecimiento, el país se sumergió en una espiral de conflictos internos que reflejaban tanto la fragilidad institucional como la persistencia de liderazgos personalistas, en un escenario donde la violencia política se convirtió en una forma reiterada de organización del poder.  

Octavio Guzmán Carretero: Entre la épica regional y la memoria histórica nacional 

Guzmán Carretero no observa estos hechos desde la distancia, sino que los incorpora a la textura misma de su lenguaje, convirtiéndolos en imágenes densas, en ritmos tensos, en símbolos que condensan la experiencia de una nación en crisis. El poeta, lejos de asumir una postura meramente descriptiva o cronística, se adentra en la entraña emocional de esos hechos, convirtiendo la historia en materia viva del lenguaje, en sustancia poética que respira, duele y se transforma.  

Así lo evidencia cuando sitúa al sujeto colectivo en el centro de la experiencia histórica: 

“He ido a tierra abrupta./En el pudor altivo de la tierra morena/he visto a los labriegos/con el tumulto fuerte de sus brazos/clamorear ferviente/la justicia del músculo/y la gracia potente/del sudor y del sol…” (Por tierra abrupta) 

Aquí la historia deja de ser relato externo para convertirse en vivencia encarnada: el pueblo trabajador aparece como sujeto activo, como fuerza vital que articula la nación desde la tierra y el esfuerzo. En este tenor, "Solazo" puede leerse como una crónica poética de alta densidad simbólica, donde los acontecimientos históricos se transfiguran en imágenes, ritmos y símbolos que desbordan el dato factual y lo convierten en experiencia estética. Guzmán Carretero logra que la violencia, la incertidumbre y la esperanza de ese período se encarnen en una voz lírica que no renuncia a la belleza, pero tampoco evade la crudeza de la realidad.  

Esa crudeza emerge con especial intensidad en los pasajes donde la guerra se vuelve cuerpo y materia: 

“…sitiaron el honrado silencio del bohío/y lograron tus músculos:/frescos juguetes a la fiesta roja/de los viejos cantones/ sazonados con machos regocijados de tiros/y demandas…” (El recluta) 

Su poesía se sitúa en un punto de tensión fecunda entre lo épico y lo íntimo, entre la colectividad y la subjetividad, entre el acontecimiento histórico y la vivencia individual, construyendo un discurso que interpela tanto al lector contemporáneo como al estudioso de la literatura. En esa tensión radica una de las claves de su permanencia: en su capacidad de convertir lo circunstancial en universal, lo local en expresión de una experiencia humana más amplia, lo histórico en una interrogación permanente sobre el destino del hombre. Así, cada verso suyo no solo remite a un hecho concreto, sino que abre una reflexión sobre la condición humana, sobre la fragilidad de la vida frente a la violencia y sobre la persistencia de la esperanza incluso en los contextos más adversos. 

La calidad formal de su escritura constituye otro de los aspectos que merece ser destacado con mayor énfasis. Sus versos, de cadencia firme y envolvente, revelan un dominio notable del ritmo y de la musicalidad, elementos que se entrelazan con una imaginería rica en matices sensoriales y simbólicos. En ellos se percibe, en ocasiones, una resonancia que evoca el universo poético de Federico García Lorca, particularmente en la manera de fundir lo popular con lo simbólico, lo telúrico con lo trágico, lo cotidiano con lo mítico.  

Sin embargo, esta afinidad no implica imitación ni dependencia estética, sino más bien una convergencia de sensibilidades que encuentran en la tradición oral, en la memoria colectiva y en la experiencia histórica una fuente inagotable de creación. Guzmán Carretero construye, desde su propia circunstancia, una voz auténtica que se nutre de lo dominicano sin encerrarse en lo localista, proyectando su poesía hacia una dimensión más amplia, donde lo nacional dialoga con lo universal. 

Octavio Guzmán Carretero: Entre la épica regional y la memoria histórica nacional 

En ese sentido, el autor de estas impresiones o notas, en un libro de ensayos que le editó el Ministerio de Cultura en 2009: "Lenguaje, utopía y creación", le dedica el capítulo segundo de dicho libro al autor en cuestión y, en la pág. 78, se puede leer lo siguiente: “Si algo sorprende a todos los críticos que han estudiado su poesía y su prosa, ha sido la maestría o la madurez que exhibe en sus textos poéticos y en su prosa al usar nuestro idioma”. 

Luego, más adelante, en la pág. 94, el autor de este artículo continúa expresando: “Sin duda, Carretero fue un orfebre de la imagen feliz. Tener una conciencia poética como la que tuvo, lograr un manejo de la lengua como el que se advierte al leer sus poemas y, por último, conectar su poesía con los movimientos de vanguardia del momento sin que su sello de originalidad transigiera, es, indudablemente, una osadía si se toma en cuenta, además, que fue a los 24 años cuando escribió "Solazo", y más si no olvidamos la época en que lo hizo”. 

Los siguientes versos de Carretero, pertenecientes al poemario mencionado, no nos dejan mentir:  

"Amigo, roble adulto,/¿dime por qué tú me enseñaste/tan íntimo/tan sereno/esta mañana dorada?/Dime aunque sea con un roce/de conciencia y de carne,/oh, buen sabio del viento/y hermano plácido/de los secretos tiernos del romero y el agua./¿Dime por qué tú dices/más que el hombre,/casi igual que el alba?…" (Secreto limpio) 

Diversas valoraciones críticas permiten reconocer la importancia de su obra dentro de las letras dominicanas, aun cuando su nombre no siempre figure con la centralidad que merece en los relatos historiográficos de la literatura nacional. Bruno Rosario Candelier lo sitúa con claridad en la tradición literaria al afirmar que Octavio Guzmán Carretero logró un alto puesto en las letras dominicanas con el poemario "Solazo", caracterizándolo además como un “lírico socio-realista”, categoría que permite comprender la articulación entre poesía y realidad social que define su obra. A este reconocimiento se suma el juicio de Iván Alfonseca, quien lo calificó como un poeta de alto valor dentro de la poesía contemporánea dominicana, destacando su relevancia en el desarrollo de la moderna poesía americana. Asimismo, Aída Cartagena Portalatín resalta su capacidad de observación de la realidad social y su preocupación por el destino del hombre, elementos que atraviesan toda su producción poética. 

En esa misma línea interpretativa, el crítico Efraím Castillo advierte que en "Solazo" el poeta llama reiteradamente al fusil Remington “viejo signo de patria”, operación simbólica mediante la cual un objeto concreto de la violencia histórica adquiere densidad poética y valor representativo dentro del imaginario nacional. Esta carga simbólica se intensifica en versos donde la patria misma se construye desde el dolor y el sacrificio: 

“con el dolor secreto/de la última lágrima/y del último gesto/que modeló la Patria/en el harapo de la carne joven con golpes de balazos y metrallas”. (El Remington) 

El contexto histórico que nutre "Solazo" no se limita a los años inmediatamente posteriores a la muerte de Lilís, sino que se extiende hasta la intervención militar estadounidense de 1916, configurando un arco narrativo donde la violencia política se convierte en una constante estructural. Esa persistencia del conflicto encuentra una expresión casi visceral en el lenguaje del poeta, donde el dolor adquiere dimensiones físicas, mentales y telúricas: 

“Dolor, dolor,/dolor de carne de pensamiento/y de tierra…” (El Remington) 

En paralelo a esta propuesta lírica, la narrativa dominicana también abordó este período desde otras perspectivas. "La Mañosa", de Juan Bosch, constituye un referente imprescindible en la recreación de las luchas caudillistas desde el ámbito de la prosa narrativa. Ambas obras dialogan en su intento de comprender la violencia estructural de la nación, revelando que tanto la poesía como la narrativa pueden ofrecer lecturas complementarias de un mismo proceso histórico. 

La obra de Octavio Guzmán Carretero representa, así, una de las manifestaciones más significativas de la articulación entre poesía e historia en la literatura dominicana. Su poesía no solo narra hechos: los interroga, los resignifica y los convierte en materia de reflexión. En ella, la memoria no es un simple depósito del pasado, sino una fuerza activa que incide en la comprensión del presente, que cuestiona las versiones oficiales y que propone nuevas formas de interpretar la identidad nacional. 

El relativo desconocimiento de su obra pone en evidencia las limitaciones de un canon literario que, en ocasiones, ha privilegiado ciertas voces en detrimento de otras igualmente valiosas. Recuperar a Guzmán Carretero no implica únicamente un acto de justicia literaria, sino también una oportunidad para replantear los criterios de valoración del canon y para abrir el campo crítico a nuevas lecturas, más inclusivas y más conscientes de la diversidad de voces que conforman la tradición literaria dominicana. 

Leer hoy a Guzmán Carretero es un acto de conciencia cultural y de responsabilidad crítica. Es reconocer en su palabra una forma de resistencia frente al olvido, una manera de mantener viva la memoria de un país atravesado por conflictos, pero también por la dignidad de su gente. En sus versos habita un país que lucha, que sueña, que se fragmenta y se reconstruye, pero también un sujeto que recuerda, que contempla y que se reconoce en la nostalgia de su propio tiempo: 

“Oh, viejo triste!/cómo destilan tus palabras huecas/la fantasía de una historia antigua… […]/la nostalgia de tantos panoramas”. (Ocaso) 

Y es precisamente en esa dimensión donde su poesía adquiere su mayor vigencia: en la capacidad de convertir la memoria en experiencia viva, en interrogación constante del presente. Su obra nos enseña que la historia no es un relato cerrado, sino un campo en permanente construcción, donde la poesía tiene un papel fundamental como forma de conocimiento, de sensibilidad y de crítica. 

En definitiva, en "Solazo" de Guzmán Carretero no solo se preserva una memoria: se activa una forma de pensar el presente desde la profundidad del pasado. Su poesía nos recuerda que toda nación necesita, para comprenderse a sí misma, no solo de su historia, sino también de la poesía que la nombra, la interroga y la transforma. En este sentido, Octavio Guzmán Carretero no es solo un poeta del pasado, sino una voz vigente, necesaria, que continúa dialogando con nuestro tiempo y desafiándonos a mirar la realidad con una sensibilidad más profunda, más humana y más consciente de su propia historia

Pedro Ovalles

Escritor y gestor cultural

Pedro Ovalles (Moca, 1957). Escritor, educador y gestor cultural. Cuenta con más de cuarenta años de trayectoria en la docencia y la literatura. Licenciado en Educación, Mención Letras, por la UFHEC —donde fue Decano de la Facultad de Letras— y con Maestría y Posgrado en Gestión de Centros Educativos por la PUCMM, ha publicado trece poemarios y varios ensayos, y sus textos figuran en numerosas antologías nacionales y extranjeras. Ha recibido reconocimientos de instituciones como la Academia Dominicana de la Lengua, el Ayuntamiento de Moca, el Ministerio de Cultura, entre otras. Es coordinador del taller literario Triple Llama de Moca.

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