El reino del silencio”, del libro de cuentos Un hombre discreto y otras historias (2021), de Gustavo Olivo Peña, es de esos textos, películas, obras teatrales, pinturas(en este caso cuento), que se proyectan en el tiempo creando una realidad inimaginable, y, desconcertante, por ajena a las vibraciones cotidianas, actuales.

Aquí están los aportes de un cuento breve que se sostiene por la fuerza del pensamiento, la claridad del mensaje y la concisión en el lenguaje; un escrito sin mucha prosa ni atuendos literarios:

Necesitamos un ambiente propicio para encontramos a nosotros mismos y este se apoya en el silencio y en el abandono de los bienes, los artefactos, incluyendo el poder, que interfieren en esa búsqueda. Pero, atención, ese camino puede llevarnos a un callejón sin salida. Entonces, ¿qué hacer?

El primer párrafo nos da el asunto, el problema y el ambiente. Un contador:

“Despertó sin la alarma de reloj. Al caminar hacia la ducha notó un silencio de Viernes Santo. Se sintió gratificado. Odiaba los ruidos de la ciudad. Nada de bocinazos, chirridos de frenos, acelerones: solo el trinar de aves” (Un hombre discreto y otras historias,p.159).

Eso está muy bien, el silencio, ¿A quién no le gustaría eso? Pero…

El hombre se siente feliz en la ciudad vacía para él solo, ah, y otro viandante. Un anciano que encuentra en un parque dando de comer a las palomas.

Ese es un ambiente bucólico, edénico, apetecible en lo más profundo de cada uno para el descanso físico y espiritual.

“Solo ellos dos en el parque. Ni fruteros, ni limpiabotas, ni personas en caminatas ejercitándose”(p.160).

Pero, ni tanto ni tampoco, sobre todo en Santo Domingo, donde tanta soledad es sospechosa.

La introspección del contador puesta en cursiva en el cuento, expresa su gran inquietud:

“Parece que mis conciudadanos tomaron el día libre”(p.160).

Y la opinión que externa al anciano, que como un fantasma continuaba alimentando a las palomas, luego de regresar de la empresa cuyas puertas encuentra cerradas, es señal de sobre aviso del contador:

“ ― No me gusta exagerar, pero, a juzgar por lo que veo, juraría que usted y yo somos los únicos en esta ciudad”(p.160).

La respuesta distópica del anciano aumenta la sensación de angustia del contador:

“―¿Y qué tiene de raro, señor? Estamos en el reino del silencio, expresó el anciano, apenas audible."

Parecería que el contador ve normal ese estado de silencio absoluto con esta constatación:

“― Tiene usted razón: cese de la televisión, la radio, la internet, los teléfonos. Tampoco veo los diarios y las revistas”(p.161).

Luego, la gran noticia que le da el anciano al contador lo deja aún más desconcertado:

“― No se burle. No me diga que olvidó nuestra historia. Precisamente hoy se cumplen doscientos años de la feliz decisión de la autoridad: establecer el territorio libre de toda contaminación. Se cerraron las industrias, se destruyeron los vehículos, se eliminó el sacrificio y consumo de animales. Sobre todo, se puso fin al veneno que esparcían los medios de divulgación”(p.161).

El cuento intensifica y precipita la atmósfera-puesto que de eso se trata- de angustia, desconcierto y expectante y aciago desenlace en una sociedad despoblada, totalmente silenciosa, desprovista de medios de vida y diversión:

“―Y a dónde fue la población?
“― Huyó, el humano teme al silencio que le obliga a encontrarse con las verdades de su ser, de lo profundo de sí mismo. El propio líder se marchó…”
“― ¿Y quién gobierna?
“― Nadie, ni falta hace. No hay más orden que la libertad…(p.161).

Sin embargo, el “humano teme al silencio” y a la carencia de todo lo que posee. Es algo a lo que difícilmente renuncie, aunque se aleje de sí mismo.

Es la situación del contador, cuya angustia y desconcierto expresa con esta reflexión en el último pasaje del cuento:

¿Es un sueño? ¿Acaso me resisto a despertar para regresar a la realidad o es mi vida una pesadilla de la que pude escapar?”(p.162).

Ese tipo de literatura futurista que nos traslada de una realidad a otra es de larga data, pero al rencontrarnos con ella siempre crea el efecto de una novedad expectante, apremiante. Así fueron siempre los inventos utopistas.

En estos, el efecto es esperanzador y deseable. Se abre un nuevo mundo lleno de colores y e imágenes que, aunque extrañas, nos son simpáticas e incitadoras hacia un porvenir luminoso asociado a tiempos y lugares ideales como en las narraciones sustentadas en arquetipos como Eldorado, la Edad de Oro, el Paraíso.

En cambio, otras producciones se enroscan en la debacle del orden presente proponiéndonos un futuro donde reina una debacle mayor, llámese caos, dictadura, calamidades extremas como guerras entre bandas, o miserias morales y materiales como en los tiempos de la Peste, la Gran Bancarrota o el Infierno.

Así son las llamadas distopías, creaciones en boga en el cine actual, antigua en la literatura universal desde la guerra de Troya de Homero y el Infierno de Dante.

Pero, “El reino del silencio”, no es ni utopía ni distopía. Este cuento se inspira en el transido mundo cotidiano, para emplear un término del filosofo dominicano, Andrés Merejo.

Es el actual estado de modernidad, que se caracteriza por todos los atractivos recursos del bienestar que el cuento nombra y sustrae excesivamente, y todo lo que conlleva, pero que, a la vez, nos crea un vacío de felicidad y una gran carencia espiritual.

Ese es el dilema del contador: ¿Es posible vivir en el reino del silencio sin nada, incluso sin humanidad ni gobierno? ¿Solo y solamente alimentando las palomas en el parque, como el anciano?

El cuento nos enseña que no podríamos llenar nuestros vacíos espirituales renunciando al estado de progreso aun ruidoso, so pena de colocarnos en un estado de atolondramiento similar al del contador.

Su desenfoque lo lleva a no saber si lo que vive es realidad o sueño, un ideal de esperanza o de pesadillas. Y esa enajenación es el suceso más grave e impactante en este cuento

Manuel Matos Moquete

Manuel Matos Moquete. Fecha de nacimiento: 6 de abril de 1944. Lugar: Tamayo, provincia Bahoruco, República Dominicana. Profesor, escritor, investigador. Escritor-Docente-Investigador. Doctor en Literatura, Universidad París VIII, París, 1982. Especialidad: análisis del texto literario: poética, temática, fantasmática. Orientación científica: Translingüística y Análisis del Discurso. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de República Dominicana, 1992. Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua, 2000. Premio Nacional de Literatura 2019.

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