Antes de iniciar el comentario del libro V de Valiente, de Esther Amaro, quiero recordar que hace ya más de veinte años veía a Valentín Amaro llegar a las bibliotecas con sus dos hijas. Esto confirma que el ambiente que creamos para nuestros hijos redunda en beneficios extraordinarios para fomentar los hábitos de lectura y contribuir, muchas veces, a despertar la vocación de un futuro escritor.
Como sabemos, la literatura infantil desempeña un papel crucial en la formación lectora, siendo un pilar fundamental en el desarrollo del lenguaje. Los cuentos, nanas y poesías amplían el vocabulario, mejoran la comprensión auditiva y fortalecen la expresión oral. A través de la interacción con libros y narraciones, los niños asimilan mejor las estructuras gramaticales, desarrollan su capacidad de verbalizar y potencian su pensamiento creativo.
La narrativa contribuye notablemente al desarrollo cognoscitivo y afectivo del ser humano, lo cual coadyuva a que este muestre una mayor disposición hacia la expresión plástica: el dibujo, el modelado en masilla, arcilla, papel y otras manifestaciones. Asimismo, se vincula estrechamente con la creatividad; aunque se ha comprobado que esta última es una cualidad innata, podemos estimularla de manera continua aprovechando el potencial imaginativo, la curiosidad y la sensibilidad infantil ante el mundo.
A propósito de estas virtudes y al calor de una atenta lectura, descubrimos que esta historia se teje en torno a la admiración y el respeto de una hija hacia su padre. El argumento de V de Valiente es breve y conciso; una lograda mezcla de realidad y fantasía expuesta con notable claridad. La acción se desarrolla en un entorno que transita entre el campo y la ciudad, con un ritmo ágil que hace la lectura sumamente atractiva.
La autora narra en tercera persona y, a través de sus personajes, presenta una trama donde sobresalen la resiliencia y el deseo de superación. En el sustrato de la obra late la aspiración de emular la vida del padre, quien, aun siendo un hombre adulto, sigue contando historias, tal como lo expresa Esther. El lenguaje se maneja de forma directa, facilitando el acceso al texto tanto para niños como para adultos.
La relevancia de la obra reside en la expectativa familiar de un joven con deseos de superación, cuyo esfuerzo da como resultado el éxito profesional y un hogar equilibrado, cimentado en el amor y la constancia. La idea matriz que percibo en el texto es la tenacidad para alcanzar las metas. Cuando Esther escribe: «…Solo valor, ganas, y un corazón fuerte para seguir los sueños», transmite un valioso mensaje sobre el valor del esfuerzo y la determinación para avanzar en la vida.
En la filosofía de la obra se reflejan también valores como la perseverancia, la unidad familiar, la valentía para perseguir los anhelos, el amor a los libros y la magia de los versos. La actitud de la autora es siempre la de sembrar una enseñanza, y lo logra de manera sutil, persuasiva y natural.
El libro cuenta con las ilustraciones de Sarah Amaro, hermana de la autora, cuyas imágenes orientan al lector al ubicar a ese niño que sale del campo con su mochila y una mente lista para conquistar sus metas. Posteriormente, el arte recrea escenas que acompañan el cumplimiento de los deseos del protagonista. Las ilustraciones en la literatura infantil son fundamentales porque complementan el texto y facilitan la comprensión; ayudan a visualizar personajes y escenarios, estimulan la imaginación y son clave para los lectores principiantes en proceso de alfabetización. En este caso, los dibujos son coloridos y atractivos, ambientan con acierto la narrativa y enriquecen lo escrito. Su valor va más allá del simple adorno, pues, en ocasiones, las imágenes hablan por sí solas.
Entre otras emociones, la lectura despierta ternura, amor familiar, valentía y deseos de superación. La ternura se hace evidente en versos como estos:
Y del amor bonito y sincero
nació un pedacito de turrón,
y un arrocito graneado
que rendía en cualquier rincón.
—Yo tengo un pedazo de turrón
que se llama Esther—
cantaba feliz.
Y también decía:
—Lily Monfis, no vayas a la mar,
que el pececito te puede atrapar.
Concluyo afirmando que esta obra posee un gran valor narrativo por la originalidad de su argumento y su sutil transmisión de valores humanos a los niños, apelando de manera entrañable al amor filial. Enhorabuena a Esther Amaro; le deseo que siga cultivando la literatura, apoyada siempre en el sólido arraigo de sus padres, quienes la impulsan a continuar su vocación.
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