Índice
- Génesis del pensamiento: del conocimiento a la reflexividad
- La metacognición como punto de partida
- El metalenguaje como segundo nivel
- La metapoesía como tercer nivel
- Radicalización del pensamiento: de la autorreflexividad a la deconstrucción
4. De la metapoesía reflexiva a la metapoesía deconstructiva
III. Nacimiento del concepto de semblante
5. El semblante como construcción de la presencia
- La ruptura del semblante
6. La fisura
7. La huella
8. El centro desplazado - Principios de la Ruptura del Semblante
A. Ontología del semblante
B. Escritura, voz y sujeto
C. Metapoesía y reflexividad
D. Límite, palimpsesto y ausencia
E. Lectura, sentido y apertura - Culminación filosófica
26. Metapoesía como acontecimiento
27. Centro vacío
28. Creación desde la fisura
29. Apertura
30. Poema como centro desplazado
VII. Síntesis integradora
VIII. Proposición final
- GÉNESIS DEL PENSAMIENTO: DEL CONOCIMIENTO A LA REFLEXIVIDAD
- La metacognición como punto de partida
La metacognición constituye el primer movimiento reflexivo de esta propuesta teórica: el conocimiento se vuelve sobre sí mismo y convierte sus propios procedimientos en objeto de interrogación.
Su estructura puede formularse de la siguiente manera:
conocer → saber que se conoce → interrogar el proceso de conocer
El sujeto no se limita, por tanto, a conocer objetos. También examina las condiciones, operaciones y procedimientos mediante los cuales construye ese conocimiento.
En este sentido, la metacognición inaugura una estructura reflexiva que posteriormente será trasladada al lenguaje y a la poesía.
- El metalenguaje como segundo nivel
El segundo movimiento consiste en trasladar esa reflexividad al lenguaje.
El lenguaje deja de funcionar exclusivamente como instrumento de comunicación y se convierte en objeto de su propia reflexión.
La secuencia puede formularse así:
lenguaje → reflexión sobre el lenguaje → metalenguaje
El hablante no solamente utiliza la lengua: puede analizarla, definirla, interrogarla, transformarla y convertirla en materia de creación.
El metalenguaje constituye, así, una segunda instancia reflexiva: el lenguaje habla acerca del lenguaje.
- La metapoesía como tercer nivel
La metapoesía prolonga esta estructura reflexiva dentro del campo poético.
La poesía no solamente produce imágenes, sonidos, ritmos y significados; también puede interrogar el acto mediante el cual esos elementos llegan a constituirse como poesía.
Desde esta perspectiva surge la tesis formulada por Ike Méndez en 2005:
«No puede haber poesía si no es metapoesía».
Esta proposición puede entenderse en dos dimensiones:
3.1. Metapoesía explícita
El poema habla directamente de la poesía, del poema, del lenguaje, del poeta o del acto creador.
3.2. Metapoesía implícita
El poema revela, mediante su propia construcción, una determinada concepción de lo que significa poetizar.
La metapoesía, por tanto, no debe entenderse únicamente como un género temático. Constituye una dimensión reflexiva de la poesía.
- RADICALIZACIÓN DEL PENSAMIENTO: DE LA AUTORREFLEXIVIDAD A LA DECONSTRUCCIÓN
- De la metapoesía reflexiva a la metapoesía deconstructiva
En una primera instancia, la metapoesía pregunta:
¿Qué es la poesía?
Pero su radicalización conduce hacia una pregunta diferente:
¿Cómo llega algo a constituirse como poesía?
Y, finalmente:
¿Qué sucede cuando el poema cuestiona las categorías mediante las cuales intentamos definirlo?
Aquí se produce el desplazamiento fundamental.
La poesía deja de limitarse a reflexionar sobre sí misma y comienza a interrogar las condiciones de posibilidad de aquello que llamamos poesía.
La secuencia puede formularse de este modo:
metacognición → metalenguaje → metapoesía → autorreflexividad → interrogación de los fundamentos → deconstrucción → ruptura del semblante
La deconstrucción no constituye simplemente un nivel superior de la metapoesía. Funciona como una operación crítica de radicalización, mediante la cual la poesía interroga sus propios fundamentos.
En este punto aparecen algunas tensiones decisivas:
origen / huella
presencia / ausencia
identidad / diferencia
centro / desplazamiento
unidad / fisura
autor / escritura
sentido / apertura
La búsqueda de un origen estable encuentra la huella; la presencia revela la ausencia; la identidad descubre la diferencia; y el centro comienza a desplazarse.
III. NACIMIENTO DEL CONCEPTO DE SEMBLANTE
- El semblante como construcción de la presencia
Para comprender la ruptura es necesario definir aquello que se rompe.
El semblante no debe entenderse simplemente como apariencia superficial o máscara. Constituye la forma mediante la cual algo se presenta como reconocible, identificable, estable y dotado de sentido.
El semblante es, por tanto, una configuración de presencia.
Puede comprenderse mediante la siguiente relación:
semblante → apariencia → identidad → presencia
Sin embargo, aquello que se presenta nunca coincide plenamente con aquello que pretende representar.
Todo semblante muestra y oculta simultáneamente.
De ahí surge el principio de no-transparencia: ninguna presencia es completamente transparente para sí misma.
El semblante produce reconocimiento, pero también contiene aquello que desborda ese reconocimiento.
Por eso, el semblante no constituye una estructura cerrada. En su interior existe la posibilidad de su propia fractura.
- LA RUPTURA DEL SEMBLANTE
- La fisura
La ruptura no necesariamente procede de un elemento exterior.
Toda construcción de identidad contiene internamente la posibilidad de su propia fisura.
La identidad, precisamente porque necesita construirse y representarse, permanece expuesta a aquello que no puede integrar completamente.
Por ello:
todo semblante contiene la posibilidad de su ruptura.
La fisura no destruye simplemente la forma: revela su carácter construido.
- La huella
Cuando la presencia se fractura aparece la huella.
La huella señala que aquello que parece plenamente presente está atravesado por algo que no está presente de la misma manera.
De este modo:
presencia → fisura → huella → ausencia
La ausencia no constituye simplemente el contrario de la presencia. Participa de su constitución.
Toda presencia lleva consigo una huella de aquello que no está.
- El centro desplazado
La fisura del semblante afecta necesariamente al centro.
Aquello que parecía organizar el sentido desde una posición estable deja de funcionar como fundamento absoluto.
El centro no desaparece simplemente: se desplaza.
Esta distinción resulta fundamental.
La Ruptura del Semblante no propone la destrucción del sentido ni afirma que todo carezca de significado.
Propone la descentralización del sentido.
El sentido continúa produciéndose, pero ya no depende de un único centro definitivo.
- PRINCIPIOS DE LA RUPTURA DEL SEMBLANTE
- Ontología del semblante
- Semblante
Todo sentido necesita presentarse bajo una forma; esa forma constituye el semblante.
- No-transparencia
Toda presencia muestra y oculta simultáneamente. Ninguna forma de aparición agota aquello que pretende mostrar.
III. Fisura
Toda identidad contiene la posibilidad de su propia ruptura.
- Centro desplazado
Todo centro es provisional y susceptible de desplazamiento.
- Huella
Toda presencia contiene la huella de una ausencia.
- Diferencia
El sentido emerge de relaciones diferenciales y permanece abierto por ellas.
- Escritura, voz y sujeto
VII. Escritura
La escritura emancipa al poema de la presencia que pretendió originarlo.
VIII. Voz espectral
Ninguna voz poética pertenece enteramente a quien la pronuncia.
- Sujeto fracturado
El yo poético no constituye una esencia fija, sino una posición móvil dentro del lenguaje.
- Autoría desplazada
El autor origina la escritura, pero no posee soberanamente todos sus significados.
- Metapoesía y reflexividad
- Metapoesía
Poetizar la poesía significa hacer visible el acto mediante el cual la poesía se constituye como tal.
XII. Metacognición poética
La metapoesía prolonga hacia el poema el movimiento reflexivo iniciado en la metacognición.
Su secuencia puede expresarse así:
conocimiento → metacognición → lenguaje → metalenguaje → poesía → metapoesía → interrogación → desplazamiento
XIII. Metalenguaje poético
El poema convierte su propio lenguaje en materia de creación: palabra, sonido, imagen, ritmo, silencio y huella.
XIV. Poema como laboratorio
El poema experimenta con las condiciones mediante las cuales produce sentido.
- Límite, palimpsesto y ausencia
- Límite
El límite no solamente separa: también comunica. Es una zona de tránsito entre aquello que parece estar dentro y aquello que parece estar fuera.
XVI. Contaminación
Todo poema está atravesado por otras escrituras, voces, discursos, memorias y formas culturales.
XVII. Palimpsesto
Toda escritura nueva conserva huellas de las escrituras que la precedieron.
XVIII. Ausencia
La ausencia no constituye simplemente el opuesto de la presencia: participa en su constitución.
XIX. Nada productiva
El vacío no constituye necesariamente una carencia. Puede convertirse en condición de nuevas apariciones de sentido.
- Lectura, sentido y apertura
- Descentralización del sentido
Descentralizar el sentido no significa eliminarlo, sino impedir su clausura definitiva.
XXI. Lectura creadora
Leer significa reinscribir el poema en una nueva red de diferencias.
XXII. Obra abierta
El poema puede concluir materialmente y, sin embargo, continuar como acontecimiento de sentido.
XXIII. Persistencia de la vanguardia
La Ruptura del Semblante prolonga el impulso crítico de la vanguardia dentro del lenguaje poético.
XXIV. Poesía contra sus certezas
La metapoesía no es únicamente la poesía que se contempla en un espejo: es la poesía que interroga y rompe las condiciones de su propia representación.
XXV. Ruptura permanente
La ruptura del semblante debe permanecer abierta a su propia ruptura.
Una teoría que no puede cuestionarse a sí misma terminaría reproduciendo aquello que pretende superar.
- CULMINACIÓN FILOSÓFICA
Los cinco principios finales constituyen la culminación de la propuesta.
XXVI. Metapoesía como acontecimiento
La metapoesía no representa simplemente la crisis del lenguaje: la realiza en el acto mismo de escribir.
XXVII. Centro vacío
No existe un centro definitivo del sentido; existen relaciones, diferencias, huellas y desplazamientos.
XXVIII. Creación desde la fisura
La poesía puede surgir precisamente de aquello que no consigue cerrarse.
XXIX. Apertura
La apertura no constituye una deficiencia del poema, sino una de sus condiciones de potencia.
XXX. Poema como centro desplazado
El poema contiene su propio descentramiento; la poesía contiene la posibilidad de su propia metapoesía.
VII. SÍNTESIS INTEGRADORA
La teoría de Ike Méndez puede comprenderse como una genealogía de la reflexividad que comienza en el conocimiento y culmina en la descentralización del sentido.
Secuencia conceptual
METACOGNICIÓN
El conocimiento se vuelve sobre sí mismo.
↓
METALENGUAJE
El lenguaje se convierte en objeto de reflexión.
↓
METAPOESÍA
La poesía reflexiona sobre su propio lenguaje y su producción.
↓
METAPOESÍA DECONSTRUCTIVA
La poesía interroga las condiciones de posibilidad de lo poético.
↓
SEMBLANTE
La presencia se configura mediante una forma de aparición.
↓
FISURA
Toda forma contiene la posibilidad de su fractura.
↓
HUELLA
La presencia revela la ausencia que la atraviesa.
↓
DESPLAZAMIENTO
El centro deja de funcionar como fundamento absoluto.
↓
DESCENTRALIZACIÓN DEL SENTIDO
El sentido permanece abierto a nuevas relaciones e interpretaciones.
↓
RUPTURA DEL SEMBLANTE
La Ruptura del Semblante constituye, así, la culminación provisional de una trayectoria teórica que comienza con la reflexividad del conocimiento y alcanza la interrogación de las formas mediante las cuales el sujeto, el lenguaje y la poesía producen presencia y sentido.
VIII. PROPOSICIÓN FINAL
La teoría puede condensarse en una cadena fundamental:
Toda presencia adopta un semblante.
Todo semblante contiene una fisura.
Toda fisura produce una huella.
Toda huella revela un desplazamiento.
Todo desplazamiento descentraliza el sentido.
Y allí donde el sentido pierde su centro definitivo, la poesía comienza a interrogarse a sí misma.
La Ruptura del Semblante no destruye el poema: lo abre.
No elimina el sentido: lo descentraliza.
No niega la presencia: revela la ausencia que la atraviesa.
No elimina al autor: desplaza su soberanía interpretativa.
No destruye la identidad: muestra su carácter construido y móvil.
No abandona el lenguaje: lo convierte en materia de interrogación.
No renuncia a la poesía: la lleva hasta el límite donde la poesía comienza a preguntarse qué significa ser poesía.
Por eso, la proposición última de esta teoría puede formularse de la siguiente manera:
La poesía no encuentra aquello que buscaba. Encuentra la huella de su búsqueda. Y esa huella es el poema.
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