Sinopsis: Comedia oscura y satírica construida alrededor de un personaje que consigue, gracias a su tío, un puesto de ayudante ministerial y emprende una carrera hacia el éxito, atravesando situaciones grotescas y absurdas. El humor sirve para abordar contradicciones de la sociedad caribeña y latinoamericana, el poder, el clientelismo, la corrupción, las creencias populares, la familia y la migración.
Bendito Gordo, con dramaturgia y dirección de Claudio Rivera, es teatro responsable en estado esencial. Aplaudir al final de las acciones no es suficiente.
Cuando el teatro, sin excluir su capacidad de provocar una emoción escénica resultado del talento, pierde una de sus capacidades esenciales —exponer y juzgar críticamente a su sociedad—, puede estar dejando en el baúl del recuerdo uno de sus objetivos fundamentales: portar, junto a su capacidad de sarcasmo y su banderín de ironía, su compromiso esencial y plantear desde el arte sus verdades innombrables.
Desde luego, para asumir un rol de este tipo, debe hacerlo desde la expresión estética, para diferenciarse del activismo rutinario, de lo esquemático y del prisma panfletario. Lograrlo, hacer reír y generar reflexión, y hacerlo apelando al sentido del humor, deja al final una experiencia inolvidable y noble.
Para ser un teatro trascendente, tiene que generar desde sí mismo los conceptos creativos más novedosos, inteligentes y gráciles. Ese fue el objetivo que se planteó Claudio Rivera cuando necesitó de un proyecto escénico que enmarcara los 35 años de Teatro Guloya.
Y mire que lo ha conseguido: logró la combinación precisa de talentos, una notable elaboración textual en su dramaturgia, una incidencia musical memorable y un nivel de calidad en vestuario, maquillaje, caracterización y escenografía que conforman una de las propuestas teatrales más sólidas de 2026.
Lo que expone —el cuadro de la corrupción desde el poder, las relaciones delincuenciales entre líderes y exponentes de la jerarquía oficial— lo sabe hacer con gracia, creatividad y el sello de excelencia que han cultivado los integrantes de esta familia teatral desde su fundación, en septiembre de 1991, con su primer montaje, Cuentos en familia.
Las actuaciones

Claudio Rivera, como Gordo Larancuent, construye el personaje icónico en torno al cual gira la trama.
Gerardo “El Cuervo” Mercedes, como el coronel, asume un personaje de prácticas conocidas y consigue una actuación efectiva, dueña de sus recursos, que encuentra en esta pieza una variación expresiva tras su demandante ejercicio como actor de cine.
Como actor cómico, Mercedes se las trae: su manejo de la voz, su concierto de movimientos escénicos, el uso de las inflexiones y el dominio de la mirada lo convierten en uno de los valores interpretativos de Bendito Gordo.
Luinis Olaverría, como Culichumbo, se erige como una de las sensaciones actorales del montaje, por una gracia intrínseca, una notable calidad como cantante y la tremenda respuesta que genera en el público. Es una actuación novedosa y digna de estudio.
Viena González, como Ángela y otros personajes, cumple un papel de soporte que aporta una perspectiva de género al denunciar el lado socialmente invisible de la esposa del obeso trepador.
La maestra demuestra que no hay roles pequeños. Cada oportunidad de actuar es un reto, línea a línea, para conquistar al público.
Interpretativamente, se percibe una renovación general en la interacción con la escenografía y en el uso de la voz, particularmente en Claudio Rivera y Luinis Olaverría.
Vestuario, caracterización y espacio escénico

El vestuario y la caracterización física de los cuatro personajes evidencian el sentido de esta labor técnica.
La gordura de Claudio Rivera resulta casi perfecta. Solo el ojo agudo de quien conoce el oficio del vestuario puede percibir algunas pequeñas disonancias visuales en las terminaciones de las extremidades.
El hecho de haberse rapado el pelo para producir la calva real que muestra evidencia su entrega al personaje. Su obesidad convence.
Uno de los trabajos de vestuario más destacados corresponde al personaje que canta con un atuendo especial, basado en elementos de la santería popular fusionados con componentes modernos del rock y el pop.
La gracia que desarrolla al cantar constituye uno de los aportes más importantes de la experiencia.
La conjunción de Belié Belcán, figura vinculada a la religiosidad popular y al sincretismo dominicano; el empleo de música de raíz y del Caribe, y la importancia que el montaje concede al altar, convertido en centro de las acciones en cuatro momentos estelares, definen un espectáculo de singular fuerza.
Bendito Gordo es una de las apuestas más firmes del teatro local y una experiencia que merece disfrutarse en Teatro Guloya.
Los 35 años de Teatro Guloya
Los 35 años de la fundación de esta compañía independiente representan la trayectoria de una agrupación que ha dado ejemplo de constancia en el trabajo, persistencia en sus objetivos, creación de un espacio propio, generación de nuevos públicos y formación de figuras de relevo en el quehacer escénico.
Teatro Guloya fue fundado en septiembre de 1991 por Claudio Rivera y Viena González. La propia agrupación se define como un espacio de encuentro entre tradición y contemporaneidad, dedicado a la creación, investigación, formación y difusión teatral.
El Ministerio de Cultura reconoció oficialmente sus tres décadas en septiembre de 2021 y señaló entonces que Guloya se había convertido en un referente importante del teatro dominicano.
1991: El comienzo – Viena González y Claudio Rivera demostraron desde el principio que tenían peso en sus decisiones. Se aventuraron a alquilar una vivienda amplia en Gascue para transformarla en espacio teatral, con sala para montajes, sala para exposiciones y zona para encuentros, y la mantuvieron durante mucho más tiempo del que sus recursos parecían permitir. Fue un tiempo de aventura y ensueño. La génesis está ligada a la trayectoria de sus dos fundadores. Viena González pertenecía al grupo de Danza de INTEC y Claudio Rivera participaba en el Grupo de Teatro Proyecciones. En 1991 decidieron desarrollar un proyecto teatral propio.
El nombre Guloya procede de los Guloyas de San Pedro de Macorís, expresión cultural posteriormente declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. La elección del nombre tiene una consecuencia estética importante: desde su nacimiento, el grupo se vincula con la cultura popular dominicana, la teatralidad callejera, la música, el cuerpo y la tradición oral.
1995: Bochinche, primera gran consagración internacional. Uno de los momentos fundamentales de la historia temprana fue Bochinche, que obtuvo en 1995 el Premio Conjunto de Casa de las Américas, en el IX Festival ELSINOR 95, en La Habana. El reconocimiento valoró el rigor conceptual, la propuesta ética y creativa y la búsqueda de una voluntad de estilo. También recibió un premio al mejor diseño escénico y otros reconocimientos durante ese circuito.
Este episodio es fundamental porque demuestra que Guloya comenzó a construir una identidad teatral exportable, no basada simplemente en reproducir modelos extranjeros.
2000-2002: Otelo… Sniff: Otro momento decisivo de Guloya fue Otelo… Sniff, una versión libre y clownesca de Shakespeare que obtuvo el Premio Casandra a la Mejor Producción Teatral. Fuentes del propio Guloya y estudios sobre su trayectoria registran ese reconocimiento entre sus principales premios. La importancia de la obra no está solamente en el premio. Otelo… Sniff demuestra uno de los procedimientos que se volverían característicos del grupo: tomar un clásico universal, desmontarlo, trasladarlo a códigos populares y hacerlo dialogar con la realidad dominicana.
Una presentación posterior de la obra, documentada por el Liceo Francés de Santo Domingo, destaca precisamente la adaptación de Shakespeare al contexto dominicano y el empleo del humor y las herramientas del clown para abordar el miedo al otro, el racismo y la situación de la mujer.
2006: Una sede propia. Otro capítulo fundamental fue la consolidación del espacio de la calle Arzobispo Portes 205, en la Ciudad Colonial. La sede está instalada en una antigua casita de los Hermanos de La Salle vinculada al maestro Otto Coro, quien había llegado a República Dominicana en 1962. La sala principal fue bautizada Otto V. Coro, Maestro y Sembrador de Vocaciones, como homenaje al maestro de Rivera y González.
La adquisición transforma a Guloya de compañía teatral en algo más amplio: compañía + sala + centro de formación + espacio cultural + organizador de festivales. La propia agrupación señala que desde septiembre de 2006 Viena González dirige y gestiona el espacio cultural.
2008-2013: Internacionalización. Otro espectáculo fundamental fue Nuestra Señora de las Nubes, de Arístides Vargas, interpretado por Viena González y Claudio Rivera, bajo la dirección de Rivera. La obra recibió en 2008 cuatro nominaciones a los Premios Casandra: Mejor Actor, Mejor Actriz, Mejor Dirección y Mejor Producción Teatral. La pieza se representó en Puerto Montt, Chile; Nueva York y Washington, entre otros escenarios.
Su tema —dos exiliados que reconstruyen recuerdos y personajes de un país perdido— conecta también con una preocupación recurrente del teatro de Guloya: la memoria, la identidad, la exclusión y la condición humana.
2011: veinte años y consolidación institucional – En 2011 Guloya celebró sus 20 años. La sede ya funcionaba como espacio para festivales, encuentros y actividades culturales. El Ministerio de Cultura lo reconocería diez años después, al cumplirse tres décadas, como una institución de importancia para el desarrollo del teatro dominicano.
2018-2026: Nuevas generaciones. La trayectoria reciente muestra que Guloya no se ha limitado al repertorio histórico. Entre las obras nuevas registradas oficialmente aparecen Guanín y su macuto mágico —2018—, Pinocho —2019—, Racataplum —2023—, Romeo & Julieta —2024—, Liborio —2025— y Prueba Azul —2026—. Este repertorio permite observar otra característica: la compañía combina teatro para adultos, adaptaciones de clásicos, dramaturgia dominicana, teatro infantil y propuestas de investigación escénica.
En Liborio, por ejemplo, el protagonismo pasa a una generación joven: Dimitri Rivera González, hijo de los fundadores, protagoniza y dirige un unipersonal basado en La hija del Mesías, de César Sánchez Beras. Ese dato resulta especialmente significativo al celebrar los 35 años: Guloya comienza a mostrar una continuidad generacional dentro de la propia familia teatral que lo fundó. Guloya informa haber representado a República Dominicana en México, Costa Rica, Puerto Rico, Cuba, Haití, Chile, Colombia, España, Portugal, Dinamarca y distintas ciudades de Estados Unidos.
No se trata solamente de un grupo que ha producido obras durante 35 años. Se trata de una agrupación que ha mantenido simultáneamente la creación artística, la investigación, la formación, la producción independiente, la gestión de una sala, la relación con la cultura popular dominicana, la adaptación de textos teatrales clásicos, la creación para niños y adultos, la organización de festivales, la incorporación de nuevas generaciones y la producción de textos que expresan su pensamiento teatral. La propia misión de Guloya habla de una “teatralidad orgánica”, de investigación y de un lenguaje que integra la cultura teatral universal con la identidad propia.
Ficha técnica
Título: Bendito Gordo
Título extendido: Bendito Gordo o La ascensión escatológica del Gordo Larancuent
Autor / dramaturgia: Claudio Rivera
Dirección: Claudio Rivera
Escenografía: Fidel López
Vestuario: Vera Bertuzzi / Atelier Bertuzzi
Iluminación: Ernesto López
Diseño de la Palma Real: Miguel Ramírez
Música / banda sonora: Víc Contreras
Animaciones: Jafreisy de la Rosa y Yacela Payano
Diseño gráfico / línea gráfica: Mabel Manzano / Estudio Manzano
Producción: Teatro Guloya
Elenco: Claudio Rivera, Gordo Larancuent; Gerardo “El Cuervo” Mercedes, Coronel; Luinis Olaverría, Culichumbo; y Viena González, Ángela y otros personajes.
Sala: Otto Coro, Teatro Guloya.
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