El escritor Aquiles Julián sostiene la tesis de que el secuestro y asesinato del intelectual vasco Jesús de Galíndez fue obra del gobierno de Estados Unidos, y no solo del dictador dominicano Rafael Trujillo.

Julián expuso sus puntos de vista en la conferencia “El secuestro de Galíndez no fue como nos lo contaron”, dictada este jueves en la sala Vetilio Alfau Durán del Museo Nacional de Historia y Geografía.

El escritor dijo que ha investigado el caso durante 20 años y que ha revisado más de 140 libros, difiere de la versión tradicional, que atribuye la planificación del secuestro de Galíndez al dictador Trujillo.

Afirmó que Jesús Galíndez se había convertido en un estorbo y un peligro para el acuerdo de Estados Unidos con el dictador español Francisco Franco orientado a instalar bases militares en la península ibérica, prioridad del Departamento de Estado de Estados Unidos y de la administración del presidente Dwight D. Eisenhower.

Julián sostuvo que Galíndez canalizó fondos de la CIA destinados a financiar la resistencia vasca —más de un millón de dólares de la época— y que disponía de evidencias de esas operaciones.

“Hacerlas públicas habría afectado gravemente los acuerdos logrados en 1953 entre la Administración Eisenhower y el dictador español para el establecimiento de las bases”, señaló.

El conferencista identificó a un equipo de élite dedicado a operaciones encubiertas en Estados Unidos que actuaba como subcontratista de la CIA.

Aquiles Julián cree que el asesinato de Galíndez fue obra del gobierno de EE.UU., y no del dictador Trujillo

Según explicó, ese grupo estaba encabezado por Robert Maheu, cuya empresa, constituida en 1954, fue de inmediato subcontratada por la agencia, y por la compañía de detectives de Horace Schmahl, exagente de la OSS (antecesora de la CIA) y mano derecha de William Donovan. Ambos, dijo, tenían como principal operador a John Joseph Frank, exagente del FBI y de la CIA, desvinculado formalmente para poder actuar sin generar riesgos internos a la agencia.

Julián presentó una línea de tiempo con los principales incidentes relacionados con el caso, que incluye, según su relato, una operación de desinformación impulsada por periodistas y medios al servicio de la CIA. Mencionó a Stanley Ross, director de El Diario de Nueva York, y a Henry Luce y sus publicaciones Time y Life, a través de los cuales se difundió una versión que centraba la atención en el dictador dominicano Rafael Trujillo y ocultaba, de acuerdo con el escritor, la participación de la CIA y la responsabilidad del Departamento de Estado y de la administración Eisenhower en el secuestro y traslado del delegado vasco y escritor, quien a la vez era agente tanto del FBI como de la CIA.

Asimismo, señaló la complicidad del general dominicano Arturo Espaillat, alias “Navajita”, en la incriminación de Trujillo. Según Julián, Espaillat respondía a los propósitos de la CIA, para la cual fue reclutado por John Joseph Frank en 1954.

Indicó que ambos compartieron camarote en el trasatlántico Antille durante un viaje Trujillo a España y al Vaticano. “Navajita traicionó a su jefe (Trujillo)”, afirmó el escritor.

El director del Museo Nacional de Historia y Geografía, el historiador José Peguero, expresó su sorpresa por la novedad del enfoque de la exposición de Julián.

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