Si piensa que el cine coreano es solo el que ofrece Netflix, he de indicar que está en la misma situación de quien juzga la esencia infinitamente imaginativa del ajedrez por la belleza exterior de las piezas de plástico para los 64 cuadros. Nada que ver.

No es que sean malas las series y las películas coreanas para streaming. Es simplemente que ése, en esencia, no es el cine vital de Corea del Sur cuando de calidad fílmica se trata.

El comentario llega por el oportuno ciclo de cine Korea Story Festival que ofreció en sala tres del Downtown Center con una cartelera que incluyó Pequeño bosque, la comedia de aventuras y época Detective K: el secreto de la isla perdida y el drama social Un taxista, que habíamos visto antes en Seúl, organizado por la Embajada de Corea en el pais y la colaboración técnica de Kofic, portal oficial de la industria cinematográfica coreana que ofrece estadísticas, informes, datos de taquilla y promoción internacional

Pequeño bosque es una producción dirigida por Yim Soon-rye en la cual la placidez de un cine de llamado inspiracional y deliciosamente filosófico rechaza el conflicto dramático tradicional y ofrece un ritmo contemplativo, orgánico y reconfortante, con la cocina como ancla emocional: la preparación minuciosa de platillos estacionales con ingredientes cosechados por la propia protagonista funciona como un puente de memoria con su madre ausente y un medio para procesar su fracaso laboral y sentimental en Seúl.

La cinta es un claro contraste con la vida urbana: a través de las cuatro estaciones del año, la historia reflexiona sobre el agotamiento de la competitividad en las grandes ciudades (rat race) y propone la autosuficiencia rural no como una huida cobarde, sino como una pausa consciente para redefinir el propio camino.

Escena de Detective K: el secreto de la isla perdida. (Foto de la producción).

Detective K: el secreto de la isla perdida (2015), dirigida por Kim Sok-yun, es una cinta de acción, aventura y misterio enmarcada en el año 1798, en la región de Joseon, en la cual Kim Min, noble inventor y maestro de detectives, junto a su fiel compañero Seo-Pli, investiga la falsificación de piezas de plata que puede estar relacionada con la desaparición y trata de cientos de niñas desde una isla misteriosa; es la octava película coreana más taquillera de 2015.

Una fotografía nítida y vívida, una historia bien escrita y mejor actuada, este tipo de cintas representa la esencia del cine coreano que necesita tener más presencia en nuestras pantallas.

Un taxista, dirigida por Jang Hoon, es un drama que presenta a un periodista occidental interesado en documentar la matanza que acontece en la región de Gwangju, y para ello contrata al único taxista dispuesto a llevarlo a una zona en conflicto, corriendo serio peligro de muerte. Esta cinta tuvimos la suerte de verla en Seúl en 2018 y es una expresión de ese cine independiente, comprometido y visceral que nos muestra toda la maldad y toda la bondad de que es capaz de desarrollar el género humano.

Hizo muy bien la Embajada de Corea en el país al auspiciar esta actividad, con el respaldo de Caribbean Cinemas y KOFIC (el organismo regulador nacional del cine de Corea del Sur), y que se realizó con el esperado y ordenado protocolo de ese país: para cada tanda los espectadores debían registrarse, seleccionar asientos, recibir su boleta y entrar a sala. Eso es orden.

Pero… ¿qué experiencia queda de este ciclo? Queda el hecho de que nos hace poner atención sobre el cine coreano, sus características, sus proyectos, sus talentos y su ecosistema industrial.

El cine coreano es una industria mundial de nivel, comparable en calidad al cine independiente, autoral o incluso industrial de países como Francia, España, Argentina o Estados Unidos, capaz de desarrollar historias propias, dominar géneros populares, alcanzar altos niveles de calidad técnica y competir en los festivales más importantes del mundo. El coreano, el verdadero, es un cine del cual hay que aprender y asimilar experiencias.

Su logro no consiste únicamente en haber ganado cuatro Óscar con Parásitos (Parasite). Consiste en que esa película forma parte de una tradición más amplia: desde el drama bélico de Taegukgi hasta la fantasía de Junto con los dioses (Along with the Gods), desde la crítica social de Burning hasta la comedia de Trabajo extremo (Extreme Job), desde el terror de Exhuma hasta el refinamiento visual de La doncella (The Handmaiden).

La consistencia del cine surcoreano se aprecia en que sus logros no dependen de una sola película, un director o una plataforma. Durante décadas se ha formado un ecosistema que combina productoras, distribuidores, cadenas de salas, escuelas de cine, técnicos especializados, actores de amplia versatilidad, financiación privada y políticas públicas de promoción cinematográfica.

Su principal organismo sectorial es el Korean Film Council (KOFIC), que recopila las estadísticas de taquilla mediante el sistema KOBIS, promueve el cine coreano dentro y fuera del país y contribuye a la investigación de la industria.

Ese organismo ha impulsado una legislación que impone que 73 días de los 365 del año, sean dedicados en las pantallas de cine a presentar obras nacionales y que en todas las carteleras haya presencia del cine nacional, siempre. Y los coreanos han respondido haciendo colas largas para ver su cine. Todo un ejemplo.

La cinematografía coreana no es idéntica a la estadounidense, la india, la francesa, la española o las latinoamericanas. Cada una tiene dimensiones, modelos económicos, tradiciones y públicos distintos. Pero Corea del Sur ha demostrado que es posible combinar producción profesional, protección del mercado interno, diversidad de géneros, memoria histórica, identidad cultural y proyección exterior.

La advertencia que acompaña esa conclusión es igualmente importante: el descenso de la taquilla en 2025 recuerda que la excelencia artística no inmuniza a una industria frente a las crisis económicas y los cambios en los hábitos de consumo.

La gran lección para el cine dominicano es que una cinematografía nacional se construye con continuidad, inversión, talento, historias reconocibles, espacios de exhibición y una política cultural que permita a las películas propias llegar al público. No basta con producir películas; es necesario construir una industria capaz de sostenerlas, distribuirlas, promoverlas y convertirlas en parte de la memoria cultural del país.

El cine de Corea del Sur es una industria cinematográfica nacional con identidad propia, capacidad para producir grandes espectáculos comerciales, una tradición de cine de autor reconocida internacionalmente y un sistema de producción, exhibición y protección del mercado interno que ha permitido sostener una relación competitiva con Hollywood.

Corea del Sur convirtió el cine en una actividad cultural, industrial y económica de alcance estratégico, sin renunciar a la exploración de sus conflictos históricos, sus desigualdades sociales, sus contradicciones familiares ni sus dilemas morales.

Esa combinación ayuda a explicar por qué una misma cinematografía puede producir una película bélica de gran escala, un drama intimista sobre la pobreza, una historia de amor trágica, una comedia negra y un thriller de violencia extrema, y competir simultáneamente por la taquilla nacional y por los principales premios internacionales.

Escena de Detective K: el secreto de la isla perdida. (Foto de la producción).

La crítica internacional concuerda en definir cinco dimensiones de esta industria:

  • La calidad profesional de sus películas.
  • La diversidad temática.
  • Las cifras de taquilla.
  • La política de cuotas de pantalla.
  • Los resultados en festivales y premios durante la última década.

Del cine coreano es claro, de acuerdo con los balances críticos internacionales, en cuanto al dominio técnico: fotografía, montaje, diseño de producción, efectos visuales, sonido y coreografía de acción capaces de sostener producciones de gran escala, a lo que se agrega la solidez narrativa: películas comerciales con personajes complejos, conflictos familiares, giros dramáticos y finales que no siempre responden a las convenciones de Hollywood, la diversidad de géneros: guerra, melodrama, comedia, terror, cine histórico, acción policial, ciencia ficción, crítica social y cine de autor.

Y la profesionalización del talento: directores, guionistas, actores y técnicos que se mueven entre proyectos de distintos presupuestos sin perder su identidad creativa.

Algunas de sus grandes producciones:

Taegukgi: The Brotherhood of War (2004). Dirección: Kang Je-gyu. Dos hermanos, Jin-tae y Jin-seok, quedan atrapados en la Guerra de Corea y son enviados al frente. El mayor intenta salvar al menor mediante actos de heroísmo militar que terminan transformándolo. La guerra destruye progresivamente el vínculo familiar y convierte a los hermanos, a los que ubica en las tropas del sur y del norte, en víctimas de la división nacional. La producción logra impecables y desgarradoras escenas de batalla, efectos, interpretación física y un melodrama de enorme intensidad. Cuando la vimos —recuerdo que fue en DVD— nos hizo entender la escisión familiar tan radical que dividió familias.

Parásitos (Parasite, 2019). Dirección: Bong Joon-ho. Dos familias de posiciones económicas opuestas quedan conectadas por una cadena de engaños, oportunidades y dependencias. La vivienda, los espacios subterráneos, los olores y las diferencias de comportamiento se convierten en instrumentos narrativos para representar la desigualdad de clase. Su extraordinario logro fue transformar un conflicto social reconocible en un thriller de humor negro y suspense.

Un caso de estudio acontece con la comedia Trabajo extremo (Extreme Job, 2019), que vendió 16,3 millones de entradas. Se trata de una comedia policial que confirma que el mercado local no depende exclusivamente de dramas históricos o películas de prestigio.

Evolución del mercado cinematográfico surcoreano

Datos oficiales de taquilla nacional. Las cifras monetarias se expresan en miles de millones de wones surcoreanos (KRW).

Año Recaudación total Recaudación del cine coreano Entradas para cine coreano
2019 1.914,0 970,8 115,6 millones
2020 510,4 350,4 40,5 millones
2021 584,5 173,4 18,2 millones
2022 1.160,2 631,0 62,8 millones
2023 1.261,4 598,4 60,8 millones
2024 1.194,5 691,0 71,5 millones
2025 1.047,0 419,1 43,6 millones

Fuentes: informes de la industria cinematográfica de KOFIC, reproducidos en su publicación especializada. Los importes están redondeados; las cifras de espectadores se expresan en millones.

Estas cifras permiten contar una historia más interesante que la de un crecimiento permanente:

  • 2019 fue un año de gran fortaleza comercial, con más de 115 millones de entradas para producciones coreanas y una recaudación nacional cercana a 971.000 millones de wones.
  • 2020 y 2021 reflejaron el impacto de la pandemia, con cierres, restricciones, retrasos de estrenos y una reducción drástica de la asistencia a las salas.
  • 2022 y 2023 trajeron una recuperación parcial, aunque el volumen de espectadores todavía permanecía por debajo del nivel prepandémico.
  • 2024 fue un año de éxitos nacionales importantes, con Exhuma y The Roundup: Punishment superando los 11 millones de espectadores cada una.
  • 2025 representó una nueva señal de alarma: la recaudación del cine coreano descendió un 39,4 % respecto a 2024 y la asistencia cayó un 39 %. Fue el primer año desde 2012, exceptuando el período pandémico, sin una película nacional que alcanzara los diez millones de espectadores.

Esta última caída es fundamental para la honestidad del análisis. Una industria puede ser técnicamente excelente y tener una trayectoria internacional extraordinaria sin que todos sus años sean comercialmente exitosos.

Corea del Sur afronta problemas de financiación, costes de producción, concentración de la exhibición y competencia de las plataformas y de los grandes estrenos extranjeros. Pero es una industria resiliente, intensa, creativa y autor renovadora de sí misma.

En Cannes: premios, (1997-2026)

La trayectoria de Corea del Sur en los grandes festivales permite comprobar que su prestigio no depende solamente del éxito comercial. Sus cineastas han conseguido premios importantes por películas que investigan la sociedad, la memoria, la violencia, la intimidad y las contradicciones del poder.

Con corte al Festival de Cannes de 2026, la relación histórica permite identificar al menos 11 galardones principales o competitivos para películas surcoreanas y sus representantes entre 2002 y 2022, si se incluyen premios de competencia oficial y de Un Certain Regard, pero se excluyen reconocimientos de otras secciones y premios técnicos.

El cine de Corea del Sur ha construido una presencia internacional sostenida en el Festival de Cannes durante las últimas tres décadas.  Su trayectoria incluye premios de primer nivel, reconocimientos a la dirección y la interpretación, selecciones en la competencia oficial y estrenos de películas que posteriormente se convirtieron en referentes del cine mundial.

Para medir esa presencia con rigor, conviene distinguir tres categorías:

  • Premios ganados: galardones obtenidos por películas o cineastas surcoreanos en Cannes.
  • Nominaciones o selecciones competitivas: películas admitidas en la competencia oficial por la Palma de Oro u otras secciones con premios.
  • Selecciones oficiales sin premio: películas que participaron en Cannes, aunque no recibieran un galardón.

Fuentes:

  • Korean Film Council (KOFIC): Portal oficial de la industria cinematográfica coreana. Estadísticas, informes, datos de taquilla y promoción internacional.
  • KOBIS: Base de datos de taquilla. Entradas vendidas y recaudación de películas estrenadas en Corea del Sur.
  • Festival de Cannes: Archivo oficial del Festival de Cannes. Selecciones, premios y fichas de películas.
  • Academia de Hollywood: Resultados oficiales de los Óscar de 2020. Premios de Parásitos (Parasite).
  • Legislación surcoreana: Portal oficial de legislación de Corea del Sur. Texto vigente de la ley de promoción cinematográfica y sus disposiciones sobre exhibición.

José Rafael Sosa

Periodista

Escritor, periodista y animador cultural. Nació en Puerto Plata en 1950. Tiene una amplia trayectoria en el periodismo cultural dominicano. Se ha caracterizado por cultivar géneros que le faciliten una comunicación efectiva con sus lectores, como el cómic y el origami. Es el principal escritor de literatura de crecimiento personal en República Dominicana.

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