La educación dominicana no necesita otro plan. Tampoco necesita otra reforma. Mucho menos otra palabra grandilocuente. Lo que necesita es memoria, o por lo menos, recuperarla. Desde hace más de treinta años venimos cambiando el nombre de las soluciones sin resolver el mismo problema.

En mis años vinculados a la educación he oído tantas cosas, que ya no me sorprende una más. El concepto más radical esgrimido, en un momento determinado, fue el de “revolución educativa”. A final de cuentas, los conceptos “vacíos de contenido empírico” son eso, conceptos huecos, que finalmente no conducen a nada.

Hoy se habla de transformación del sistema educativo. El exministro de educación Ángel Hernández ha escrito varios artículos sobre el tema, alertando de que los procesos de reforma pueden ser relativamente rápidos, no así los de transformación que traspasan generaciones y, qué decir, administraciones políticas.

Otro amigo, Radhamés Mejía, nos ha deleitado con sus argumentos sobre las presunciones, estrategias y posibilidades de una transformación del sistema educativo del nivel básico, técnico profesional y superior. Fernando Ferrand, Dignora García, Ligia Amada Melo y otros, han dicho también su palabra.

La educación, una vez más, se convierte en el tema de análisis y debates, envolviendo a sectores académicos, empresariales y sociales, en general.

A finales de la década de los años 80, asistimos a un proceso nunca antes visto, no solo en República Dominicana, sino casi en la totalidad de los países de América Latina y el Caribe. Nos convocamos todos a la reflexión y al debate, inspirados por el Plan Educativo en búsqueda de soluciones a los acuciantes problemas del sector.

De un año de encuentros mensuales surgió el Decálogo Educativo. Diez líneas de acción que se visualizaban, al asumirlas, como oportunidades para la mejora de la educación. Estas fueron:

  1. Eliminación total del analfabetismo.
  2. Establecimiento del preescolar obligatorio.
  3. Generalización de la educación primaria.
  4. Expansión de la educación técnica.
  5. Ampliación de la educación secundaria.
  6. Reorganización de la educación superior.
  7. Revalorización de la profesión de maestro.
  8. Mejoramiento de la formación docente.
  9. Elevación de la inversión en educación.
  10. Ejecución de una campaña nacional de concientización.

Como consecuencia de todo ese esfuerzo, desde la Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos, se organizó con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) todo un proceso de consulta nacional, regional, institucional, etc., que desembocó en el Primer Plan Decenal de Educación 1992-2002.

Este primer Plan fue una estrategia participativa surgida en el Congreso Nacional de Educación de 1992, en el cual se sentaron las bases para la modernización y democratización del sistema educativo, con el objetivo de mejorar la calidad, la equidad y su cobertura.

Transcurridos seis años de finalizado este Plan, y con el propósito de superar los cambios de gobierno y garantizar una educación de calidad, equitativa y adaptada a las necesidades del país, se convocó el segundo Plan Decenal de Educación 2008-2018 que trazaba las políticas públicas del sector para los próximos 10 años.

Transcurrieron cinco años (2023), y una vez más, una nueva convocatoria, un nuevo plan, y un nuevo eslogan: Plan Horizonte 2034, que enfocado en cinco ejes estratégicos “revolucionaría” el sistema educativo:

  1. Primaria Infancia: ampliando la cobertura y calidad de los programas para niños menores de 6 años.
  2. Culminación Escolar: garantizando que los estudiantes completen sus ciclos educativos.
  3. Aprendizajes Pertinentes: desarrollando competencias para el Siglo XXI y la integración al mundo laboral.
  4. Gestión Docente: fortaleciendo la formación y evaluación continua de los maestros.
  5. Administración Participativa: involucrando a las familias, la sociedad civil y comunidades en la gestión escolar.

¿Cuántas otras consultas serán llamadas? Imagino que vendrán otras. Pero, ¿ha sido la falta de planes, eslogan y discursos lo que explica la situación de la educación dominicana? Parece que no.

De nuevo hoy, volvemos al punto inicial buscando razones ¿nuevas? para la reforma o transformación de la educación: fusionar los ministerios y con ello, esperar que la educación cumpla su misión. Y observemos, una vez más, una misma gestión de gobierno que no parece darle crédito y continuidad a su propia política.

Ha sido la historia y una de las principales razones que explican, entre otras cosas, la baja calidad de nuestra educación: la no continuidad de las políticas. Eso se ha dicho ya muchas veces y se repite de manera continua en todos los rincones del mismo sistema educativo.

Las propuestas, como las aspiraciones, no transforman las cosas, es la acción continua y reflexionada (le llamábamos en aquella época, praxis) lo que si asegura los procesos de transformación. Actuar – reflexionar – actuar es la lógica de la transformación.

Pero los egos le roban la posibilidad a la sociedad dominicana. Es el eterno volver a comenzar, como bien nos mostró, hace ya muchos siglos, el mito de Sísifo.

¿Quién o quiénes me aseguran que en un cambio de autoridades ministeriales o de gobierno tales aspiraciones se mantendrían? En educación, construir planteles e imprimir libros, dar comida y uniformes se hace en poquísimo tiempo. Ya lo hemos hecho. Formar un maestro de calidad, en cambio, no.

Con demasiada frecuencia en educación confundimos inaugurar con transformar. Una escuela puede estrenar edificio, tener salones amplios, espacios para la recreación, el deporte y la gimnasia, y seguir enseñando igual que hace cincuenta años. Los gobiernos administran períodos; la educación necesita generaciones.

Formar maestros de la calidad requerida, que hagan de la educación la oportunidad de formarse para la vida y el trabajo, como la época y la sociedad lo requieren, supone respetar tiempos y procesos, olvidándose de que será el fruto de una gestión o de un ministro en particular.

El dilema ético que enfrentamos es muy complejo. Le hemos vendido a nuestros niños, niñas y jóvenes, como a sus familias, que tendrían una educación de calidad que les asegure la permanencia y los aprendizajes, pero la práctica política ha sido la negación de la aspiración vendida.

La verdadera transformación educativa comenzará el día en que el país decida que las políticas educativas pertenecen a la nación y no al gobierno de turno. Hasta entonces seguiremos cambiando los nombres de los planes mientras repetimos los mismos problemas.

Julio Leonardo Valeirón Ureña

Psicólogo y educador

Psicólogo-educador y maestro de generaciones en psicología. Comprometido con el desarrollo de una educación de Calidad en el país y la Región.

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