Es difícil imaginar cómo pudieron resistir durante tanto tiempo los hombres del Carmen Elsa, aquellos cuarenta expedicionarios atrincherados en las cavidades y laderas del Peñón de Las Dos Hermanas. Lo cierto es que pocas veces se dio un combate tan fiero y tan intenso y tan desigual como el que libraron. Estaban prácticamente cercados. Los rodeaba un ejército de cientos de guardias, enfrentaron los cañones de una corbeta y un guardacostas, el fuego de artillería de las ametralladoras pesadas del ejército de la bestia y los persistentes bombardeos de los aviones de San Isidro. En contraste, los expedicionarios disparaban como se les enseñó a disparar en el entrenamiento, con gran economía de recursos, esporádicamente, solo cuando tenían un blanco a la vista, porque el parque era escaso. Aun así, tres días y tres noches combatieron. Combatieron sin tregua, sin descanso, probablemente sin comer ni dormir. Hicieron de tripas corazón, combatieron con arrojo hasta la última bala. Convirtieron el lugar en un santuario del valor y la resistencia.

«La ferocidad de los bombarderos de la AMD fue tal, que todas las rocas de la zona quedaron calcinadas, y los árboles, matojos y pastos fueron reducidos a cenizas. Incluso una escuadrilla llegó a ametrallar y bombardear el poblado y la playa de Sosúa, según consta en el Despacho Semanal n.º 50 del embajador de los Estados Unidos, Joseph Farland, fechado el 31 de julio de 1959, en el que participó al Departamento de Estado que el jefe del MAAG, en un viaje que realizó a Sosúa, confirmó que había sido ametrallada y bombardeada durante las expediciones de junio, pudiendo observar los daños causados por las bombas, así como fragmentos de las mismas. En comunicación anterior, de Harry Lofton, segundo secretario de la Embajada de los EUA, se informó, con amplitud de detalles y declaraciones de testigos, el ametrallamiento y bombardeo de dicha población y playa». (1)

Sorprendentemente, el número de bajas fue relativamente reducido. De los noventa y seis integrantes del Yate Carmen Elsa quedaron vivos unos sesenta, entre los cuales, por supuesto, había heridos y mal heridos. Los más afortunados fueron rematados o asesinados en el lugar. Los demás serían enviados a San Isidro, entregados a los torturadores y finalmente ejecutados cuando ya casi no eran gente, cuando ya habían sido reducidos a guiñapos humanos, sin uñas a veces y sin dientes, sin voluntad de vivir… A José Messón Acosta, el desertor de la marina, le iría peor que a ninguno.

Messón fue brutalmente torturado, más aún que los demás. Una famosa foto suya, sentado en la silla eléctrica —con el corpulento cuerpo estremecido y los ojos casi brotados del dolor—, es el más vivo testimonio de su calvario.

Lo sorprendente es que algunos pequeños grupos de insurgentes lograron burlar el cerco y dispersarse, tratando de ganar altura en dirección a la Cordillera Septentrional. Algunos andaban solos y otros en parejas y durante varias semanas merodearon por los montes. De alguna manera evadían la persecución, se alimentaban de lo que encontraron, buscaban comida y cobijo. Dice Emilio Cordero Michel que «deambularon por los montes de Imbert, Altamira, El Cupey, La Tasajera, Río Grande, El Mamey y otros lugares al sur de Maimón, pero la persecución, el hambre y el agotamiento físico los fue debilitando hasta dejarlos exhaustos y ser aprisionados; otros, los menos, cayeron en emboscadas y murieron en combate. Todavía a finales de agosto y mediados de septiembre, en el llamado Cafetal de Ventura, por la Loma de La Tasajera, al noreste de El Mamey, quedaban 6 expedicionarios, que fueron muertos en emboscadas, apresados y fusilados en el lugar» (2).

Dos de ellos, un norteamericano y un español, estuvieron burlando la persecución hasta septiembre, dieron la pelea por más tiempo de lo que parecía posible. El norteamericano era un veterano de la Guerra de Corea y se llamaba Larry Broving. El español era Francisco Álvarez, uno que fue capturado apenas en septiembre, es decir casi tres meses después del desembarco del Carmen Elsa. Ambos fueron, por supuesto, torturados y ejecutados en el lugar. Serían los últimos guerrilleros de la gesta libertaria.

Combate en Las Dos Hermanas

La lista (lamentablemente incompleta) de los hombres que en esa empresa ofrendaron sus vidas permanece como un timbre de honor, un símbolo patrio de entrega y sacrificio.

Lancha Carmen Elsa Rodríguez Vázquez, José Horacio Messón Acosta, José Agosto Concepción, Moisés Rubén (puertorriqueño) Almonte Fernández, Silvio Rafael Álvarez Martínez, Francisco (El Relámpago) (español) Álvarez Fadul, Miguel Amarante Sevillano, Miguel Jacobo Arrechedera Rodríguez, Rafael (venezolano) Asencio Valverde, Ramón José Sebastián Ávila Pilier, Diego Báez y Báez, Alejandro Belliard Sosa, Enrique Bencosme García, Toribio Bergés, José Fabio (Grillito) Bevins, Larry (Beebe) (norteamericano) Bonilla Aibar, Pedro Julián Cabrera Martínez, Domingo Camacho, Julio (venezolano) Capellán Cabrera, Juan Castillo Cruz, Julio César Cestero Martínez, Fernando (Chichí) Cordero Michel, José Ramón Enrique De Castro Sánchez, Ramón Aníbal Del Castillo Díaz, Jesús Bienvenido Delgado López, Manuel (Chiquitín) Del Giudice Herrera, Héctor Emilio Del Orbe, Manuel José Dohse Jorge, Augusto Eufemio (Buby) Domínguez López, Silvio Augusto Ducoudray Mansfield, Guillermo Eustaquio (Pachucho) Durán García, Julio Raúl Fernández-Mármol Pérez, Gabriel Emilio (Pipí) Figueroa Reyes, Juan Domingo Fuertes Duarte, Bienvenido Herminio García Bencosme, Ercilio (Cilo) Genao Espaillat, José Freddy Guerra Aponte, Freddy Godoy, Fernando González Castellano, Luis (El Indio) (cubano) Grullón González, Eugenio Antonio Grullón Martínez, Francisco José (Frank) Hernández, Generoso (venezolano) Hernández González, Nelson Andrés (venezolano) Ildefonso Cordero, Sergio Manuel (Caporí) Larancuent Rijo, César Federico Lora Martínez, José Caonabo Martínez Hernández, Conrado (Hernández de Padua Corrado) Martínez Saviñón, Eduardo Salvador (Paleco) Mateo Adames, Juan José Medina Rosales, Luis Alfonso (venezolano) Mendoza, Danilo Antonio (Sandino) Mota Ricard, Antonio (Tony) Padilla Hernández, Guillermo Patiño Martínez, Gustavo Adolfo (Niñí) Paulino Estrella, Ramón (Fefo) Peña González, José Manuel Ramón (Cuco) Pérez Rodríguez, Andrés Emilio Pichardo Caminada, Roberto P. (cubano) Pichardo Saldaña, Lucas J. Puello, José Antonio Quezada, Luis Rafael (Lulú) Ramírez Domínguez, Rafael Ramírez Guzmán, Ramón Aquiles (Quilito) Ramos Reyes, Luis O. (puertorriqueño) Ravelo Ramírez, Sócrates Rey Vásquez, Rubén Ripol, Herminio (Mincho y Millo) Rizek Bergés, Saturnino (Nino) Rivera, Víctor Rodríguez Pérez, Aldo (cubano) Rodríguez Santos, William Roland Pérez, José Andrés Sánchez Pérez, José Antonio (cubano) Santana Read, Andrés (Tontón) Suárez Suárez, Ramón Alfonso Tavárez García, José Urtarte Schaffers, Juan Emiliano Valdez Borges, Danilo Vassallo Alfonso, Ricardo (cubano).

La repatriación armada (13) (Historia criminal del trujillato [185])

Notas: (1) Emilio Cordero Michel, «Las Expediciones de Junio de 1959», pgs. 125, 126 (2) Ibid

Pedro Conde Sturla

Escritor y maestro

Profesor meritísimo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), publicista a regañadientes, crítico literario y escritor satírico, autor, entre cosas, de ‘Los Cocodrilos’ y ‘Los cuentos negros’, y de la novela histórica ‘Uno de esos días de abril.

Ver más