En una América Latina donde la verdad a menudo se paga con el exilio o el silencio, los ecos de la 56.ª Asamblea General de la OEA acompañaron con fuerza un interesante manifiesto de resistencia periodística.
Con el acompañamiento de quienes aún creen en el poder de la palabra, la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (RELE) y el Proyecto Europeo de Apoyo al Periodismo y la Lucha contra la Desinformación, la RELE presentó la Iniciativa Rickey Singh para la Excelencia Periodística en las Américas, un proyecto cofinanciado por la Unión Europea, rindió tributo al legendario cronista guyanés Rickey Singh (1937-2025). El manifiesto busca reescribir las reglas de un ecosistema mediático herido por la desinformación.
Este esfuerzo regional no nace de la academia, sino de la RELE y de la urgencia de un diagnóstico compartido por periodistas y líderes civiles de naciones como Panamá, Costa Rica, Ecuador, República Dominicana y el Caribe anglófono, y que tiene voluntad de extenderse como un modelo para todo el continente.
El encuentro, realizado en la Ciudad de Panamá, reunió a los países participantes de dicho proyecto y de otras nacionalidades del hemisferio, algunos periodistas ejercientes y otros que ocupan lugares directivos en organizaciones que trabajan en el ámbito de la libertad de expresión y prensa.
Con el trasfondo de la crudeza de la realidad continental, los participantes coincidieron en que el principal patrimonio de la prensa, la confianza pública, se desmorona ante la polarización y la precariedad de las garantías para ejercer el oficio libremente.
Las declaraciones clave de los entrevistados y representantes políticos del evento elevaron el tono técnico hacia un terreno ético y existencial. Pedro Vaca, Relator Especial para la Libertad de Expresión (RELE) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), fue contundente al señalar que el intercambio permanente entre reporteros del hemisferio no es un lujo, sino una condición vital e impostergable para sostener las debilitadas democracias de la región. La prensa independiente, atrapada en un contexto crecientemente adverso, necesita de estos lazos para no sucumbir a la censura.
Por su parte, desde una perspectiva estructural y global, Izabela Matusz, embajadora de la Unión Europea en Panamá, recordó con lucidez poética que, por encima del vértigo de los algoritmos y la tecnología, el periodismo solo sobrevive si se aferra a sus principios fundacionales de rigor y honestidad.
Sus palabras conectaron directamente con la advertencia de Pontus Rosenberg, embajador de Suecia en Panamá, quien intervino a continuación y calificó a la prensa como la pieza clave para que una democracia funcione, alertando sobre el peligroso escenario actual de reducción de la cooperación internacional.
Este diagnóstico abstracto cobra rostro y urgencia en testimonios como el de la periodista argentina Sol Lauría, ganadora del Premio Nacional de Periodismo 2026 en Panamá, organizado por el Fórum de Periodistas por las Libertades de Expresión e Información. Su trayectoria periodística desde las altas esferas del poder financiero —como los Panama Papers, investigación por la que compartió el Premio Pulitzer— hacia el fango del conflicto medioambiental encarna la mutación del peligro en la región. Lauría desnudó cómo una corporación minera multinacional, aliada con sectores políticos locales, pretendía reactivar una concesión declarada inconstitucional dos veces por la Corte, un gigante extractivo que, en sus palabras, «te chupa todo y no deja nada».
Frente a este asedio de capitales transnacionales, que superan el poder de los propios Estados, este tipo de encuentros se vuelven el único refugio. Como sostiene Lauría, la resistencia no es un acto de ego, sino un pacto comunitario para que los ciudadanos de los barrios olvidados no queden a ciegas. Al final, tejer redes colectivas entre periodistas, compartir talleres y editar en comunidad es la única forma de blindar las historias, vencer el desánimo y defender una democracia donde la información siga perteneciendo a la gente.
La Iniciativa Rickey Singh se levanta así como un faro ético y de excelencia periodística. En tiempos donde la desinformación se industrializa, rescatar la autorregulación y la excelencia periodística ya no es solo una meta profesional, sino el último escudo que parece que nos queda para proteger la libertad de expresión en las Américas.
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