Expreso mi cordial saludo a las autoridades académicas, a la cabeza de la Señora Rectora, ALEJANDRA MARÍA HERNÁNDEZ ACOSTA, a mi hermano y amigo el Dr. ANGEL HERNÁNDEZ, a quien gracias a las lides académico-educativas la vida nos ha permitido abrazarnos en una nueva familiaridad. Me uno a las salutaciones protocolares antes mencionadas. Y modo muy especial a ustedes estimados graduandos y sus familias.
Dios les bendiga a todos y todas, y colme sus vidas de su sabiduría infinita, y de la paz que trasciende todo juicio y entendimiento humano (Flp 4,7).
“Formar hombres en toda la extensión de la palabra, en toda la fuerza de la razón, en toda la energía de la virtud, en toda la plenitud de la conciencia.” (Eugenio María de Hostos)
Conferencia
Ha transcurrido ya el primer cuarto de siglo del Tercer Milenio. No nos han faltado los temores, dudas e incertidumbres a cerca de cómo íbamos a transitar estos años primeros de nuestro Siglo XXI. Se miraba como moda pasajera el afán por la tecnología, un desarrollo previsible y controlado de la ciencia, el dictamen dogmático de la economía de mercado, recelos éticos ante el avance de las ciencias médicas.
Ciertamente, la última década del siglo pasado era tan solo una especie de alivio temporal, comparado con la pesadez y vergüenza que significó para nuestras naciones en vía de desarrollo, el anterior decenio, llamado con cierta justicia como la “década perdida”. Y no era para menos que las expectativas acerca del nuevo milenio estuvieran minadas por tan amargo y empobrecedor panorama.
República Dominicana se vio abocada a tomar decisiones que trascendieran lo que pudiera entenderse como un determinismo o una desgracia inmerecida, para una nación que, en buen dominicano, había cumplido y hecho sus tareas, al menos esas que la comunidad internacional y las agencias de desarrollo y financiamiento, le legaban.
Pronto entendió que debía hacer una transformación radical de su matriz productiva, una nueva mentalidad de su liderazgo nacional, reinventar sus cualificaciones profesionales, impulsar una nueva generación de técnicos y tecnócratas, pasar de una economía rudimentariamente agrícola a una modalidad marcada por el mercado y los servicios.
Palabras que parecían amenazas como competitividad, eficiencia, tecnología, excelencia, calidad, globalización, educación técnico profesional, revolución productiva, libre mercado, apertura económica, participación democrática, desarrollo sostenible, y un largo etcétera de temas y categorías, forjaron un espíritu nacional que estaba a la base de los grandes hombres y mujeres de la patria, que decidieron afrontar con gallardía el desafío de estos nuevos tiempos.
La República Dominicana ha sufrido una transformación radical en estos últimos treinta años, marcada por el desarrollo económico, una mejora en la calidad de vida de la población, nuevas infraestructuras, nuevas leyes y regulaciones, instituciones nuevas, que cambiaron el Estado, la justicia, los gobiernos e instituciones municipales, las empresas, las iglesias, hasta la gestión de los gremios y asociaciones de profesionales.
A la base de tal revolución, uno pudiera erróneamente pensar que está el capital económico, el dinero, pero no es así. Quizás injustamente no se dice que el gran aliado del desarrollo ha sido la manera en cómo hemos afrontado el tema educativo.
La educación de muchas y variadas formas ha sido el gran impulso del desarrollo económico que hemos conocido hasta ahora, sobre todo porque ha sido el cimiento que nos ha preparado para nuevos trabajos, nuevos servicios, nuevas profesiones, nuevas ocupaciones, nuevas competencias. El dinamismo de nuestra economía tiene detrás una sociedad que ha apostado decididamente por la educación.” Este es el centro de mi intervención.
Me llena de alegría estar hoy junto a esta institución que por más de treinta años ha liderado una visión educativa que procura poner en el centro a quienes la dureza de la vida y las privaciones del pasado fueron dejando a un lado, a quienes la distancia, el amor temprano por el trabajo y el inicio de la propia institución familiar parecían mostrarle el imposible de una educación superior de calidad.
Hoy celebro esa audacia, atrevimiento e inteligencia de los iniciadores de esta magnífica institución educativa, pionera en la educación superior a distancia, el uso audaz y valiente de los recursos tecnológicos disponibles y la visión de que la educación no es para poner barreras, sino para abrir puertas, crear nuevas ocasiones y maneras de aprendizajes.
Creo que una de las grandes tareas que debe definir hoy a la educación superior en nuestro país es asumir el desafío de una Nueva Inteligencia Educativa.
No hablo simplemente de saber más, ni de incorporar nuevas tecnologías. Hablo de la capacidad de nuestras universidades para reinventarse, leer los signos de los tiempos, anticiparse a las necesidades de la sociedad y atreverse a señalar nuevos senderos allí donde otros apenas comienzan a vislumbrarlos.
Una universidad verdaderamente innovadora no se limita a interpretar la realidad. La estudia, la cuestiona, la transforma y se adelanta a ella. En buena medida, la UAPA ha venido caminando en esa dirección, con una propuesta abierta, flexible e innovadora, capaz de ampliar oportunidades y responder a las nuevas realidades de nuestra sociedad.
Esta visión exige crear puentes entre la universidad, el Estado, el Gobierno, la sociedad civil y el sector empresarial. El conocimiento alcanza su verdadera fuerza cuando se encuentra con las necesidades concretas de las comunidades y se convierte en investigación, innovación y soluciones.
Pero hay algo todavía más profundo. El progreso universitario no puede medirse solamente por los títulos otorgados, las tecnologías disponibles o los conocimientos acumulados. Su medida más alta está en buscar apasionadamente la verdad y formar hombres y mujeres libres, capaces de pensar, discernir y decidir responsablemente, haciendo de su conciencia una brújula moral al servicio de los demás.
Por eso, la universidad debe atreverse a incomodar. Debe formular nuevas preguntas, explorar posibilidades, cuestionar viejas respuestas y abrir caminos. No podemos amedrentarnos ante los cambios; debemos encararlos con entusiasmo, rigor, creatividad y sentido de realidad.
Y nunca debemos olvidar que la mayor riqueza de una universidad no está solamente en sus recursos económicos, sus edificios o sus plataformas. Está en las personas. En profesores que inspiran, investigadores que preguntan, estudiantes que se esfuerzan y profesionales que comprenden que el conocimiento trae consigo una responsabilidad.
Hoy es, ciertamente, un día luminoso para ustedes, queridos graduandos. No reciben solamente un título; reciben una responsabilidad. Han sido formados para que su inteligencia sea fuerza generadora de bien común y para comprender que detrás de cada decisión profesional hay consecuencias humanas, sociales y éticas.
Que nunca olviden que la verdad debe orientar sus decisiones, que la vida humana merece respeto, que la libertad exige responsabilidad y que el conocimiento alcanza su verdadera dignidad cuando se pone al servicio de los demás.
Dios les bendiga en esta gran fiesta del saber, del compromiso y del futuro. Porque educar no es solamente preparar para el futuro, es atreverse a construirlo. Y creo que ustedes, apreciados graduandos, han sido alcanzados por esta filosofía y mític formativa: la capacidad de una universidad para leer la realidad, anticipar sus desafíos, generar conocimiento, convertirlo en soluciones y formar personas capaces de transformar responsablemente su entorno. Felicidades a todos y todas.
Doctorado Honoris Causa
Finalmente, no quiero terminar mis palabras sin antes expresar mi más sincero y humilde aprecio por la distinción que hoy la Universidad Abierta para Adultos (UAPA) ha puesto sobre mi persona, al unirme a su prestigio y buena fama al otorgarme el DOCTORADO HONORIS CAUSA, con lo cual sin duda me afirma en mi vocación irrenunciable con la educación.
Agradezco a la Universidad, a su Junta de Directores, Consejo Académico, a la Rectoría y demás órganos, por este reconocimiento, que más que una trayectoria, marca hoy para mi una ruta renovada para seguir impulsando la tarea educativa y con ella avivar la formación de hombres y mujeres libres, forjadores de una sociedad más justa, solidaria y progresista.
Hago fervoroso voto de adhesión a la impronta innovadora y liderazgo tecnológico de esta Alta Casa de Estudios, de su compromiso social por la inclusión educativa y hacer del saber el verdadero camino de la libertad.
Muchísimas gracias.
Dios les bendiga.
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