“La lengua es nuestra morada…
cada palabra al mismo tiempo dice y calla algo”.
Octavio Paz

Los años de estudio y el trabajo por los derechos de las mujeres han desarrollado en mi la conciencia de lo ausentes que estamos las mujeres del lenguaje universal. Y lo digo de esta manera, porque con estos temas de derechos humanos no es suficiente tener la información y el conocimiento para lograr transformar nuestra manera de pensar, de mirar y observar el mundo.

De hecho, esa primera información de la importancia del lenguaje llegó a mí hace muchos años, pero solo en el día a día, observando la cotidianidad, escuchando a las personas y escuchándome a mi misma, fue que poco a poco se fue internalizando y convirtiéndose en un sentimiento, eso tan real que desde hace unos años me pasa, de no sentir que me hablan a mi o de mí, cuando lo hacen en masculino. El simple “nosotros” me aleja de la narrativa por motivadora o interesante que me parezca. En cambio cuando aparece el “nosotras”, ahí siento que estoy, que soy, que pertenezco y que me están hablando a mí.

Solo desde ahí he podido entender ese sentido de apropiación del discurso y de pertenencia que en general tienen los hombres desde muy pequeños, y es que los discursos, todas las narrativas, eran dirigidas a ellos y créanme que solo con ese “detalle” la autoestima comienza a crecer, pues se trata de reconocimiento, de estar y ser para quien se está hablando y eso hace la diferencia.

Esa ventaja la tienen desde siglos inmemoriales y saldar la gabela que nos llevan ha costado fuego y sangre. La verdad es que es muy agradable sentir que te están hablando a ti, que se están refiriendo a tu género, ese con el que vives día a día.

Y sé que cuesta, de hecho participo en muchos grupos donde la mayoría somos mujeres y pueden estar guiados por mujeres con conciencia y sensibilidad de género, aun así percibo que se les hace muy difícil. Podemos ser 10 mujeres y uno o dos hombres y aparece el masculino para referirse a todas, o con dificultad el inclusivo para ambos sexos. Y créanme que hoy solo lo observo, no lo juzgo, sencillamente se convierte para mí en un laboratorio de esa dificultad para nombrarnos que por todos los siglos nos han enseñado.

La frase que cambió mi percepción, que me puso a escudriñar y a pensar fue una que de seguro han escuchado muchas veces “lo que no se nombra, no existe” y así lo vivo cada vez, es como si aun siendo mayoría , no existiéramos. Aún tenemos el “nosotros” tan metido en la piel que nos corre por las venas y es muy difícil desembarazarnos de él. Y la verdad es que quiero existir, quiero que mis hijas, mis nietas y las nuevas generaciones de mujeres sientan desde muy pequeñas que existen en una sociedad donde la palabra tiene tanto poder y transforma lo que somos y cómo nos vivimos a nosotras mismas en individual y en colectivo.

Como estoy a cargo del Centro de Atención a Sobrevivientes de Violencia, desde ahí sí, pudiera decir, que he desarrollado una campaña de hablar en femenino, pues aunque no lo crean, a un equipo de mujeres que trabaja con mujeres, también se nos dificulta, a veces reconocernos y cambiar al “nosotras”

Hacerlo notar en la terapia individual, pero sobre todo en las actividades grupales que son muchas: los grupos Abiertos, Cerrados y de Crecimiento; las formaciones financieras; los talleres de teatro, pintura, escritura creativa y demás. En ese contexto tan nuestro me he propuesto sembrar la semilla de sentirnos nombradas y desde ahí en cada lugar en el que participen las mujeres que acompañamos, sé que procurarán hablarse y nombrarse en femenino.  Estoy segura de que en unos años las mujeres seguiremos transitando un camino de mayor validación, reconocimiento y pertenencia lo cual de inmediato nos coloca en otro lugar y nos cambia la mirada acerca de nosotras y del contexto.

Por eso mis artículos son en femenino, al final sé que quienes mayormente me leen son las mujeres y si algún lector  se acerca, sería lindo que al igual que lo hemos hecho nosotras durante siglos comiencen a intentar sentirse en el femenino a ver cuál es su experiencia y talvez en algún momento la compartimos.

Solange Inmaculada Alvarado Espaillat

Psicóloga y Terapeuta Familiar

Psicóloga y Terapeuta Familiar en su consultorio privado desde 1999. Directora del Centro de Atención a Sobrevivientes de Violencia de la Procuraduría Fiscal del Distrito Nacional. Autora de dos libros para la Procuraduria Fiscal del Distrito Nacional y una publicación personal: “Violencia contra la Mujer, Modelo de Intervención Integral” “Heroínas en Lienzos, Palabras y Sueños” "Guía Práctica para la Familia Actual, de mi consulta y mis vivencias"

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