Menos de dos horas necesitó un jurado de Oakland, en California, para desestimar la demanda de Elon Musk contra OpenAI y su director ejecutivo, Sam Altman, tras un juicio de tres semanas que puso frente a frente a dos de los titanes más poderosos y controvertidos de Silicon Valley.
Musk había interpuesto en 2024 una acusación contra la poderosa firma de inteligencia artificial –creadora de ChatGPT–, su CEO y su presidente, Greg Brockman, por incumplimiento de contrato y enriquecimiento injusto, alegando que habían traicionado su misión fundacional sin fines de lucro para priorizar los beneficios económicos por sobre el interés público.
La denuncia –que incluía también una alegación de complicidad contra Microsoft, uno de los inversores de Open AI– fue descartada por el panel de nueve miembros, señalando que no se presentó dentro del marco temporal legal, por lo que había quedado prescrita.
Si bien el jurado tenía una función consultiva, la jueza Yvonne Gonzalez Rogers aceptó el veredicto de este lunes 18 de mayo como "propio".

"Existe una cantidad sustancial de pruebas que respaldan el veredicto del jurado, razón por la cual estaba preparada para desestimar el caso de inmediato", afirmó la magistrada.
De todas maneras, el hombre más rico del mundo aseguró en X que apelará el fallo y subrayó que "la jueza y el jurado nunca fallaron realmente sobre el fondo del caso, solo sobre un tecnicismo de calendario".
"Altman y Brockman sí se enriquecieron robando a una organización benéfica. ¡La única pregunta es CUÁNDO lo hicieron!". –escribió Musk–. Sentar un precedente para saquear organizaciones benéficas es increíblemente perjudicial para la filantropía en Estados Unidos".
En la corte, tras dar su decisión, Gonzalez Rogers anticipó que el magnate sudafricano podría enfrentar una batalla cuesta arriba en su apelación, ya que es una cuestión de hecho determinar si el plazo de prescripción había pasado antes de que presentara su demanda.
Un juicio marcado por rencillas de negocios y personales
Cuando OpenAI fue lanzada en 2015 como una pequeña y entonces desconocida startup, Musk fue uno de sus primeros mecenas, al aportar 38 millones de dólares para la firma nacida como una organización sin fines de lucro, que hoy es un gigante de la tecnología, valorada en 852.000 millones de dólares.
En su demanda, Musk acusó a OpenAI, Altman y Brockman de manipularlo para que les diera ese dinero inicial y luego a sus espaldas, abandonar su misión inicial para convertirse en un negocio y aceptar decenas de miles de millones de dólares de Microsoft y otros inversores.
Tras haber estado entre sus fundadores, Musk dejó OpenAI en 2018 y la tecnológica se convirtió en una empresa con fines de lucro al año siguiente. En 2023, el multimillonario sudafricano creó su propia compañía emergente de inteligencia artificial, xAI, que ahora integra su firma de cohetes y satélites SpaceX.
A lo largo del juicio, quedó en evidencia el amargo distanciamiento entre Musk y Altman y, durante las tres semanas de audiencias, las acusaciones se tornaron, por momentos, personales.
Musk exigía una indemnización por "abuso de confianza benéfica", así como la destitución de Altman del consejo de administración de OpenAI.
En su declaración en el tribunal, afirmó que su demanda se sostenía en una "realidad muy sencilla" que era "que no está bien robar los fondos de una organización benéfica" y señaló la supuesta conducta engañosa de Altman como el motivo que lo había llevado a romper con su antiguo aliado, un comportamiento que, según Musk, también observó el consejo cuando destituyó brevemente a Altman en 2023 para reincorporarlo poco después.
En su alegato final, Steven Molo, otro abogado de Musk, recordó que varios testigos cuestionaron la sinceridad de Altman o lo tacharon de mentiroso. "La credibilidad de Sam Altman está directamente en juego. Si no le creen, no pueden ganar", afirmó.
De su lado, OpenAI ha considerado la denuncia como una acción motivada por la "envidia", con la intención de frenar el rápido crecimiento de la empresa y guiada por el resentimiento de Musk, quien vio la oportunidad de ganar dinero pero superó el plazo de prescripción de tres años para hacer la presentación judicial.
Altman y OpenAI también indicaron que Musk sabía de los planes de expansión de la firma y sus abogados presentaron como prueba varios correos electrónicos de los asesores de Musk en los que se discutían posibles porcentajes de participación accionaria del magnate si la empresa dejara de ser sin fines de lucro.
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En su testimonio, Altman, asimismo, manifestó su preocupación por los presuntos intentos de Musk de obtener mayor control sobre OpenAI en sus primeros años.
"Parte de la razón por la que fundamos OpenAI es que no creíamos que la IA general pudiera estar bajo el control de una sola persona, por muy buenas que fueran sus intenciones”, sostuvo.
Tras el veredicto, Bill Savitt, abogado de OpenAI, tildó la demanda de Musk de "invención posterior a los hechos que no guarda relación con la realidad" y un "intento hipócrita de sabotear a un competidor".
Por su lado, Marc Toberoff, representante legal de Musk , advirtió que el fallo podría alentar a otras empresas emergentes con ambiciones lucrativas a crear organizaciones sin fines de lucro para expandirse luego y enriquecer a sus directivos y consejeros. "Es una fórmula totalmente nueva para Silicon Valley", declaró a la prensa.
Una victoria para OpenAI, antes de su posible salida a bolsa
El fallo del tribunal de Oakland representa un triunfo estratégico para los planes de expansión financiera de OpenAI, que prepara una próxima salida a bolsa, proyectada como histórica para el sector tecnológico.
Dan Ives, analista de la firma de servicios financieros Wedbush, afirmó a Reuters que el veredicto eliminó un obstáculo importante para ese movimiento.
"Esta es una gran victoria para Altman y OpenAI, a pesar de los golpes y las contusiones que ha sufrido la persona y el liderazgo de Altman", indicó.

La reputación del director ejecutivo de OpenAI se vio sacudida por algunos testimonios extremadamente personales durante el juicio, que lo pintaron como una persona poco confiable, manipuladora o mentirosa.
Entre ellos estuvo Mira Murati, quien fue CEO de la firma después de la destitución temporal de Altman en 2023. La desarrolladora de 37 años –que dejó OpenAI y fundó su propia empresa emergente de inteligencia artificial– acusó a Altman de "sembrar el caos", de, en ocasiones, engañarla a ella y a otros, y de "decir una cosa a una persona y todo lo contrario a otra".
Está por ver si las dudas sobre la figura de Altman tienen algún peso en los planes de salida a bolsa de OpenAI, que se estima que podría tener una oferta pública inicial que valoraría la empresa en un billón de dólares.
Por su lado, Musk –que viene de acompañar al presidente Donald Trump en su viaje a China– también prepara la salida a bolsa de SpaceX, que podría darse en junio y con la que espera recaudar unos 80.000 millones de dólares.
Con Reuters, AP y EFE
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