Entendida como esencia, la música representa el alma de todas las cosas.

Escuchar el ritmo, la melodía y la armonía de la música en cada ser es penetrar en el sentido de la vida y en la música de muchos hombres y de todo el mundo.

“No solo no es posible poseerse a sí mismo, sino que tampoco se puede poseer ninguna cosa, por minúscula que sea su existencia.
En verdad, aquel que llega a penetrar enteramente en la existencia de la más deleznable criatura del mundo habrá penetrado en todo el mundo”.

Escribe la sabia y filósofa María Zambrano en su texto filosófico De la aurora, pág. 139.

Enfocando la música en un sistema de correspondencias armónicas: como es arriba, las tonalidades mayores; serán abajo, las tonalidades menores.

De tal manera que toda mujer, como parte de la vida, es música: sinfonía, merengue, bachata, o tan simple como una sonata en La menor…

María Zambrano.

Pasa lejano el sueño, como antigua música ligera.
¿Perfume de qué mujer? ¿Besos de qué labios?

Abiertas las puertas. Detente y calma: es la sed del que viaja.

¿Por cuáles sendas, por cuál camino oscuro, suspendes el paso?
Vienes, lejana llama que a morir convida.
Música de la noche, que al despertar se olvida.
Encendida luz que al morir se apaga.

Se acerca y se va. Pasa lejano el sueño.

¿Será muy tarde cuando despiertes?

Abiertos los ojos en el sueño.

¿Cuál música será la casa? ¿Cuál perfume serán los labios?

¿Y si anoche dormiste a mi lado, a quién besaste si ya no estabas?

A cada paso te alejas del sueño: cenizas los abrazos, ligero olvido de una pequeña muerte, suave cortina que la tristeza teje.

Llena de música la habitación: verde luz los muebles, toda la sala y las cortinas.

Miles de peces radiantes son sus ojos, mar casi lleno de lágrimas; casa del mar y de la música, gozo del llanto, del tenerte y no tenerte.

Secreta sala de morir sin alas. Perfume de la nada. Casa del llorar.

¿Le importará a alguien que sea ya muy tarde y no poder despertar?

¿Que la música sea sinfonía, merengue, sonata o bachata?

Lavarse la cara con guantes de mimo. Fugaz y ligera liebre que corre con el rumor del que camina por la luna.

Asustado por el miedo de mirarse por dentro y encontrarse con el derrotado de todas las batallas, el cruel asesino de todos los horrores, el mentiroso disfrazado con el azul de todas las mañanas.

Huyendo de todos y hacia ninguna parte. Mirarse, mirar al que se escapa de sí mismo.

Casa de todas las músicas, casa del llorar sin límites. Puertas que abren todas las heridas.

Abismos que cierran todas las ventanas.

¿Dónde, dónde estás? Siempre estoy aquí contigo. Canta en La menor. Nube del no saber. Es el cielo otro abismo.

Barca a la deriva, surca bahías invisibles. Mar hecho de luz, casi mar redondo, como lágrima que se desliza veloz por la mejilla.
Flecha ligera hacia el abismo de tus labios. Gruta del placer y el orgasmo. Ruta del que navega sin origen y sin destino. Barca a la deriva.

La menor sostenido en tu falda, acorde erecto. Barco a la deriva. Orgasmo de tu boca. Abismo negro. Seda la lluvia.

Lavarse la cara con guantes de mimo.
¿Perfume de qué mujer? Tan lejana como el sueño.

¿Música de cuál sonata?

EN ESTA NOTA

Ángel Concepción Lajara (Yeyé)

Escritor y crítico

Escritor, teatrista, crítico de arte.

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