Masako Satake-Torena es una poeta dominicana con raíces japonesas; ha publicado su primer texto literario titulado Agonía desmedida y está integrada al Movimiento Literario Efluvismo. La conocí hace muchos años cuando era alumna del Colegio San José en Azua de Compostela, República Dominicana. Educada en un colegio de monjas carmelitas, sobresalía por su carácter muchas veces diferente a todas sus compañeras de aulas y del centro en sentido general. Ella era vivaz, social, crítica y rebelde. A veces era disruptiva con algunas de las formas de la instrucción moral y educativa de entonces. Masako, como todos la conocíamos, ya que fui docente de ese centro en la década de los 80s, mostraba una personalidad muy propia de inmensas inquietudes. Bueno, algunos comprendían sus maneras, atribuyéndolas a su descendencia japonesa y su mixtura étnica.
Lo cierto es que, al marcharse para Japón e introducirse en esas raíces culturales, las cuales tenía impresas en sus huellas genealógicas y sociológicas, pudo ver con más amplitud las concepciones del mundo cultural, moral, social y espiritual, diferentes a las culturas caribeñas. Ese impacto espiritual, los conflictos familiares y su condición de ser rebelde le permiten explorar su yo artístico, tanto en la poesía como en las artes plásticas. Esta artista posee habilidades naturales para el dibujo y lo muestra en las viñetas que aparecen en algunas páginas de su texto.
Del libro Agonía desmedida, Aurelia Castillo (2025) refiere que este poemario es "un recordatorio de que el amor y el dolor son dos caras de la misma moneda, y que la intensidad de uno puede ser directamente proporcional a la profundidad del texto”. También, Josué Leger Peña (2025) expresa que esta poeta en su poemario encuentra la forma de expresar, sin límites, y en los versos, su clamor. Lo hace desde la agonía profunda del insomnio, la agonía anhelante del deseo y la agonía solitaria del silencio”. En cambio, el poeta y profesor universitario Luesmil Castor Paniagua (2025) expresa en una opinión literaria que esta poeta: “Con versos hondamente sumergidos en una sublime sensualidad, su poesía aparece claramente bordada de una irreverencia asumida sin poses, pues el lector siente que se trata de un ritual de desahogo, una liberación de la represión impuesta por la crianza femenina”.

El poemario Agonía desmedida está compuesto por 41 poemas breves y se advierte en ellos una descarga pasional, agónica, entrañable, amorosa y de resistencia. Cabe destacar el lenguaje interior de los versos, unas veces descarnados, de sublimes sencilleces, de pasiones hondas y de soledades habitando los vacíos. Un lenguaje de libertades que desbordan las descargas eróticas, sensualismos y deseos. Una profunda presentación humana que no ha sido entendida y que se destapa auxiliándose de un lenguaje emocional poderoso, disruptivo y, sobre todo, tierno.
¿Cómo es capaz la poeta de brindarnos tantas emociones y sentimientos con un lenguaje tan fluido, de acceso desnudo a breves estaciones del alma y la carne?
La de Masako Satake-Torena es una poesía con energía vital, con fuerza interior, dolores profundos y ruegos: “El dolor es tan profundo / que no me deja respirar / llega a mis entrañas / donde alguna vez, / fuiste luz” (pág. 35). “Necesito tus abrazos / para llenar mi alma desbordada / en esos días vacíos, / cuando el silencio / responde a mis lamentos, / y que me des calma” (pág. 29).

En los versos del poemario Agonía desmedida no encontraremos esas metáforas rimbombantes haciendo alardes de erudiciones, ni una poesía confeccionada para competir entre los aedas del parnaso. Se escabulle por unas hendeduras que toca el cielo estético de los íntimos deseos y sufrimientos. No es una poesía que busca el aplauso de la humanidad. “Solo palabras vanas resuenan, / como ecos sin alma / por todas partes: / sin sentido, sin pasión. / No quiero ser parte de esta frívola humanidad” (pág. 41). Me detengo en el último verso. No es una expresión misántropa, es el traspaso de los límites críticos de un dolor, de la imposición de una fe cansina por demás. Es un deseo de búsqueda de otros lugares donde llegar, huir de tormentos que son recursivos y de golpes que a veces arrancan el amor. La poeta no quiere ser cómplice de eso y se rehúsa a perderse. “Busco un lugar / donde la brisa cuente historias / donde los sueños tengan voz. / Me rehúso a ser cómplice y perderme, / como un fantasma más.” (Pág. 41).
Otro de los poemas a ser destacado es “Alzheimer y yo”. Es el más conmovedor, una conversación entre una hija y su padre que padece esta enfermedad. En el texto, estos versos se convierten en un mensaje humano, real y enternecedor: “Te pareces al pasado que no fue. / Te siento, reconozco tu mirada y te sonrío. / Querida, ¿dónde estabas? / ¡Ya te extrañaba! / ¿Por qué lloras? / ¿Te duele el alma? / Te abrazo y te doy calma” /… ¿Por qué me abrazas? / ¿Quién es usted? / ¿Qué le pasa? / Gracias por los tiempos lindos, / el amor / la compañía…”. (pág. 16)
Finalmente, la propuesta literaria de Masako Satake-Torena nos revela a una artista que fluye con un ser hecho a girones y que bulle con volutas de amores, pasiones y hondos sentimientos de humanos.
Publicación para Acento No. 174
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