La actitud de los escritores italianos que participaron en la Segunda Guerra Mundial en contra del fascismo y del nazismo, fue similar a la de los franceses. Los miembros de la resistencia italiana, llamada Partisanos, de igual manera lucharon haciendo propaganda clandestina y realizando actos de sabotaje. Entre los más destacados sobresalen Giuseppe Fenoglio, Oriana Fallaci, Primo Levi, e Italo Calvino. Contemporáneo de ellos, es Leonardo Sciascia, nacido en Racalmuto, Sicilia, en el año 1921. En 1943, Sciascia tenía edad para ser miembro de la Resistencia italiana, mas no formó parte de ella. De manera que, como siciliano, pudo haber observado en 1943 la toma de Sicilia por parte de los aliados, y enterarse, como es obvio, de la ejecución en abril de 1945 de Benito Mussolini por parte de los partisanos.
Leonardo Sciascia fue un escritor de posguerra. En sus obras, se refieren hechos del acontecer italiano que van desde el siglo XVII hasta la segunda mitad del siglo XX. Las mismas, son de crítica social contra la corrupción, el abuso de poder, y de denuncia contra la mafia. Su prestigio como escritor comienza a partir de la publicación de la novela policial El día de la lechuza. Este subgénero narrativo, que básicamente tiene como tema central un crimen, la presencia de un detective que investiga el hecho y su solución, en las novelas policíacas de Sciascia hay un leitmotiv distinto.
En El día de la lechuza, un asesinato se ejecuta cuando un individuo está a punto de entrar a un autobús. Los pasajeros se niegan a dar declaraciones, y en apariencia, nadie ve nada. En el fondo, la trama es una denuncia del modelo criminal de la mafia siciliana, y de una sociedad que se ve compelida a callar por el temor. De ella es de interés agregar, que es la primera novela policíaca moderna de la literatura italiana con detective italiano, y de denuncia social contra la mafia. Cabe destacar, que El día de la lechuza fue llevada al cine —-interpretada por Marcelo Mastroianni—también Todo modo, cuyo tema consiste en una crítica al poder y a la iglesia, entre otras de su prolífica producción literaria.
El lenguaje de Leonardo Sciascia es sobrio, directo, conciso, y sin rebuscamientos expresivos. Quizá influido por su trabajo periodístico, en las obras donde aborda hechos reales, se advierte un estilo acorde con el periodismo de investigación. Como muestra conviene señalar, dos acontecimientos relacionados con su natal Sicilia sobre los cuales escribió. Se trata de Muerte del inquisidor y La desaparición de Majorana. Muerte del inquisidor fue escrita a partir de un suceso ocurrido en el siglo XVII. En 1657, había sido encarcelado por el tribunal de la Inquisición siciliana acusado de hereje, el fraile Diego La Matina. Cuando el inquisidor Juan López de Cisneros entró a su celda a entrevistarlo, en un arrebato de locura, desesperado por lo que él consideraba una infamia, lo mató con los grilletes. La causa de la supuesta herejía nunca se supo, se quedó sumida en la oscuridad y la leyenda. En el año 1658, La Matina fue condenado y muerto en la hoguera. Sciascia, nativo del mismo lugar de nacimiento del fraile, fervientemente interesado por este hecho, hizo un trabajo de investigación examinando los documentos de la época. De ahí nació Muerte del inquisidor. La escribió motivado por saber cuál fue la herejía cometida por el fraile Diego La Matina, encarcelado en varias ocasiones, y a juicio de él, un héroe. Este texto, su propio autor lo calificó de ensayo o narración de un hecho. Lo describió como el escrito que más apreció. De manera que, en Muerte del inquisidor, aunque en su construcción usó la narración, es una forma de ensayo novelado resultado de la investigación.
De igual modo, para escribir La desaparición de Majorana, Sciascia consultó documentos y entrevistó a personas, a los fines de hacer una interpretación sobre la desaparición del físico siciliano Ettore Majorana, profesor de física teórica de la Universidad de Nápoles. Majorana desapareció en 1938, cuando se montó en un barco que iba de Nápoles a Palermo. Antes de partir, le envió una carta a un colega profesor y a su familia. En ambas les advirtió que no lo buscaran. Se especuló que cometió suicidio, posiblemente porque sentía temor de que se descubriera la bomba atómica y no quería ver ese momento. De Majorana nunca se supo nada, jamás apareció. En esta novela corta, Sciascia hace hipótesis, y comunica al lector, el misterio que envolvió la desaparición de este prestigioso físico, escribiendo una obra maestra sobre un hecho real.
El nombre de Leonardo Sciascia debe estar escrito con letras de oro en las letras italianas. No solo por sus obras de ficción, también, por haber hecho de la novela policial una ácida metáfora sobre la corrupción, el poder, y tener la valentía de denunciar la mafia en sus novelas, revistas, y periódicos nacionales de su país. De este eximio representante de las letras italianas, hay que destacar, qué interesado por una correcta aplicación de justicia, cuando en 1983, el tribunal de Nápoles condenó al presentador de televisión Enzo Tortora, acusado de pertenecer a la Camorra, Sciascia publicó un artículo en el periódico Corriere della Sera, expresando estar convencido de la inocencia de Tortora. En un encuentro con Sandro Pertini, al momento presidente de Italia, tuvo el arrojo de ratificarle su convicción, y decirle, que como Presidente del Consejo Nacional de la Magistratura, cuando fuera a elegir un juez, lo encerrara tres días en una celda para que se diera cuenta del significado de una prisión injusta. Tortora fue absuelto en la Corte de Apelación de Nápoles, y la sentencia ratificada por la Corte de Casación de Italia.
Por otro lado, sobre el abuso de poder, juicios injustos y otros tantos problemas que azotaron a Italia en la segunda mitad del siglo XX, escribió una serie de artículos periodísticos que dejó como testimonio de su vocación de denuncia. Fueron de incalculable valor para comprender como el miedo, la protección y la complicidad, permitieron a la mafia mantenerse y perpetuarse. Esta labor periodística, fue recopilada en el libro titulado Para una memoria futura (Si la memoria tiene un futuro), cuyos artículos nos muestran, que el nativo de Racalmuto, Sicilia, admirado por Italo Calvino y por Pierre Paolo Pasolini, que también dejó un libro de extraordinario valor sobre el secuestro y asesinato de Aldo Moro, por su compromiso ético y de denuncia, fue merecidamente llamado, la conciencia crítica de Italia.
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