En esta mirada a los relatos de Ramón Núñez Duval, más que de demostrar, queremos resaltar su valor literario mágicoreligioso, el cual radica en la representación de una cosmovisión donde lo mágico-religioso, pero también digamos que lo divino-espiritual se entrelazan para explicar lo desconocido, evidenciando tensiones entre culpa, miedo, memoria y control simbólico en el accionar societario.
No obstante, en los relatos abordados de este libro Más allá de la piel (2024), de este escritor neybero se observa una dinámica distinta, en la que lo sobrenatural no es aceptado con naturalidad, sino que provoca miedo, desconcierto y, en muchos de los casos, una respuesta inmediata basada en la religiosidad y en esa mezcla de religioso y lo místico que nos identifica como sociedad dominicana y caribeña.
Este rasgo permite vincular los relatos con una tradición cultural más cercana a la religiosidad popular latinoamericana, donde conviven el catolicismo institucional, las creencias mágicas ancestrales y las prácticas rituales domésticas desde el sincretismo y que la gente del pueblo llama simplemente acciones mágicoreligiosas, así, simplemente así y no mágico -religiosas.
Desde esta perspectiva, la mágicoreligiosidad puede entenderse como una forma de representación narrativa en la que lo sobrenatural se interpreta a través de un marco religioso generando una experiencia que no es de aceptación, sino de conflicto psicológicos-espiritual.
Y aunque el autor de estos relatos es un narrador omnisciente con un uso del lenguaje que busca la atmósfera antes que la acción trepidante, vemos como el escritor Núñez Duval no se extiende en explicaciones. El horror aparece y el relato termina, dejando al leyente la tarea de completar el sentido de lo narrado.
El relato Ding Dong sitúa la acción en un espacio altamente simbólico que es la iglesia, sin dudas este escenario no funciona únicamente como fondo narrativo, sino como un verdadero punto de convergencia entre lo humano-divino y lo espectral-ritual.
Pedro, el personaje principal y vemos que, desde el Armonio y la Música, analizamos la intertextualidad con el Aleluya de Handel, sin dudas es una ironía el protagonista toca música divina mientras pedalea como un jinete del apocalipsis. Aquí la música actúa como un puente entre dimensiones y es desde esta realidad que él experimenta una serie de manifestaciones sobrenaturales que incluyen sonidos, apariciones y sueños premonitorios, siendo estas experiencias las que generan en él una sensación de inquietud que lo lleva a buscar respuestas en la figura del sacerdote, representante de la autoridad religiosa.
Podemos ver que dentro del mismo relato el Padre Ciprián no encarna una figura completamente confiable y es que la revelación de que el espíritu que se manifiesta es el de quien fuera su compañera sentimental introduce un elemento de culpa y transgresión, por lo que el sacerdote en lugar de ser un mediador entre lo divino y lo humano, se convierte en el centro del conflicto de fe dada la subversión del clero. En otras palabras, el sacerdote rompe el celibato (tenía una concubina) y profana las cenizas, por lo que hay entonces una hipocresía institucional en el que la iglesia de un ambiente sacro pasa a ser una celda de castigo espiritual, que es lo mismo decir un centro de desconfianza.
Desde una lectura analítica, el relato sugiere que lo sobrenatural no surge de manera arbitraria, sino como consecuencia de un acto oculto o reprimido. Por lo que la aparición del espíritu femenino puede interpretarse como el retorno de una verdad silenciada, lo que conecta con una dimensión ética de lo divino-espiritual.
El elemento alegórico del ding dong o el repique de las campanas, refuerza esta idea, la que tradicionalmente asociado con lo sagrado, con el más allá …es el sonido que adquiere aquí una connotación inquietante, funcionando como un llamado de otro universo que desestabiliza el orden religioso, pero aquí el simbolismo del sonido: el Ding Dong… no es solo una campana, es la onomatopeya de la justicia divina, digamos que el sonido marca el fin del tiempo lineal y el inicio de otra temporalidad eterno-espiritual.
Podemos ver en el relato Ding Dong que el autor sitúa la acción en un espacio altamente emblemático como lo es la iglesia, sin dudas el mayor centro de ritualidad del catolicismo oficial, justo es allí, donde este escenario no funciona únicamente como fondo narrativo, sino también como un verdadero punto de convergencia entre lo humano, la divinidad y es huida hacia lo místico-espiritual.
Sí, es aquí donde Pedro, el personaje principal, experimenta una serie de manifestaciones sobrenaturales que incluyen sonidos misteriosos, apariciones, sueños premonitorios, pasos inmundos, por lo que estas experiencias generan en él una sensación de inquietud que lo lleva a buscar respuestas en la figura del sacerdote, representante de la autoridad religiosa.
Sin embargo, el Padre Ciprián no encarna una figura completamente confiable, sobre todo cuando surge la revelación de que el espíritu que se manifiesta es el de alguien que fue su amante lo que transmite un acto de irreverencia y rebeldía del autor hacia los lectores, pero por demás plantea un elemento de culpa y transgresión, en el elemento de que el Cura en lugar de ser un mediador entre lo divino y lo humano, se convierte en el centro del conflicto ético-moral desde las miradas de la sociedad al echar por el suelo los votos del celibato.
Desde una tesitura crítica, este relato sugiere que lo sobrenatural no surge de manera arbitraria, sino como consecuencia de un acto oculto o reprimido de los muertos y es que la aparición del espíritu femenino puede interpretarse como el retorno de una verdad silenciada o como la creencia del desandar de las ánimas al no encontrar paz en su tránsito hacia el descanso eterno de las almas, lo que conecta con una dimensión ética de estar dando tumbo por los laberintos del purgatorio.
Hay en este relato un elemento alegórico del ding dong, dan como el repique de las campanas mismo que refuerza esta idea tradicionalmente asociada con lo sagrado, con lo finito y es que el sonido adquiere aquí una connotación inquietante funcionando como un llamado del más allá, en el marco el ambiente de orden religioso.
Este es un relato-denuncia en el que Núñez Duval plantea lo místico y lo imaginario no para asustar, sino para revelar una verdad moral o un secreto oculto que bien puede ser el pecado del Sacerdote, pero también un llamado de atención a todos los desmanes ocultos que arrastra la iglesia en su memoria histórica.
Pero este otro relato Una cosa del otro mundo, la acción se desplaza a un entorno rural donde el miedo se construye colectivamente a partir de rumores y experiencias compartidas. La aparición de un animal de siete cabezas (ya bien desde la bestia del Apocalipsis o de la mitología griega) introduce un elemento monstruoso que rompe con la normalidad del espacio cotidiano.
La reacción de la madre de Lorenzo es particularmente significativa, ya que, en lugar de cuestionar la veracidad del evento, recurre inmediatamente a prácticas religiosas y mágicas, como rezar y el uso de objetos protectores (ajo), abocándose a rituales domésticos anclados en la mágicoreligiosidad popular. Vemos que nueva vez el autor acude a dejar en sus relatos la importancia de la recuperación de la memoria histórica de los ancestros sedimentando quiérase o no rebeldía y resistencia social al orden impuesto desde quienes nos dirigen.
Este comportamiento evidencia una forma de conocimiento basada en la tradición, donde lo sobrenatural se enfrenta no desde la razón, sino desde la fe, desde lo divino-espiritual.
El relato pone de manifiesto cómo la mágicoreligiosidad opera como un sistema de interpretación del mundo, especialmente en contextos donde lo desconocido genera angustia colectiva, pero marca en lo individual a los seres humanos que de alguna manera son impactados o tocados por la esencia cotidiana de las creencias y mitos que abordan el accionar psicológico de nuestra gente.
En el caso de Julieta, es un relato que introduce un elemento clave dentro de la narrativa mágicoreligiosa para la transmisión intergeneracional del conocimiento espiritual, la protagonista recurre a las enseñanzas de su abuela para enfrentar las fuerzas sobrenaturales que la amenazan. Vemos como la figura del hombre sin rostro representa una entidad deshumanizada que busca apropiarse del espíritu de Julieta. Este elemento puede interpretarse como una metáfora del mal absoluto, carente de identidad, pero cargado de intenciones, sobre todo cuando acude a decirle que le quiere robar su espíritu. Pág. 62
Frente a esta amenaza, Julieta tan solo recurre a los saberes heredados y este aspecto resulta fundamental, ya que desplaza el poder de lo religioso desde la iglesia hacia el ámbito doméstico y femenino.
Lo podemos ver en el acto ritual de hincarse, de tomar tierra en las manos y recitar oraciones lo que sugiere una conexión profunda con lo ancestral, sí con aquel pase oral de tradiciones familiar ella, apela y acude a la memoria-recuerdo de la abuela y a lo aprendido en el seno familiar y lo evidencia cuando dice: saca un crucifijo que tiene en el bolsillo del delantal y empieza hacer una plegaria, lo que permite interpretar el relato como una reivindicación de los saberes populares frente a las estructuras formales de las religiones, pero venido en parte desde estas como lo son los elementos del crucifijo y el apelar al rezo de una plegaria. pág. 61
Pero veamos este otro relato de nuestro autor titulado Un espíritu en casa en el cual nos presenta una estructura más cercana a las narrativas tradicionales de casas embrujadas y en el que introduce un matiz particular en donde el espíritu no es maligno, sino que es un alma en pena que busca descanso eterno, pero no lo encuentra; nueva vez de manera sutil e indirecta se acude al recuso de las almas que desandan en el purgatorio, sí estas que desde la visión religiosa no han podido trascender el espacio de purgar o pasar a la purificación de los pecados arrastrado en vida.
Por igual se apela en este relato a los elementos mágicoreligioso y se resalta de nuevo el importante papel de la memoria social transmitida cultural a través de la oralidad y de generación en generación la cual podemos advertir cuando el joven recurre donde su abuela Panche gritándole: — Abuela, abuela, tenemos que hacer un conjuro, en esta casa hay un espíritu… pág. 63.
La presencia de lo mágicorelioso es tal que ocupa una acción trascendental en el desarrollo del relato, tal lo enuncia las acciones como las bofetadas, el ruido místico, los movimientos de objetos, mismos que generan un ambiente de tensión que culmina con la intervención de un sacerdote. Po lo que este desenlace refuerza la idea de que la religión institucional posee la autoridad para restaurar el orden divino en desorden espiritual; pero igual recordemos que los sabios de los saberes ocultos también pueden hacer estos despojos o conjuros que se presentan de manera cotidiana en la realidad social de nuestros conciudadanos.
No obstante, la voz final del espíritu cuando dice: ¡Por fin, puedo descansar en paz!, esta expresión nos lleva a una lectura elemental de estos saberes y es entender de que el conflicto no era de naturaleza demoníaca, sino divino-espiritual. Esto introduce una dimensión más compleja, donde lo sobrenatural se vincula con la necesidad de resolución y cierre del ciclo existencial de los seres humanos en esta dimensión del creer religioso-popular.
Uno de los aspectos más relevantes de estos cuentos es la forma en que la religión funciona como un mecanismo de control frente a lo desconocido y es que en todos los relatos, las respuestas a lo sobrenatural pasan por las oraciones, la intervención sacerdotal, el uso ritual de objetos sagrados y por supuesto la búsqueda del afianzamiento de la fe religiosa.
Y es por es eso, que el reconocido antropólogo dominicano Dagoberto Tejeda Ortiz explica que la religiosidad dominicana combina elementos doctrinales del catolicismo con rituales protectores heredados de tradiciones africanas y campesinas y que, en ese sentido asumimos, que este relato (y todos los analizados aquí) muestran cómo la respuesta ante lo sobrenatural no es exclusivamente religiosa ni exclusivamente mágica, sino una combinación de ambas en el ciclo universal de los saberes trascendentales.
En estos relatos, lo sobrenatural no se integra de manera armónica en la realidad, sino que irrumpe como una fuerza perturbadora que activa respuestas basadas en la fe religiosa, la tradición social y el miedo-temor a lo desconocido. Esta dinámica refleja una cosmovisión donde lo espiritual no es una dimensión abstracta, sino una presencia activa que influye en la vida cotidiana de nuestra gente.
Asimismo, estos relatos evidencian tensiones entre lo institucional-oficial y lo popular, entreteje los elementos de culpa y redención, por igual se insertan en presentar las conexiones de visible y lo invisible en el marco general de las creencias o igual decir en ese universo sincrético en el que cohabitan en sus cotidianidades. En este sentido, su valor literario radica en la capacidad de representar una realidad compleja donde lo mágico y lo religioso no solo coexisten, sino que se necesitan mutuamente para dar sentido a lo inexplicable del ser en el Ser.
Uno de los puntos de convergencia más evidentes entre los cuatro relatos es la presencia activa de lo sobrenatural, la forma en que esta se manifiesta y aunque presenta variaciones significativas entre uno y otro, todos tienen un denominador común que lo es la práctica y creencia en la mágicoreligiosidad popular.
En Ding Dong, lo sobrenatural se construye de manera progresiva. Inicia con sonidos y sensaciones ambiguas pero presentes en el personaje, tales como aplausos audibles, escucha pisadas, evoluciona hacia visiones y culmina con la aparición de un espíritu que revela una verdad oculta. Este desarrollo gradual genera una atmósfera de tensión creciente, donde lo inexplicable se va imponiendo lentamente sobre lo real.
En contraste, el otro relato Una cosa de otro mundo presenta una irrupción inmediata, digamos que violenta de lo sobrenatural. La aparición del animal de siete cabezas no deja espacio para la duda o la ambigüedad del actor que la recibe; se trata de una imagen grotesca que provoca una reacción instintiva de huir de ella, de correr a salvaguardarse de la misma. Aquí, lo sobrenatural no se desarrolla en él como un supuesto, sino que impacta de forma directa en su percepción psicológica y como tal reacciona en busca de protección y salva guarda de su integridad.
Por su parte, en Julieta se combinan ambas estrategias. Inicialmente introduce elementos sutiles tales como voces y movimientos inexplicables, pero luego incorpora figuras claramente sobrenaturales, como el hombre sin rostro en el caballo y los individuos en ritual. Esta mezcla genera una experiencia más compleja, donde lo desconocido oscila entre lo insinuado y lo aparente ya explícito en su psiquis…de ahí que apela al conocimiento aprendido de las tradiciones, verdad o no bebe en la memoria oral de los ancestros como manera de protección y salvaguarda de su vida.
Finalmente, Un espíritu en casa se centra en manifestaciones físicas concretas dadas en acciones como golpes, movimientos de objetos, agresiones físicas, lo que a diferencia de Ding Dong, donde lo sobrenatural tiene una dimensión simbólica ligada a la culpa, aquí se presenta como una fuerza tangible que afecta directamente el cuerpo-espacio doméstico o familiar.
En conjunto, estos relatos muestran que lo sobrenatural puede adoptar múltiples formas desde lo sensorial, el fenómeno visual y por igual las físicas, pero siempre buscando cumplir la función de romper la normalidad existencial.
Otro eje central del análisis comparativo en estos relatos, es la forma en que los personajes responden a lo sobrenatural, digamos con la certeza de que cada fenómeno es tan cierto como el estar vivo delante del hecho o acción enigmática que se desarrolla. En este aspecto es importante recalcar que, en tarea de investigaciones hechas por nosotros como manera de poder tener propiedad para opinar al respecto en cuanto a la Literatura de la mágicoreligiosidad, podemos afirmar que aún hoy en pleno primer cuarto del siglo XXI, las reacciones antes fenómenos de esta naturaleza se dan en un alto porcentaje de la población como bueno y valido.
Lo hemos vistos en rituales de Cabo de año, de Veladas a fiestas de atabales (palos) en familia que tienen tradiciones de más de cien años de celebraciones como compromiso de una promesa, allí hemos vistos posesiones de un espíritu en el cuerpo de uno de los familiares, otro ejemplo que podemos ilustrar es el de la echada y sanación del mal de ojo no solo sobre menores, sino en seres humanos adultos y también ante elementos físicos-material como plantas, frutas, animales entre otros.
Pero volviendo a los relatos, hay en todos ellos un patrón relacional que es el miedo, pero las estrategias para enfrentarlo varían, veamos que en Ding Dong, Pedro, su protagonista, experimenta una progresiva pérdida de seguridad emocional, aunque intenta racionalizar lo que ocurre, termina recurriendo al Sacerdote en busca de respuestas. Su actitud refleja esa dependencia de la autoridad religiosa como mediadora de lo desconocido en medio del miedo a lo desconocido en medio del mundo real del convento.
En tanto en el relato Una cosa de otro mundo, la reacción ante los fenómenos es más inmediata y colectiva, vemos como Lorenzo huye y su madre activa un repertorio de prácticas mágicoreligiosas, dando así una respuesta familiar, donde el miedo, el horror y la angustia ante lo desconocido se gestiona a través de rituales compartidos. Veamos cuando el autor dice:
La penumbra de la carretera que conduce al Estero se ha convertido en el pánico de los moradores de la comarca…” Núñez Duval, Pág. 59.
Desde el inicio se construye un escenario dominado por la oscuridad, los rumores y los aullidos de los perros. Este recurso narrativo responde a una estrategia común en la literatura de lo fantástico: crear una tensión psicológica colectiva antes de que aparezca el fenómeno sobrenatural.
La reacción de los habitantes del lugar evidencia la fuerza del rumor en la construcción de la realidad social. Las criaturas raras que supuestamente salen del lugar no son vistas por todos, pero su existencia es asumida como posible por la comunidad y es que según el antropólogo dominicano Carlos Andújar, las narrativas populares dominicanas suelen construirse a partir de relatos colectivos que mezclan experiencia personal, tradición oral y creencias espirituales y nos dice al respecto: el imaginario popular caribeño se alimenta de historias transmitidas oralmente donde lo sobrenatural se integra al mundo cotidiano. Andújar, 2008. *1
El relato reproduce precisamente ese mecanismo cultural… digamos que el miedo se construye socialmente antes de que el protagonista experimente directamente lo inexplicable, como lo es la aparición del animal de siete cabezas elemento que constituye el momento central del relato. Este tipo de figura monstruosa pertenece a un imaginario universal presente tanto en mitologías antiguas como en relatos populares y es que, en la tradición bíblica y en el mundo medieval, los seres de múltiples cabezas suelen representar fuerzas malignas o sobrenaturales. En el contexto caribeño, estas imágenes se han reinterpretado dentro de las narraciones orales campesinas, así como las historias de aparecidos.
Cuando Lorenzo exclama: acabo de ver una cosa de otro mundo, no solo es una exclamación que expresa miedo, sino también la percepción de que el fenómeno observado pertenece a una dimensión distinta de la realidad cotidiana a la que él está acostumbrado … puede que el lector dude de su relato de verdad y quiera imponer un juicio de valor alternativo o de incredulidad. Pero no olvidemos que su verdad es única y parte de una estancia de creencias sincréticas fruto de su cotidianidad vivencial. Núñez Duval, Pág. 59.
Uno de los elementos más significativos del relato aparece en la respuesta de la madre de Lorenzo, cuando esta acude a decir: hay que rezar el Magnífica y tres Ave María para espantar lo malo y dormir con una cruz de ajo debajo de la almohada para protegernos. Ibidem pág. 59.
En esta frase se evidencia claramente el sincretismo religioso presente en la cultura popular dominicana. Por un lado, se invoca una oración católica como lo es la Magnífica, que pertenece a la tradición litúrgica cristiana; por el otro, la utilización del ajo como objeto protector, práctica que proviene de tradiciones mágicas populares afrodescendiente.
El desenlace del relato introduce una imagen perturbadora, en la que Lorenzo encuentra un gato muerto sin cabeza frente a su habitación, este elemento cumple varias funciones narrativas, ya que refuerza la atmósfera de terror creada a lo largo del relato y sugiere a los leyentes una manifestación física de la criatura sobrenatural, ya que introduce un símbolo asociado a lo oscuro o maligno dentro de muchas tradiciones populares, ya que el gato de por sí, es asociado a lo misterioso y mucho más sin cabeza.
Pero el hecho de que el gato desaparezca posteriormente, intensifica el carácter ambiguo del acontecimiento, por lo que no queda claro si Lorenzo realmente vio el animal o si todo fue una experiencia alucinante dada por la acumulación psicológica del ambiente societal en que él interactuaba.
Desde la perspectiva del relato fantástico –en nosotros desde la mágicoreligiosidad–, esta ambigüedad es fundamental a decir de T. Todorov, ya que este aspecto depende de que el lector permanezca en una zona de incertidumbre entre lo real y lo sobrenatural.
Y es que estos relatos, refleja también una dimensión cultural específica, dada en la cosmovisión rural dominicana, donde la noche y sus madrugadas, los caminos solitarios y los rumores de criaturas extrañas forman parte del imaginario colectivo para las apariciones y ataques de espíritu malignos. En nuestros campos se dice: las madrugadas son de los espíritus o entidades que andan sueltos.
En muchas comunidades campesinas dominicanas existen relatos sobre fenómenos extraños que se manifiestan como: brujas, zánganos, bacás, galipotes, siempre estos manifestándose en altas horas siendo la 3 de la madrugada el horario tomado para el inicio de las acciones poderosas en este sentido de lo paranormal…aunque está registrado que desde entrada la media noche 12: am ya este universo paralelo de lo oscuro y de los misterios.
La literatura, al recoger estas microhistorias, no solo reproduce el miedo o el misterio, sino que también documenta una realidad, que quiérase o no es su realidad y digamos que su forma particular de comprender el universo a partir de la construcción de una memoria histórica oral expresada en un espíritu-manifiesto en que vive en el imaginario colectivo de nuestra gente de a pie.
El crítico dominicano José Alcántara Almánzar ha señalado que la narrativa dominicana contemporánea utiliza estos elementos para explorar la relación entre cultura popular, memoria colectiva y literatura. *2
El relato Una cosa de otro mundo de Ramón Núñez Duval constituye una representación literaria del imaginario mágicoreligioso dominicano, a través de una narración breve pero cargada de símbolos sincréticos, el autor explora el miedo colectivo, las creencias populares y la convivencia entre religión y magia en la cultura dominicana.
La aparición de la criatura monstruosa, el uso de oraciones y artefactos de la religión católica y rituales protectores, así como el simbolismo del gato decapitado, configuran un universo narrativo donde lo sobrenatural se integra naturalmente en la vida cotidiana.
En este sentido, el relato no solo funciona como acción de misterio, sino también como una manifestación de la cosmovisión cultural dominicana, donde lo sagrado, lo mágico y lo popular se entrelazan para dar forma a una identidad colectiva marcada por el sincretismo religioso y la tradición oral que bien puede llevarse a la literatura incorporando un nuevo canon como al efecto hemos hecho con el lanzamiento del manifiesto de los escritores de la literatura de la mágicoreligiosidad en septiembre del 2025 y es que este tipo de representación conecta con lo que el tratadita literario Búlgaro-francés Tzvetan Todorov denominó lo fantástico, es decir, la vacilación entre una explicación racional y una sobrenatural del acontecimiento narrado.*3
En el relato titulado Julieta, vemos que la protagonista adopta una postura más activa y de manejo de los conocimientos ancestrales traspasados o transmitidos oralmente de generación en generación y por eso, aunque siente miedo, enfrenta la situación utilizando conocimientos aprendidos por la tradición compone la memoria societaria. Aquí ella, diferencia de Pedro en el relato Ding Don, no busca ayuda externa en la figura posible de salvación como lo es un Sacerdote, sino que, recurre a los recuerdos de su propia memoria espiritual y obviamente que esto la convierte en el personaje de dimensiones importante en el análisis de estos relatos.
Estos relatos profundizan en el conflicto entre lo maligno, lo sagrado y van desde lo espiritual hasta lo divino, presentándose en los mismas apariciones, sonido de voces, figura sin rostro, así como los rituales nocturnos, donde se impone personas con túnicas y sobre manera el espíritu que quiere robar o tomar pertenencia espiritual de la protagonista en uno de ellos cuando le dice. Necesito tu espíritu y ríe a carcajada.
Y vemos como ella responde recurriendo al recuerdo de lo enseñado por la abuela, tanto en lo simbólico de extraer un crucifijo, como en lo ritual de hincarse, el uso de las oraciones heredadas, sin dudas, el funcionamiento de la memoria ancestral femenina en la educación familiar. Por lo que aquí hay un elemento importante y lo es la transmisión de saberes por vía generacional-familiar, especialmente desde la figura maternas como creadoras y conservadoras de la memoria histórica del imaginario colectivo de nuestros pueblos. En otras palabras, estamos hablando de resistencia y rebeldía. Y porque no, de libertad.
En el otro relato titulado Un espíritu en casa, la respuesta combina lo individual y lo colectivo, donde su personaje principal que es Luis experimenta el fenómeno de manera directa, pero la solución involucra a toda la familia y culmina con la intervención de un Sacerdote. Este relato refuerza la idea de que, lo sobrenatural requiere una respuesta de sabiduría comunitaria o popular, digamos que de orden coloquial.
Quiero resaltar el papel que juega en estos relatos analizados el miedo como concepto estructural de los humanos, el cual no es solo una reacción emocional en estos escritos narrados por R.Núñez, sino un elemento estructural que organiza la narrativa. Sí, el miedo está relacionado con el conocimiento de lo religioso, el miedo y los fenómenos sobrenaturales son el eje articulador más importante en estos relatos, en los mismos podemos ver el sacerdote como símbolo de autoridad, pero también como debilidad espiritual.
Pese a ello, ante cualquier circunstancia la fe aparece como el principal recurso ante lo desconocido, primordialmente marcada por la esencia viva de una cosmovisión mágicoreligioso imperante en la tradición familiar social popular, digamos que memoria viva de la espiritualidad y lo divino tal es el caso de las oraciones, amuletos y rituales domésticos, mismos que se convierten en herramientas fundamentales para enfrentar lo sobrenatural.
Uno de los aspectos más relevantes de estas narraciones es la forma en que evidencian la religión funcionando como un mecanismo de control frente a lo desconocido. En todos los relatos, las respuestas a lo sobrenatural en cualquiera de sus manifestaciones pasan por el contexto de las oraciones, la intervención sacerdotal, el uso de objetos de la ritualidad religiosa y simbologías en el criterio del imaginario colectivo “sagradas “.
Desde una perspectiva crítica, esto puede interpretarse como una forma de canalizar el miedo, los temores y ansiedades espirituales hacia estructuras institucionales que ofrecen seguridad espiritual y orden divino. Pero estos relatos también evidencian las limitaciones de este sistema social. En “Ding Dong”, por ejemplo, la figura del Sacerdote está implicada en el conflicto de manera ética y moral, lo que cuestiona su autoridad social y ya ni hablar del cuestionamiento de los cristianos en el uso de la persignación.
Por lo que adentrarse en estos relatos Ding Dong, Una cosa de otro mundo, Julieta y Un espíritu en casa, permite identificar una estética narrativa que se distancia del Realismo Mágico y lo Real Maravilloso ya conocidos y se acerca más a una forma de representación basada en la mágicoreligiosidad con salitre caribeño.
En estos relatos, lo sobrenatural no se integra de manera armónica con la realidad, sino que irrumpe como una fuerza perturbadora que activa respuestas basadas en la fe, la tradición y el miedo. Esta dinámica refleja una visión donde lo espiritual no es una dimensión abstracta, sino una presencia activa que influye en la vida cotidiana.
Desde esta perspectiva, la mágicoreligiosidad puede entenderse como una forma de representación narrativa donde lo sobrenatural se interpreta a través de un marco sincrético generador de una experiencia que no es de aceptación, sino la mezcla de fe y sumisión divina, o porque no, digamos que un halo de esperanza en la creencia ante los otros saberes.
Referencias bibliográficas
Andújar, C. (2008). Identidad cultural y religiosidad popular en el Caribe. Santo Domingo.
Tejeda Ortiz, D. (2000). Cultura popular e identidad dominicana. Santo Domingo.
Ortiz, F. (1940). Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar. La Habana.
Todorov, T. (1970). Introducción a la literatura fantástica. París.
Núñez Duval, R. (2024). Más allá de la piel. Santo Domingo, Rep. Dominicana.
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