El recurso evocador de la nostalgia, notorio en “La balada del viudo Salomón”, aparece también en los cuentos “¿Dónde viven los pinos más callados?” y “La despedida”. “¿Dónde viven los pinos más callados?” es la reconstrucción de hechos acaecidos en la ciudad de Alcanfores por adolescentes ansiosos de conocer los secretos celosamente guardados de la casa de los pinos, hogar y refugio de un coronel valeroso de las guerras intestinas. Curiosos, los jóvenes esperan con ansia llegar a la edad adulta. Los testimonios que ofrecen sus voces recuperan la leyenda del coronel, la vida de aquel hombre que, ya al final de la guerra, cuando solo quedaba un foco de resistencia que se negaba a deponer las armas, se retiró con su esposa y sus hijas a la casa de los nuevos pinos. La verdad testimoniada de los adultos se remonta atrás y desempolva la historia de Alcanfores. El coronel, personaje clave en la historia reciente de la ciudad, jamás volvió a ser el mismo. Murió acongojado por el asesinato brutal de sus hijas perpetrado por nueve generales recalcitrantes que se negaron afirmar la capitulación.
En “La despedida”, dos hermanas, Amanda y Dolores, evocan sus recuerdos a raíz de la muerte de la hermana mayor, Lucía, que se lleva a la tumba las experiencias de los mejores años vividos. Son las reminiscencias de un esplendor pasado y ya irrecuperable, las últimas palabras de Lucía, mujer de finos placeres, y la tristeza sobrecogida en la voz plural de las hermanas.
“Introito mortal” es un relato de venganza y rencor con tintes de truculencia moral. El padre Mateo Cadenas es asesinado mientras oficia misa, en el momento de la comunión, por el terrateniente Aurelio Pizarro, quien también muere luego de tomar una hostia envenenada. El doble crimen es motivado por rencores personales. Cadenas es un cura subversivo que trae volantes al pueblo de Barrancas, que defiende a los campesinos, que visita el prostíbulo, amante por años de Dora Cedano, hembra cortejada por Pizarro:
“Y, finalmente, resumió sin alterarse, su más honda convicción sobre los hombres y el universo: Sí, yo he creído en Dios y en la revolución como si ambas cosas no existieran nunca y fueran solamente espejismos que nos ayudan a vivir en la tierra con menos soledad y desamparo del que nos está destinado soportar” (p. 43).
En el orden formal, Peix dispone de unos materiales narrativos que ilustran los distintos momentos de la liturgia católica: introito, epístola, evangelio, credo, ofertorio, consagración, comunión, postcomunión, despedida y oración. Al llegar a la comunión se produce el doble homicidio. Todo el proceso previo a la eucaristía prepara el rito del desenlace fatal y crea la atmósfera para el crimen que arroja la ofrenda mortal.
El erotismo aflora en “Esa oscura jaula donde vuela a su placer el ruiseñor”, narración en verso sobre la soledad de la mujer abandonada por el marido que marcha a la guerra, en medio de circunstancias externas que arropan sus vidas. El amor y el sexo constituyen el eje motor del relato. Veneranda, Gonzalo, su hijo, y Casilda, su criada, viven en una mansión donde alquilan habitaciones. Dejada por su esposo, Rosendo Hurtado, Veneranda se entrega a Tristán Loyola, inquilino forastero y amante, en adulterio legitimado por los años de soledad y abandono.
solaz perpetuo hay entre las acacias
Daría yo los años que me quedan
por ver unir mi sepulcro a sus raíces
y amancebar bajo sus sombras
el último polvo
que acumule mi epitafio
quisiera no irme Veneranda
cuando te conocí
nada sabía de los pormenores del cuerpo
al instante yo te había soñado con el pubis de laurel
y sé que alguna vez mis labios
fueron la orilla exacta de tu sexo
pero entiende Veneranda
soy emisario de traiciones
por eso tanto o más
pesan mis arreos como mis agravios
(p. 109)
Los sucesos que marcan a los personajes están ordenados en fechas temporalmente próximas, pero sin seguir un orden cronológico: 1916, 1911, 1903, 1914, 1905, 1913, 1912, 1915. La realidad exterior, los temores, los rumores entre la población sobre el desembarco de los infantes de marina, la resistencia nacional frente a la ocupación, dibujan una atmósfera de angustia y espera incierta:
Dicen que van a desembarcar los infantes de marina
Yo no lo dudo, Señora, ya lo hicieron al otro lado
de la frontera (Y Rosendo irá a enfrentárseles
o ya lo habrá estrangulado el olvido en una fosa
común?)
Crees de verdad
que desembarquen Casilda? Lo hizo Colón
y lo han hecho bucaneros y reyes de hojalata
Por qué
no lo van a hacer éstos que hasta nuestras Aduanas
según mi hermano les pertenecen?”
(p. 106)
En medio de la incertidumbre del desembarco, los amantes se evaden en el placer y se entregan a una pasión desaforada. El lenguaje está cargado de un erotismo sugestivo y audaz:
Veneranda atravesó desnuda
el pasillo por donde subía el ramaje de las acacias
abrió como siempre el picaporte Calladamente
entró a la habitación
Veneranda subió al lecho de tantas noches
compartidas
y empezó el rito delirante
sus pautas de deleite / sus zonas elegidas
de rodillas ante la supina silueta Veneranda
entreabrió los muslos de la ofrenda
A su gusto
hundió la cabeza en la cintura debelada Veneranda
en su boca feroz el lirio
y la primicia de la linfa…
rasgó los hombros el pecho y los costados con las
uñas Veneranda
sintió manar la vida La pulpa del alba desbrozada
Ahora espesa en su paladar Inmaculada
hasta la última hez
(pp. 113-114)
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