Ignacio Catoggio estaba en República Dominicana en medio de días intensos. Las reuniones de la CAACI y el Programa Ibermedia en Juan Dolio reunían a autoridades audiovisuales de distintos países iberoamericanos para hablar de cooperación, circulación, formación, coproducción y políticas públicas.
Aun así, sacó tiempo para conversar.
La conversación comenzó por el lugar más natural: el cine. Antes de entrar en cargos, acuerdos, fondos o programas, quise preguntarle por esa relación más íntima con las películas, por lo que todavía nos convoca frente a una pantalla.
“Somos enamorados del cine primero”, dijo. “Somos gente a la que nos gusta reunirnos alrededor de una película, no solamente a verla, sino a conversar sobre ella, a pensar qué nos pasa con el cine”.
Catoggio es el coordinador general de la Secretaría Ejecutiva de la Conferencia de Autoridades Audiovisuales y Cinematográficas de Iberoamérica, conocida como CAACI. Durante estas reuniones fue renovado para continuar por cinco años más en el cargo, una decisión que recibió con evidente emoción.
“Han decidido renovarme y que yo continuara por cinco años más, lo cual agradezco enormemente”, expresó. “Fue un día muy emocionante para mí, no por la renovación en sí misma, sino porque me sentí muy querido y muy abrazado”.
Ese tono marcó buena parte de la conversación. Catoggio no habló de la CAACI como una estructura fría, sino como una comunidad de trabajo construida durante años alrededor de una idea común: fortalecer el cine iberoamericano y defender la posibilidad de que cada país cuente sus propias historias.
Para él, el cine no es solo una industria. También es identidad.
“El cine es algo que nos identifica”, afirmó. “Hay un proceso colectivo que se va manifestando en las películas que cada país, cada sociedad y cada pueblo va generando en cada momento histórico”.
La reunión en República Dominicana tuvo un peso especial. El país fue sede de la XLIX Reunión Ordinaria de la CAACI y de la XXIX Reunión Extraordinaria del Consejo Intergubernamental del Programa Ibermedia, con representantes de 22 países iberoamericanos.
En esos encuentros se discutieron temas claves para la región, pero también se miró con atención el caso dominicano. Y ahí Catoggio fue directo.
“Para mí, el caso de Dominicana es un caso paradigmático”, dijo.
No lo planteó como un cumplido diplomático. Lo explicó desde la evolución de una industria que, en pocos años, ha logrado crecer, profesionalizarse y ganar presencia internacional.
En ese punto destacó el trabajo de Marianna Vargas, directora general de DGCINE, a quien definió como una líder de gestión “dinámica, flexible y modernísima”.
“Cuando las políticas públicas se sostienen en el tiempo, los logros, más temprano que tarde, llegan. Y son visibles”, afirmó.
Luego soltó una frase que resume muy bien su mirada sobre el momento actual del país:
“No te estoy hablando de que creció un poco. Es un cambio de escala. Es jugar en otra liga”.
En la conversación apareció también Pepe, la película de Nelson Carlo de los Santos Arias que ganó el Oso de Plata a Mejor Dirección en el Festival Internacional de Cine de Berlín. Para Catoggio, ese premio no debe verse como un hecho aislado, sino como una señal visible de un proceso más amplio.
“Me emocionó profundamente cuando Pepe ganó en Berlín”, dijo. “No solamente por la película, sino porque es el logro de un montón de personas que han trabajado durante décadas y que se consolida en un momento”.
Esa lectura importa. Porque detrás de un premio internacional no hay solo una película. Hay técnicos, productores, instituciones, escuelas, fondos, rodajes, errores, aprendizajes y una industria que ha ido acumulando experiencia.
Catoggio lo resumió con otra frase clave:
“El cine dominicano, el cine de autor dominicano, está empezando a verse distinto por la profesionalización del sector”.
Y fue más específico al hablar del talento detrás de cámara.
“Hoy en Dominicana hay directores de fotografía impresionantes, técnicos en cada una de las categorías que antes no había”, señaló.
Para él, ese crecimiento tiene que ver con las “horas de vuelo” que han ganado los equipos dominicanos. Más rodajes, locales e internacionales, significan más práctica, más oficio y más capacidad de respuesta.
“El cine de Dominicana hoy es un cine mucho más profesional que antes”, sostuvo.
La conversación también tuvo un costado emocional al hablar de Elena Vilardell, figura fundamental en la historia del Programa Ibermedia, quien cierra una etapa tras casi tres décadas vinculada al desarrollo del audiovisual iberoamericano.
Para Catoggio, su salida no representa simplemente un cambio administrativo.
“No es un cambio de personas, es un cambio de paradigma”, dijo.
Y agregó una frase que define muy bien su legado:
“Elena construyó esa familia del cine iberoamericano”.
En tiempos donde las audiencias están más fragmentadas y las plataformas han transformado el consumo audiovisual, Catoggio defendió con fuerza la necesidad de sostener las políticas públicas de fomento al cine.
“Existe una necesidad cada vez más urgente de continuar con las políticas públicas de fomento al audiovisual en países en los cuales, si no, puede desaparecer el audiovisual”, afirmó.
Para él, no se trata solo de financiar películas. Se trata de garantizar que existan voces diversas y que cada sociedad pueda verse reflejada en pantalla.
“Trabajamos para fomentar, facilitar y asegurar la diversidad de voces”, dijo.
Al final, la idea que queda es clara: República Dominicana ya no está solo participando en la conversación regional. Está empezando a ocupar otro lugar dentro de ella.
Y en ese nuevo lugar, la coproducción aparece como una palabra cada vez más importante. No solo como una vía de financiamiento, sino como una forma de abrir puertas, conectar talentos y permitir que las historias dominicanas dialoguen con otros países sin perder su identidad.
Todavía hay retos importantes: circulación, formación de públicos, sostenibilidad y acceso a nuevas ventanas. Pero también hay señales visibles de avance.
El país produce más. Sus técnicos tienen más experiencia. Sus películas viajan más. Sus cineastas empiezan a ser vistos desde otros espacios. Sus instituciones forman parte de una conversación iberoamericana más amplia. Y sus proyectos comienzan a mirar hacia afuera con mayor naturalidad.
Por eso, cuando Ignacio Catoggio dice que “el cine dominicano está empezando a verse distinto”, no habla solo de una percepción. Habla de una transformación que ya comienza a sentirse dentro y fuera del país.
En medio de las reuniones de CAACI e Ibermedia en Juan Dolio, República Dominicana no fue solamente sede. Fue también punto de encuentro, tema de conversación y parte activa de una región que entiende que el futuro del cine se construye en colaboración.
Como dijo Ignacio Catoggio, el caso dominicano “no es un caso más”.
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