República Dominicana conmemora este 24 de enero el Día Internacional de la Educación con el desafío urgente de adaptar las competencias ciudadanas a las demandas del siglo XXI y cerrar las brechas de desigualdad social.
Dentro de la estrategia nacional Meta RD 2036, el Estado se ha trazado el objetivo crítico de que 400,000 estudiantes del sistema público alcancen el dominio del idioma inglés para el año 2028.
Este esfuerzo se fortalece con el respaldo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y programas como English for a Better Life, que ya impactan a 182,000 alumnos de secundaria para mejorar sus oportunidades de inserción laboral.
Las especialistas Ruth Fernández e Indiana Castillo respaldaron estas cifras, señalando que el bilingüismo funciona como la lengua franca indispensable para el comercio, la ciencia y el acceso al mercado global.
Más allá de la economía, el dominio de una segunda lengua actúa como una gimnasia cerebral que potencia la resolución de problemas y fortalece la resiliencia cognitiva de los jóvenes.
Sin embargo, el académico Radhamés Mejía advirtió que el sistema educativo se encuentra en un punto de inflexión crítico pese a la estabilidad de recursos garantizada por la Ley 66-97.
Mejía señaló que el país aún no logra traducir la alta inversión financiera en mejoras sostenidas de los aprendizajes ni en una mayor equidad dentro de las aulas.
El experto enfatizó que el reto principal ha dejado de ser el monto del presupuesto para centrarse en cómo se gobierna y se transforma la práctica pedagógica para lograr un sistema eficaz.
Desde una perspectiva social, la educadora Dinorah García Romero propuso declarar el 2026 como el año enfocado en los derechos de los estudiantes para frenar la vulneración de la docencia.
García criticó que los alumnos dominicanos hayan soportado décadas de huelgas recurrentes que violan su derecho fundamental a recibir clases según el calendario oficial.
Su planteamiento busca superar el lamento por la pérdida de horas y formar a los jóvenes para que reconozcan y defiendan activamente sus garantías académicas.
Finalmente, Darwin Caraballo aportó una visión basada en la evidencia del proyecto Centros Educativos de Innovación, demostrando que es posible elevar el rendimiento escolar sin gastos adicionales.
Los resultados de este modelo indican que el acompañamiento pedagógico y el liderazgo directivo pueden multiplicar significativamente los niveles de logro en lectura y matemáticas.
Caraballo concluyó que la solución radica en cerrar la brecha entre el diseño de las políticas públicas y su implementación real mediante el uso sistemático de datos.
El consenso general apunta a que el sector debe despolitizar la gestión educativa para garantizar que cada recurso invertido se convierta en un aprendizaje real para cada estudiante.
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