Sesenta y un años después del 24 de abril de 1965, la Revolución de Abril sigue convocando plumas, memorias y debates en las páginas de Acento. Testimonios de combatientes, análisis históricos, piezas teatrales y reportajes de archivo conforman un corpus coherente: el de una gesta que los articulistas se niegan a dejar morir en el olvido. A través de sus diversas miradas, es posible identificar los puntos de encuentro y las divergencias de una historia que sigue viva.
Los autores y sus miradas
El historiador y analista político Amaury Justo Duarte ofrece la lectura más estructural del fenómeno. En su análisis, Duarte inscribe la insurrección de 1965 dentro de un proceso histórico continuo, viéndola como el coronamiento lógico de la agudización de las luchas de clases en la era posttrujillista. Para el académico, la gran enseñanza de la derrota fue el surgimiento de la unidad de las fuerzas democráticas como instrumento vital para lograr transformaciones sociales.
Desde una perspectiva militante, Manuel Salazar, Secretario General del Partido Comunista del Trabajo (PCT), traza una línea directa entre 1844, 1863 y 1965. Salazar plantea que el 24 de abril fue una revolución civil que, tras la intervención de 42,000 marines el 28 de abril, se transformó en una guerra patriótica de liberación nacional. Su lectura convoca al pasado como un mandato para el presente.
Por su parte, José Bujosa Mieses, conocido como "Chino Bujosa", escribe desde la experiencia directa en el frente. Como combatiente del Comando Euclides Morillo, relata con precisión los ataques de las tropas de ocupación y los momentos de tregua. Su testimonio revela una verdad humana mayor: el 14 de agosto de 1965 se casó en plena zona de guerra, suspendiendo su luna de miel pocas horas después debido a la ruptura del cese al fuego por parte de las tropas extranjeras.
Manuel Marino Santana (Marinito), exmiembro del Comando Avanzada A de San Carlos, aporta una tesis contundente: la Revolución de Abril fue una lucha por la democracia y no por el socialismo. En sus reflexiones, destaca la evolución de Francisco Alberto Caamaño, diferenciando al militar del constitucionalista y el guerrillero, y concluye que el pueblo dominicano ha pagado un precio altísimo por su soberanía.
Desde el exilio y la investigación, Pablo Gómez Borbón aporta una dimensión archivística al rescatar reportajes de la televisión belga de 1965. Su trabajo actúa como un ejercicio de memoria afectiva que busca despertar la conciencia sobre la capacidad de resistencia que ha demostrado el pueblo dominicano en momentos de crisis.
Finalmente, el académico Esteban Tiburcio Gómez utiliza el monólogo teatral para explorar la dimensión existencial de la gesta a través de la voz de Illio Capocci, el soldado italiano que murió combatiendo junto a Caamaño. Su relato plantea que la Revolución no fue solo una guerra de balas, sino una lucha de ilusiones y esperanzas que la intervención extranjera intentó arrebatar.
Las coincidencias: un núcleo de ideas compartido
A pesar de la diversidad de géneros y perspectivas, los articulistas convergen en puntos fundamentales que definen el carácter de la Revolución:
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Naturaleza democrática: Existe consenso en que el objetivo central fue restaurar la constitucionalidad de 1963, no instalar un régimen comunista.
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La intervención como quiebre: Todos identifican el 28 de abril como el momento en que el conflicto interno se transformó en una guerra de liberación nacional frente a una potencia extranjera.
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Caamaño como eje moral: El coronel Francisco Alberto Caamaño es reconocido unánimemente como el símbolo y líder indiscutido de la resistencia.
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Vigencia de las causas: Los autores coinciden en que, aunque se han ganado libertades políticas, las deudas sociales de miseria y desigualdad que impulsaron la revolución aún persisten en la agenda nacional.
La memoria como pregunta abierta
Donde los autores se diferencian es en la función que asignan a esta memoria. Mientras para algunos es un programa político vigente, para otros es una lección de método, un deber moral de honra o una pregunta abierta sobre el sentido del sacrificio.
Sesenta y un años después, Acento mantiene la Revolución de Abril como un tema de debate constante. Estos articulistas no hablan del pasado como algo cerrado, sino como una interpelación necesaria para entender el presente dominicano.
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