"Yo que pensaba llegar temprano…", escribió una usuaria que remitió sus videos a Acento.com.do. Eran las 8:20 de la mañana de este lunes 20 de abril y ella seguía en la fila. No había avanzado. El Metro de Santo Domingo, ese sistema de transporte en el que miles de dominicanos depositan cada día su puntualidad, su dinero y su fe, había colapsado. De nuevo. Un lunes. En hora pico.
La Oficina para el Reordenamiento del Transporte (OPRET) confirmó una falla general del sistema que afectó las operaciones de las Líneas 1 y 2 durante las primeras horas de la mañana. Como gesto de buena voluntad —o de culpa institucional, según se mire— la entidad otorgó gratuidad del servicio a los usuarios que hacían largas filas, a fin de, según sus palabras, "dinamizar los traslados". El servicio fue restablecido horas después.
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Pero el daño ya estaba hecho: miles de personas llegaron tarde al trabajo, a clases, a sus compromisos. Y tuvieron que pagar de su bolsillo el plan B: concho, autobús, bola o, en el mejor de los casos, rezarle a San Expedito.
Un historial que ya no sorprende a nadie
Lo que debería ser noticia es que el Metro funcione sin contratiempos un lunes completo. Porque la lista de fallas acumuladas en los últimos meses es tan larga que ya tiene su propio archivo periodístico.
En noviembre de 2025, el Metro registró al menos cinco fallas en pocos días, incluyendo una avería simultánea en las Líneas 1 y 2 la noche del 19 de noviembre: una unidad quedó detenida en los rieles en dirección a Villa Mella, mientras en la Línea 2 fallaba el sistema de cambia-vía de la estación María Montez. Usuarios reportaron evacuaciones y caminatas forzadas por los túneles, según documentó Acento.com.do. El director de la OPRET, Jhael Isa Tavárez, atribuyó las fallas a vibraciones y anunció un plan de mantenimiento preventivo-correctivo. El plan, al parecer, no llegó a este lunes.
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En enero de 2026, la OPRET suspendió el servicio nocturno en el tramo norte de la Línea 1 —desde Gregorio Urbano Gilbert hasta Mamá Tingó— durante semanas, primero por mantenimiento de la vía catenaria y luego en horario nocturno hasta el 25 de enero. Cada vez, la fórmula fue la misma: autobuses gratuitos de la OMSA como parche y promesas de mejora.
En julio de 2025, las cinco estaciones elevadas de Villa Mella estuvieron cerradas durante días por obras de ampliación. La OPRET prometió que los nuevos trenes de seis vagones eliminarían las largas filas. Hoy, esas filas siguen ahí, pero ahora sin tren.
Y como telón de fondo, el informe un año de explosiones eléctricas, fallas mecánicas, interrupciones prolongadas y evacuaciones de pasajeros —todo esto justo antes de la inauguración de la nueva Línea 2C hacia Los Alcarrizos, presentada por el presidente Luis Abinader como un sistema que "cumple con todos los estándares de seguridad".
La gratuidad no paga el concho
La OPRET tiene un recurso favorito cuando falla: la gratuidad. Es el equivalente institucional de decir "lo siento" sin decirlo. Pero la gratuidad no le devuelve a nadie la hora perdida en la fila, aseguran usuarios.
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"Un sistema de transporte masivo que falla de manera recurrente —y que cada vez que falla ofrece gratuidad como compensación— está, en los hechos, subsidiando su propia ineficiencia con el tiempo de los más vulnerables: los que no tienen carro, los que viven lejos, los que dependen del Metro para llegar a tiempo", precisó el estudiante universitario Junior Ogando.
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