Doña Carmen lleva 34 años viviendo frente a lo que hasta hace unos días era un muro descascarado, maleza y miedo. Desde su galería en el sector Honduras, veía todos los días las ruinas del antiguo Colegio Maharishi: esa media luna de concreto que alguna vez fue escuela y que el tiempo convirtió en escondite de delincuentes, basurero improvisado y símbolo de todo lo que el Estado prometía y no cumplía.

El jueves 18 de junio, doña Carmen cruzó la calle por primera vez en años sin apurarse.

"Yo no lo puedo creer todavía", dijo, parada en la rambla nueva, con los pies sobre la losa malecón —ese pavimento de diseño exclusivo que reproduce el litoral marino de Santo Domingo—. "Aquí uno no podía ni asomarse de noche. Y mire ahora".

Lo que mira ahora es el Paseo 30 de Mayo: 50,351 metros cuadrados de parque urbano inaugurados este jueves por el presidente Luis Abinader y la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, en el kilómetro 8 de la autopista del mismo nombre. Una obra que, sobre el papel, transforma uno de los terrenos más degradados de la capital en el segundo espacio público más grande del Distrito Nacional.

Pero la historia real no estaba en el estrado. Estaba en la acera.

"Aquí uno no podía ni caminar de noche"

El Colegio Maharishi cerró sus puertas en 1994. Durante 30 años, los sectores aledaños —Honduras, Tropical, Miramar, El Cacique y el Centro de los Héroes— convivieron con ese vacío urbano que el abandono fue llenando de otra manera: primero con ocupaciones ilegales, luego con focos de delincuencia que los vecinos aprendieron a esquivar por costumbre.

"Mis hijos crecieron sin un parque cerca", cuenta Miguel, un mecánico de 45 años del sector Tropical. "Los mandaba a jugar al pasillo de la casa porque aquí afuera no había dónde. Y si salías de noche, te arriesgabas".

Esa geografía del miedo es lo que el Paseo 30 de Mayo viene a reescribir. El parque integra una ciclovía, una rambla peatonal para corredores y caminantes, un gimnasio al aire libre, un patinódromo profesional —que será sede del patinaje en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026— y más de 24,000 metros cuadrados de arborización con especies nativas: caoba, mangle, flamboyán, roble blanco, roble amarillo y mara.

Las ruinas en forma de media luna del antiguo colegio no fueron demolidas. Fueron restauradas. Hoy albergarán áreas comerciales, espacios gastronómicos y módulos de servicios sanitarios. La memoria del lugar, preservada dentro de la obra nueva.

Lo que el acto oficial no mostró

El acto de inauguración reunió al presidente Luis Abinader y al expresidente Hipólito Mejía, ministros, senadores, empresarios y el cuerpo consular. Los discursos fueron a tono con la magnitud de la obra.

La alcaldesa Carolina Mejía afirmó que el proyecto "coloca a la gente en el centro de las políticas públicas" y que busca "devolverle esperanza" a la ciudadanía. El ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza, describió el lugar como "un espacio de encuentro y esperanza" y recordó que antes solo había "ruinas y degradación urbana".

Pero mientras los funcionarios hablaban desde el estrado, afuera, en la rambla nueva, los vecinos hacían algo más elocuente que cualquier discurso: caminar.

Familias con niños en carriolas. Jóvenes en patines. Adultos mayores sentados en los bancos bajo los árboles recién plantados. Y turistas colombianos —varios de ellos en la zona por los preparativos de los Juegos Centroamericanos— sacando fotos y comparando el espacio con parques de Medellín y Bogotá.

"Esto está bien hecho", dijo uno de ellos, señalando la iluminación LED y la señalización de la ciclovía. "En Colombia tenemos parques así, pero tardaron en llegar también", precisó. 

Lo que los vecinos esperan ahora

La inauguración es un punto de partida, no de llegada. Y los vecinos lo saben.

"Lo bonito es ahora", dice doña Carmen, con la franqueza de quien ha visto muchas obras inauguradas y pocas mantenidas. "Dentro de un año veremos si esto sigue igual o si vuelve a ser lo que era".

El Paseo 30 de Mayo tiene Wi-Fi gratuito, parqueos vigilados, iluminación en toda su extensión y un diseño que, por primera vez en décadas, le devuelve a esta franja de la capital una identidad urbana. Tiene también el peso simbólico de haber rescatado 30 años de abandono en un solo acto.

Lo que no tiene todavía es historia propia. Esa la escribirán los vecinos, día a día, con o sin acto oficial.

Ronny Francisco Cruz

Fotoperiodista

Fotógrafo profesional y fotoperiodista especializado en fotografía documental y narrativa visual. Actor y maestro de teatro. Interesado en contar historias humanas a través de la imagen.

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