Una auditoría interna de la Contraloría General de la República a la Operadora Metropolitana de Servicios de Autobuses (OMSA) puso bajo  cuestionamiento  la adjudicación de contratos por RD$ 76,780,078 a dos empresas cuyos gerentes eran militares activos, dentro de un ciclo de compras públicas que superó los RD$2,627 millones y que también reveló fallas de control, expedientes incompletos, inventarios descuadrados y debilidades financieras.    

  El hallazgo toca una zona sensible de la contratación pública: las posibles incompatibilidades de proveedores vinculados a servidores sujetos a restricciones legales. En este caso, la alerta se concentra en empresas adjudicatarias cuyos gerentes figuraban como miembros activos de instituciones militares.  

  El informe de la Contraloría, órgano rector del control interno del Poder Ejecutivo, no identifica en el cuerpo visible del reporte los nombres personales de esos militares, pero sí señala la condición institucional de los gerentes vinculados a las empresas contratistas.  

La fiscalización corresponde al período comprendido entre agosto de 2020 y el 30 de junio de 2024, etapa en la que la OMSA estuvo dirigida por Radhamés González.  El documento coloca bajo revisión una cadena de decisiones administrativas marcada por contrataciones cuestionadas, debilidades de control, inconsistencias financieras, inventarios descuadrados y fallas en nómina.  

Contratos bajo sospecha  

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En el centro del caso figuran CK Trans Motors, SRL y Eco Petróleo Dominicana, S.A. Según la auditoría, ambas empresas se beneficiaron en procesos de compra, pese a que sus gerentes pertenecían al Ejército de la República Dominicana y al Ministerio de Defensa, respectivamente.  

CK Trans Motors, SRL recibió contratos por RD$ 39,770,578 en seis procesos revisados. Eco Petróleo Dominicana, S.A. obtuvo adjudicaciones por RD$ 37,009,500 en cuatro procesos. En conjunto, esas contrataciones suman RD$ 76,780,078 y quedaron bajo observación por posibles incompatibilidades legales y riesgos de conflicto de interés.  

La gravedad del señalamiento radica en que la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas permite a los militares activos formar parte de compañías, pero no actuar como administradores o promotores de negocios cuando esa condición afecte el servicio o genere conflictos de interés con la institución castrense.  

En ese contexto, la Ley 340-06 sobre Compras y Contrataciones Públicas establece un régimen de prohibiciones para evitar que funcionarios, servidores públicos o personas con poder de decisión en los procesos de compra puedan ofertar o contratar con el Estado cuando exista riesgo de ventaja indebida, conflicto de interés o afectación a la igualdad entre los participantes. 

La Dirección General de Contrataciones Públicas ha reiterado que esas restricciones alcanzan a funcionarios de primer y segundo nivel, servidores con injerencia en cualquier etapa del procedimiento de contratación y, en determinados casos, a sociedades donde tengan participación relevante, precisamente para impedir que el proveedor use su posición pública, vínculos institucionales o capacidad de influencia para hacer negocios con entidades estatales. 

El hallazgo se inscribe en un volumen amplio de compras y contrataciones: 469 procesos y 932 contratos por RD$ 2,627,989,842, con predominio de licitaciones públicas nacionales por RD$ 1,439,027,451 y procesos de excepción por RD$ 706,178,676.  

La auditoría también encontró compras no contempladas en el Plan Anual de Compras y Contrataciones, omisiones documentales en el portal transaccional y contratos sin numeración lógica secuencial, lo que dificulta reconstruir el orden cronológico de las operaciones.  

En una institución pública, la falta de trazabilidad contractual no es un detalle menor. Expedientes incompletos, contratos sin secuencia verificable y proveedores con posibles incompatibilidades debilitan la competencia, afectan la transparencia y abren espacio a decisiones discrecionales.  

Una transformación con controles débiles  

La OMSA fue transformada en empresa pública mediante el Decreto 167-23, del 25 de abril de 2023, en cumplimiento de la Ley 63-17. Sin embargo, la auditoría indica que la transición institucional no estuvo acompañada de una estructura de control suficientemente sólida.  

Al 31 de diciembre de 2023, la entidad registraba un nivel de madurez de 74 % en la implementación de las Normas Básicas de Control Interno, calificado como mediano. Las áreas más débiles fueron actividades de control, con 48 %, e información y comunicación, con 50 %.  

Presupuesto ejecutado con vacíos de explicación  

Los documentos de la entidad fiscalizadora evidencian que  entre 2020 y 2023, la OMSA manejó un presupuesto total de RD$11,185,832,461 y ejecutó RD$10,683,670,943, para una diferencia acumulada de RD$502,161,518, equivalente al 4.5 %.  

La mayor variación se produjo en 2023, cuando el presupuesto asignado fue de RD$ 3,155,618,822 y la ejecución alcanzó RD$ 2,876,134,801, con una diferencia de RD$ 279,484,021, equivalente al 9 %. En 2020, la brecha fue de RD$ 204,792,123, un 7 %.  

El problema no radica solo en los recursos no ejecutados. La auditoría observó la falta de informes detallados que compararan metas físicas y financieras con la ejecución real, una omisión que impide distinguir entre ahorro, retraso operativo, mala planificación o incapacidad de gestión.  

Estados financieros sin garantías suficientes  

En los estados financieros, el diagnóstico también acumula alertas. La entidad no presentó estados financieros auditados para el período 2020-2023, aunque las normas aplicables a empresas públicas no financieras exigen dictámenes de auditores externos independientes.  

La auditoría detectó cambios patrimoniales por un total negativo de RD$431,240,492 entre 2020 y 2024 sin la revelación correspondiente. También observó clasificaciones contables inadecuadas: RD$1,768,385 en licencias informáticas y RD$ 40,137,705 en gastos de seguros registrados como inventario en tránsito.  

La auditoría documenta que la OMSA tampoco tenía implementado el subsistema de contabilidad del SIGEF, una ausencia que limita la estandarización de los registros y reduce la capacidad de supervisión financiera de los órganos rectores.  

Ingresos, caja chica y registros pendientes  

En ingresos, la entidad reportó RD$ 11,999,851,598 en sus estados financieros entre 2020 y junio de 2024, pero carecía de manuales de políticas y procedimientos para manejar, actualizar, dar seguimiento y registrar otros ingresos, según relata el informe.  

La auditoría identificó RD$ 55,269,753 en ingresos pendientes de registro por servicios especiales prestados a instituciones públicas entre enero y junio de 2024. La mayor parte correspondía al Ministerio de Educación, con RD$ 40,991,977 por la asignación de 70 autobuses de 50 pasajeros.  

En tesorería, el informe registra cinco fondos de caja chica por RD$800,000, distribuidos entre la dirección general, OMSA-Santiago, mantenimiento, administración y finanzas. La observación principal es que ese monto excedería el límite normativo del 10 % del fondo asignado para gastos menores.  

Inventarios descuadrados y combustible sin trazabilidad  

El inventario constituye otra zona crítica del informe. Al 30 de junio de 2024, la entidad reportaba RD$292,637,530 en inventarios, distribuidos entre almacén y repuestos, materiales de oficina, combustibles y mercancías o documentos en tránsito.  

Sin embargo, los auditores detectaron diferencias por RD$ 204,903,455 entre los reportes de movimiento de inventarios y los registros contables mayores. Para una institución que depende de combustibles, repuestos y materiales para operar autobuses, esa brecha afecta la confianza en los controles básicos, indica el informe.  

También se identificó una discrepancia de RD$ 107,920,912 entre el combustible reflejado en libros y el registrado en reportes internos, además de una diferencia de RD$2,713,130 en repuestos de Las Caobas. Más que errores administrativos, esas cifras apuntan a fallas de conciliación, supervisión y registro.  

La auditoría añade que la entidad carecía de un sistema tecnológico adecuado para administrar los inventarios de combustible. Las requisiciones se hacían de forma manual y no existía suficiente trazabilidad cronológica, numerada y consecutiva sobre las salidas.  

Bienes públicos sin regularización completa  

En bienes muebles e inmuebles, la OMSA reportó RD$ 770,418,565 al 30 de junio de 2024. Dentro de esa cifra se incluyen terrenos por RD$ 298,960,932, equipos de transporte por RD$ 285,179,142 y construcciones en proceso por RD$ 45,763,470, de acuerdo a la fiscalización de la Contraloría.  

El informe encontró que la entidad no realizó tomas físicas semestrales de bienes muebles e inmuebles durante el período 2020-2024. También detectó que, de nueve terrenos, solo tres tenían títulos respaldados por cesión de derechos, cuatro estaban en proceso de levantamiento, apenas uno figuraba en la DGII y no se identificaron registros de terrenos en el SIAB.  

La conciliación de bienes también presentó diferencias relevantes. Según el auxiliar interno, el valor en libros ascendía a RD$ 770,418,565, mientras el SIAB reflejaba RD$305,288,751, para una variación negativa de RD$ 465,129,814.  

La auditoría identificó además 72 vehículos cuyo certificado de titularidad figura a nombre de terceros, 16 autobuses sin cobertura de seguro, 4.345 bienes sin código ni etiqueta física de Bienes Nacionales y vehículos sin placas o sin fichas de mantenimiento.  

Pasivos antiguos e intereses no registrados  

En cuentas por pagar, el saldo reportado al 30 de junio de 2024 fue de RD$ 631,504,477. Dentro de ese monto, la entidad mantenía RD$ 96,027,278 en cuentas con más de un año de registro, sin cierre contractual ni depuración contable adecuada.  

La auditoría también señala la falta de registro de intereses acumulados por pagar vinculados a una deuda asociada con la adquisición de 70 autobuses. El monto estimado asciende a RD$ 30,460,804 para el período de agosto de 2021 a junio de 2024.  

Expedientes, personal y nómina bajo observación  

En recursos humanos, el panorama también presenta señales de desorden documental. En una muestra de 25 expedientes de empleados, 22 no tenían carta de no objeción del MAP, 18 carecían de solicitud de empleo, 16 no tenían evaluación de desempeño, 14 no presentaban certificado de no antecedentes penales y 25 no incluían evidencia de capacitaciones institucionales.  

La verificación física de personal dejó otras dudas. De una muestra de 338 empleados, solo 293 fueron verificados y 45 no se presentaron. Además, 15 empleados aparecían recibiendo remuneraciones en la OMSA y pensiones de otras instituciones, mientras otros 15 laboraban simultáneamente en entidades del Estado.  

En nómina, el informe señala inconsistencias entre los registros internos, la Tesorería de la Seguridad Social y las declaraciones IR-3. Entre 2020 y 2024, la variación acumulada fue de 7.682 empleados entre nómina y TSS, y de 7.976 entre nómina e IR-3.  

Las diferencias monetarias también fueron significativas. La nómina reportó RD$ 3,256,476,370; la TSS, RD$ 3,115,418,711; y el IR-3, RD$ 3,108,776,635. La variación acumulada frente a los reportes externos fue de RD$ 147,699,736, indican los documentos.  

Otro hallazgo crítico fue el pago de incentivos por desempeño e indicadores SISMAP a personal en funciones de asesoría por RD$ 2,313,737, pese a que la Ley 105-13 prohíbe remuneraciones especiales adicionales para cargos que formen parte de órganos asesores o consultivos.  

La asignación de combustible también presentó desviaciones. De 324 empleados revisados, 184 no ocupaban cargos contemplados para recibir ese beneficio y 117 excedían el límite del 10 % del salario permitido por la normativa.  

La auditoría estima, además, una variación de RD$ 126,784,152 en pagos de indemnizaciones laborales, vinculada a la transformación institucional de la OMSA y a años de servicio acumulados en otras entidades, sin considerar adecuadamente los derechos aplicables por grupo ocupacional. 

Julián P. Herrera

Periodista

Periodista. Reportero de Acento.com.do

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