El alto costo de la vida continúa siendo el principal problema que perciben los dominicanos, por encima de la delincuencia y el desempleo. Esta realidad económica también plantea desafíos para la prevención y el tratamiento de la obesidad, en un contexto en el que casi 1.9 millones de dominicanos, equivalentes al 16.2 % de la población, no contaban en 2025 con recursos suficientes para costear una dieta saludable.

Aunque República Dominicana alcanzó la meta internacional de reducir la subalimentación por debajo del 2.5 %, considerada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como un nivel suficiente para salir del llamado mapa del hambre, el acceso a una alimentación nutritiva continúa siendo una dificultad para una parte importante de la población.

El costo promedio de una dieta saludable en América Latina y el Caribe alcanzó los US$4.91 por persona al día en 2025, el nivel más alto entre las regiones del mundo. A nivel global, el promedio fue de US$ 4.28, superior a los US$ 3.44 registrados en 2021 y los US$ 2.94 de 2017.

El aumento de los precios de los alimentos, impulsado en parte por la inflación, continúa limitando la capacidad de los hogares para acceder a alimentos suficientes y nutritivos, según la FAO.

Más dominicanos recurren al pluriempleo

A la presión sobre el presupuesto familiar se suma el aumento del número de personas con más de un empleo. Este grupo creció 13.5 % interanual en el país, impulsado principalmente por trabajadores de los sectores salud, construcción, transporte y enseñanza, de acuerdo con el Ministerio de Hacienda y Economía.

Para la doctora Maricela Ramírez, especialista en salud, esta situación puede tener consecuencias sobre la salud de las personas y dificultar la prevención y el tratamiento de la obesidad.

La galena explicó que el estrés prolongado puede mantener elevados los niveles de cortisol, una hormona vinculada con procesos metabólicos y el almacenamiento de energía.

A esto se suma la falta de sueño relacionada con los trabajos nocturnos y las extensas jornadas laborales, factores que, según Ramírez, pueden alterar procesos hormonales y metabólicos, favorecer la resistencia a la insulina y aumentar el deseo de consumir alimentos durante la noche.

La galena sostuvo que el estrés y el pluriempleo, especialmente cuando implican horarios nocturnos, pueden favorecer el aumento del tejido graso y dificultar el control del peso.

Falta de espacios seguros limita actividad física

Ramírez también señaló que la inseguridad y las condiciones deficientes de las aceras y espacios públicos dificultan que las personas incorporen la caminata y otras actividades físicas a su rutina diaria. Y no es para menos, el 8.4 % de la población dominicana de 3 años y más, realiza alguna práctica deportiva, mientras que el 91.6 % no realiza ningún tipo de práctica deportiva.

De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadística (ONE), esta baja práctica deportiva en la población es un elemento por considerar en materia de política, debido a las implicaciones en la salud presente y futura, y la posible vinculación a un mayor gasto en salud.

Indicó que algunos pacientes manifiestan su intención de caminar hacia sus lugares de trabajo o realizar más ejercicio, pero desisten por temor a la delincuencia o por la falta de infraestructura adecuada para desplazarse a pie.

A su juicio, estas condiciones deben ser tomadas en cuenta en las políticas de prevención de la obesidad, ya que el entorno en el que viven las personas también influye en sus posibilidades de mantener una vida físicamente activa.

Tratamiento de la obesidad puede costar hasta RD$30,000 al mes

El impacto económico no se limita al acceso a una alimentación saludable. Ramírez alertó que algunos medicamentos inyectables utilizados para el tratamiento de la obesidad pueden costar entre RD$15,000 y RD$30,000 mensuales.

A estos gastos se suman las consultas médicas, atención nutricional y psicológica, además de los cambios en la alimentación que deben asumir los pacientes.

La especialista también destacó la carga psicológica y social que enfrentan las personas que viven con obesidad, debido a la estigmatización y discriminación que pueden experimentar.

Señaló que incluso actividades cotidianas pueden representar gastos adicionales, como el transporte público, cuando una persona necesita utilizar dos asientos, o los viajes en avión, debido a las limitaciones de espacio.

También llamó la atención sobre posibles prácticas de discriminación laboral vinculadas con la apariencia física y cuestionó que algunas ofertas de empleo incluyan requisitos como "buena apariencia", lo que podría excluir a personas que viven con obesidad.

Prevención desde la infancia

Ante este escenario, Ramírez consideró que la prevención debe comenzar desde las primeras etapas de la vida, con especial atención a los hábitos alimentarios y la actividad física.

La doctora llamó a reducir el consumo excesivo de alimentos con alto contenido de harinas y azúcares, refrescos y productos ultraprocesados, debido a su relación con el desarrollo de obesidad desde edades tempranas.

"La mejor manera de manejar al paciente que padece obesidad es evitando que llegue a esto", sostuvo.

Ramírez consideró que invertir en prevención y en un tratamiento oportuno puede resultar menos costoso que atender las complicaciones derivadas de una enfermedad que progresa con el tiempo.

"Lo mejor es la prevención, es la medida más económica", afirmó la especialista, al insistir en la necesidad de actuar antes de que la obesidad provoque complicaciones que comprometan otros órganos y eleven los costos para las familias y el sistema de salud.

EN ESTA NOTA

Karla Alcántara

Abanderada por los viajes, postres y animales. Ha cursado diplomados sobre periodismo económico impartido por el Banco Central, periodismo de investigación por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo, finanzas por el Ministerio de Hacienda y turismo gastronómico por la Organización Internacional Italo-Dominicano.

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